COSAS QUE DECIR

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“Querida Mala Suerte, 

es hora de que me dejes. 

Estoy cansada de tus incansables tejemanejes!

Que si yo sonrío, tú me haces llorar,  

¡cómo disfrutas con tu crueldad!

Quiero que te vayas

y que no mires atrás. 

Créeme cuando te digo

¡que no te voy a extrañar!”

Hace tiempo que quería escribirte algo como esto. Sí, hemos pasado muchos años juntas, te has encariñado de mí (y no te culpo), pero creo que ha llegado el momento de que vivas tu vida, querida Mala Suerte. Ay, qué mal me lo estás haciendo pasar, maldita condenada, y cómo te diviertes a mi costa! Ríes y ríes a carcajadas añadiendo obstáculos a mi camino, frotándote las manos satisfecha de ver cómo me tiro de los pelos con exasperación.

Siempre estás presente, recordándome que a mí las cosas siempre me salen del revés. Maldita, ¡eres retorcida como ninguna! Cuando Rubio y yo decidimos ser padres, ambos creímos que el camino sería más fácil. Primer error. Cuando ya llevábamos varios meses de búsqueda, no pensamos que tardaríamos un año en conseguirlo, era evidente que ese positivo no tardaría en aparecer. Segundo error. Cuando comenzamos los ciclos con Omifin, pensamos que ya había llegado el momento, que la nueva medicación era nuestra salvadora. Tercer error. Y, mientras nos acercábamos al primer año de búsqueda, de verdad que no se nos había pasado por la cabeza tener que recurrir a un tratamiento de reproducción asistida. Cuarto error, también conocido como: Ostia en toda la cara (o “Zas! En toda la boca!!”, vosotras elegís).

Las cosas rara vez salen como las planeas. Creer que por ser un par de pimpollos (ninguno de los dos se acerca todavía a los treinta años), tener un bebé sería cuestión de unos meses es la equivocación más grande que hemos tenido hasta ahora. La infertilidad no entiende de edad, ni de sexo, ni tampoco de ilusiones. Ella aparece un buen día y decide quedarse, sin más. A ella no le importa si eres guapa, baja, delgada, gorda, rubia, morena o Perica la de los Palotes. Te toca y punto. Te señala con el dedo y entra a formar parte de tu vida, poniéndote a prueba con cada obstáculo que se saca de la manga.

Pensar que la infertilidad es cosa de cuarentonas (no me gusta esta palabra, me suena fatal!) es el mayor error que podéis cometer. Yo ni siquiera me acerco a los treinta años y no puedo tener un bebé de manera natural. No puedo quedarme embarazada tal y como han hecho todas las mujeres de mi alrededor. Sencillamente, no puedo. No puedo crear vida, mi cuerpo no contiene ningún bebé en su interior. Y eso duele. Duele muchísimo.

Piensas que como tienes veintitantos no tendrás problemas, que todo saldrá rodado. Pero hay excepciones. Y ahí es cuando entra en juego la Mala Suerte. Que yo, a pesar de mi edad, no consiga quedarme embarazada es un ejemplo de mala suerte. Soy una excepción, un caso a parte, tanto en mi círculo familiar como en mi grupo de amistades.

Super Mamá se quedó embarazada de mí el primer mes después de dejar la píldora. Tía Favorita tiene dos hijos: del primero se quedó embarazada en el segundo mes de búsqueda; el segundo llegó a los cinco meses de haber comenzado la operación “Hermano Menor”. Abuela Dulce tiene tres hijos y los tres llegaron tan pronto como ella se lo propuso. Super Mamá, Tía Favorita y Tío Manitas se llevan tan pocos años entre ellos que, en lugar de hermanos, parecen un grupito de buenos amigos. Tío Manitas tiene dos niños y su mujer se quedó embarazada también en los primeros meses de búsqueda. Tanto fue así, que mi primo pequeño llegó por sorpresa y entre ambos hermanos hay una minúscula diferencia de edad.

De mis amigas que ya son mamás, todas se quedaron embarazadas en el primer o segundo mes de comenzar la búsqueda. Y no continúo porque la lista de conocidas/vecinas que se han quedado con increíble rapidez es demasiado larga. En donde yo vivo, Mi Rincón Favorito, es un pueblecito pequeño en el que todos nos conocemos. Estos últimos meses ha habido un verdadero Baby Boom y son muchísimas las vecinas que están embarazadas o a punto de parir o ya han tenido a su bebé. Sólo un par de parejas seguimos sin niños. Ellos porque todavía no se lo plantean y nosotros porque no lo conseguimos.

Y todas sabemos cómo funciona el sistema de chismes en los pueblos pequeños. Te han visto crecer desde que eras una niña pequeña y regordeta así que sienten que tienen el derecho y la confianza de preguntarte cualquier mínima indiscreción. “¿Y vosotros para cuándo?”. “Ya sólo quedáis vosotros”. “Mira Fulanita, qué niña más bonita tiene. ¿Por qué no os animáis?”. “¿Tenéis problemas?”. Y todo se empeora cuando decides casarte. Oh, sí, entonces sí que la cagas! Porque en todos los pueblos pequeños hay una regla que es inamovible: CUANDO TE CASAS, TIENES QUE CONVERTIRTE AUTOMÁTICAMENTE EN UNA FÁBRICA DE BEBÉS. O eso, o te casas porque estás embarazada. Una de dos.

A mí me han preñado tantas veces que he perdido la cuenta. A Super Mamá le pega la risa cada vez que le preguntan por mi nuevo y recién descubierto embarazo. Cuando Rubio y yo nos casamos, una señora de por aquí aseguró que nos casábamos porque yo estaba embarazada y estábamos intentando adelantar la boda para que no se me notase la barriga. Ea, ahí queda la cosa! Jajaja Poco después, esta señora fue contratada para escribir los guiones de las telenovelas mexicanas. Y cuando volvimos de la luna de miel, ya volvía embarazada según ella, evidentemente. Y desde entonces, me han preñado tantas veces que podría montar un equipo de fútbol.

En el pueblo de Rubio ocurre más de lo mismo, pero Rubio ignora los cotilleos con tanto arte que consigue que le resulten totalmente indiferentes.

Así que aquí estamos, en el ojo del huracán de los chismes pueblerinos, porque somos una pareja de lo más rara que después de casarse no ha tenido hijos todavía. Hace tiempo que dejaron de importarme estas cosas, Rubio me ha enseñado a hacer oídos sordos e ir por la vida con una amplia sonrisa en la cara, dando qué hablar.

Y, aunque considere que ahora mismo estamos teniendo bastante mala suerte, también creo que todo esto en algún momento tiene que cambiar. Que este camino largo y agotador nos enseñará a amar todavía más la paternidad y que todo habrá valido la pena.

Al menos, eso quiero pensar yo.

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2 comentarios

Archivado bajo Caóticos pensamientos

2 Respuestas a “COSAS QUE DECIR

  1. deseandosermama

    Hola! Saludos de una nueva seguidora de tu blog. Me encanta como escribes y como cuentas tus cosas. Yo tambien soy de no tener mucha paciencia, asi que te entiendo totalmente. Llevo unos 6 intentos de busqueda, y de momento no ha habido suerte (esta a puntito de visitarme mi regla). Creo que soy un poco como tu: me voy preparando mentalmente por si no sale de forma natural y toca recurrir a medios artificiales 😉 Aunque te digo que tal vez esa mentalidad de prepararnos siempre para lo peor no sea la mejor idea. Pero claro, una tiene sus truquitos para sobrellevar las cosas mejor. Soy bastante insegura, aunque intento ser positiva siempre. Yo tampoco me imagino embarazada y si me quedase, me resultaría la cosa mas rara del mundo jajaja. En fin. Que seguire leyendote, y ya sabes, te deseo mucha suerte en todo este proceso. Un abrazo, amiga.

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  2. Bienvenida a mi mundo loco, deseandosermama! 🙂 Siempre es un gustazo saber que hay gente que me lee y que se siente identificada con mis palabras. Cuando abrí este blog, no sólo lo hice para desahogarme yo sino para que otras chicas que estuviesen viviendo mi situación sintiesen que no están solas 🙂
    Lo cierto es que esa mentalidad de prepararse siempre para lo peor no es muy recomendable porque al final acabas pensando que nada funcionará… Es uno de mis peores defectos y me encantaría cambiarlo! Hay que ser positiva a pesar de los contratiempos, el estado mental influye muchos en estos temas…
    Ay, cuando tengamos nuestras barrigotas no nos lo vamos a creer!!! jajaja
    Muchísimas gracias por leerme. Suerte en este camino, verás qué pronto se acaba todo!

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