Archivo mensual: febrero 2015

CALENTANDO MOTORES

Siento entrar con un día de retraso para contároslo, pero ayer me resultó imposible entrar y contaros las novedades. Ayer volví a la clínica; me habían indicado que debía volver cuando estuviese a punto de acabar las anticonceptivas y así lo hice. Pensé que se trataría de una consulta rutinaria para ver cómo estaba todo por ahí dentro y acabé marchándome para casa con el Gonapeptyl puesto.

¿Qué es el Gonapeptyl? Yo no tenía ni idea y en la clínica no me lo explicaron (a mi gine hay que sacarle las palabras con sacacorchos), pero mis chicas de la #infertilpandy resolvieron mis dudas enseguida y me explicaron que el Gonapeptyl se utiliza para frenar la actividad de los ovarios para empezar un ciclo sustituido de embriones congelados. Cuando la innombrable haga acto de presencia, empezaré con Meriestra para engordar mi endometrio y ponerlo bien guapo para recibir a mis pequeñines.

He estado investigando un poco y en muchas páginas sobre reproducción asistida dice que el Gonapeptyl se emplea en los tratamientos de FIV con protocolo largo para crear una menopausia artificial en casos por ejemplo de endometriosis o pólipos, con lo que éstos se reducen en la mayoría de los casos.

En fin, que esto es un mundo y se utiliza para diferentes procedimientos, pero lo importante es que frenará la actividad de mis ovarios y en breve empezaré con Meriestra y progesterona.

El gine me aseguró durante la ecografía que todo estaba bien, que los ovarios estaban parados y que no había nada malo que fuera a modificar nuestros planes de la transferencia (hablábamos de quistes, me imagino, ya que mi cuerpo es un experto en fabricarlos en cantidades industriales).

Me vestí y regresé a la consulta, en donde se me explicó la pauta a seguir: pinchar Gonapeptyl ese mismo día, terminar las anticonceptivas, esperar a que me venga la regla y empezar con la Meriestra al segundo o al tercer día (me lo confirmarán cuando llame por teléfono para informar de que la innombrable ha hecho acto de presencia). Una semana después de estar tomando la Meriestra (dos pastillas por la mañana y una por la noche), vuelvo a la clínica para ver como le va a mi endometrio y ahí me indicarán cómo seguir.

Me pinché el Gonapeptyl en la clínica, fui a comprarlo a la farmacia y la enfermera de eterna sonrisa me pinchó en un abrir y cerrar de ojos y pude marcharme.

Así que esto marcha de nuevo, la segunda transferencia está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo me encuentro? Asustada, la verdad. La inocencia y la ilusión de la primera vez han desaparecido y ahora solo siento un miedo atroz a que se vuelva a repetir lo mismo de la otra vez. Sé que a medida que se aproxime la fecha de la transfer recuperaré la ilusión de nuevo, pero ya no será igual, no será tan emocionante ni esperanzadora. Pienso en mis peques, en mis dos soles brillantes que están esperándome y se me escapa una sonrisa, pero automáticamente me reprendo a mí misma por volver a ser tan ingenua.

No os voy a mentir, tengo miedo de otro negativo. Es imposible no tenerlo después de dos IA y una FIV negativas. Parece que estoy destinada a recibir negativos, que las buenas noticias no son para mí. Estoy deseando que las cosas cambien, que por fin recibamos una buena noticia, pero no puedo evitar esconderme en mi coraza para no sufrir más de lo necesario. Estoy cansada de que las cosas no nos salgan bien (en general, ya no hablo solo de los tratamientos), de que tengamos que luchar tanto para conseguir nuestras metas, de que esta maldita infertilidad no nos dé tregua en ningún momento.

A veces pienso que no puedo crear vida, que eso no va ni conmigo ni con mi cuerpo. No entiendo por qué hasta ahora nada ha funcionado. 5 ciclos de Omifin, relaciones programadas, 2 IA y una FIV negativas. Para mí, demasiado. Quiero creer que los sueños se cumplen, que todas nosotras tendremos a nuestros bebés como recompensa de este duro camino, pero a veces no puedo evitar verlo todo negro. En ocasiones pienso que no lo voy a conseguir, que eso solo le ocurre a unas cuantas afortunadas y que yo no pertenezco a ese grupo de ganadoras. Intento desterrar ese tipo de pensamientos porque no me hacen ningún bien, pero reconozco que el negativo de la FIV me ha dejado bastante tocada.

Intento estar bien por Rubio, porque él no se merece que lo bombardee con malos pensamientos o ideas pesimistas. Él es una persona optimista, una persona que siempre tira hacia adelante a pesar de las adversidades, pero sé que en el fondo también está cansado, cansado de que todo nos salga del revés. Sin embargo, siempre tiene una sonrisa en la cara para mí y el “Todo saldrá bien” que tanto me tranquiliza y me gusta escuchar. La tempestad y la calma, juntos en busca de su bebé.

Deseo con todas mis fuerzas que este 2015 me demuestre que no hay nada imposible y que los sueños pueden cumplirse. Bizcochito y Cacahuete están esperándome y reconozco que me muero de ganas de verles en la pantallita, de amarlos, de creer en ellos y de tenerlos dentro de mí. Puede que la ilusión no sea la misma que la otra vez, pero sigo teniéndola, sigo sintiendo mariposas en el estómago cada vez que pienso que muy pronto veré a mis pequeños y contemplaré con amor de madre las fotografías de su diminuto (pero tan grande a la vez) ser.

Como veis, estoy zambullida de lleno en una montaña rusa, incapaz de apearme y controlar mis sentimientos. En el fondo estoy acostumbrada, son más de dos años subida en ella, pero estoy deseando bajarme y abandonarla de la mano de mi hijo (o hijos).

Ahora sí que sí… Empieza la cuenta atrás para la Misión Bizcochito&Cacahuete 🙂 ¡Deseadme suerte!

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SOBREVIVIENDO AL NEGATIVO

Llevo varios días ausente (tanto en el blog como en el Twitter, y también en general en mi día a día) y en parte es debido a que se me ha atragantado este negativo y no consigo hacer desaparecer de mi mente los malos pensamientos o el miedo atroz a que todo se vuelva a repetir.

Cuando viví las dos IA negativas lo pasé mal pero conseguí recuperarme en seguida. Me decía: “Venga Elora, arriba, que con la FIV hay muchas más posibilidades”. Y supongo que me lo creí tanto que cuando me llamaron de la clínica para decirme que no tenían buenas noticias me derrumbé tanto y me caí tan abajo que todavía no he conseguido salir a flote del todo. El negativo de una FIV duele mucho. Muchísimo. Quien haya pasado por uno sabe de lo que hablo. Yo me pasaba el día dándole calorcito a mi embrioncito, hablándole y acariciándome la tripa para que supiera que estoy aquí, que su mami estaría cuidándolo para que se sintiese a gusto y se quedase conmigo. Por las noches, Rubio me besaba la barriga y se dormía hablándome de lo bonito que sería cuando estuviese con nosotros.

El día de la transferencia (que para mí seguirá siendo un momento precioso de mi vida), cuando me llevaron de vuelta a la habitación, Rubio se inclinó sobre mi barriga, la besó con mucha dulzura y susurró: “Por favor, quédate con nosotros”. Por mala suerte, no ha sido así y aunque sé que él hace todo lo posible por animarme, yo no consigo verle el lado bueno a las cosas (al menos, por el momento). He guardado la foto que nos dieron en la clínica de Canica en el cajón de mi mesita de noche y me duele horrores mirarla porque pienso en lo que podría haber sido y no fue. Puede parecer una tontería (y probablemente lo es), pero siento que he perdido una parte que podría haber sido mía, que le he fallado, que no he conseguido que se quedara conmigo…

Y así paso los días, sintiéndome rara y sin reconocerme a mí misma. Yo no soy así. Detesto la tristeza y no suelo caracterizarme por ser una persona horriblemente negativa. Pero esta vez no consigo ver el vaso medio lleno, no veo salir el arcoiris. Ni siquiera comprendo qué es lo que me pasa, pero este negativo me ha calado tan hondo que no logro volver a ser yo. Me está costando un poquitín volver a encontrarme.

A veces tengo ganas de llorar sin motivo aparente y otras veces me encuentro sin ganas de nada, solo me apetece quedarme en casa y leer un libro, y nada más. Y por si no fuera suficiente, el miedo me está matando. Bizcochito y Cacahuete están esperándome y yo me muero de miedo de que se vuelva a repetir lo mismo. Y empiezo a pensar… ¿y si no soy tan afortunada como para conseguirlo esta vez? ¿Y si no se quedan conmigo? ¿Y si tenemos que volver a empezar desde el principio otra vez? ¿Y si…?

Al momento rechazo estas ideas, porque no quiero envenenarme de negatividad cuando mi propia naturaleza es de tirar hacia adelante e intentar solucionar todos los problemas que vayan apareciendo.

Solo quería que supiérais que estoy bien, pero que me está costando un poquitín salir a flote. Saldré, estoy segura de ello, pero puede que esta vez me cueste un poco más de lo habitual. Quiero estar a tope para la segunda transferencia porque mis dos soles brillantes no se merecen que mi estado de ánimo no sea el adecuado para recibirlos. Estoy segura de que a medida que vayan pasando los días y el momento mágico se acerque, volveré a recuperar la ilusión que tuve con Canica y todo volverá a ser como antes.

Sigo con la píldora, todavía quedan muchos días para que aparezca la Señora de Rojo de nuevo (finales de febrero – principios de marzo) y supongo que será entonces cuando tendré que comenzar con la famosa Meriestra. Sigo dándole vueltas al tema de la endometriosis, me tiene bastante asustada, la verdad, así que en mi próxima consulta les expondré todas mis dudas y espero que consigan despejarlas para no darle más vueltas al tema.

Abrazotes gigantescos para todas por preocuparos por mí y siempre estar ahí para cargarme de ánimos 🙂

¡Besotes!

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PIEDRAS EN EL CAMINO

Esta mañana regresé a la clínica para intentar resolver todas mis dudas después del negativo de la FIV. No quiero enrollarme demasiado con todo lo que allí hablamos, pero el doctor me reconoció que no era normal que una chica tan joven como yo no hubiese conseguido el embarazo con esta FIV, puesto que el embrión era bueno y todo apuntaba a que se quedaría conmigo. Repasamos todo el tratamiento con detalle: los óvulos obtenidos, la medicación pautada, cuántos días habían durado los pinchazos, la calidad del esperma, los embriones… Me reconoció que, debido a mi edad, habían esperado sacar muchos más óvulos y que finalmente no había podido ser así. Dijo también que mis ovarios habían reaccionado de una manera un tanto extraña (el izquierdo demasiado lento y con muy pocos folículos, y el derecho con muchos más folículos pero que finalmente muy pocos fueron maduros) y que, al parecer, algo fallaba en cómo reaccionaban a la medicación.

Resulta que, durante la punción, descubrieron un quiste endometriósico adherido al ovario derecho. Un “quiste de chocolate”, como le suelen llamar, de un centímetro de diámetro y del que ya sospechaba su presencia. Recuerdo que durante algún que otro control le escuché decir que se veía una manchita en el ovario derecho y que él pensaba que eso tenía que ser un principio de endometriosis. Al parecer, después de la punción, ha quedado aclarado.

¿Qué es la endometriosis? Es una enfermedad benigna que consiste en la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero, sobre todo en la cavidad pélvica como en los ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos o en el intestino (entre otros). No existe cura, aunque existen diferentes tratamientos que incluyen analgésicos para el dolor, tratamiento hormonal y cirugía. La localización más frecuente de la endometriosis es el ovario. Se forman a menudo quistes, que se llenan de sangre y adquieren un color oscuro que se parece al chocolate, de tal forma que se denominan quistes de chocolate. Por lo que he estado leyendo, es una importante causa de infertilidad.

Le pregunté al gine acerca de la posibilidad de extirparlo o incluso realizarle una punción para extraer la sangre de su interior pero, por el momento, no me lo ha aconsejado porque el quiste es pequeño y durante la operación correríamos el riesgo de extirpar excesivo tejido sano del ovario y todo se iría al traste. Así que me ha recetado la píldora anticonceptiva y volver antes de que aparezca la regla para realizar una nueva ecografía. Si todo va bien, a principios de marzo será nuestra segunda transferencia y esta vez me han aconsejado poner juntos los dos embriones. Él desaconseja fervientemente el embarazo múltiple, es más, a nosotros nos recomendó poner solo un embrión para evitarlo, pero me ha dicho que, visto lo visto, es mejor arriesgarse y no perder más el tiempo.

Por lo que he podido leer en algunas webs sobre la endometriosis, es una enfermedad que puede avanzar demasiado rápido y la maternidad no debe aplazarse. Por suerte, ser padres es nuestra mayor ilusión y por ahora lo hemos cogido a tiempo. A partir de ahora controlarán que no aparezcan más quistes endometriósicos, pero tampoco me ha comentado qué haremos si eso ocurre.

En mi próxima consulta volveré a bombardearlo a preguntas porque necesito quedarme tranquila antes de empezar esta segunda transferencia. No me veo con fuerzas de soportar otro negativo y necesito saber que estoy haciendo todo cuánto esté en mis manos para preparar la casita de mis bebés. Le preguntaré si la endometriosis podría encontrarse en alguna zona más que no hayan visto, si de verdad no es necesario extirpar ese quiste, si la transferencia es viable a pesar de esa presencia asquerosa… Necesito saber que las cosas esta vez pueden salir bien, no puedo arriesgarme a una segunda transfer si algo falla dentro de mí.

Y eso ha sido todo por hoy. No he salido especialmente tranquila de la consulta después de saber lo que se trama en mis ovarios, pero es cierto que el doctor ha intentado tranquilizarme en todo momento, transmitiéndome mucha confianza y dándome muchos ánimos, animándome a continuar y no rendirme porque cada vez estamos más cerca. De corazón deseo que así sea porque este negativo me ha minado bastante.

Intento no darle muchas vueltas al tema de la culpa y de lo horrible que me siento conmigo misma por creerme rara y defectuosa y procuro solo pensar en mis dos soles brillantes, que muy pronto estarán conmigo y puede que, por fin, toda esta pesadilla llegue a su fin 🙂

llorar

Cargando… Misión Bizcochito&Cacahuete 

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A LA TERCERA NO VA LA VENCIDA

Cuando empecé la primera IA sabía que este camino no sería fácil, pero en el fondo de mi ser sabía que en algún momento lo conseguiría y se cumpliría nuestro sueño. Quizás ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Ayer me dieron el resultado de mi beta: negativa, por supuesto. Canica no se ha quedado conmigo y probablemente se fue enseguida, mientras yo le hablaba y le daba calorcito para que se sintiese a gusto en mi interior.

No he vivido muchos momentos difíciles en mi vida, pero ayer fue el peor día de mi vida. Me descontrolé, no conseguí aplacar mis sentimientos y lloré sin parar durante todo el día, hasta el punto de que se me despertó un dolor de cabeza horrible que me mantuvo medio adormilada hasta la noche, momento en el que me metí en la cama e intenté olvidarme de todo por mi bien.

Me siento defectuosa, como si tuviese una tara, una persona incompleta y mal acabada por la naturaleza. En días como ayer se me olvida que a pesar de la infertilidad se puede ser madre. Se me olvida que los sueños se cumplen, que las batallas se ganan, que las lágrimas desaparecen. Porque ahora tengo miedo, miedo de otro negativo, de no saber afrontarlo, de no saber qué hacer después, de no poder ser madre. Tengo verdadero pánico de que mi sueño nunca se cumpla. Esa frasecita se repite continuamente en mi cabeza: “Elora, quizás nunca lo consigas”.

Me siento perdida y terriblemente asustada, a la deriva, sin saber muy bien qué hacer. La ilusión se ha reducido, la esperanza permanece escondida en un cajón. No hay palabras que me animen, no hay consuelo para tanto dolor. Ilusa de mí que pensé que esta vez podría ser la buena, que tal vez nuestra historia por fin tuviese un final feliz. ¡Ingenua! Quizás confié demasiado en las palabras del médico que me aconsejó solo poner un embrión porque debido a mi edad tenía muchas posibilidades de conseguirlo. Sí, tenía posibilidades, pero no sirvieron para nada. Casi preferiría que no me dijese ese tipo de cosas, me hice muchas esperanzas que se han volatilizado haciéndome mucho daño, haciéndonos mucho daño.

Ayer por primera vez vi derrotado a Rubio, dolido y agotado de que las cosas nos salgan del revés. Y ver el dolor y el sufrimiento reflejado en sus ojos ha sido la peor parte de este negativo. Me siento como si le fallara, como si no pudiese darle aquello que tanto anhela, me siento inútil y también cansada. Necesito recuperar mi vida, volver a repartir currículums, encontrar un trabajo y volver a ser yo. No seguiré teniendo mi vida en stand by por culpa de los tratamientos, las consultas, los pinchazos… Volveré a mis clases de Zumba (que tanto he echado de menos) y recuperaré mis caminatas diarias con los perros que tanta falta me hacían.

Este jueves regreso a la clínica para una consulta rutinaria después de la FIV negativa. Tengo muchas dudas que plantearles, así que anotaré todo en una hoja de papel para que nada se me quede atrás. La doctora que me llamó ayer para darme la mala noticia me aconsejó transferir los dos embrioncitos congelados que quedan juntos, que es lo mejor. Me dejó un poco tocada porque me aseguró que los embriones son buenos pero que sinceramente debido a mi edad habían esperado sacar muchos más óvulos de los que obtuvimos, y que no había sido así. En fin, si así quería dejarme más tranquila no lo ha conseguido.

Ahora solo nos quedan esos dos chiquitines y, aunque tengo aún esperanzas, no quiero ilusionarme demasiado. Bonito y NoTanBonito (o Bizcochito y Cacahuete, como he decidido renombrarlos) son todo lo que tengo y quiero creer que tal vez ellos sí quieran quedarse conmigo. Canica no lo consiguió, confío en que Bizcochito y Cacahuete sean más fuertes y multiplicando su fuerza sean capaces de agarrarse a mí.

A veces me pregunto si habré hecho algo mal. Quizás no haya descansado demasiado, quizás no haya hecho suficiente reposo, quizás mis caminatas no hayan sido las adecuadas, quizás haya hecho una vida demasiado normal, no lo sé. Y nunca lo sabré. Y casi prefiero no darle demasiadas vueltas al tema porque estoy deseando poder cerrar este capítulo de mi vida.

Desde aquí me gustaría dar las gracias a mi querida #infertilpandy por su apoyo incondicional, por su preocupación constante, por sus palabras de ánimo, por su cariño y por acompañarme en todo momento. No sé qué haría sin vosotras, os habéis convertido en una parte muy importante de mi vida y todo esto habría sido una verdadera mierda sin vosotras. Gracias y mil veces gracias! Os quiero!

Al puñetero destino que se ha atrevido a escribir mi historia, decirle que se le olvidó el final feliz. Esta vez todo había ido como la seda: la medicación no me causaba molestias, los pinchazos no me dolían, Rubio cogió vacaciones y vivimos la betaespera juntos (algo que nunca había ocurrido) e incluso fuimos juntos a la clínica para la beta. Todo muy bonito, de color de rosa. En dos días sería mi cumpleaños y si la beta resultase positiva sería el mejor regalo de todos. Quizás todo fluyese demasiado bien y al final nos tocó bajarnos de la nube. Señor destino, por favor, olvídese de mí durante un tiempo, que ya estoy un poquito hasta las narices!

En unos días espero encontrarme mejor y con ganas de continuar, pero mientras no sea así estaré tranquila en mi casa, acompañada por mis peludetes, que no me han dejado sola desde ayer cuando me dieron la mala noticia. ¿Será que se dan cuenta de las cosas malas? No lo sé, pero mientras escribo esta entrada tengo a Grandullón Amoroso pegado a mí, mirándome de reojo de vez en cuando, persiguiéndome a donde quiera que vaya. 37 kilos de puro amor incondicional que me alegra la mañana.

Y esto es todo! Espero poder escribiros más positiva con el transcurso de los días. Besazos y gracias por leerme!

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