Maternidad prematura

Llegaron de madrugada, apenas diez minutos antes de las 6 de la mañana. 30 semanas estuvieron dentro de mí, proporcionándome miedos y alegrías, permitiéndome descubrir el amor verdadero.

Abrieron los ojos al mundo demasiado pronto, todavía no era el momento. Jamás he sentido tanto miedo en toda mi vida. Rotura de bolsa. Contracciones imparables. Cesárea de urgencia. Parto prematuro. Mellizos prematuros. Ingreso hospitalario en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales.

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Recuerdo el momento en el que nacieron mis hijos como algo frío y cargado de terror. No pude decirles “Bienvenidos al mundo”. “Por favor, luchad, sed fuertes, quedaos conmigo”, fueron los pensamientos que me asaltaron mientras se los llevaban a toda prisa al área de Neonatos introducidos en el interior de una incubadora.

Los escuché llorar y lloré con ellos. No pude verles, no me enseñaron sus caritas bonitas. Fue Rubio el encargado de presentarme a mis pequeños a través de una foto en su móvil mientras me reponía en la sala de reanimación. Eran pequeñitos, demasiado frágiles y vulnerables para este mundo, me necesitaban y yo no podía ni siquiera cogerles en brazos.

Casi dos días después de su nacimiento pude conocerles. Una celadora muy agradable me llevó en silla de ruedas al área de Neonatología para presentarme a mis hijos. Recuerdo ese momento como si fuera ayer: el corazón me bombeaba a toda velocidad, me sudaban las manos y un nudo de preocupación se había quedado atrapado en mi garganta, imposible de tragar. Hacía mucho calor en aquella pequeña sala llena de incubadoras, las máquinas no dejaban de pitar. Las enfermeras me miraban cómplices, sonriéndome y transmitiéndome fuerza. Cuando los vi, desnudos dentro de las incubadoras, me derrumbé. Me llevé la mano a la boca, intentando en vano detener un sollozo que muy pronto se convirtió en un lamento incontrolable.

Me costó un gran esfuerzo dejar de llorar. Bebé I., a pesar de la prematuridad, se encontraba fuerte y sano, aunque aquello no consiguió tranquilizarme tanto como yo había pensado. Bebé E., por el contrario, estaba débil y cubierto por tantos cables que no pude verle la cara hasta que cumplió su primera semana de vida.

Y mientras los contemplaba, pequeños y frágiles, sentí cientos de remordimientos de conciencia culpando a mi cuerpo por no haber protegido lo que más quería, mis tesoros más valiosos. Me duele reconocer que cuando nacieron mis hombrecitos sentí miedo, pánico, un sentimiento atronador que no había experimentado jamás.

Me dieron el alta hospitalaria una semana después de la cesárea y no podéis imaginaros lo desolador que resulta irte a tu casa sin tu bebé. Ya en casa, contaba cada segundo, cada minuto que me faltaba para ir a visitarlos. Mi vida se transformó en algo muy monótono: casa y hospital, y el poco tiempo libre que me quedaba lo empleaba en sacar leche para alimentarlos.

Cada noche se me desgarraba el alma al imaginármelos allí solos, quizás llorando, siendo consolados por otras manos que no eran las mías. Sentí envidia de las enfermeras que bañaban a mis hijos, que pasaban con ellos tantas horas al día, que les cambiaban los pañales, que los consolaban cuando lloraban solicitando cariño. Sentí envidia de todas esas cosas que debería estar haciendo yo.

Ser madre de bebés prematuros es tremendamente duro pero aprendes a apreciar la vida de otro modo. La vida es un regalo y cada pequeño avance de mis hombrecitos me parecía el mayor logro que había experimentado jamás.

45 días estuvimos separados. 45. Es un simple número pero abarca demasiados sentimientos.

Aquella mañana emotiva en la que vestía a mis hijos con la ropa que había escogido para llevármelos a casa la recuerdo con muchísima ilusión. Por fin nos íbamos para casa, por fin comenzaba nuestra nueva vida, por fin seríamos cuatro, por fin mis niños estaban donde tenían que estar: en casa, con sus papás.

Ahora vivo en plena felicidad desde que los tengo conmigo. Adoro mi nueva vida como mamá. Hay momentos duros, la lactancia materna es complicada en ocasiones, pero todo vale la pena con creces. Cuando me levanto por las mañanas y veo esos ojitos de cielo contemplándome desde el otro lado de la cama, sonrío sintiéndome afortunada de todo lo que hemos recorrido y conseguido en estos casi dos meses de vida que tienen mis pequeños.

Y, por fin, después de tanta lucha, puedo dejar de imaginarme cuánto os querré para vivirlo en mi propia piel.

Y todos esos sentimientos se me quedan pequeños.

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18 comentarios

Archivado bajo Y ahora mamá

18 Respuestas a “Maternidad prematura

  1. No puedo evitar llorar al leerte. Tus Príncipes son fuertes como sus padres, y te lo han demostrado cada día. Ahora toca sólo disfrutar y ser feliz, llegaste a la meta tesoro, lo mereces. Un besazo

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  2. Al empezar a leer me he asustado. Menos mal que era un final muy feliz! Un abrazo gigante!!!

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  3. Que duro y que precisó final, no he podido evitar emocionarme. Tus pequeños luchadores ya están con vosotros dispuestos a pasar toda la vida a vuestro lado 🙂

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  4. Te entiendo perfectamente, los mismos sentimientos, hospital casa, sacaleches… Pero con la diferencia es que ti tienes a tus grandes luchadores contigo y mi bebé no resistió mas y a los 16 días de nacer se nos fue, es lo mas duro y desgarrador que lw puede pasar a una mujer,la fuerza que tienen estos pequeños es admirable, enhorabuena por tus bebés!

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  5. Me había asustado.. No hace mucho leí una historia similar con un final muy triste y lo primero que pensé es que había pasado otra vez. Me alegro mucho de que ya esteis juntos y que todo esteis bien. Ahora disfrútalos al 100%,lo demás ya pasó. Felicidades.

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  6. Qué historia de superación!! Tienes a dos campeones, dos luchadores. Felicitaciones!!!

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  7. Tiene que haber sido durísimo, nena. Eso que explicas de irte a casa sin ellos… uf! el simple hecho de que te separaran de ellos directamente al nacer… es uno de mis terrores.
    Ahora ya puedes mirar atrás y verlo como un recuerdo porque tus peques ya están en casa y eso es maravilloso! ahora toca disfrutar de vuestra familia!!

    Un besazo

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  8. Ufff. que congoja! Ahora queda que crezcan sanos y fuertes, con sus papis al lado y recuperar todo el tiempo perdido (o ganado, según se mire… bendita medicina!).

    Un abrazo fortísimo!

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  9. No he podido evitar llorar. Es tan duro lo que cuentas. Menos mal que al final ya estáis juntitos en casa y todo marcha.
    Sé lo que es no poder ver a tu hijo cuando nace, que tardes en verlo (un día en mi caso) y tener que conocerle en una foto. Es muy frío y triste. Así que entiendo el dolor que eso conlleva.

    Ahora disfruta mucho, mucho de ellos. Los primeros meses son complicadillos, pero muy bonitos y llenos de momentos especiales. Vosotros ya habéis superado el peor bache. Así que el resto es tirar para adelante sin más 🙂

    Enhorabuena por la familia que has creado.

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  10. No sabes cómo te comprendo y lo mucho que he llorado leyéndote. Mi hija nació a las 35 semanas. Aunque fueron 5 más que tus peques, yo también viví la sensación de llegar a casa sin ella, de pasarme los dìas (aunque pocos) en la unida de neonatos y de estar separadas durante una noche que fue la más eterna del mundo.
    Me alegro de que estéis juntos. 🙂

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  11. indiamamaluchando

    Uff Elo, emociones a flor de piel…
    no me puedo imaginar lo que habéis pasado tanto tiempo separados de vuestros bebés y todo lo que cuentas…uff se me hace un nudo en la garganta mi niña.
    Pero ya está, ya has dejado de imaginar, ya es real y por fin está la familia unida.
    Que todo siga marchando bien tesoro, abrazos gigantes

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  12. Hola! Aunque este camino haya sido una lucha tras otra me alegro de que al final podamos celebrar un final feliz! Enhorabuena por esos dos campeones que para empezar ya llevan la fuerza de sus papis para superar las adversidades! Disfruta mucho! Besos!

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  13. Muchas mamás como tu vi pasar por mis 4 días en neonatos con mi hijo. Muchas. Demasiadas diría. Todavía no se me ha borrado de la cabeza aquella madre de trillizos prematuros extremos que se sacaba leche con dos bombas en la sala donde otras intentabamos que nuestros chiquitines se agarrasen al pecho. Lloraba. Y yo solo quería darle un abrazo , sin conocerla. Me moría de la pena. Esto nos hace más fuertes, definitivamente.

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  14. Mucho ánimo para criarlos y enhorabuena!

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  15. Un abrazo enorme y toda la energía positiva del mundo… hoy, por fin, he decidido volver a escribir. Pero os he seguido en silencio… vuestras alegrías son esperanza!!

    Un besote, preciosa!!

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  16. Rulo

    Los pelos de punta y lágrimas en los ojos… Sin lugar a dudas, son, sois unos valientes!. Tuvo que ser muy duro; pero como dices en ese dulce final, ya no tienes que imaginar lo que les querrás. Los tienes en tus brazos, a tu lado, los cuidáis, los amáis y creceréis juntos cada día. Os deseo lo mejor familia. Eres una campeona.

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  17. Menos mal que tu historia tiene un final feliz!! Me alegro mucho de que pese a que estuvieran 45 días en una incubadora, todo saliera bien, y ahora ya los tienes en casita disfrutando de ellos. Un besitos!!

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  18. mamacaotica

    Me has puesto la piel de gallina y me han saltado las lágrimas.

    Ser mamá es algo maravilloso y me alegro de que por fin lo hayas conseguido y de que a pesar de esos 45 días sin ellos por fin puedas disfrutarlos como toca. Enhorabuena!!!!

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