Archivo mensual: mayo 2014

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Últimamente, me siento como en esa canción tan conocida de Extremoduro, “siempre en estado de espera”. Tengo la sensación de que no hago otra cosa que esperar. Esperar. Esperar. Esperar. A veces, me resulta un tanto desesperante.

El lunes de esta misma semana (hace cuatro días), me puse mi último ovulito de Utrogestan. A estas alturas, debería de estar dando palmas, piruetas acrobáticas o saltitos de alegría con pompones de animadora porque mi primera IA sería una realidad por fin. Pero, por el contrario, continúo esperando a que mi amiga la indeseable se decida a aparecer. El Utrogestan no es nada nuevo para mí, estaba familiarizada con este modo de ponerme progesterona porque ya lo había hecho en otras ocasiones. Y en esas ocasiones, la regla no tardaba más de tres días en aparecer después de ponerme el último óvulo. Esta vez, por lo que parece, eso no va a ocurrir. De verdad, que a veces pienso que la Ley de Murphy me persigue. Ahora que Rubio y yo estamos a punto de comenzar, que sólo era cuestión de que la rojita apareciese en cuanto dejase el Utrogestan, parece que todo va más lento y que se ha detenido el tiempo. Dejaré pasar todo el fin de semana y si el lunes todavía no ha parecido, llamaré a la clínica para que me digan qué más puedo hacer.

Odio los contratiempos, en especial los que están relacionados con mi Pequeña Canica. Quienquiera que esté ahí arriba, el creador del universo o Perico el de los Palotes, que se deje de cebar con nosotros!!!

Por otro lado, hace unos días me llamaron del hospital de la S.S. para recoger los resultados del seminograma de Rubio y unas analíticas que me habían pedido a mí. No sé porqué, pero tenía la sensación de que algo no iba bien. Mientras esperaba en la sala de espera a que pronunciasen mi nombre, una incomodidad inexplicable se me atragantó en la garganta, aprisionándome el pecho. Sentía la horrible sensación de que me dirían algo que no sería de mi agrado. Siempre me he considerado medio bruja, porque, oye, no suelo fallar en estas cosas. Cuando entré a la consulta, la ginecóloga comenzó a apuntar en un papel los resultados de mis análisis: LH, FSH, Estradiol, Progesterona… Y mientras lo hacía, su cara era un poema.

Mierda, pensé.

“-Esto está bastante mal. Tu FSH y LH son un desastre, al igual que el estradiol y la progesterona no está mucho mejor. No ovulas, nada. Cero patatero. Así un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado. Te lo digo para que no te hagas ilusiones, en tu caso sería casi un milagro que lo consiguieras”. 

Querida, tu segundo nombre es Tacto, ¿verdad? Si ya lo decía yo, que soy medio bruja y algo había intuido… No me dolió en sí que me dijera que no podré quedarme embarazada de forma natural, sino el poco tacto que tuvo al decírmelo. La falta de empatía por su parte, como si se lo estuviese contando a una pared. No pido que me enmascaren la verdad ni que pinten arcoiris en el cielo, pero al menos, un poco de humanidad para transmitirme una noticia como esa. No me estás diciendo que se han acabado los huevos en el supermercado. Me estás afirmando que no podré ser madre de un modo tan sencillo como todas las demás mujeres que me rodean.

Pese a todo, la noticia no me cogió desprevenida y me lo tomé mejor de lo que había imaginado. De todas formas, estoy a punto de someterme a una IA, ¿qué más me da no poder conseguirlo de forma natural? Ya contaba con ello, no es nada nuevo para mí. No tenía esperanzas de conseguirlo de ese modo. Soy infértil, con todas las letras. 

“-Tienes que adelgazar, ¿estás haciendo algo para perder peso? De no hacerlo, se junta el hambre con las ganas de comer. Tu sobrepeso y tus ciclos irregulares no te permitirán llegar a buen puerto”. 

Hago lo que puedo, le respondí sin ganas. La ginecóloga me entregó los papeles para solicitar más pruebas, se despidió de mí y me marché. Cuando salí de la consulta, me sentía un tanto desanimada, como si una nube gris de malos pensamientos decidiera acampar sobre mi cabeza. No dejaba de pensar en aquellas palabras: “Sería casi un milagro que lo consiguieras”. “Un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado”.   

Que te digan así, tan a la ligera, que no podrás ser madre duele. Duele muchísimo. Algo con lo que siempre has soñado, algo que sabes que te hará sentir completa, se te niega de una manera injusta. Y como mujer, que me digan que no puedo crear vida, es lo más doloroso que me han dicho jamás. ¿Por qué algo que es innato en mí, algo para lo que he nacido, se me resiste de esta manera? Me duele pensar que no podré conseguirlo sin ayuda. A pesar de que agradezco (y no sabéis cuánto) cada día los grandes avances en la reproducción asistida y que gracias a ella podré ser madre, es una espinita que no puedo quitarme todavía.

Cuando Rubio llegó a casa, le conté lo que había ocurrido y lo que me habían dicho. “No te preocupes, tenemos muchas opciones. La IA está a la vuelta de la esquina, ten fe en ella”, me dijo. Él y su optimismo. Él y esa sonrisa increíble que hace desaparecer todos los problemas de mi alrededor. Él y sus abrazos que recomponen mi corazón dolorido. A veces me quedo mirándolo en silencio y sólo puedo agradecer que forme parte de mi vida, dándole sentido a todo con sus locuras y sus bromas. Y después de hablarlo un rato, todas mis preocupaciones y malos pensamientos desaparecieron.

Ahora mismo sólo estoy centrada en esa IA que nos está esperando. Porque puede que con ella se acabe todo y demos el paso definitivo para tener a nuestra Canica con nosotros. O puede que no. Puede que sólo sea un paso más para estar cerca de nuestro bebé. Un escalón menos que recorrer para que nuestro sueño se haga realidad. Nunca se sabe. Sólo sé que nunca había sido tan fuerte como ahora y nunca había tenido tantas ganas de tirar hacia adelante. Si la IA no funciona, no será el fin del camino. Sólo el comienzo hacia nuestra felicidad.

Y cada día soñamos con el momento de ver a nuestro bebé a través de una pantallita, escuchando su corazón latiendo con fuerza mientras mueve las manitos y los pies para asombro nuestro. Y, algún día, podremos conocerle por fin, abrazándolo muy fuerte para que el sueño no desaparezca.

Y, ese día, Canica, experimentaremos el verdadero amor a primera vista. 

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PROGESTERONA Y OTRAS INCOMODIDADES

Querida progesterona de mi corazón, 

¡deja que te diga que eres un tostón! 

Bostezo y bostezo sin parar, 

¡hay que ver cuánto sueño me das! 

Los pechos duros como rocas,

son una incomodidad más que me provocas. 

Guarreas y guarreas todo el día,

eres desagradable como tú sola, ¡jodía!

Esto es, de un modo muy abreviado, todo lo que siento hacia el archiconocido Utrogestan. En la Fábrica de sueños me la recetaron para provocar la regla y poder empezar con la IA. Así que aquí estoy, siete días después de haber comenzado a ponerla, sufriendo sus incómodos y desagradables síntomas. Y digo ponerla porque esta vez me han dicho que me la ponga vía vaginal. Hay que joderse. Al parecer, muchos ginecólogos aseguran que de esta forma los efectos secundarios apenas se notan. Hay que joderse. En otras ocasiones, he tomado Utrogestan, pero vía oral; un traguito de agua y listo. El único síntoma molesto era la gran somnolencia que me provocaba al poco rato de ingerir la pastillita, pero como me la tomaba por la noche, cuando me iba a dormir, me resultaba mucho más llevadero. Eso sí, podía dormir incansablemente incluso si se estuviese cayendo la casa abajo; yo dormía y dormía sin ser consciente de las horas que habían pasado. Despertar a Rubio para que no se quedase dormido y fuese a trabajar era una tarea realmente complicada cuando el Utrogestan hacía de las suyas.

Bien, hasta ahí todo bien. Un poco de sueño que fácilmente era solucionado con una cama cerca y unas sábanas calentitas. Pero esta vez es horrible. “Póntela vaginal, verás que pocos efectos secundarios notas”, decían. ¡Y una porra! El sueño y el cansancio apenas han aparecido, pero para compensar, el dolor de pechos, las molestias típicas de los días próximos a la regla y un malestar general arruinan mi día a día. Estoy tan incómoda que sólo me apetece quejarme. Ni siquiera este malestar desaparece cuando, por las noches, me quito el sujetador (¡libres ellas!), me pongo el pijamita y me enrollo en la manta cual rollito. Nada me calma el malestar y la incomodidad. De verdad, nunca había deseando tanto que la indeseable hiciera su aparición!

Hace unos días hice mi encargo en la farmacia pidiendo la medicación que me habían recetado en la Fábrica de sueños y no tardaron en llamarme para que fuera a recogerlo todo. El Fostipur me ha costado alrededor de 240€ y el Ovitrelle 50’63€. Además, he tenido que comprar también Progeffik 200 y Soniase, que me lo han recomendado por padecer SOP.

Cuando la indeseable haga su aparición por fin, tengo que llamar a la clínica, en donde me harán una ecografía y me dirán el día en el que debo empezar a pincharme. Rubio y yo estamos deseando empezar, así que contamos los días para que todo esto se ponga en marcha!!!

Qué lentos pasan los días cuando esperas algo, ¿verdad?

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ME GUSTARÍA DECIRTE QUE…

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Me gustaría decirte tantas cosas que las palabras se me rompen en la garganta. Canica, quiero que sepas que papá y mamá no dejan de buscarte, que cada paso dado es un paso más cerca de ti, que aquí estamos esperándote, deseando que pongas patas arriba nuestras vidas.

Me gustaría contarte lo increíble que es papá. Tu papá. Él siempre estará dispuesto a apoyarte, a emprender cualquier aventura alocada contigo o, simplemente, tenderte su mano cada vez que lo necesites. Porque él está deseando conocerte, Canica. Cada día lo veo más ilusionado, más motivado, con más ganas de luchar. Él quiere quererte, amarte, demostrarte que tú estás hecho para nosotros. Es una persona increíble. Y te sentirás tan orgulloso de poder decir: “Él es mi papá”. ¡Él siempre sacará tiempo para jugar contigo! Porque, en realidad, tu papá es un niño grande, ¿sabes? Jugará contigo a la pelota o a las casitas, ¡a lo que tú quieras! Y verás cómo te sonríe, cómo se le llena el alma cada vez que le cojas la mano, cada vez que te quedes dormido entre sus brazos, haciéndole sentir vulnerable.

Y cuando te vea por primera vez, cuando contemple embobado tu cara preciosa y dulce, se enamorará tan perdidamente de ti que no sabrá cómo ha podido vivir hasta ahora sin alguien como tú. Y, cuando le conozcas por fin, mi Canica, sabrás de lo que hablo. Porque él ya te quiere incluso antes de que existas. Y, créeme cuando te digo, que él siempre estará aquí para ti.

Me gustaría hablarte de lo mucho que deseamos que estés con nosotros. Me gustaría decirte que hemos aprendido a cambiar lágrimas por sonrisas, malos momentos por cenas fueras de casa, enfados tontos por bromas aún más tontas. Aquí todo te está esperando!

Me gustaría hablarte también de tu mamá. De mí. De la persona en la que me has convertido incluso antes de estar aquí. Tu mamá antes no era tan fuerte como ahora, ni tan paciente, ni tan soñadora. Esas cualidades se las has otorgado tú! Tu mamá a veces está triste porque siente que está haciendo algo mal, en ocasiones se siente culpable de que todavía no estés aquí. Pero en seguida se le pasa cuando papá va a buscarla y la hace reír. Mamá te quiere con todo su corazón, Canica. No será la madre perfecta (ni intentará serlo) pero será la persona que te haga sentir que todo va bien, que eres libre de ser como quieras, que jamás te dará la espalda cuando algo te atormente.

Me gustaría decirte que serás un regalito, un trocito de cielo, mi corazón fuera de mi cuerpo, mi bebé precioso de carita tierna.

Y, mientras, aquí estaré, soñándote cada día. Te quiero, bebé.

“Duerme, duerme, aquí estaré,

las nubes serán tu colchón.

Que ni el viento ni la brisa te dejen

de acariciar, pues tú eres mi Don.

Duerme, duerme…”

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¡EMPEZAMOS! ¡IA A LA VISTA!

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Estos últimos días han pasado lentos y un tanto monótonos, aunque no por ello aburridos. Desde que le dimos luz verde a la Fábrica de sueños para comenzar al fin nuestro primer tratamiento, nos encontramos en una nube grisácea de miedo y esperanza a la vez. Miedo a lo desconocido. Miedo a lo que pueda pasar. Miedo a que las cosas no salgan bien. Y esperanza, mucha esperanza de que nuestro sueño se cumpla. Caminamos con tanta desconfianza que continuamente tenemos la sensación de que caemos al vacío.

A pesar de padecer SOP y de que mi FSH no está para tirar cohetes, en la clínica nos han recomendado empezar por una IA. He de confesaros que, por mi parte, prefería ir directamente a una FIV porque me preocupa demasiado la calidad de mis óvulos. No soy tonta, ni mi FSH ni mi LH están en sus mejores valores. Ya os he hablado en otras ocasiones acerca de la FSH, pero esta es la primera vez que hago referencia a la dichosa LH, así que os explicaré brevemente de qué se trata. Esta hormonita (estrechamente ligada a la FSH) también es conocida como Hormona Luteinizante y controla la maduración de los folículos, la ovulación, la iniciación del cuerpo lúteo y la secreción de progesterona. En definitiva, estimula la ovulación, dicho en pocas palabras.

En mi último análisis hormonal, tanto la FSH como la LH salían un tanto elevadillas. No demasiado, pero lo suficiente como para que yo decidiera prestarles atención. Es un síntoma claro de SOP y podría detonar una insuficiencia ovárica o una menopausia precoz. Todo grandes noticias a mi alrededor, sí señor (nótese la ironía). Por esa razón, yo habría preferido meterme de lleno en una FIV. Pero mi gine me animó a realizar un par de intentos de inseminación artificial; según él, no existe un problema excesivamente serio como para ignorar este tratamiento.

¿En qué consiste?

La inseminación artificial consiste en la introducción del semen, previamente tratado en el laboratorio, en el interior del útero de la mujer, en las horas próximas a la ovulación.

¿Cuándo está indicada?

– Alteración de la ovulación.

– Disminución del número o de la movilidad de los espermatozoides presentes en el semen, y/o anomalías en los mismos.

– Dificultad de penetración de los espermatozoides en la cavidad uterina.

– Causa desconocida de infertilidad o esterilidad.

Leyendo el consentimiento para realizar la IA que me entregaron en la clínica, he llegado a la conclusión de que existen dos puntos que se me han atragantado y apenas puedo digerirlos. El punto número uno habla acerca de los resultados y el porcentaje de éxito. El punto número dos ofrece alternativas ante el fracaso de la técnica.

Me ha dejado bastante descolocada leer que, en general, la media de embarazo por ciclo en nuestra clínica se encuentra en el 20%. Sólo un veinte por ciento de posibilidades de éxito. Sólo. Hay un ochenta por ciento de posibilidades de que salga mal. Es una diferencia aplastante, cruel, despiadada. ¿Cómo podríamos conseguirlo teniendo una media de embarazo por ciclo de un 20%? Incluso para mí, que siempre me he considerado una mujer soñadora y luchadora, me parece muy poco. La realidad es que la IA, comparada con la FIV, tiene un porcentaje de éxito muchísimo menor. Y tener un ochenta por ciento de posibilidades de que no lo consigamos no es algo que me deje muy tranquila. Rubio dice que pienso demasiado, que le doy demasiadas vueltas a todo, que siempre me pongo en lo peor y así no contribuyo en nada a lo que nos ocurre. Sé que tiene razón en cada maldita palabra, pero yo no puedo evitar pensar que no las tengo todas conmigo. Siempre he tenido ese mecanismo de defensa, prefiero ponerme en lo peor para que la caída sea mucho más mullidita. Rubio no quiere oír hablar de porcentajes ni resultados, él sólo quiere sentir que está haciendo todo lo posible por cumplir nuestro sueño.

A medida que iba pasando las páginas y leía con atención cada punto existente, me deprimía más y más. Hasta que finalmente aparecieron ante mí unas palabras que nunca habría querido leer. Alternativas ante el fracaso de la técnica. Siete palabras que pueden hundirte y arrastrarte por el fango.

Si después de haber realizado de TRES a SEIS ciclos de inseminación artificial no se ha conseguido el embarazo, en ese momento se recomienda un tiempo de espera y reflexión antes de adoptar una de las siguientes decisiones:

– Profundizar en el estudio de la esterilidad femenina. Iniciar otras técnicas de reproducción asistida (FIV, inseminación con semen de donante u otras).

– Plantearse la situación personal y familiar como pareja sin hijos o iniciar los trámites para informarse y, en su caso, solicitar la adopción de una niña o un niño.

– Volver a iniciar el tratamiento.

Un tanto desmoralizante, ¿verdad? Entiendo que en las clínicas quieran lavarse las manos y que no te aseguren conseguir el embarazo, pero leer que puedas replantearte tu propia situación personal como pareja sin hijos me resulta bastante doloroso. No me gustaría tener que replantearme esa idea jamás. Quiero luchar y que mi sueño se haga realidad. Quiero conocer a Canica, descubrir el amor más incondicional de todos, quiero amar y enamorarme como nunca antes lo había hecho. Porque me muero de ganas de ser madre. Y nadie puede impedírmelo ni decirme que no lo intento con todas mis fuerzas.

He aceptado, no sin que resulte doloroso, que mi camino hacia mi Pequeña Canica será más largo y agotador de lo que yo habría querido o imaginado. Sí, lo he aceptado. No me autocompadezco ni busco despertar lástima en los demás, es una simple y cruel realidad. Por mucho que me duela reconocerlo, ser mamá es algo que se me resiste, que se me ha negado por puro capricho del destino. El universo se ha confabulado para no darme aquello que tanto deseo. Los astros, los planetas, las estrellas, llamémoslos como queráis, se han alineado para que yo, Elora Dannan, conozca cada día lo que es el sacrificio y la perseverancia para conseguir que este sueño, que apenas he llegado a rozar con los dedos, se haga realidad. Y, aunque he aceptado que mi camino será más difícil que el de otras mujeres que me rodean, no deja de resultarme tan doloroso que a veces me quedo sin respiración.

No me gusta despertar lástima en los demás, no quiero que nadie diga acerca de mí “la pobre chica que no puede tener hijos” sintiendo una fingida pena hacia mi persona mientras se ocupan de sus hijos. Quiero que, cuando todo esto haya acabado, lo único que pueda escuchar sea un “¡La cabrona lo consiguió!” y yo sonría feliz y completa de tener a Canica entre mis brazos.

Considero que aceptar que nuestro camino no será fácil supone una gran fortaleza por nuestra parte. No es fácil aceptar que nuestro deseo de ser madres se demorará más de lo que queremos y que acabaremos hasta las mismísimas narices de los médicos, las consultas, los tratamientos y la medicación, por no hablar del desgaste emocional y económico que supone. Pero renacemos como el ave Fénix después de cada caída, cogiendo impulso para continuar con más fuerzas de las que ya teníamos, sacando una sonrisa a pesar de las adversidades, sintiéndote orgullosa de ti misma por luchar por lo que quieres.

Cuanto cuesta volver a sonreír después de un negativo, ¿verdad? Cuanto cuesta reponerse de una caída dolorosa, ¿no es cierto? Cuanto cuesta sacar fuerzas de donde no las hay, levantar un muro a tu alrededor para que nadie pueda saber cuánto sufres en realidad, esbozar una sonrisa a pesar los problemas. Cuanto cuesta fingir que todo va bien, ¿verdad?

Y lo hacemos. Hacemos todas esas cosas cada maldito día como si ya fuera una costumbre para nosotras. Ser fuerte es una obligación, no una posibilidad. Soy una mujer que lucha por lo que quiere, y no lo digo con orgullo ni presumo de ello como si fuera un gran título que mostrar a los demás. Es un hecho, algo que se me ha sido impuesto y lo he aceptado no sin antes derramar demasiadas lágrimas. Es una realidad, algo innato en mí. No es una opción, es algo que tengo que hacer para encontrar al amor de mi vida, a mi Pequeña Canica, mi precioso bebé que tanto quiero incluso antes de conocerlo.

Este lunes está resultando un contraste de sentimientos para mí y todos ellos tienen un denominador común: el miedo. El miedo a lo desconocido y a lo que nos deparará este tratamiento.

Rubio, siento ser tan pesimista en ocasiones. Prometo corregir estos errores!

Gracias por cada sonrisa que consigues arrancarme cada día.

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EMPIEZA EL CERTAMEN DE BLOGS “FAMILIAS DESEADAS”

¡Buen jueves, mi gente!

Tal y como dice el título de mi post, oficialmente da comienzo el primer certamen de blogs “Familias Deseadas”, una iniciativa de Interfertility, una empresa española que asesora y acompaña a aquellas personas que desean tener un hijo a través de la gestación subrogada (comúnmente conocida como “vientre de alquiler”). Interfertility proporciona un seguimiento constante de cada paso del proceso, facilitando los trámites y acompañando a los futuros papás. Personalmente, me parece un proyecto interesantísimo en el que ayudan a cumplir el sueño de nuestras vidas, y todo aquello destinado a ayudarnos a ser padres merece todo mi respeto y admiración. Desde aquí, dar las gracias a Infertility por la gran iniciativa que han tenido con este certamen!

Lo cierto es que este concurso me hace muchísima ilusión. No tiene nada que ver con el premio ni nada parecido; lo que realmente me ilusiona es conocer a otras personas que se encuentran en mi misma situación, sentir que a pesar de la diferencia existente entre nuestros casos, todos estamos un poquito relacionados. Ya sea por gestación subrogada, por IA, por FIV, por ovodonación, por adopción… nuestro sueño es el mismo y la esperanza también.

Si entráis en este enlace de aquí http://www.interfertility.es/#!certamen-de-blogs/cobt podréis conocer a los demás blogs que también se han presentado candidatos. Son todos realmente interesantes, así que no dejéis de echarle un vistazo!

Los votos se cuentan por “me gusta”; es decir, que cada “me gusta” vuestro supondrá un voto, y podéis votar a más de un blog.

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Han creado una serie de entradas en su página de Facebook con una breve descripción de nuestros blogs, y sólo tenéis que darle un “me gusta” en la publicación y ya habréis votado. Desde aquí podréis votar: https://www.facebook.com/gestacionsubrogada, sólo tenéis que buscarme entre las demás publicaciones y regalarme algún puntito, si así lo deseáis!

Y… ¡nada más! Estaré enormemente agradecida de cada voto vuestro, aunque para mí ya es una recompensa haber abierto este blog y haber conocido a tanta gente increíble que hace este camino mucho más llevadero.

Un beso grandote!

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NUEVA VISITA A LA CLÍNICA

Cuando me desperté, subí la persiana con pereza y abrí la ventana para disfrutar del magnífico día con el que nos había obsequiado el calor agradable y los rayos brillantes del sol. ¡Resultaba increíble levantarse con un tiempo tan fantástico! Aquí, en el Reino de las Lluvias Perpetuas, cualquier rayito de sol siempre es bienvenido y lo disfrutamos al máximo porque nunca sabemos cuándo lo volveremos a ver. Que en pleno mes de mayo podamos ponernos sandalias, pantalones cortos o camisetas de manga corta es todo un milagro para nosotros!

Saqué a pasear como cada mañana a Grandullón Amoroso, Saltarín Inquieto y Muñequita Linda, desayuné, me vestí y me dirigí a coger el tren que me llevaría a la clínica de reproducción asistida, que se encuentra a casi treinta kilómetros de mi ciudad. Esta vez Rubio no pudo acompañarme. Tal y como están las cosas, pedir horas o faltar al trabajo es lo último que deseamos. Así que me puse los cascos, seleccioné varias de mis canciones favoritas para amenizar el trayecto y el tren comenzó a moverse con pasmosa lentitud. Yo llevaba en mi poder el resultado de mis analíticas hormonales, las analíticas de Rubio y el sobre de la clínica de radiología con todo lo relacionado acerca de mi histerosalpingografía dentro. He de confesaros que el viaje de ida se me hizo eterno. Toda clase de pensamientos negativos pululaban por mi cabeza, atormentándome en camino.

Cuando llegué a la clínica, las recepcionistas me recibieron con una cálida sonrisa y me hicieron pasar a la sala de espera. Media hora después, pronunciaron mi nombre y me indicaron la consulta en la que se encontraba mi doctor. Le entregué el sobre que me habían dado en la clínica de radiología, lo abrió sin mucha prisa y observó las radiografías con atención.

¿Le dolió la prueba?-me preguntó.

No, nada-le aseguré yo.

Fantástico. Todo está bien, no tiene de qué preocuparse.

El informe que habían hecho en la clínica de radiología decía lo siguiente:

Se identifica una cavidad uterina de tamaño normal, y de bordes lisos, y sin evidencia de lesiones en cavidad. Se rellenan ambas trompas, que son de calibre normal, hasta su porción distal, con paso de contraste a peritoneo a través de las mismas demostrándose permeabilidad tubárica bilateral. Se evidencia una normal distribución del contraste en peritoneo, sin datos que sugieran patología adherencial. DIAGNÓSTICO: EXPLORACIÓN NORMAL. TROMPAS PERMEABLES.

Dios mío, nunca me había sentido tan alagada con unas palabras tan extrañas. Cavidad uterina de tamaño normal. Trompas permeables. Rubio podría susurrármelas al oído añadiendo un silbido de admiración mientras yo doy saltitos de alegría meneando unos pompones y todo sería tan normal. Mi gine echó un vistazo también a mis analíticas hormonales, y aunque habían mejorado un poco, me aseguró que aquello sólo volvía a recordarnos que mis hormonas están locas de remate y que el SOP haría acto de presencia en mi vida durante mucho tiempo. Aquello me desanimó un poco, pero me aseguró que no suponía ningún problema para empezar el tratamiento.

Me preguntó si queríamos empezar ya.

No me lo pensé dos veces y le dije que sí.

Me extendió la receta de la medicación y me dijo que llamase a la clínica en cuanto mi amiga la rojita hiciese su aparición. El doctor me explicó que debido a la calidad de mis ovarios y a mis quistes, el primer tratamiento sería como un método de tanteo para ver cómo responde mi cuerpo. Mis ovarios podrían hiperestimularse o, por el contrario, permanecer dormitos y cómodos ignorando la medicación, y en cualquier de los casos, el resultado no sería el esperado.

Cuando salí de la clínica, di un paseo por la ciudad, me fui de tiendas y más tarde me tomé un refresco con calma, pensando en todo lo que me había dicho el ginecólogo. Quiero pensar que todo saldrá bien en algún momento. Que algo muy bueno está esperándome a la vuelta de la esquina. Que me ha tocado luchar más para ser madre, pero probablemente por esa misma razón tendrá más valor para mí cuando lo consiga.

No sabes lo mucho que deseas algo hasta que no puedes tenerlo. 

Ya de vuelta en el tren, leí muy por encima la medicación que me había recetado. Fostipur 75. Ovitrelle. Progeffik. Tan sólo me sonaba el último porque ya lo había usado hacía años para provocar la regla cuando llevaba desaparecida varios meses. Y me entró el pánico. El miedo se apoderó de mí y me quedé totalmente bloqueada. Las cartas están echadas. Vamos allá, esto empieza, pensé. No tengo miedo del tratamiento en sí, mi pánico a las inyecciones queda en un segundo plano. Tengo miedo de lo que pueda pasar. O de lo que NO pueda pasar, más bien. Tengo miedo de que no funcione, de que la caída sea dolorosa y me cueste levantarme. Soy consciente de que estos tratamientos no son en absoluto llegar y besar el santo. Sé que el camino no es fácil y que siempre surgen obstáculos. Pero quiero que funcione. Ya sea a la primera, a la segunda o a la tercera, pero que funcione. Sólo pido eso. No quiero perder la esperanza, no quiero mandar todo a la mierda porque mi mente y mi cuerpo necesiten un respiro. Sólo quiero que esto salga bien. Que todo este camino haya valido la pena. Que mi Pequeña Canica sea fruto de la perseverancia, la lucha diaria y la esperanza más primitiva de todas.

Cuando llegué a casa, Rubio no tardó en llamarme. Le conté con pelos y señales todo lo que me habían dicho en la clínica de reproducción asistida (llamémosla La fábrica de sueños a partir de ahora) y sus palabras coincidieron con las mías: es el momento de empezar.

Así que aquí estamos, ilusionados y temerosos a partes iguales, deseando que nuestro sueño se haga realidad.

Canica, no puedes imaginarte cuánto nos has unido a papá y a mí. Siempre hemos tenido una relación increíble, pero gracias a ti y a tu búsqueda, somos invencibles. Estamos deseando conocerte, mi cielo.

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La primavera siempre ha sido mi estación favorita, es una época de explosión visual y alegría, ¿verdad?

He traído estas dos florecitas para dar color y buenas vibraciones a mi casa. 

¡Últimamente soy una ñoña sentimental!

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COSAS DE SOPERAS (II)

El SOP tiene innumerables y molestos síntomas, todos ellos tan odiosos e irritantes que lo único que te apetece es dejar de depilarte y abrazar al Sijismo (una religión en la que está prohibida cortarse el pelo del cuerpo) y mandar todo al mismísimo cuerno!! Jajaja

En mi ránking de síntomas fastidiosos y engorrosos, hay tres que destacan sobre todos los demás:

1. Infertilidad.

2. Hirsutismo.

3. Sobrepeso.

Antes de dejar la píldora, yo era una chica delgadita que entraba sin esfuerzo alguno en una talla 34/36 del gigante textil de Amancio Ortega, la archiconocida Inditex. Muy bien, hasta ahí todo bonito, fácil y el camino cubierto de pétalos de rosa. El verdadero problema surgió cuando consideré que mi cuerpo se había expuesto a ese tipo de hormonación durante demasiado tiempo, así que tomé la decisión de dejar la píldora definitivamente y permitirle a mi hormonado cuerpo un descanso más que merecido después de tantos años. Y, entonces, oh, ¡sorpresa! empecé a engordar de un modo bestial. Apenas me reconocía cada vez que me miraba al espejo. Ponerme unos vaqueros suponía una lucha encarnizada y agotadora hasta que conseguía finalmente subirme la cremallera y abrocharme el dichoso botón de las narices.

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Y descubrí ese maldito calificativo antes desconocido para mí. GORDA.

Ser gorda es una lucha casi continua por demostrar lo que vales, que eres algo más, que eres tan bonita como las chicas delgadas y de cuerpo exuberante que pululan por el mundo orgullosas de su talla minúscula. Y aquí estoy. Gorda pero feliz. Sin embargo, parece ser que las personas de mi alrededor, la sociedad en conjunto, no está de acuerdo con esa afirmación. No puedes ser feliz si eres gorda. No señor. Felices son las chicas monas de talla 34 y cuerpo que quita el hipo. Tú, gorda ignorante, no puedes ser feliz con tu gordura. Es impensable. ¿Cómo poder serlo con todos esos kilos de más que te sobran? Vamos, apártate y escóndete, y deja que las delgadas de cintura fina vivan su felicidad en paz.

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Cuando dejé la píldora, empecé a engordar gradualmente. Mes tras mes, la báscula aumentaba sus cifras para mi desesperación. No comprendía qué es lo que me estaba ocurriendo, ¡ignorante de mí! Al principio, no eran más que unos kilos de más, hasta que me fui transformando en una chica evidentemente gordita, pero la gente todavía no se había fijado tanto en mí como para permitirse opinar sobre mi cuerpo. Pero cuando engordé considerablemente y resultaba más que evidente que me había puesto enorme, pasé a ser una gorda oficial para todo el mundo. “Está anchota” “Está fuerte” “Está rellenita”. Y es entonces cuando empiezan a auto compadecerse de ti, porque llamarte gorda a la espalda o a la cara no está bien visto y buscan arreglarlo de otra forma. “Pero es simpática”. “Pero de cara es guapa”. “Pero es divertida”. “Pero a ella le da igual”. PERO. PERO. PERO. PERO.

Controlar mi peso, hacer ejercicio, intentar entrar en unos pantalones de Stradivarius sin reventarlos, encontrar una camiseta que no me marcase la barriga o un vestido que no me hiciese parecer una mesa camilla eran cosas de mi día a día. Pero a mí no me importaba. No me importaba haber pasado a una talla 38/40 o descubrir que las camisetas de tirantes ya no eran para mí. No me importaba saber que la ropa ceñida me sentaba como una patada en el culo o que ya no podría disfrutar de la comodidad que me otorgaban una mallas elásticas. No, todo eso ya no era para mí. Pero no me importaba. Y cuanto menos me importaba a mí, más parecía importarle a los demás. Parecía que todo el mundo quería recordarme que yo antes era una chica delgada y no una gordita sin complejos. “Qué guapa estabas antes”. “Bufff, cuánto has engordado, ¿no?”. “Deberías adelgazar”. “¿Comes mucha bollería o qué?”.

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Y por si aquello no fuera suficiente para alimentar los cotilleos de mi alrededor, la chica gordita se enamoró de un chico alto, delgado y, qué demonios, terriblemente guapo de sonrisa increíble y traviesa. Y el chico se enamoró de la gorda, algo totalmente impensable para los demás. Y yo ya me estaba imaginando los comentarios de la gente al respecto: “Pero si él no está gordo, ¿cómo puede gustarle ella?”. “¿Qué le habrá visto a esa chica?”. “No me pegan juntos, hacen mala pareja”. “Ella no encaja con él”.

Pero ella, la chica gorda, se pasaba aquellos comentarios por el auténtico forro. Porque si antes ya no le preocupaba su comentado peso, después de conocerle a él, después de que Rubio llegase a mi vida, ser gorda pasó a un segundo plano. Rubio veía más allá de un cuerpo con unos kilos de más. Él miraba dentro de mí, completaba mi alma, formaba parte de mi ser.

El SOP ha traído muchas cosas indeseadas a mi vida, pero el sobrepeso no ha cambiado mi forma de ser en absoluto. Tengo la misma seguridad, la misma gracia y la misma independencia que antes. Sí, me sobran unos cuantos kilos y estoy gordita, pero soy feliz. Feliz conmigo misma, feliz con cada pequeño momento que se convierte en especial en mi vida, feliz… Ante todo, soy feliz.

Antes, me preocupaba aumentar de peso o que la ropa no me sentase bien. Hoy en día, me siento libre. He descubierto que tengo curvas y un pecho generoso en el que lucir escotes en verano, algo totalmente desconocido para mí cuando no era más que un espagueti con patas. Soy feliz con lo que soy, acepto mi nueva yo. Existe otra ropa que me sienta fenomenal sin la necesidad de ir embutida en unos pantalones vaqueros que apenas me dejaban respirar.

Desde que me encuentro en este recién conocido mundo de la Infertilidad, he aprendido a apreciar el valor de las pequeñas cosas y a ser feliz con lo que tengo y con lo que soy. No voy a amargarme por no encajar con el canon de belleza establecido ni voy a auto compadecerme porque me sobren unos cuantos kilos.

Amarte a ti misma es el principio de una existencia feliz, independiente y plena, sin depender de la autorización ni halagos de los demás. Vuestros cánones de belleza me los meriendo yo acompañados de una buena tostada bañada en Nocilla.

Firmado: Una SOPera gordita y orgullosa.

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