EN STAND BY

Últimamente, me siento como en esa canción tan conocida de Extremoduro, “siempre en estado de espera”. Tengo la sensación de que no hago otra cosa que esperar. Esperar. Esperar. Esperar. A veces, me resulta un tanto desesperante.

El lunes de esta misma semana (hace cuatro días), me puse mi último ovulito de Utrogestan. A estas alturas, debería de estar dando palmas, piruetas acrobáticas o saltitos de alegría con pompones de animadora porque mi primera IA sería una realidad por fin. Pero, por el contrario, continúo esperando a que mi amiga la indeseable se decida a aparecer. El Utrogestan no es nada nuevo para mí, estaba familiarizada con este modo de ponerme progesterona porque ya lo había hecho en otras ocasiones. Y en esas ocasiones, la regla no tardaba más de tres días en aparecer después de ponerme el último óvulo. Esta vez, por lo que parece, eso no va a ocurrir. De verdad, que a veces pienso que la Ley de Murphy me persigue. Ahora que Rubio y yo estamos a punto de comenzar, que sólo era cuestión de que la rojita apareciese en cuanto dejase el Utrogestan, parece que todo va más lento y que se ha detenido el tiempo. Dejaré pasar todo el fin de semana y si el lunes todavía no ha parecido, llamaré a la clínica para que me digan qué más puedo hacer.

Odio los contratiempos, en especial los que están relacionados con mi Pequeña Canica. Quienquiera que esté ahí arriba, el creador del universo o Perico el de los Palotes, que se deje de cebar con nosotros!!!

Por otro lado, hace unos días me llamaron del hospital de la S.S. para recoger los resultados del seminograma de Rubio y unas analíticas que me habían pedido a mí. No sé porqué, pero tenía la sensación de que algo no iba bien. Mientras esperaba en la sala de espera a que pronunciasen mi nombre, una incomodidad inexplicable se me atragantó en la garganta, aprisionándome el pecho. Sentía la horrible sensación de que me dirían algo que no sería de mi agrado. Siempre me he considerado medio bruja, porque, oye, no suelo fallar en estas cosas. Cuando entré a la consulta, la ginecóloga comenzó a apuntar en un papel los resultados de mis análisis: LH, FSH, Estradiol, Progesterona… Y mientras lo hacía, su cara era un poema.

Mierda, pensé.

“-Esto está bastante mal. Tu FSH y LH son un desastre, al igual que el estradiol y la progesterona no está mucho mejor. No ovulas, nada. Cero patatero. Así un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado. Te lo digo para que no te hagas ilusiones, en tu caso sería casi un milagro que lo consiguieras”. 

Querida, tu segundo nombre es Tacto, ¿verdad? Si ya lo decía yo, que soy medio bruja y algo había intuido… No me dolió en sí que me dijera que no podré quedarme embarazada de forma natural, sino el poco tacto que tuvo al decírmelo. La falta de empatía por su parte, como si se lo estuviese contando a una pared. No pido que me enmascaren la verdad ni que pinten arcoiris en el cielo, pero al menos, un poco de humanidad para transmitirme una noticia como esa. No me estás diciendo que se han acabado los huevos en el supermercado. Me estás afirmando que no podré ser madre de un modo tan sencillo como todas las demás mujeres que me rodean.

Pese a todo, la noticia no me cogió desprevenida y me lo tomé mejor de lo que había imaginado. De todas formas, estoy a punto de someterme a una IA, ¿qué más me da no poder conseguirlo de forma natural? Ya contaba con ello, no es nada nuevo para mí. No tenía esperanzas de conseguirlo de ese modo. Soy infértil, con todas las letras. 

“-Tienes que adelgazar, ¿estás haciendo algo para perder peso? De no hacerlo, se junta el hambre con las ganas de comer. Tu sobrepeso y tus ciclos irregulares no te permitirán llegar a buen puerto”. 

Hago lo que puedo, le respondí sin ganas. La ginecóloga me entregó los papeles para solicitar más pruebas, se despidió de mí y me marché. Cuando salí de la consulta, me sentía un tanto desanimada, como si una nube gris de malos pensamientos decidiera acampar sobre mi cabeza. No dejaba de pensar en aquellas palabras: “Sería casi un milagro que lo consiguieras”. “Un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado”.   

Que te digan así, tan a la ligera, que no podrás ser madre duele. Duele muchísimo. Algo con lo que siempre has soñado, algo que sabes que te hará sentir completa, se te niega de una manera injusta. Y como mujer, que me digan que no puedo crear vida, es lo más doloroso que me han dicho jamás. ¿Por qué algo que es innato en mí, algo para lo que he nacido, se me resiste de esta manera? Me duele pensar que no podré conseguirlo sin ayuda. A pesar de que agradezco (y no sabéis cuánto) cada día los grandes avances en la reproducción asistida y que gracias a ella podré ser madre, es una espinita que no puedo quitarme todavía.

Cuando Rubio llegó a casa, le conté lo que había ocurrido y lo que me habían dicho. “No te preocupes, tenemos muchas opciones. La IA está a la vuelta de la esquina, ten fe en ella”, me dijo. Él y su optimismo. Él y esa sonrisa increíble que hace desaparecer todos los problemas de mi alrededor. Él y sus abrazos que recomponen mi corazón dolorido. A veces me quedo mirándolo en silencio y sólo puedo agradecer que forme parte de mi vida, dándole sentido a todo con sus locuras y sus bromas. Y después de hablarlo un rato, todas mis preocupaciones y malos pensamientos desaparecieron.

Ahora mismo sólo estoy centrada en esa IA que nos está esperando. Porque puede que con ella se acabe todo y demos el paso definitivo para tener a nuestra Canica con nosotros. O puede que no. Puede que sólo sea un paso más para estar cerca de nuestro bebé. Un escalón menos que recorrer para que nuestro sueño se haga realidad. Nunca se sabe. Sólo sé que nunca había sido tan fuerte como ahora y nunca había tenido tantas ganas de tirar hacia adelante. Si la IA no funciona, no será el fin del camino. Sólo el comienzo hacia nuestra felicidad.

Y cada día soñamos con el momento de ver a nuestro bebé a través de una pantallita, escuchando su corazón latiendo con fuerza mientras mueve las manitos y los pies para asombro nuestro. Y, algún día, podremos conocerle por fin, abrazándolo muy fuerte para que el sueño no desaparezca.

Y, ese día, Canica, experimentaremos el verdadero amor a primera vista. 

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2 comentarios

Archivado bajo Cosas de la infertilidad

2 Respuestas a “EN STAND BY

  1. deseandosermama

    Vaya… qué mujer más inhumana, por dios… Decir esas cosas tan sensibles de esta manera me parece muy fuerte. Deberían inhabilitar a “profesionales” así. Es que un médico no es cualquier profesión, requiere grandes dosis de humanidad, de comprensión, de empatía. Y más con temas tan sensibles como la infertilidad… En serio, yo despediría a esa ginecóloga. Menos mal que no son la gran mayoría. Y que tienes con quien compartirlo. Yo creo que cuando alguien desea tanto conseguir algo como lo haces tu, lo consigue. Un beso y te sigo leyendo!

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    • He llegado a pensar que existen “profesionales” que no tienen ni idea de cómo empatizar con sus pacientes ni saben cómo acercarse a ellos. Y hoy en día, lo que comprobado. A mí me han dicho que no podré ser madre de forma natural con la delicadeza de un cactus, sinceramente. Y como dices tú, menos mal que forman parte de una minoría de incomprensivos y malos profesionales, que sino pobre de nosotras!!! 🙂
      Muchísimas gracias por los ánimos, preciosa♡ Me llenan de alegría tan buenos deseos como los tuyos 🙂
      Un beso grandote!!!

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