QUE SEA POSIBLE

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No necesito que sea fácil, sólo que sea posible.

¿Cuántas veces habéis tenido ese tipo de pensamientos? Muchas, ¿verdad? Incluso más de las que os gustaría. Eso mismo se me pasó por la cabeza esta mañana mientras salía de mi consulta de Fertilidad. No estoy pidiendo que sea un camino de rosas, fácil y edulcorado; tan sólo deseo que todo valga la pena. Que este sueño sea posible y no sólo eso, un sueño. Un deseo en la mente de Rubio y mía, una idea que apenas rozamos con los dedos.

¿Cuántas veces habéis sentido que alguien/algo ha decidido elegir por vosotras? ¿Cuántas veces habéis pensado que alguien/algo os ha arrebatado una parte de vuestra propia naturaleza? Un ente cósmico o sobrenatural que nos ha señalado con el dedo y ha decidido que para nosotras no será fácil, que convertirnos en mamás sin dificultades será algo desconocido para nosotras.

Nadie debería sufrir por no poder ser madre. Nadie.

Todas deberíamos poder vivir esa experiencia. Sentir una pequeña vida crecer en nuestro interior, ver cómo nuestra barriga comienza a taparnos los pies, ilusionarnos con cada prenda de ropita que escojamos para nuestro bebé. A mí me gustaría vivir todo eso. Pero al parecer, el destino/karma, llamémoslo como queráis, ha decidido que mi camino es más largo, y también más agotador.

A veces he pensado que he tenido que hacer algo horrible en otra vida para que lo esté pagando en ésta. ¿Por qué se me niega un sentimiento innato en la mujer, un deseo inexplicable de crear vida a través de mi cuerpo? Y cuando te das cuenta de que tus deseos no serán algo inmediato sino todo lo contrario, es cuando empiezas a observar con otros ojos lo que ocurre a tu alrededor. Fulanita se ha quedado en el primer mes de búsqueda y te lo cuenta como si fuera el mayor logro de su vida. Menganita ya va por el segundo cuando Hermano Mayor todavía utiliza su cochecito para sacarlo a pasear. Periquita la de los Palotes se quedó sin proponérselo, de hecho, no entraba en sus planes.

Y, entonces, empiezas a pensar que algo pasa contigo. Porque por mucho que lo intentas, por mucho que lo deseas, por mucho que te mueres por ser mamá, no lo consigues. Se te ha negado ese derecho. Al menos, el derecho de conseguirlo despreocupadamente. Y empieza tu andadura en las consultas del hospital, haciéndote pruebas y más pruebas, buscas información en Internet, te conviertes en una experta en el tema, descubres palabras y términos que ni sabías que existían. Y si tienes suerte como yo, conocerás a mujeres increíbles que pasan por tu misma situación. En mi caso, gracias a un foro de Internet, he tenido el privilegio de emprender mi viaje en la infertilidad de la mano de auténticas luchadoras, auténticas desconocidas que en muy poco tiempo se han convertido en una parte fundamental de mi vida. Desconozco sus verdaderos nombres, todas nos escondemos bajo niks que nos camuflan, pero conozco sus historias personales y sufro y río con ellas como si fueran mis más íntimas amigas. Ellas han aportado serenidad a mi vida y, sobre todo, mucha experiencia. Soy la yogurina del grupo y todas me tratan como si fuera su hermana pequeña. Siempre tienen buenas palabras para mí. Se preocupan y me apoyan tan ciegamente y con tanta intensidad que no puedo dejar de sentirme afortunada por haberlas encontrado.

La infertilidad te quita muchas cosas, pero consigues otras distintas y más valiosas. Amigas cibernéticas en la distancia que se convierten en piezas básicas de tu día y día. Fortaleza, para afrontar los acontecimientos y los hechos inesperados en esta búsqueda. Valor, para soportarlo todo con una sonrisa en la cara. Agradecimiento, algo que no te cansarás de obtener a lo largo de todo este camino. Agradecimiento por tener una familia que te apoya, un marido increíble que hará lo imposible por hacerte feliz, amigas que de verdad te comprenden.

No todo es blanco o negro, todo depende del matiz.

Esta mañana, después de salir de mi consulta en Fertilidad un tanto desanimadilla, fui a visitar a una amiga que acaba de dar a luz. De todos los temas que ella podría haber sacado para hablar, el que yo todavía no sea madre no era el más adecuado en aquellos momentos. “Con lo que a ti te gustan los niños, no entiendo por qué todavía no te animas. Mírame a mí, estoy que no me lo creo”.

¿Y qué haces en ese momento? Sonríes, mientes y cambias de tema. No todas mis amigas saben lo de mi búsqueda, eso es algo que sólo se merecen saber las más íntimas, las que nunca me juzgan, las que siempre apoyan. A amigas como ésta que no tienen ni idea de nada hay que ponerles buena cara, darles una excusa más o menos convincente y cambiar de tema rápidamente, no vaya a ser que quiera que le explique por qué todavía no es el momento para tener bebés!

Lo dicho: No necesito que sea fácil, sólo que sea posible. Sé que en algún lugar me estás esperando, mi pequeña Canica, y cuando nos conozcamos al fin, imagina cuánto te querré.

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