Archivo mensual: marzo 2014

DICHOSAS HORMONITAS…

Imagen

En mi última consulta en Esterilidad las dichosas hormonas locas hicieron su aparición. Mis análisis hormonales anuncian que tengo la FSH un pelín alta (no demasiado, pero siempre es bueno hacer caso de estas cosas), así que en breve debo repetírmelos para asegurarnos de que es lo que no está bien. Me han pedido FSH, LH y Estradiol entre los días 3 y 5 del ciclo y Progesterona entre el 23 y el 25, así que próximamente volveré a encontrarme cara a cara con las dichosas agujas (¡las odio!).

Lo primero que hemos sacado en claro Rubio y yo después de nuestra consulta ha sido la lentitud de la SS en cuanto a la hora de hacernos pruebas para descartar posibles problemas. Para una de las más básicas, tardarán en llamarnos un mes. A mí, personalmente, me parece demasiado. Con esto no busco criticar nuestro sistema sanitario ni mucho menos, siempre he estado contenta con el trato recibido y los buenos profesionales que nos han tocado, pero la rapidez con los diagnósticos y las pruebas pertinentes en nuestro caso brillan por su ausencia.

Lo segundo que hemos sacado en claro es que somos sólo un número. No personalizan demasiado con tu caso, todo es bastante estándar, desde las pruebas hasta los diagnósticos. Unas cuantas preguntas, una breve explicación y los papeles necesarios para pedir una próxima cita o una nueva prueba. Nada más. Sin personalizar. Sin empatizar.

Y lo tercero, y no por ello menos importante, ha sido que nos hemos decidido completamente a intentarlo en una clínica de reproducción asistida próxima a nuestra ciudad. En nuestra primera consulta con ellos, Rubio y yo nos sentimos como en casa, arropados en todo momento, sintiéndonos comprendidos y valorados. Y eso, amigas mías, no tiene precio. ¿Quién no quiere sentirse seguro a la hora de realizar un desembolso económico más que importante? En ningún momento sentimos que aquello sólo era un asunto comercial y que su único afán era quitarnos el dinero. No, señores. Ellos nos han permitido soñar, nos lo han explicado todo con total claridad, nos han hecho todo tipo de pruebas y ahora sólo esperan que nos decidamos a dar el paso.

Estamos más decididos y seguros que nunca.

Canica, prepárate, porque papá y mamá harán lo imposible por encontrarte.

¿En qué punto me encuentro ahora? Pues tomándome Utrogestan en cantidades industriales para que mi amiga la rojita haga su aparición y así poder hacerme las pruebas solicitadas, para las cuales necesito a la maldita indeseable.

¿Qué ironía, verdad? Para saber si puedo quedarme embarazada, necesito que la roja aparezca y que ella me diga todo lo que necesito saber. Crucemos los dedos para que todo salga bien!

Este fin de semana vino al mundo el bebé de unos amigos. Una niña preciosa, dormilona y regordeta que es la felicidad completa de unos papis que acaban de descubrir el sentimiento más hermoso de todos: el amor incondicional hacia tu hijo. Y que yo espero poder vivir muy pronto.

Cuando la cogí en brazos, tan frágil ella, tan pequeñita, tan indefensa, tan bonita y tierna… me sentí como en casa. Una sensación extraña y placentera recorrió mi cuerpo mientras achuchaba a esa niña contra mi pecho. Una sensación agradable, una sensación maternal, una sensación casi indescriptible. Porque yo quiero ser mamá. Lo quiero con todas mis fuerzas! No es un capricho ni una decisión alocada tomada en el último momento. Es mi destino, lo que me hará sentir completa, lo que me otorgará la felicidad absoluta. 

Quiero sentir una vida creciendo dentro de mí, quiero ver cómo cambia mi cuerpo, cómo mis pies empiezan a desaparecer bajo mi barriga, experimentar la sensación indescriptible de sentir las pataditas de Canica anunciándome que todo va bien…

Lo único que deseo es que este camino, que ahora parece tan largo e interminable, merezca la pena. Que algún día pueda contarle a mi pequeña Canica todo lo que su papá y yo hicimos por encontrarle.

Todo llega para el que sabe esperar, dicen. Deseo que sea verdad!

Deja un comentario

Archivado bajo Cosas de la infertilidad

MENSAJITOS QUE TE HACEN SONREÍR

Hace apenas un momento, escuché el sonido de mi móvil al otro lado del salón. La pantalla parpadeaba iluminada y el icono del Whatsapp apareció en la esquina superior izquierda, anunciándome que me acababa de entrar un nuevo mensaje.

Cuando abrí el mensaje, una sonrisa emergió en mi cara. Esto es lo que me encontré 🙂 Es un detalle precioso, ¿verdad? Una de mis más íntimas amigas, de las pocas que saben que estoy metida en este mundillo de consultas, tratamientos y búsqueda de mi pequeña Canica, me envió esto para animarme un poco.

IMG-20140327-WA0000

“Estoy aquí para lo que necesites”, me dijo después. Sólo puedo agradecerle lo muchísimo que se preocupa por mí.

A mí personalmente me encanta!

Canica, estés donde estés buscándome, sonríe! Aquí hay mucha gente buena que está deseando que nos alegres con tu presencia.

Deja un comentario

Archivado bajo Caóticos pensamientos

QUE SEA POSIBLE

Imagen

No necesito que sea fácil, sólo que sea posible.

¿Cuántas veces habéis tenido ese tipo de pensamientos? Muchas, ¿verdad? Incluso más de las que os gustaría. Eso mismo se me pasó por la cabeza esta mañana mientras salía de mi consulta de Fertilidad. No estoy pidiendo que sea un camino de rosas, fácil y edulcorado; tan sólo deseo que todo valga la pena. Que este sueño sea posible y no sólo eso, un sueño. Un deseo en la mente de Rubio y mía, una idea que apenas rozamos con los dedos.

¿Cuántas veces habéis sentido que alguien/algo ha decidido elegir por vosotras? ¿Cuántas veces habéis pensado que alguien/algo os ha arrebatado una parte de vuestra propia naturaleza? Un ente cósmico o sobrenatural que nos ha señalado con el dedo y ha decidido que para nosotras no será fácil, que convertirnos en mamás sin dificultades será algo desconocido para nosotras.

Nadie debería sufrir por no poder ser madre. Nadie.

Todas deberíamos poder vivir esa experiencia. Sentir una pequeña vida crecer en nuestro interior, ver cómo nuestra barriga comienza a taparnos los pies, ilusionarnos con cada prenda de ropita que escojamos para nuestro bebé. A mí me gustaría vivir todo eso. Pero al parecer, el destino/karma, llamémoslo como queráis, ha decidido que mi camino es más largo, y también más agotador.

A veces he pensado que he tenido que hacer algo horrible en otra vida para que lo esté pagando en ésta. ¿Por qué se me niega un sentimiento innato en la mujer, un deseo inexplicable de crear vida a través de mi cuerpo? Y cuando te das cuenta de que tus deseos no serán algo inmediato sino todo lo contrario, es cuando empiezas a observar con otros ojos lo que ocurre a tu alrededor. Fulanita se ha quedado en el primer mes de búsqueda y te lo cuenta como si fuera el mayor logro de su vida. Menganita ya va por el segundo cuando Hermano Mayor todavía utiliza su cochecito para sacarlo a pasear. Periquita la de los Palotes se quedó sin proponérselo, de hecho, no entraba en sus planes.

Y, entonces, empiezas a pensar que algo pasa contigo. Porque por mucho que lo intentas, por mucho que lo deseas, por mucho que te mueres por ser mamá, no lo consigues. Se te ha negado ese derecho. Al menos, el derecho de conseguirlo despreocupadamente. Y empieza tu andadura en las consultas del hospital, haciéndote pruebas y más pruebas, buscas información en Internet, te conviertes en una experta en el tema, descubres palabras y términos que ni sabías que existían. Y si tienes suerte como yo, conocerás a mujeres increíbles que pasan por tu misma situación. En mi caso, gracias a un foro de Internet, he tenido el privilegio de emprender mi viaje en la infertilidad de la mano de auténticas luchadoras, auténticas desconocidas que en muy poco tiempo se han convertido en una parte fundamental de mi vida. Desconozco sus verdaderos nombres, todas nos escondemos bajo niks que nos camuflan, pero conozco sus historias personales y sufro y río con ellas como si fueran mis más íntimas amigas. Ellas han aportado serenidad a mi vida y, sobre todo, mucha experiencia. Soy la yogurina del grupo y todas me tratan como si fuera su hermana pequeña. Siempre tienen buenas palabras para mí. Se preocupan y me apoyan tan ciegamente y con tanta intensidad que no puedo dejar de sentirme afortunada por haberlas encontrado.

La infertilidad te quita muchas cosas, pero consigues otras distintas y más valiosas. Amigas cibernéticas en la distancia que se convierten en piezas básicas de tu día y día. Fortaleza, para afrontar los acontecimientos y los hechos inesperados en esta búsqueda. Valor, para soportarlo todo con una sonrisa en la cara. Agradecimiento, algo que no te cansarás de obtener a lo largo de todo este camino. Agradecimiento por tener una familia que te apoya, un marido increíble que hará lo imposible por hacerte feliz, amigas que de verdad te comprenden.

No todo es blanco o negro, todo depende del matiz.

Esta mañana, después de salir de mi consulta en Fertilidad un tanto desanimadilla, fui a visitar a una amiga que acaba de dar a luz. De todos los temas que ella podría haber sacado para hablar, el que yo todavía no sea madre no era el más adecuado en aquellos momentos. “Con lo que a ti te gustan los niños, no entiendo por qué todavía no te animas. Mírame a mí, estoy que no me lo creo”.

¿Y qué haces en ese momento? Sonríes, mientes y cambias de tema. No todas mis amigas saben lo de mi búsqueda, eso es algo que sólo se merecen saber las más íntimas, las que nunca me juzgan, las que siempre apoyan. A amigas como ésta que no tienen ni idea de nada hay que ponerles buena cara, darles una excusa más o menos convincente y cambiar de tema rápidamente, no vaya a ser que quiera que le explique por qué todavía no es el momento para tener bebés!

Lo dicho: No necesito que sea fácil, sólo que sea posible. Sé que en algún lugar me estás esperando, mi pequeña Canica, y cuando nos conozcamos al fin, imagina cuánto te querré.

Deja un comentario

Archivado bajo Caóticos pensamientos

MONTAÑA RUSA

Imagen

El mundo de la infertilidad es como una montaña rusa, alocada y traicionera. Unas veces estás arriba, otras abajo, otras das vueltas sin saber hacia dónde ir. Unas veces crees que te comes el mundo, que todo va a salir bien, porque a las personas buenas les pasan cosas buenas, ¿verdad? Otras, en cambio, lo ves todo negro. Todo parece tan lejano, ese sueño de ser mamá se está resistiendo más de lo que habrías imaginado y no sabes cuánto tiempo más vas a aguantar poniendo una sonrisa en la cara cuando te estás derrumbando por dentro.

Rubio, en cambio, es una persona vital, optimista, positiva, que te arrolla con su alegría, por muy grande que sea mi llorera. Somos dos polos opuestos, totalmente contrarios, sin apenas gustos en común. A mí me gusta blanco, a él negro. Pero hay un matiz en el que ambos coincidimos: en que nos queremos, y aunque nunca nos pongamos de acuerdo para ir a ver una película al cine, el amor que nos tenemos y el deseo de ser papás hace que todo lo demás sea meramente secundario.

Cuando me casé con Rubio, sabía desde el primer momento que lo conocí que él era el hombre de mi vida, y con el paso de los años, me morí de ganas por hacerlo papá. Ambos pensamos que todo sería mucho más fácil, tan fácil como había ocurrido con nuestro círculo de amigos. Un par de meses aplicándonos en los días fértiles, una falta cuando debería aparecer la indeseable, un test de embarazo positivo, un anuncio a la familia, todo el mundo feliz y contento y empezar a comprar cositas para el nuevo miembro de la familia.

No fue así.

Los meses comenzaron a pasar y nuestro bebé no venía. El mazazo fue peor cuando unos conocidos, que se casaron una semana después que nosotros, nos anunciaron su embarazo. El primer mes que lo intentaron, lo consiguieron. Así de fácil. Sin complicaciones. Sin lloreras. Sin pajas mentales. “¿Y yo por qué no?”, me preguntaba a mí misma continuamente.

Los embarazos en nuestro círculo de amigos/conocidos/vecinos eran continuos. Claro que nos alegrábamos por ellos, pero no dejábamos de sentir una pena inmensa cada mes que no lo conseguíamos. Veía la tristeza de Rubio en sus ojos y eso me destrozaba por dentro. Rubio no quería verme triste, le dolía profundamente cada lágrima que surcaba mis mejillas como si fueran suyas. Rubio quería aparentar ser fuerte, pero no lo era.

Llega un momento en todo camino de la infertilidad en el que tus amigos/conocidos/vecinos comienzan a hacerte preguntas. Preguntas indiscretas, preguntas para las que tienes que estar entrenada. Poner buena cara, sonreír, fingir que no le das importancia y cambiar de tema. Así lo hacía yo. Y lo hago. “¿Vosotros para cuándo?”. “¿No pensáis hacer abuelos a vuestros padres?”. “Ya os habéis casado, ¿cuándo pensáis tener niños?”. “Fulanito y Fulanita acaban de tener un bebé, ¿y vosotros qué?”. Oiga señora, a mí lo que hagan Fulanito y Fulanita me la trae floja, qué quiere que le diga! No sabía que al casarme estaba obligada a tener niños ya!

También he conocido a gente que tiene el tacto en el mismísimo culo. Gente que tiene la empatía de un cactus. “Estás obsesionada, por eso no te quedas”. “Relájate, ya verás que cuando te relajes te quedas embarazada”. “¿De verdad es tan importante ser madre?”. “Los tratamientos de fertilidad no siempre funcionan”. “No quiero que me pase lo que a ti”. A mí tampoco me gusta lo que me pasa, no te jode! Pero aquí estoy, poniéndote buena cara cuando en realidad me apetece mandarte a un sitio que yo me sé.

De mi círculo de amigas más íntimas, muy pocas saben que estamos en esta búsqueda, y no todas tienen la sensibilidad y el tacto que yo me esperaba de ellas. El mundo de la infertilidad no deja de darme sorpresas! (nótese la ironía)

Mañana, Rubio y yo tenemos nuestra siguiente consulta en Fertilidad. Nos han recomendado una IA, y la verdad es que estamos deseando empezar. Aunque nuestra intención es llevarlo todo por la SS, hemos visitado una clínica privada con la que hemos quedado encantados. Mañana decidiremos que camino tomar…

Tic tac tic tac… Es momento de tomar decisiones!

Deseadnos suerte!

Deja un comentario

Archivado bajo Caóticos pensamientos

¡¡HOLA, SOY ELORA!!

¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a mis desvaríos virtuales! Mi nombre en este mundillo de la blogosfera es Elora Dannan (sí, “Willow” me marcó de por vida), y sólo soy una más, una soñadora más que busca ser mamá a pesar de que la infertilidad se lo pone realmente complicado cada día.

Soy una chica de veintitantos, felizmente casada, dueña de tres preciosos perros y una gata adorable, amante de la lectura y el Heavy Metal y deseosa de formar una familia con el hombre de mi vida.

¿Por dónde empezar? Si me lo permitís, os resumiré muy brevemente mi historia, que no es nada fuera del otro mundo, ya lo veréis!

He tenido la suerte de conocer al amor de mi vida cuando apenas era una cría ingenua y soñadora que pensaba que todas las historias se merecían por derecho un final feliz. Rubio es para mí mi bote salvavidas, el que me permite soñar, el que se cae y se levanta conmigo, el que siempre tiene en su cara una sonrisa de “Todo saldrá bien”. Rubio no necesita llenar el silencio con tontas palabras o frases de ánimo que no aportarían nada en un momento de llorera. Rubio me abraza y se queda callado junto a mí, reconfortándome con un abrazo de esos que parece que me vuelve a juntar las partes destrozadas de mi corazón.

Siempre quisimos tener niños y, además, los dos estábamos de acuerdo en tenerlos pronto, de jovencitos, para poder disfrutar de nuestros peques mucho más tiempo. Empezamos la búsqueda de nuestro bebé como otras tantas parejas, llenos de ilusión, de esperanzas y de muchas ganas de ser papás. El primer negativo no fue doloroso. Como tampoco lo fue el segundo, el tercero o el cuarto. Pero el décimo segundo fue todo un mazazo. Doce meses de búsqueda. Doce meses de esperanzas perdidas. Doce meses de dolor en los cuales se anunciaban a nuestro alrededor continuos e inesperados embarazos.

Después de aquello, mi doctor quiso probar suerte con Omifin, un inductor de la ovulación que se utiliza en algunos casos para resolver la infertilidad por insuficiencia ovárica. Lo intentamos durante cinco ciclos. Cinco meses de esperanzas que no se cumplieron. Cinco meses de negativos e ilusiones frustradas. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Cada vez dolían más. Y comenzaron las pruebas, los diagnósticos, para saber qué estaba ocurriendo.

Y resultó que yo soy un cúmulo de desajustes hormonales que forman un verdadero huracán en mi cuerpo: sobrepeso, ovarios poliquísticos, FSH un pelín elevada, ciclos irregulares y anovulatorios, amenorrea, etc.

Mis ciclos cada vez eran peores. Tenía suerte si veía la regla cada dos o tres meses. Mi única solución era provocarla con Utrogestan cuando mi cuerpo pedía a gritos quitarse de encima la hinchazón y el malestar acumulado. Así era imposible. Por mucho que lo intentábamos, cada mes veíamos un negativo.

Dolía. Dolía muchísimo. Porque las personas nos merecemos lo que soñamos, ¿verdad? Al menos, eso pensaba yo.

Cuando comenzamos la búsqueda de nuestro bebé, tonta de mí creí que lo conseguiríamos relativamente rápido. Qué engañada estaba. Qué estúpidamente ingenua fui.

Después de todo este tiempo, he aprendido que la infertilidad no es cosa de la edad. La infertilidad no distingue esas cosas. Es más, le importa una auténtica mierda. Te toca y punto, es una lotería, un juego de azar. Pero también he aprendido debido a ella que soy más fuerte de lo que pensaba. Voy a cumplir mi sueño y el de Rubio sea como sea, no vamos a parar. A veces hay que pasar por lo peor para conseguir lo mejor, ¿verdad?

¿Dónde nos encontramos ahora? A las puertas de nuestro primer tratamiento de reproducción asistida. Estamos un poco nerviosillos, pero también ilusionados y volvemos a recuperar la esperanza. En algún momento las cosas tienen que salir bien, ¿no?

Sé que no tengo muchos motivos para quejarme, apenas llevamos tiempo metidos en este mundillo y no nos hemos llevado continuos batacazos con los tratamientos, pero con este blog sólo busco desahogarme y sentirme mejor soltando todo lo que llevo dentro.

Rubio, ten fe, tarde o temprano venceremos. Gracias por cada día que me das a tu lado.

Deja un comentario

Archivado bajo Caóticos pensamientos, Cosas de la infertilidad