CANCIÓN DE CUNA

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“Duerme, duerme y sueña tener

una vida sin la tentación

de delirios de oro y poder,

de juzgar, aunque exista razón.

La avaricia es la esclavitud

del alma y de la libertad.

Que te no bese nunca la envidia, 

que no te abracen el odio y el mal.

Duerme, duerme y sueña con ser

de tu mejor tesoro el guardián:

el amor que yo en ti he volcado,

de eso tienes mucho que dar.

No te engrandezcas con la riqueza

ni te apoques con la pobreza,

que ni la derrota ni el fracaso te impidan

ver que mañana otro día será.

Duerme, duerme, aquí estaré,

las nubes serán tu colchón,

que ni el viento ni la brisa te dejen

de acariciar, pues tú eres mi Don.

Duerme, duerme y sueña tener…”

– Mägo de Oz. “Duerme” –

Desde hoy inauguro una nueva categoría a la que llamaré Mi música. Desde siempre, desde que era muy pequeña, siempre me he sentido maravillada por las letras que calan hondo y se hacen un huequecito muy importante en el corazón de cada uno de nosotros. Nunca me ha gustado la música comercial ni tampoco he escuchado las típicas canciones que suelen sonar en la gran mayoría de emisoras de radio de nuestro país. Siendo todavía una cría, me llamaban muchísimo la atención los atuendos y maquillajes tan llamativos de KISS, o la voz increíble de Axl Rose, o los movimientos enérgicos y salvajes de Angus Young, vestido con su peculiar uniforme de colegial; por no hablar de la música, la voz y los geniales movimientos del increíble Michael Jackson. De pequeña, quería bailar el Moonwalk como Michael, me subía a los zancos para imitar las altísimas plataformas que llevaban los Kiss, imitaba el Duck Walk (andar de pato) con una guitarra de juguete y me creía el mismísimo Angus Young… ¡Sólo me faltaba el uniforme!

Desde siempre, he tenido cierta sensibilidad hacia cierta música. Recuerdo que malamente me expresaba con claridad y ya tarareaba las canciones de Rosendo, Los Suaves o AC/DC que mi padre hacía sonar en el coche mediante las cintas de cassette. Y Super Papá qué orgulloso se sentía! Su niña había salido rockera, toda una alegría para él, que disfrutaba de esa música desde que no era más que un joven adolescente.

Hoy en día, soy yo la que deseo que mi pequeña Canica siga mis pasos el día de mañana. Qué feliz me sentiría viéndolo crecer con una guitarra en las manos, tarareando las canciones que tanto me gustaban a mí de niña.

La canción con la que he decidido inaugurar esta nueva sección se llama “Duerme”, del grupo español Mägo de Oz. Hace muchos años, cuando yo apenas rozaba la adolescencia, me encantaba este grupo. Hoy en día, apenas los escucho y si lo hago, es para recordar aquellos tiempos en los que me sabía sus letras de memoria.

Pero esta canción, “Duerme”, siempre ha sido una de mis favoritas. Hasta ahora desconocía por qué. Una vez que Rubio y yo entramos en este mundo de consultas, tratamientos e incertidumbre, comprendí por qué esta canción significaba tanto para mí. Porque me gustaría cantársela a mi pequeña Canica cada noche antes de dormirlo entre mis brazos. Mi chiquitín, adormilado, buscaría consuelo entre mis brazos y el calor de mi cuerpo y yo susurraría cada verso cerca de su oído, acunándolo con movimientos lentos, envolviéndolo con cada palabra para que, finalmente, cayese dormido con una sonrisita tierna en los labios.

Esta canción es para ti, Canica. Porque algún día podré cantártela y comprenderás cuánto significas para papá y para mí.

Porque tú, mi hermoso bebé, serás nuestro don, el más valioso de todos. 

Te esperamos, cielo. 

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