Archivo mensual: abril 2015

8 SEMANAS

Siento el abandono del blog y os agradezco infinitamente vuestra alegría por mí y mis peques; hay toneladas de buena gente en la blogosfera y me siento orgullosa de que parte de esa bondad siempre tenga un huequecito para mí con comentarios bonitos.

Este abandono está totalmente justificado (al menos, a mí me lo parece) y no me parece justo para vosotras que desaparezca sin más sin contaros lo que está ocurriendo.

Mis luceritos están bien, creciendo mucho y latiendo con una fuerza arrolladora. Ya miden 17’5 mm y 16’8 mm; en la última eco parecían dos ositos de gominola de lo más bonitos 🙂 Y aunque ellos estén bien, yo sigo con mis sustos habituales porque he tenido que volver a urgencias por un nuevo sangrado.

Allí vieron un pequeño hematoma que probablemente sea el causante de todo esto, y aunque en la clínica me aseguraron que el hematoma es pequeñito, debo guardar reposo para evitar más sustos y problemas. El objetivo es llegar en las mejores condiciones a las 12 semanas, esperando que con el crecimiento de los mellis el hematoma se reduzca y desaparezca.

Así que aquí estoy, de la cama al sofá y del sofá a la cama sin apenas hacer nada más que leer, ver pelis y transmitirles mucha calma y amor a mis bebés. Me tranquiliza ver lo mucho que han crecido, pero me encantaría vivir esta etapa sin tanto miedo como siento.

Y esa es la razón de que apenas publique nada últimamente. No me apetece coger el portátil y ponerme a escribir de cómo va todo esto cuando no me encuentro en una situación super ideal en la que disfrute al 100% de mi embarazo. Espero que me perdonéis.

Me quedo por aquí y prometo informaros de cada pequeño avance, aunque no escriba tanto como me gustaría. Yo me encuentro bien (exceptuando el malestar, las náuseas y los continuos vómitos) y mis peques crecen a una velocidad maravillosa. He descubierto el significado del amor puro e incondicional, el amor verdadero y la conexión instantánea entre una madre y sus bebés. Cada vez que les veo en el monitor, latiendo con fuerza y cómodos en mi interior, me enamoro un poquito más. Se me llena el cuerpo de vida, respiro hondo y me siento afortunada de poder vivir este momento. A pesar de los contratiempos, no puedo dejar de sentirme realmente afortunada por albergar en mi interior dos pequeñas vidas que han decidido agarrarse bien fuerte para poner mi mundo patas arriba.

Seguid así, luceritos, ya me habéis demostrado lo fuertes que sois y lo decididos que estáis de quedaros conmigo y con papá. Prometo cuidaros, siempre, con todas mis fuerzas. Os amo, tanto tanto que incluso asusta.

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Archivado bajo Mi FIV/ICSI, Primer Trimestre

EL SONIDO DE LA VIDA

Ha sido una ecoespera de lo más accidentada. Me imaginaba que estaría nerviosa, preguntándome continuamente si todo iría bien ahí dentro, pero jamás me imaginé que me llevaría el susto de mi vida debido a una serie de manchados que acabaron en un sangrado preocupante un jueves de madrugada. Lo di por perdido, pensé que este sueño se me escapaba entre las manos.

En urgencias, en la salita de espera, mientras escuchaba niños llorando y las madres acurrucaban a sus bebés, pensé un millón de cosas malas. Pensé que la felicidad me había durado muy poco, que todo nos sale horriblemente mal. Cuando me llamaron a consulta, me hicieron las típicas preguntas de rigor y procedieron a realizarme una ecografía. El corazón iba a salírseme por la boca, nunca había estado tan nerviosa. ¿Estará todo bien? ¿Estará/n bien?

El ginecólogo no encontró justificación para mi sangrado, me aseguró un millón de veces que todo estaba bien y que ellos se encontraban estupendamente. ELLOS. “¿Entonces son dos?”, me atreví a preguntar. Giró la pantalla del monitor hacia mí y vimos dos saquitos preciosos, redondos y perfectos, con sus vesículas vitelinas correspondientes. Pero no se visualizaban los embriones y aquello me preocupó muchísimo. El ginecólogo me aseguró que era muy pronto para ver nada, que yo estaba de muy poquito y no conseguiríamos ver nada. Me comentó que los manchados y el sangrado probablemente serían debido a la implantación y me recomendó reposo relativo y una vida tranquila. Y así lo hice.

Pasaron cuatro días de horrible incertidumbre hasta que acudimos a la clínica para la ecografía que nos convertiría en las personas más felices del planeta o, por el contrario, en las más desdichadas.

Mi doctor movió el ecógrafo y susurró: “Oh, aquí está uno”. No quise mirar la pantalla, me moría de miedo. “Y aquí está el otro coleguita”, dijo a continuación.

“¿Pero están bien?”, pregunté con un hilo de voz.

“Están perfectamente. Míralo por ti misma”.

Y ahí estaban. Dos bolitas, dos cacahuetes minúsculos llenándome de vida. Mis dos vidas, mis milagritos hechos realidad. Vimos sus corazoncitos latir a través de la pantallita y, pulsando un botón, pudimos escucharlos. Rubio y yo nos quedamos boquiabiertos, sin poder articular palabra. Nos cogimos de la mano, nos miramos cómplices y sonreímos como dos tontos. Nuestras dos estrellitas, dos destellos de luz que han venido a iluminar por fin nuestros días. Nos enamoramos al instante de esos luceros diminutos y me prometí a mí misma que me cuidaría todo cuanto estuviera en mis manos para que no les ocurriese nada malo.

Sé que todavía es muy pronto para ilusionarse, pero verlos tan llenos de vida, latiendo con una fuerza arrolladora, me ha cargado las pilas. Necesitaba saber que estaban bien, en especial después del susto del jueves de madrugada. En dos semanas volveremos a la clínica y repetiremos eco para ver cómo van evolucionando, ¡lo estoy deseando!

No puedo olvidarme de vosotras, mis valientes, mis compañeras de lucha, perseguidoras de sueños y expertas en levantaros a pesar de las adversidades. Sé lo que se siente cuando las cosas se ponen difíciles, cuando solo recibes negativos, cuando necesitas una bocanada de aire fresco para poder continuar. Quiero deciros que sois unas personas excepcionales y admirables, y deseo de todo corazón que todas logréis vuestro sueño. Porque todas nos merecemos ser madres. Todas nos merecemos vivir esto.

No diré #SíSePuede porque todavía me queda un camino larguísimo por delante; solo podré decirlo el día que tenga a mis hijos en brazos. Pero no dejéis de luchar, por favor, es lo único que podemos hacer para llegar a nuestros pequeños. El camino es largo y doloroso, repleto de miedos e incertidumbres, pero nosotras somos unas expertas en apartar los malos pensamientos de un plumazo, limpiarnos las lágrimas y tirar para adelante.

Siempre seré infértil y siempre seré una de vosotras, no podría ser de otro modo.

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1997

El valor de mi beta.

Lo desconocía completamente. Cuando me llamaron de la clínica para darme la noticia del positivo, la doctora me comentó que la beta era alta, pero yo estaba tan nerviosa e incrédula que ni siquiera pregunté el valor. Ni siquiera me interesaba. Era positivo y punto, fue lo único que me importó.

Varios días después llamé a la clínica para realizar una consulta y ya de paso pregunté el valor de la beta. Supongo que necesitaba escucharlo para serenarme y tranquilizarme. Me quedé bastante alucinada, me parece realmente alta.

Ahora estoy en ecoespera, deseando que llegue el día señalado y ver si todo va bien. Necesito escuchar ese latido, necesito saber que esto es real.

Los miedos me invaden y no me he permitido disfrutar apenas desde que me dieron la buena noticia hace seis días. Sé que suena egoísta por mi parte, pero no quiero ilusionarme hasta escuchar ese sonido increíble que todas queremos escuchar.

En esto de la infertilidad, los miedos nunca desaparecen, simplemente evolucionan.

Gracias a todas por vuestra alegría y felicitaciones 🙂 Solo os pido un favor más: ¿podéis seguir cruzando los dedos por mí un poquito más?

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