EL SENTIMIENTO DE CULPA

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El sentimiento de culpa es tan traidor y carroñero que provoca, en ocasiones, que dudes incluso de ti misma. Cuando entras de lleno en el mundo de la Infertilidad, a lo largo del camino experimentas diferentes estados y sentimientos que te pondrán a prueba de un modo terriblemente cruel. Uno de esos sentimientos es la culpa.

Rubio y yo hemos discutido mucho sobre el tema y jamás nos hemos puesto de acuerdo al respecto. Inevitablemente, siempre me he sentido culpable de que no seamos papás. Una sucesión de problemas en mí (SOP, FSH regulera, ciclos anovulatorios, ausencia de menstruación, etc) han imposibilitado el poder cumplir mi sueño y, por lo tanto, el sueño de Rubio. No puedo dejar de pensar que si Rubio hubiera decidido compartir su vida con otra mujer, probablemente ya sería papá. Y eso duele. Duele muchísimo.

El sentimiento de culpa es como una mochila que llevas a tu espalda y que vas llenando de piedras a medida que avanzas en tu camino. Al principio, es una mochila llevadera. No pesa demasiado y te mueves con agilidad y rapidez. Pero, después, empieza a resultar pesada. Caminas más lentamente y la espalda te duele a horrores. Y, llega un momento, que ya no puedes avanzar porque pesa demasiado. Y paras. Te detienes. Te devora tu propio miedo.

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Miedo a que nunca seas madre. Miedo a que tu sueño no se haga realidad. Miedo a tener que abandonar. Miedo a tener que asimilar una vida sin hijos. Miedo a que él te considere culpable. Miedo a sentirte inservible. Miedo… Miedo a no tener la casa desordenada y llena de juguetes mientras las risas de unos niños arropan cada esquina de tu hogar.

Cuando el sentimiento de culpa se mezcla con el miedo, la mezcla puede llegar a ser explosiva. Te sientes culpable y la única responsable de no poder formar una familia, y automáticamente el miedo a no ser madre jamás te hunde todavía más en el lodo. Como si no tuvieras ya suficiente! Rubio se enfada cada vez que me escucha decir que todo es culpa mía, que me siento totalmente culpable de lo que nos está pasando. “¿Culpable de qué? ¿De intentarlo con todas tus fuerzas?”, suele decir. “No es tu problema, es de los dos. Esto es cosa de dos”. Entonces viene hacia mí y me abraza tan fuertemente que los pedacitos de mi corazón roto vuelven a juntarse como por arte de magia.

Rubio quiere aparentar que no sufre delante de mí. Él prefiere guardarse sus problemas para animarme, para arrancarme una sonrisa, para hacerme olvidar. Rubio soporta demasiada carga. Tira de él y de mí desde hace bastante tiempo y jamás le he escuchado quejarse. Él me mira, con esa mirada suya tan increíble plagada por sus espesas pestañas, y me pide que camine con él, que no deje de intentarlo jamás.

El miedo a no poder ser madre es el miedo más doloroso que he experimentado en mi vida. Es un miedo incierto, cruel y despiadado que me quita el sueño en incontables ocasiones. Porque no me imagino formando parte del pequeño porcentaje de mujeres que no consiguen su embarazo a pesar de los tratamientos de reproducción asistida llevados a cabo. No me imagino resignándome, viviendo una vida excluida del amor de unos hijos, desconociendo el significado del amor más incondicional y puro de todos. No puedo imaginarme una vida sin tener a alguien a quien arropar por las noches, una personita que me haga sentir tantas cosas a pesar de ser tan pequeño, alguien a quien dar todo el amor que llevo dentro, alguien que me arrebate las sonrisas más sinceras y provoque que mi corazón se sienta pleno por completo.

No puedo evitar ser una miedosa. La infertilidad ha despertado sentimientos en mí que desconocía hasta ahora. Me siento más vulnerable, más insegura por momentos, más miedosa de lo que me gustaría. No puedo evitarlo. La infertilidad, para bien o para mal, me ha cambiado.

Ayer llamé a la clínica privada para informarles de que ya tenía en mi poder todas las pruebas que me habían pedido. Me habrían dado cita para esta misma semana, pero el doctor que me ha estado llevando hasta ahora no puede atenderme hasta la próxima semana, así que he decidido esperar y exponerle todas mis dudas a él, con el que ya tengo cierta confianza. Por un momento, Rubio y yo estuvimos a punto de dejarlos de lado y soportar las listas de espera de la Seguridad Social. Lo cierto es que últimamente ambos éramos un mar de dudas, no sabíamos qué hacer (sobre todo yo). ¿Nos metíamos de cabeza en un tratamiento privado o nos comíamos una lista de espera que no nos aportase un gasto económico?

Rubio no quiere esperar más. Quiere intentarlo. Y ya que disponemos de algunos ahorrillos, vamos a permitirnos soñar un poquito, que nunca está de más, ¿verdad? Así que llamé a la clínica y les di luz verde, les dije que adelante, que íbamos a intentarlo. La próxima semana veré a mi doctor, le enseñaré los resultados de la histerosalpingografía y mis analíticas hormonales y él me indicará lo que debemos hacer.

Con suerte, podremos empezar nuestro primer tratamiento este mismo mes. Y ahora que está tan cercano, que apenas faltan unas semanas para meternos de lleno en una IA, siento un miedo inexplicable a lo que se nos viene encima. Supongo que todas sentimos este miedo a lo desconocido antes de empezar, ¿no?

Voy a cogerlo con muchas ganas, pensando en que nuestra suerte puede empezar a cambiar pero con los pies en la tierra, mentalizándome para lo negativo de todo esto para que después la caída sea menos dolorosa. Es un mecanismo de defensa que siempre me ha funcionado y que he puesto muchísimo en práctica desde que conocí a la Infertilidad.

Canica, sonríe! Papá y mamá te buscan incansablemente. Qué completos nos harás sentir, cielo.

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