Archivo mensual: abril 2014

COSAS QUE DECIR

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“Querida Mala Suerte, 

es hora de que me dejes. 

Estoy cansada de tus incansables tejemanejes!

Que si yo sonrío, tú me haces llorar,  

¡cómo disfrutas con tu crueldad!

Quiero que te vayas

y que no mires atrás. 

Créeme cuando te digo

¡que no te voy a extrañar!”

Hace tiempo que quería escribirte algo como esto. Sí, hemos pasado muchos años juntas, te has encariñado de mí (y no te culpo), pero creo que ha llegado el momento de que vivas tu vida, querida Mala Suerte. Ay, qué mal me lo estás haciendo pasar, maldita condenada, y cómo te diviertes a mi costa! Ríes y ríes a carcajadas añadiendo obstáculos a mi camino, frotándote las manos satisfecha de ver cómo me tiro de los pelos con exasperación.

Siempre estás presente, recordándome que a mí las cosas siempre me salen del revés. Maldita, ¡eres retorcida como ninguna! Cuando Rubio y yo decidimos ser padres, ambos creímos que el camino sería más fácil. Primer error. Cuando ya llevábamos varios meses de búsqueda, no pensamos que tardaríamos un año en conseguirlo, era evidente que ese positivo no tardaría en aparecer. Segundo error. Cuando comenzamos los ciclos con Omifin, pensamos que ya había llegado el momento, que la nueva medicación era nuestra salvadora. Tercer error. Y, mientras nos acercábamos al primer año de búsqueda, de verdad que no se nos había pasado por la cabeza tener que recurrir a un tratamiento de reproducción asistida. Cuarto error, también conocido como: Ostia en toda la cara (o “Zas! En toda la boca!!”, vosotras elegís).

Las cosas rara vez salen como las planeas. Creer que por ser un par de pimpollos (ninguno de los dos se acerca todavía a los treinta años), tener un bebé sería cuestión de unos meses es la equivocación más grande que hemos tenido hasta ahora. La infertilidad no entiende de edad, ni de sexo, ni tampoco de ilusiones. Ella aparece un buen día y decide quedarse, sin más. A ella no le importa si eres guapa, baja, delgada, gorda, rubia, morena o Perica la de los Palotes. Te toca y punto. Te señala con el dedo y entra a formar parte de tu vida, poniéndote a prueba con cada obstáculo que se saca de la manga.

Pensar que la infertilidad es cosa de cuarentonas (no me gusta esta palabra, me suena fatal!) es el mayor error que podéis cometer. Yo ni siquiera me acerco a los treinta años y no puedo tener un bebé de manera natural. No puedo quedarme embarazada tal y como han hecho todas las mujeres de mi alrededor. Sencillamente, no puedo. No puedo crear vida, mi cuerpo no contiene ningún bebé en su interior. Y eso duele. Duele muchísimo.

Piensas que como tienes veintitantos no tendrás problemas, que todo saldrá rodado. Pero hay excepciones. Y ahí es cuando entra en juego la Mala Suerte. Que yo, a pesar de mi edad, no consiga quedarme embarazada es un ejemplo de mala suerte. Soy una excepción, un caso a parte, tanto en mi círculo familiar como en mi grupo de amistades.

Super Mamá se quedó embarazada de mí el primer mes después de dejar la píldora. Tía Favorita tiene dos hijos: del primero se quedó embarazada en el segundo mes de búsqueda; el segundo llegó a los cinco meses de haber comenzado la operación “Hermano Menor”. Abuela Dulce tiene tres hijos y los tres llegaron tan pronto como ella se lo propuso. Super Mamá, Tía Favorita y Tío Manitas se llevan tan pocos años entre ellos que, en lugar de hermanos, parecen un grupito de buenos amigos. Tío Manitas tiene dos niños y su mujer se quedó embarazada también en los primeros meses de búsqueda. Tanto fue así, que mi primo pequeño llegó por sorpresa y entre ambos hermanos hay una minúscula diferencia de edad.

De mis amigas que ya son mamás, todas se quedaron embarazadas en el primer o segundo mes de comenzar la búsqueda. Y no continúo porque la lista de conocidas/vecinas que se han quedado con increíble rapidez es demasiado larga. En donde yo vivo, Mi Rincón Favorito, es un pueblecito pequeño en el que todos nos conocemos. Estos últimos meses ha habido un verdadero Baby Boom y son muchísimas las vecinas que están embarazadas o a punto de parir o ya han tenido a su bebé. Sólo un par de parejas seguimos sin niños. Ellos porque todavía no se lo plantean y nosotros porque no lo conseguimos.

Y todas sabemos cómo funciona el sistema de chismes en los pueblos pequeños. Te han visto crecer desde que eras una niña pequeña y regordeta así que sienten que tienen el derecho y la confianza de preguntarte cualquier mínima indiscreción. “¿Y vosotros para cuándo?”. “Ya sólo quedáis vosotros”. “Mira Fulanita, qué niña más bonita tiene. ¿Por qué no os animáis?”. “¿Tenéis problemas?”. Y todo se empeora cuando decides casarte. Oh, sí, entonces sí que la cagas! Porque en todos los pueblos pequeños hay una regla que es inamovible: CUANDO TE CASAS, TIENES QUE CONVERTIRTE AUTOMÁTICAMENTE EN UNA FÁBRICA DE BEBÉS. O eso, o te casas porque estás embarazada. Una de dos.

A mí me han preñado tantas veces que he perdido la cuenta. A Super Mamá le pega la risa cada vez que le preguntan por mi nuevo y recién descubierto embarazo. Cuando Rubio y yo nos casamos, una señora de por aquí aseguró que nos casábamos porque yo estaba embarazada y estábamos intentando adelantar la boda para que no se me notase la barriga. Ea, ahí queda la cosa! Jajaja Poco después, esta señora fue contratada para escribir los guiones de las telenovelas mexicanas. Y cuando volvimos de la luna de miel, ya volvía embarazada según ella, evidentemente. Y desde entonces, me han preñado tantas veces que podría montar un equipo de fútbol.

En el pueblo de Rubio ocurre más de lo mismo, pero Rubio ignora los cotilleos con tanto arte que consigue que le resulten totalmente indiferentes.

Así que aquí estamos, en el ojo del huracán de los chismes pueblerinos, porque somos una pareja de lo más rara que después de casarse no ha tenido hijos todavía. Hace tiempo que dejaron de importarme estas cosas, Rubio me ha enseñado a hacer oídos sordos e ir por la vida con una amplia sonrisa en la cara, dando qué hablar.

Y, aunque considere que ahora mismo estamos teniendo bastante mala suerte, también creo que todo esto en algún momento tiene que cambiar. Que este camino largo y agotador nos enseñará a amar todavía más la paternidad y que todo habrá valido la pena.

Al menos, eso quiero pensar yo.

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UN PASO MÁS CERCA

NOTICIÓN! NOTICIÓN! NOTICIÓN!

Ayer me encontraba yo maldiciendo la lentitud de la Seguridad Social, enfurruñada porque Rubio y yo llevábamos un mes esperando por un seminograma y hoy… Hoy la S.S. me ha hecho: ZAS! EN TODA LA BOCA! Jajaja (Esto imagináoslo con la voz y el careto de Sheldon Cooper, mi personaje favorito de The Big Bang Theory).

Esta mañana estaba yo aburrida en casa, enfundada en mi chándal y dándolo todo en la cinta de correr mientras fuera llovía como si del último diluvio se tratase, cuando sonó el teléfono en el salón. He de confesar que en un primer momento no escuché la melodía del teléfono porque cuando camino/corro, suelo hacerlo con la música bien alta a través de unos pequeños altavoces sin cables que me regaló Rubio. “¡Coño! ¡El teléfono!”, dije toda apresurada.

-¡Voooooooooooy!-el teléfono no dejaba de sonar y yo todavía intentaba pausar la máquina para poder bajarme-. ¡Que ya voooooooy, leches!-pulsé el STOP, la dichosa cinta dejó de moverse y corrí a toda pastilla atravesando la casa hasta llegar al salón. Si es que al final me escoño, pensé antes de contestar-: ¿Sí?

Me llamaban del hospital y preguntaban por Rubio. Les dije que era mi marido y que estaba trabajando, que si yo les valía para darle el recado. No hubo ningún problema. La chica con la que hablé me dijo que me llamaban con el motivo de un estudio de fertilidad y que la cita para el seminograma sería en apenas unos días.

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¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Pensé que serían más lentos, la verdad! Y yo aquí maldiciéndoles y dejándolos quedar fatal. Una vez que el seminograma de Rubio esté lito, tengo que pedir cita para recoger los resultados y pasaremos al siguiente paso. Deduzco que lo próximo que me pedirán será una histerosalpingografía y, aunque yo ya la tengo hecha recientemente a través de una clínica de radiología privada, estoy segura de que me pedirán volver a repetirla porque la S.S. prefiere tener sus propias pruebas. Y, claro, con lo laaaaaaaaaaargos que son mis ciclos, puedo morirme de asco mientras la rojita se decide a aparecer!

La paciencia es una virtud y, aunque yo siempre me he considerado una persona bastante impaciente, este recién descubierto mundo de la infertilidad me ha obligado a ser mucho más paciente. Ya no pienso en las cosas a corto plazo, prefiero pensar en un futuro más lejano y no tan próximo para que la espera no se transforme en algo imposible de llevar. Siendo sincera, es algo fácil de decir pero no de hacer. Antes, solía impacientarme a la mínima. Cualquier espera me parecía eterna. Con el paso del tiempo, he aprendido a relajarme y pensar a largo plazo. ¿Que cómo lo hago? Voy a contaros algunas de las cosas que yo hago para distraerme:

Leer. La lectura siempre ha sido una de mis grandes pasiones; desde muy pequeñita siempre llevaba un libro conmigo a todas partes. Leer me distrae, me cautiva, me transporta a otros lugares de ensueño y misterio, provoca que me coma las uñas hasta los nudillos de pura tensión. He de reconocer que mis preferidas son las novelas románticas paranormales. Sí, me encanta todo lo que tenga que ver con vampiros, licántropos, brujos, magos, demonios… si tienen una buena historia de amor de fondo. Hace unos años, descubrí una saga que me cautivó en todos los sentidos. La autora es española (un punto a su favor; hasta ahora sólo había leído a escritoras americanas) y todo lo que escribe me parece pura magia. Consigue atraparte desde la primera página, provocando que no te vayas a dormir hasta que no termines ese capítulo que te está volviendo loca. ¿El nombre de la saga? La Saga Vanir y yo os la recomiendo de todo corazón. También suelo leer a Kresley Cole, Charlaine Harris, Laura Gallego, etc. Leer me entretiene muchísimo y mantiene mi cabeza ocupada, que es justo la finalidad de todo esto.

Escribir. Desde que escribo mi propio blog, sobrellevo mis emociones mucho mejor. Antes, me sentía atrapada, atacada por mis propios pensamientos, me atragantaba con todo lo que quería decir y no podía. En un momento de bajón de los grandes, me decidí y abrí mi propio blog, en donde podría expresar mis sentimientos sin temor a que me tachen de obsesiva. Ha sido la mejor decisión que podría haber tomado nunca. ¡Me encanta abrir la puerta a mi propio mundo y contaros todo lo que se pasa por mi cabeza! (Que no es poco). Además, desde muy pequeña, siempre he tenido mucha imaginación, de ahí que me encante escribir poesía o mis propios relatos e historias, que me mantienen distraída durante horas. Rubio siempre dice que debería dedicarme a esto, que mi profesión siempre ha sido la de una escritora de romántica adulta paranormal. Que mi cabecita es un hervidero de ideas, vamos. ¡Ay! ¡Ojalá fuera tan fácil!

Pasear. Sí, parece una tontería, pero a mí dar largos paseos me ayuda muchísimo a distraerme. Tengo la suerte de la matriarca de una pequeña familia de peludos, así que siempre que el tiempo nos lo permite tanto yo como Grandullón Amoroso, Saltarín Inquieto y Muñequita Linda nos vamos a pasear hasta que acabamos realmente agotados. Por suerte para mí, vivo en un pequeño pueblecito a pocos minutos de la ciudad, así que disfruto de las tranquilidad que me otorga estar rodeada de naturaleza sin alejarme demasiado de las ventajas que posee la ciudad. Aquí, en mi pueblecito (llamémoslo a partir de ahora Mi Rincón Favorito), las casas parecen estar engullidas por la espesa vegetación y el gran monte que los animalistas como yo utilizamos para pasear con nuestros peludos. Pasear siempre me ayuda. Los momentos de bajón desaparecen cuando interactúo con la naturaleza: las ramas de los árboles se mueven al ritmo que marca la caprichosa brisa, los pajaritos revolotean sobre mi cabeza, Grandullón Amoroso corre despreocupado con su pelota en la boca, Saltarín Inquieto inspecciona cada centímetro del camino persiguiendo bichitos como un loco y Muñequita Linda se queda rezagada como siempre, absorta en el vaivén de las hojas de los árboles sobre su cabeza. Los fines de semana Rubio nos acompaña y el paseo se hace mucho más divertido. Hablo mucho con mis peludos pero ellos nunca contestan, para variar está bien conversar con alguien de mi misma especie! jajaja

La familia. Aunque siempre me ha gustado solucionar mis problemas por mí misma, he de reconocer que refugiarme en mi familia siempre ha sido mi mayor debilidad. Mi familia está muy unida, somos una piña y nos preocupamos los unos por los otros, ofreciéndonos ayuda para solucionar cualquier mínimo problema. Super Papá y Super Mamá son geniales y para Tía Favorita no tengo más que palabras de agradecimiento, pero además, Abuelo Tierno y Abuela Dulce son más de lo que podría desear. A pesar de su edad, mis abuelos nunca han sido unas personas “chapadas a la antigua” ni nada por el estilo. Siempre los he admirado por haber sabido adaptarse a los tiempos que corren. Con ellos puedo hablar de mi infertilidad y mis tratamientos sin miedo al qué dirán o a que no me comprendan. Abuela Dulce siempre se interesa por Rubio y por mí después de cada consulta. Yo le cuento qué tal ha ido, qué es lo próximo que tenemos que hacer y mis esperanzas en todo esto. Después de la histerosalpingografía del otro día, la llamé y hablé un buen rato con ella. La pobre estaba preocupada y sólo quería asegurarse de que yo estaba bien. Además de lo unida que está mi familia, tengo el gran privilegio de vivir muy cerca de ellos. Ni siquiera tengo que desplazarme en coche para verles. Todos vivimos en Mi Rincón Favorito y los domingos comemos todos juntos en la casa de mis Super Papás, disfrutando entre risas, bromas y las anécdotas de Super Papá, que siempre son para partirse. El apoyo de la familia es muy importante en todo este proceso y yo nunca me cansaré de agradecerles lo bien que se portan con Rubio y conmigo.

Los amigos. Además de la familia, los amigos también son muy importantes en todo este proceso. Sin unos buenos amigos en los que poder apoyarte, todo esto se hace más difícil de sobrellevar. De mi círculo de amigos más cercano, muy pocos lo saben. Tan sólo tres de mis amigas saben lo de la búsqueda de mi Canica. Ellas me apoyan y me escuchan, sin juzgar, tan sólo preocupándose por mí y apoyándome incondicionalmente. Aunque lo de los amigos y el mundo de la infertilidad es un mundo a parte. No todo el mundo reacciona tal y como tú esperabas. Yo he tenido que escuchar frases tipo: “Estás obsesionada, todo está en tu cabeza”. “Cuando te relajes y dejes de pensar, te quedarás embarazada”. “¿De verdad es tan importante ser madre?” de gente con la que no tengo tanta confianza pero que se han enterado al vernos en las consultas o a saber cómo. Como ya os he dicho, a lo largo de todo este proceso, habrá mucha gente que os sorprenderá, tanto para bien como para mal. Yo me he llevado varios chascos de gente de la que nunca me lo habría esperado, pero también me han sorprendido para bien ciertas personas con las que no contaba que se interesasen tanto por mí.

Diversiones fuera de casa. Ir al cine, salir a cenar, tomar algo con buenos amigos, mini escapadas románticas o todo lo que se os ocurra para divertiros y pasar un buen rato. Como la cosa tampoco está para ir al cine cada fin de semana, Rubio y yo solemos tirar mucho de videoclub y comprar palomitas, golosinas y chucherías en toneladas industriales y pasar un fin de semana entre películas, sofá y mantita. Cuando salimos a cenar, nos va mucho el rollo de bocatas y terraceo; no somos mucho de restaurantes, la verdad. Este fin de semana saldremos a cenar y a pasar un buen rato; Rubio se ha hecho un año más mayor y queremos salir a distraernos con nuestros amigos.

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– Y, por último, todo aquello que os haga feliz, siempre será bienvenido para hacer esta espera más llevadera.

Y ya está. No hay más secretos.

Me siento feliz de que finalmente nuestras pruebas en la S.S. vayan avanzando. Tendré que llamar a la clínica privada y decirles que nos den un poco más de tiempo, aunque Rubio está deseando empezar y la clínica le ha dado tan buena espina, que no quiere demorarlo más. No quiero pecar de impaciente y sé que llevar todo el proceso por lo público nos ahorrará muchos gastos, pero a mí la clínica privada también me ha dado buenas vibraciones y eso es algo que no puedo pasar por alto. En cuanto tenga los resultados de mis análisis hormonales en mi poder, decidiremos qué hacer.

No hay nada como tener un mar de dudas danzando por tu cabeza, ¿verdad? Me iré a leer un rato…

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LA ESPERA DESESPERA

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Cuando entras de lleno en el mundo de la infertilidad, tienes la horrible sensación de que te pasas la mitad del tiempo esperando. Esperas que llegue la dichosa consulta. Esperas para que te den cita para hacerte pruebas. Esperas el resultado de las pruebas. Esperas para empezar el tratamiento. Esperas… esperas que tu sueño se pueda hacer realidad.

La infertilidad es un proceso lento. Muy lento. Si tienes el defecto de la impaciencia como yo, el camino se hace eterno. No pido que todo se resuelva en apenas un par de meses, pero agradecería que la rapidez a la hora de hacer las pruebas fuese mucho más eficiente. Desde nuestra última consulta en la Seguridad Social, ha pasado casi un mes. El 27 de marzo estábamos Rubio y yo en la consulta de Esterilidad, esperando avanzar un poco más en este proceso.

¿La respuesta? “Pues vais a tener que tener un poco de paciencia, ¿eh? Porque esta prueba es un poco lenta. Os llamaremos dentro de un mes, más o menos”.  

¿La prueba? Un seminograma. Sí, sí, un mísero seminograma. Y eso que ya llevábamos uno hecho recientemente, pero de un laboratorio privado y así no les vale. Todavía no nos han llamado y dudo mucho que lo hagan entre hoy y mañana. Si tenemos suerte, recibiremos noticias de ellos la próxima semana, aunque ya empiezo a ponerlo en duda. Y todavía nos falta la histerosalpingografía, una prueba que pensé que me pedirían cuando me entregaron los papeles para las analíticas hormonales. Habríamos matado dos pájaros de un tiro: analíticas e histerosalpingografía en el mismo ciclo.

Así que Rubio y yo llegamos a una conclusión: intentaríamos hacer las pruebas que nos faltasen por nuestra cuenta y entregarlas en la clínica privada para poder empezar lo antes posible. De ahí que la histerosalpingografía a la que me sometí hace unos días fuese en una clínica de radiología privada y no en el hospital público.

A principios de año, en enero, en una de nuestras consultas en el hospital, Rubio y yo pensamos (pobres ingenuos) que nos mandarían las pruebas necesarias para salir de dudas y así no perder el tiempo. No fue así. A mí me entregaron los papeles para hacer unas analíticas y poco más. A él no le pidieron nada. Nos dieron cita para dos meses y medio después, a finales de marzo, y más de lo mismo. Y yo me pregunto: ¿por qué no aprovechan un mismo ciclo de mi regla para hacerme varias pruebas y así acabar de una vez? Mis ciclos, debido al SOP, son un verdadero caos. Nunca sé cuando me va a visitar la rojita. Yo echo mis cuentas, pero rara vez acierto. Los dos últimos, tuve que provocarlos con Utrogestan. ¿Qué quiero decir con todo eso? Que en mi caso, el proceso aún es más lento. Si necesito la regla para llevar a cabo varias pruebas, nunca sé cuándo va a aparecer y las pruebas se demoran un montón. De ahí que pensé que tanto las analíticas hormonales como la histerosalpingografía me las mandarían hacer en un mismo ciclo. Porque de no ser así, tengo que esperar un mínimo de cuarenta y cinco días para mi siguiente regla.

Y el tiempo pasa y ves que no consigues nada. Desde aquella consulta en enero, ya han pasado cuatro meses. En enero, hacía frío, llovía como si se acabara el mundo y yo iba enfundada en mi bufanda, mi gorro y mis botas para combatir el frío. Ahora, el sol brilla con más intensidad, los días son más largos, las ramas de los árboles se cubren de preciosas flores y mis queridas botas han sido sustituidas por calzado de entretiempo.

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El tiempo pasa más rápido de lo que creemos. Para bien o para mal, el tiempo no se detiene, la vida sigue su curso, nada cambia aunque tú estés deseando que lo haga. No mucho tiempo atrás, Rubio y yo festejábamos la noche de fin de año, poniendo nuestras esperanzas en el nuevo año que empezaba, deseábamos que todo cambiara a mejor.

En estos momentos, me siento un tanto estancada. Sigo esperando el resultado de mis analíticas hormonales para poder iniciar el tratamiento. Y son unos resultados que me tienen muy preocupada y asustada. Me da verdadero pánico que mi nivel de FSH haya subido. Si fuera así, ¿qué sería de nosotros? Una IA quedaría totalmente descartada porque por mucho que intentasen estimular mis ovarios, no lo conseguirían. Con suerte, podríamos optar a una FIV. Y cuanto más tiempo pasa, cuantos más días se van sucediendo, pienso más y más en los dichosos resultados.

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Desde siempre, he tenido un mecanismo de defensa que consiste en ponerme en lo peor. No suelo pensar que las cosas me van a salir bien, que todo va a salir tal y como me gustaría. Y, por ahora, me ha ido muy bien así. Cuando Rubio y yo cumplimos el año de búsqueda de nuestra Canica, yo ya tenía asumido que tendríamos que recurrir a tratamientos de reproducción asistida. Así que cuando nos lo dijeron en nuestra primera consulta, no me llevé ninguna sorpresa, a diferencia de Rubio. Cuando empecé con el Omifin, me puse en lo peor y pensé que probablemente en mí no funcionaría. Que sí, que había funcionado en otras muchas mujeres, pero no sería mi caso. Y acerté. Y no me sentí mal ni tuve ninguna llorera, porque ya lo sospechaba. El pobre Rubio se llevó un chasco de narices cuando vio que en nuestro último intento tampoco lo habíamos conseguido. Este mecanismo de defensa siempre me ha funcionado y me ha ahorrado más bajones y malos ratos de los que ya he tenido.

En estos momentos, Rubio es mucho más optimista que yo. Él cree que todo saldrá bien en la clínica privada. Confía en ellos, quiere confiar en ellos. Él piensa que allí lo conseguiremos, que es nuestro destino conseguirlo de este modo.

Y yo quiero creerlo también. Quiero creer que esta búsqueda que se ha alargado demasiado tendrá un final feliz. Pero me da miedo ilusionarme y tener esperanzas, porque si no resulta, la caída será muy dolorosa. Todos los negativos que he visto hasta ahora serán insignificantes al lado de un negativo procedente de un tratamiento de reproducción asistida. Ese sí que será doloroso y sé que tendré que reponerme enseguida para continuar. Porque si me caigo cien veces, ciento una tengo que levantarme.

Estos últimos días, me he enterado de dos embarazos más en mi círculo de conocidos y familiares. Dos embarazos que no me esperaba porque no lo estaban buscando ni entraba en sus planes. Al parecer, fue un “despiste”. Caray, hay que ver la facilidad con la que se embarazan las demás!!! Nunca me ha molestado que todas a mi alrededor se quedasen embarazadas. Nunca me he sentido incómoda con bebés y embarazos a mi alrededor, nunca he sentido que no quiero cerca a mamás, potitos, chupetes y berrinches. Que yo no lo consiga, no significa que no me alegre por los demás. Aunque sí que me gustaría que para mí fuese más fácil. Me gustaría poder vivir la experiencia que viven todas las mamás de mi alrededor. Pero, al parecer, tendré que seguir esperando.

¿Lo veis? Seguir esperando. Esperar. Más de lo mismo.

Cuando me pongo a pensar y me imagino cómo sería mi vida siendo mamá, no me hago una idea de cómo sería yo embarazada. No me lo imagino. No soy capaz de crear una imagen en mi mente de mi cuerpo con una incipiente barriga. Me duele, pero es así. Creo que es algo que le ocurre a todo el mundo menos a mí. Si algún día lo conseguimos, cambiaré de opinión, estoy segura!!

Mi gran problema es que soy insegura. Insegura respecto a mí y a mi capacidad para quedarme embarazada. Insegura respecto al tratamiento y a su resultado. Rubio siempre me dice que con mis inseguridades no resolveré ningún problema. Que estando triste, decaída o enfadada con el mundo no solucionaré nada, sólo me perjudico a mí misma. Y tiene razón.

Rubio siempre tiene una sonrisa en la cara. Una sonrisa enorme y preciosa que siempre me ha cautivado. Él tiene otra manera de ver la vida. Él se siente afortunado de por sí. Disfruta de la lluvia, disfruta del sol, disfruta del mal tiempo y del calor abrasante. Nunca se queja, siempre mira el otro lado de las cosas. Y su filosofía de vida me ha ayudado muchísimo en todo este proceso. Si no fuera tan enérgico y positivo, a saber dónde estaría yo en mis momentos de bajón.

Lo miro y no me puedo creer que alguien tan genial sea parte de mi vida. Él lo hace todo más llevadero, más fácil. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hace por mí, por nosotros y por nuestra futura Canica.

En unos días espero recibir los resultados de mis análisis hormonales y entonces podré decir que… IA/FIV A LA VISTA!!!

Qué ganas de empezar!!! Deseadnos suerte!!

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COSAS DE [SOP]ERAS

“Pelos por aquí, pelos por allá, 

crecen cada día y ¡en mucha cantidad! 

Soy un oso panda a medio depilar,

¡me desespero cuando mis pelitos vuelven a brotar!”

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Jajaja, pensaréis que me he vuelto loca, ¿verdad? Bueno, después de este breve momento poético, voy a confesaros algo que creo que todavía no había dicho en ninguna de mis entradas: tengo SOP (Síndrome del Ovario Poliquístico) y, por lo tanto, el tema de los pelitos y las depilaciones están al orden del día en mi vida.

El SOP es un trastorno que afecta a un 5 ó 10% de las mujeres, causando síntomas tales como: períodos menstruales irregulares, hirsutismo (crecimiento excesivo de vello en la cara, el abdomen, el pecho, etc), sobrepeso, infertilidad (no en todos los casos), acné, dificultad para ovular con normalidad… Bien, esto dicho en palabras técnicas y profesionales. En palabras de una SOPera: es una mierda como una casa de grande, una gran jodienda que te obliga a estar equipada con bandas depilatorias en cantidades industriales. En mi caso, sólo me falta un cinturón de herramientas que colgarme a la cintura y sería como el Inspector Gadget pero con pinzas de depilar, bandas de cera fría, crema decolorante y crema hidratante. Tengo todo un arsenal desplegado en el baño, dejándole apenas sitio a Rubio para sus cosas. 
No hace mucho que descubrí que yo también sufría los efectos del SOP. La verdad es que notaba que algo pasaba con mi cuerpo, algo estaba cambiando para peor y no dejaba de engordar. Cuando fui a la Seguridad Social, no le dieron importancia. Ni a la desconocida causa de mi sobrepeso ni a la ausencia de mi regla, que llevaba cinco meses sin aparecer. Deambulé de consulta en consulta, pero ninguno de los doctores y ginecólogos que me trataron me dieron ninguna solución. Yo incluso les decía que me estaba saliendo vello en donde antes no tenía (como en el mentón, por ejemplo) y que estaba engordando demasiado sin causa aparente, cuando siempre había sido una chica delgadita. 
Recuerdo que una de las ginecólogas me aseguró que todos mis problemas estaban causados por haber dejado la píldora (la tomaba desde los diecisiete años), y que todo ese desbarajuste muy pronto se solucionaría por sí solo. No sucedió, obviamente. Finalmente, encontré consuelo y ayuda en el mejor ginecólogo que he conocido a lo largo de toda mi vida. Un hombre preocupado y súper atento que sólo busca encontrar la solución de los problemas de sus pacientes. Su consulta es privada, y aunque tengo que dejarme algunos billetes cada vez que voy a verlo, salgo de allí tan tranquila y con mis dudas tan aclaradas que el desembolso económico vale la pena. Fue él quien me habló del SOP, de los síntomas y de las consecuencias; me explicó que el vello tan molesto que me estaba creciendo así como mi sobrepeso y mis ciclos tan irregulares estaban íntimamente relacionados y que, a pesar de que el SOP no tiene cura, sí hay tratamientos para combatirlo que son muy efectivos. Me habló de dietas, de ejercicios y, sobre todo, de paciencia y perseverancia. 
Para combatir el sobrepeso, practico deporte cuatro o cinco días a la semana. Nada del otro mundo, simplemente caminar o correr. Al principio, me agotaba en seguida y tenía que parar porque mi cuerpo no estaba acostumbrado, pero después de un tiempo, me he amoldado rápidamente a mi cinta de correr. Intento caminar cada día cinco kilómetros, que aunque no es mucho, la verdad es que me está ayudando bastante a perder volumen y algunos kilos. Por ahora, sólo he conseguido adelgazar cinco kilos (no llevo mucho tiempo con esta pauta de ejercicio diario) y aunque el volumen que he perdido se nota bastante, todavía me queda mucho por hacer. A veces me resulta desesperante ver cómo la báscula no se mueve a pesar del esfuerzo que hago caminado y controlando mi comida.
A veces me apetece abandonar. Comer lo que me dé la gana. Tirarme en el sofá y no hacer nada. A veces me siento fea y gorda y mi autoestima cae por los suelos cada vez que los dichosos pelitos asoman. Pero, ¿sabéis que hago para animarme? He encontrado un método más que interesante para levantar el ánimo. 
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Escribo ideas positivas en Post It que pego en la pared junto a mi cinta de correr. Cuando estoy caminado y me apetece mandarlo todo a la mierda, me paro a leer esos mensajes y continúo caminado. 
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Parece una tontería, pero la verdad es que ayudan bastante! Los leo y entonces recuerdo por qué estoy haciendo esto, por qué me estoy esforzando tanto y comienzo a caminar más y más deprisa. También cuento con el apoyo de Rubio y eso es algo que nunca me cansaré de agradecerle. Los domingos, cuando hace bueno, nos vamos a montar en bici, disfrutando de la naturaleza y el aire libre y, entonces, los malos pensamientos desaparecen por completo. A veces dejamos las bicis aparcadas y damos largos paseos con nuestros peludos, que son unos excelentes acompañantes y entrenadores! Nunca se agotan, siempre quieren jugar, correr, que les lances la pelota, que corras tras ellos… He de confesar que Grandullón Amoroso, Saltarín Inquieto y Muñequita Linda participan activamente en mi idea de bajar peso y me ayudan muchísimo. Y qué decir de Rubio… Él siempre está ahí. Dispuesto a ayudar. Dispuesto a animar. Dispuesto a cualquier cosa que sea buena para mí, para los dos. Si él no fuera tan perseverante, yo habría abandonado hacía mucho tiempo.
He acabado por tomármelo como parte de mi día a día, así que me enfundo en mi chándal, cojo mi botellín de agua, me pongo los cascos, enciendo la cinta y… a MOVERSE! Esto es lo que veo cada día que lucho por mi sueño, cada día que deseo que aparezcas. Lo hago por ti, Canica. Te espero impaciente, Mi Cielo.
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Siento la mala calidad de la foto!! La saqué con prisas y no me di cuenta de que había salido un pelín borrosa. Pero bueno, más o menos se entiende, ¿no? 
Estos mensajes me animan a continuar. Algunos de los que más me gustan son los siguientes: 
“Si dejas salir todos tus miedos, tendrás más espacio para vivir todos tus sueños”.
“Un solo pensamientos positivo por la mañana puede cambiar todo tu día”.
“La vida es como un espejo: te sonríe si la miras sonriendo”.
“Borrón y sonrisa nueva. De eso se trata, ¿verdad?”. 
 A Rubio le ha parecido una fantástica idea. Le encanta nuestro Muro de los Pensamientos Bonitos. Así lo ha bautizado él! Y a mí me encanta que le encante, jajaja 
Con todo esto sólo quiero deciros que, por muy mal que vayan las cosas, por muy mal que penséis que os está saliendo todo, no dejéis de luchar y seguir adelante. Días malos los tenemos todas, hay días que parece que caes en un agujero profundo y oscuro, pero creedme, siempre habrá alguien que os tenderá la mano para salir de ahí. Porque estoy segura de que todo llega para el que sabe esperar. Y porque nos lo merecemos, qué leches!
Yo he aprendido a ser más paciente, a afrontar los contratiempos con buena cara, a continuar el camino a pesar de que el final todavía está lejano… Desde este mundo virtual, este proyecto frustrado de mamá soñadora y esperanzada, os envía toneladas y toneladas de fuerzas y esperanzas para todas.   

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DOMINGO BAÑADO EN CHOCOLATE

Cuando era niña, me encantaba Pascua. Estaba deseando con todas mis fuerzas que llegara el domingo para que mis padrinos me hicieran una visitilla y me trajeran mi pascua: una rosca enooooorme y un detallito bonito, como un muñeca, o un peluche… A medida que pasaban los años, los detalles se transformaron en un valioso billete cuidadosamente doblado que escondían en el paquete de la rosca. Cuando no eres más que una cría de quince años, cincuenta euros parecían toda una fortuna! jajaja

Ahora, las tornas han cambiado. Ahora soy yo la que tiene que ejercer de Madrina. Rubio y yo somos padrinos de un preciosísimo bebé de dieciséis meses, una monada de cabellos rubios y sonrisa eterna, que reparte abrazos y besos por doquier. Este año, Rubio y yo quisimos hacerle algo especial. En su primera Pascua, no era más que un bebé de cuatro meses, así que nos decantamos por comprarle ropita y un peluche gigantesco. Ahora, que comienza a entender las cosas, que todo le llama la atención, que ha descubierto el sabor increíble del chocolate, las cosas han cambiado y quisimos que disfrutara su regalo con toda la emoción que puede transmitir un bebé de dieciséis meses.

Esto es lo que le he hemos regalado. Es bonito, ¿verdad?

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Se trata de un huevo de chocolate que lleva escrito su nombre con chocolate blanco, una galletita con forma de conejito riquíiiiiiiisima y un sinnúmero de chucherías y chocolatinas en el interior del huevo. Además, le compramos un juego de bolos con el que puedo aseguraros que disfrutó toda la tarde sin agotarse. Los padres de Ahijado Sonriente, Rubio y yo nos pusimos las botas a base de bien zampándonos el huevo de chocolate y, más tarde, nos lo pasamos en grande jugando con Ahijado Sonriente a su nuevo juego de bolos, que disfrutó muchísimo mientras se reía sin parar cada vez que tirábamos los bolos con la pelotita.

Ha sido una tarde genial. El día no acompañaba demasiado, amaneció lluvioso y con el cielo encapotado, pero ver reír a Ahijado Sonriente mientras se manchaba toda la cara de chocolate no tiene precio.

Rubio y yo lo queremos muchísimo. Ese niño es un amor y le encanta pasar tiempo con nosotros. Lo llevamos a pasear, al parque, de compras, a la piscina… y nos alegra el día, haciéndonos sentir que con alguien como él nos sentiríamos absolutamente completos. Cuando se queda con nosotros, es el amo y señor de nuestra casa. Sus juguetes están por todas partes! A Grandullón Amoroso le encanta jugar con él y Saltarín Inquieto y Muñequita Linda se deshacen en mimos hacia él. Cada vez que los veo jugar a todos juntos, siento que eso es justo lo que quiero.

Mi pequeña Canica jugando con mis peludetes.

Hoy ha sido un día estupendo. No me ha quedado tiempo para pensar que tengo que llamar a la clínica para llevarle los resultados de la histerosalpingografía y mis analíticas hormonales. No quiero pensar demasiado, pero sólo espero que todo esté bien.

Para distraernos, Rubio y yo nos hemos ido a pasar unos días fuera, aprovechando el puente de la Semana Santa. No hemos salido de nuestra comunidad, nos hemos movido por las provincias de nuestro alrededor y nos lo hemos pasado genial. Galicia tiene paisajes y rincones realmente maravillosos.

Feliz domingo, gente!

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CANCIÓN DE CUNA

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“Duerme, duerme y sueña tener

una vida sin la tentación

de delirios de oro y poder,

de juzgar, aunque exista razón.

La avaricia es la esclavitud

del alma y de la libertad.

Que te no bese nunca la envidia, 

que no te abracen el odio y el mal.

Duerme, duerme y sueña con ser

de tu mejor tesoro el guardián:

el amor que yo en ti he volcado,

de eso tienes mucho que dar.

No te engrandezcas con la riqueza

ni te apoques con la pobreza,

que ni la derrota ni el fracaso te impidan

ver que mañana otro día será.

Duerme, duerme, aquí estaré,

las nubes serán tu colchón,

que ni el viento ni la brisa te dejen

de acariciar, pues tú eres mi Don.

Duerme, duerme y sueña tener…”

– Mägo de Oz. “Duerme” –

Desde hoy inauguro una nueva categoría a la que llamaré Mi música. Desde siempre, desde que era muy pequeña, siempre me he sentido maravillada por las letras que calan hondo y se hacen un huequecito muy importante en el corazón de cada uno de nosotros. Nunca me ha gustado la música comercial ni tampoco he escuchado las típicas canciones que suelen sonar en la gran mayoría de emisoras de radio de nuestro país. Siendo todavía una cría, me llamaban muchísimo la atención los atuendos y maquillajes tan llamativos de KISS, o la voz increíble de Axl Rose, o los movimientos enérgicos y salvajes de Angus Young, vestido con su peculiar uniforme de colegial; por no hablar de la música, la voz y los geniales movimientos del increíble Michael Jackson. De pequeña, quería bailar el Moonwalk como Michael, me subía a los zancos para imitar las altísimas plataformas que llevaban los Kiss, imitaba el Duck Walk (andar de pato) con una guitarra de juguete y me creía el mismísimo Angus Young… ¡Sólo me faltaba el uniforme!

Desde siempre, he tenido cierta sensibilidad hacia cierta música. Recuerdo que malamente me expresaba con claridad y ya tarareaba las canciones de Rosendo, Los Suaves o AC/DC que mi padre hacía sonar en el coche mediante las cintas de cassette. Y Super Papá qué orgulloso se sentía! Su niña había salido rockera, toda una alegría para él, que disfrutaba de esa música desde que no era más que un joven adolescente.

Hoy en día, soy yo la que deseo que mi pequeña Canica siga mis pasos el día de mañana. Qué feliz me sentiría viéndolo crecer con una guitarra en las manos, tarareando las canciones que tanto me gustaban a mí de niña.

La canción con la que he decidido inaugurar esta nueva sección se llama “Duerme”, del grupo español Mägo de Oz. Hace muchos años, cuando yo apenas rozaba la adolescencia, me encantaba este grupo. Hoy en día, apenas los escucho y si lo hago, es para recordar aquellos tiempos en los que me sabía sus letras de memoria.

Pero esta canción, “Duerme”, siempre ha sido una de mis favoritas. Hasta ahora desconocía por qué. Una vez que Rubio y yo entramos en este mundo de consultas, tratamientos e incertidumbre, comprendí por qué esta canción significaba tanto para mí. Porque me gustaría cantársela a mi pequeña Canica cada noche antes de dormirlo entre mis brazos. Mi chiquitín, adormilado, buscaría consuelo entre mis brazos y el calor de mi cuerpo y yo susurraría cada verso cerca de su oído, acunándolo con movimientos lentos, envolviéndolo con cada palabra para que, finalmente, cayese dormido con una sonrisita tierna en los labios.

Esta canción es para ti, Canica. Porque algún día podré cantártela y comprenderás cuánto significas para papá y para mí.

Porque tú, mi hermoso bebé, serás nuestro don, el más valioso de todos. 

Te esperamos, cielo. 

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HISTEROSALPIN… QUÉ?

Histerosalpingografía. Ese nombre interminablemente largo y casi imposible de pronunciar. Incluso desconociendo de qué va la cosa, ya tiene un nombre horrible, suena a algo… doloroso, ¿no?

Bueno, eso mismo pensé yo cuando en la clínica me comentaron que tendría que hacérmela antes de comenzar cualquier tratamiento. Mi cara era todo un poema cuando el doctor pronunció ese nombre taaaaaaaan increíblemente largo, ¡parecía un trabalenguas! Me explicó brevemente en qué consistía la prueba y aquello no me sonó nada bien. Automáticamente, la asocié con dolor y pasar un mal rato. Pero había que hacerla si Rubio y yo queríamos comenzar nuestra primera IA. No era un asunto negociable.

Las analíticas hormonales las teníamos. El seminograma también. Tan sólo faltaba esa dichosa prueba. Y ayer fue el día. Como sabréis, la histerosalpingografía hay que hacerla entre el séptimo y décimo día del ciclo, y además, tienes que hacerte un test de embarazo para asegurarte de que no estás preñi. Con esta prueba, comprueban la cavidad uterina y las trompas del falopio para asegurarse que todo está bien y que éstas sean permeables. Para saberlo, te introducen una sonda con un contraste y van sacando diferentes radiografías en la sala de Rayos X en la que te encuentras. Es un tanto incómodo, porque estás tumbada en una camilla y no en un potro como los del ginecólogo, pero os puedo asegurar que no me dolió absolutamente nada. Nada de nada. Fui muy asustada por los comentarios que había leído en San Google, que si te mueres de dolor, que si fulanita se mareó, que si es un dolor insoportable… En estos casos, dejarte los ojos buscando en Internet es totalmente contraproducente. A mí no me dolió nada. Una ligera molestia similar a los dolores de la regla y nada más.

La doctora me mandó ponerme primero boca arriba, metió el contraste, sacó unas cuantas radiografías y después me tumbé hacia un lado y hacia el otro, tal y como ella me decía, para sacar unas cuantas radiografías más. Y ya está. No me morí de dolor y os puedo asegurar que soy una agonías! jajaja Cuando acabamos, bajé de la camilla, me vestí y me dieron una compresa porque podría aparecer un ligero sangrado después de la prueba. No fue mi caso.

Fuera, en la sala de espera, Super Mamá estaba impaciente. Yo la había asustado tanto con la dichosa prueba que la pobre estaba preocupada por si lo había pasado muy mal. Supongo que cuando vio mi cara relajada y sonriente pudo respirar tranquila.

“-¿Qué tal?”

“-Todo bien.”

-“¿Te dolió?”

Negué rotundamente con la cabeza. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que me entregaron los resultados y por fin nos marchamos. La clínica de radiología en la que me realicé la prueba no se encuentra en mi ciudad, sino a treinta kilómetros de mi casa, así que a Super Mamá y a mí nos tocó comer a toda prisa (la prueba fue a las 5 de la tarde), recoger la casa a toda velocidad y salir con el coche con el tiempo suficiente para encontrar un sitio donde aparcar. No lo encontramos, por supuesto, y tuvimos que aparcar en uno de los párkings de la ciudad.

“-¿¡5´40€ por dos horas!? Joder!, ¿rompimos algo y no me he dado cuenta?, vociferó Super Mamá.

Antes de coger el coche y regresar a casa, Super Mamá y yo paseamos por la ciudad, que siempre me ha encantado para llevar a cabo grandes sesiones de compras y consumismo, comimos unos helados, nos tomamos unos refrescos tranquilamente en una terracita y nos fuimos de tiendas, que aunque no logramos encontrar nada de nuestro gusto, probamos muchos modelitos y nos lo pasamos en grande.

De camino a casa, Rubio me llamó para saber qué tal había ido la prueba. Él estaba incluso más nervioso que yo y le preocupaba que yo pudiera sentir dolor. Lo tranquilicé diciendo que no había sido para tanto y que muy pronto estaría en casa. Super Papá también estaba preocupado y no tardó en llamar. Me sentí muy reconfortada y arropada por los míos. Tía Favorita también llamó, le conté brevemente en qué había consistido la prueba y le aseguré que me encontraba fenomenal. No puedo pedir más, tengo una familia estupenda que se ha volcado desde el primer momento con nosotros.  

De camino a casa, empecé a encontrarme mal y cuando por fin me fundí en mi sofá, tenía un dolor bastante molesto en la zona del abdomen. En la clínica ya me habían advertido de que después de la prueba podría encontrarme un poco mal, así que me tumbé y dejé que Rubio me mimara un poco, algo que me encanta! Preparó una pizza casera que estaba para chuparse los dedos y de postre: fresas con nata!!! La dieta a la porra, ea! jajaja

Me metí en la cama cuando el dolor se me hizo un poco insoportable y esta mañana cuando desperté, me encontraba fenomenal.

Ahora, tengo que llamar a la clínica para llevarle los resultados al doctor y espero que todo esté bien! En la clínica de radiología no me comentaron nada, sólo espero que eso no sea una mala señal.

Crucemos los dedos!

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