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ECO 1: 2º DIA DEL CICLO (SEGUNDA IA A LA VISTA)

Después de que el pasado 31 de agosto mi amiguísima la de rojo se dignase a hacer su aparición, esta mañana acudí a una nueva cita en la clínica. Me gustaría comentaros que hasta hace muy poco siempre tenía consulta con el mismo ginecólogo que, además, es el director del centro y un experto en medicina reproductiva pero por motivos laborales y mis caóticos horarios tuvieron que derivarme a otra doctora porque mi horario y el de mi antiguo ginecólogo eran incompatibles; cuando yo podía, él no y viceversa, y así resultaba imposible coordinarnos. Así que mi primera IA fue de la mano de esta nueva doctora, una chica joven y risueña que siempre intentaba explicarme las cosas lo mejor posible. Esta mañana, para mi sorpresa, la consulta no era con ella, sino con el doctor del principio. A pesar de ser un hombre más serio y no dar grandes explicaciones como la otra, igualmente me siento cómoda con él. Me pidió que me desvistiese y en cuanto comenzó a realizarme la ecografía, su serio rostro se puso más serio todavía.

– Tenemos un quistecillo en el ovario.

– En el derecho, ¿verdad?-dije yo, toda convencida.

– Exacto.

– Ya me lo imaginaba, se me está rebelando mucho últimamente.

Lo más preocupante no es que el dichoso quiste continúe en el mismo sitio, no, lo más molesto de todo es que no ha desaparecido ni empequeñecido a pesar de tomarme la píldora. Es más, continúa siendo exactamente igual de grande que la vez anterior. Al parecer, ya tendría que haber menguado aunque sólo fuera un poquitín. Y no ha sido así.

Y, entonces, el doctor soltó la bomba. Unas palabras que provocaron que todos mis sentidos se pusieran alerta.

– “No me gusta nada. Parece un principio de endometriosis”.

Y yo me quedé callada, sopesando la información, sorprendida y confundida a partes iguales. No sé mucho acerca de la endometriosis, pero uno de los síntomas principales es la infertilidad. He estado buscando información en Internet (lo sé, no debería hacerlo. Soy masoca, ¡qué le vamos a hacer!) y yo no tengo ningún síntoma que me hubiera hecho sospechar que pudiese padecer endometriosis. Nada de nada. Sólo un dolor extraño antes y durante la regla que antes no tenía, pero nada más. De todas formas, todavía no está confirmado del todo, tendrán que seguir echándome un ojo en la clínica y ver qué ocurre finalmente con todo esto.

¿En qué punto me encuentro ahora mismo?

Después de la consulta con mi doctor, una enfermera fue la encargada de realizarme una analítica para medir el estradiol y saber si es posible comenzar la segunda IA. Y en esas estamos, esperando su llamada con impaciencia para conocer el resultado. Prometo editar este post en cuanto reciba su llamada 🙂

Mi doctor estaba casi seguro de que podríamos comenzar así que, por si acaso, me ha dado las pautas para empezar con los pinchazos a partir de mañana si los resultados son los esperados. Y si así fuera, por fin podríamos echarle un pulso a este segundo asalto, que lo estamos deseando.

Sólo es un avance, pero ya es un pasito más cerca de ti, mi cielo. Algún día estaremos juntos, Canica.

P.D.: En cuanto tenga noticias, seréis las primeras a las que pondré al día!

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SABOR A ESPERANZA

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Julio sabe a esperanza. Sabe a ilusión. Sabe a perder el miedo, a intentarlo con todas nuestras fuerzas a pesar de lo que pueda ocurrir, a pesar del resultado. Sí, julio sabe a todas esas cosas bonitas porque por fin, después de todos los contratiempos y el maldito quiste que parecía no querer abandonarme (y que no lo ha hecho), mi IA ya es algo real!

Hace tres días, acudí a una nueva consulta en La fábrica de sueños. Os recordaré que me recetaron la píldora anticonceptiva para intentar deshacernos del quiste tan inoportuno que me había salido y al tercer día de la regla debía realizarme una nueva ecografía y una analítica hormonal. Para no variar, el quiste seguía ahí, ruín y traicionero, y a pesar de su diminuto tamaño (5 mm!) mi Gine quiso quedarse más tranquilo y me envió al laboratorio para que la enfermera me hiciese una analítica y medir el estradiol, entre otras cosas.

Cuando entré en aquel cuarto, pequeñito y repleto de bártulos, un cosquilleo agradable me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. Me hubiese encantado que Rubio estuviese allí conmigo para que viese lo que yo vi. Tres de las paredes estaban cubiertas con las fotos de los bebés que habían nacido gracias a mi clínica. Algunas de las fotos tenían breves mensajes escritos en una esquina, dando las gracias por ayudarles a cumplir su sueño. Y, mientras me realizaban la analítica, contemplé con una ilusión inmensa aquellas caritas tiernas y hermosas, la razón de ser de sus padres, la alegría de una casa en la que un bebé había costado tanto esfuerzo. Y me dejé llevar. Y pensé que, algún día, yo misma podría llevar una foto de mi Canica para adornar aquella maravillosa pared. ¡Qué bonito momento sería!

Me fui a casa y esperé la llamada del laboratorio, que debían decirme si todo estaba en regla y podría, por fin, empezar con la medicación. Una hora y media después, sonó el teléfono. Yo me había ido a pasear con mis peludetes para desconectar y no pensar demasiado en lo que podría salir mal, y cuando de repente sonó la melodía de mi móvil, me sentí extrañamente nerviosa. Tenía la sensación de que un nuevo contratiempo detendría nuestros planes, que algo estaría mal en la analítica. Pero no. Todo estaba en orden y podría empezar a pincharme! Me encantaría que sintieseis la ilusión que yo sentí. Fue increíble e indescriptible! Y a pesar del pánico que le tengo a las agujas, nunca me había pinchado con tanta tranquilidad y paz. Lo que hace la ilusión por cumplir nuestros sueños, ¿verdad?

Canica, mamá ya está un poco más cerca de ti. Por favor, no dejes de esperarme! Te prometo que te busco con todas mis fuerzas!

Esta noche me toca mi tercera banderilla y el viernes tengo control para ver cómo va reaccionando mi cuerpo. Cruzad los dedos, espero que todo vaya bien!

Pase lo que pase, julio siempre será el mes en el que comenzó todo. Nuestra lucha verdadera, nuestra ilusión, nuestra esperanza por encontrar nuestro bebé. Pase lo que pase, julio siempre tendrá un sabor agradable.

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UNA TREGUA EN EL CAMINO

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Sonríe. Sonríe porque ningún problema tiene derecho a robarte la sonrisa. Y, si sonríes, parece que todo es más bonito a tu alrededor.

Cuando Rubio y yo descubrimos en primera persona el significado de la palabra Infertilidad, yo dejé de sonreír. Nada a mi alrededor parecía merecerse que yo sonriera, nada era suficiente para que yo me molestase en fingir un esbozo de sonrisa. Con el tiempo aprendí que mi tristeza no me ayudaría, que ella no me sacaría del pozo en el que me encontraba. Yo me encontraba allí abajo, en el fondo de aquel agujero oscuro y no conseguía ver la luz que me indicase la salida. Y cuando caes tan abajo, sólo puedes subir. Y yo subí. Salí de aquel agujero triste y amargado y sonreí.

“Estoy viva, ¡qué coño!”, pensé. No es el fin del mundo. Tengo un marido increíble, una familia genial que me apoya en cada una de mis decisiones y amigos de los de verdad (pocos), de esos que entran en mi casa y abren la nevera para zamparse cualquier cosa que les gusta. De esos amigos que se transforman en familia, que están en las buenas y en las malas, que soportan incansablemente mis continuas pajas mentales.

He de reconocer que hasta que llegué a esa conclusión, mis días eran un tormento. Sólo veía carritos de bebé y embarazadas por todas partes. Mis vecinas se preñaban con pasmosa facilidad, cada vez que me encontraba con una conocida por la calle me anunciaba su embarazo y algunas amigas fueron mamás. Y a mí se me encogía el corazón al ver que todas lo conseguían menos yo. “¿Por qué tiene que ser tan difícil para mí?”, me preguntaba entre lágrimas. “¿Qué tengo yo de diferente a las demás?” le preguntaba a Rubio cuando la tristeza más absoluta se imponía sobre mí.

Rubio nunca sabía qué contestar. Él se quedaba quieto junto a mí, me abrazaba con fuerza y me susurraba al oído: “Tranquila. Todo va a salir bien”. Yo no le creía y me enfadaba con él porque parecía que sólo yo lo estaba pasando mal, que por el único motivo de expresar mis sentimientos sufría más que él. Y Rubio soportaba mis rabietas y mis berrinches, abrazándome en silencio y dándome un beso tierno en la frente (es lo que tiene ser bajita y él un metro ochenta de pura dulzura convertida en hombre).

Lo he pasado mal y sé que todavía queda mucho camino que recorrer, pero hoy quiero sonreír. Qué leches, me lo merezco!

Esta mañana he recogido mis analíticas hormonales, esas a las que le tenía tanto miedo. En la anterior, mi FSH estaba bastante elevada, tanto que la ginecóloga de la S.S. me comentó que aquello no tenía muy buena pinta y que la IA quedaría probablemente descartada por no poder estimular mis ovarios con éxito. Como ya os comenté en anteriores entradas, la FSH es una hormona que juega un papel fundamental en la maduración de los folículos (cada folículo contiene a su vez un óvulo, que será liberado durante la ovulación). Los niveles de FSH indican el estado y el funcionamiento de los ovarios y si estos niveles están elevados corresponden a una insuficiencia ovárica, que es lo que me habían diagnosticado a mí en la última analítica hormonal que me hice. Y aquello me sentó como una jarra de agua fría. Mis óvulos eran de mala calidad y sabía que un embarazo de forma natural quedaba prácticamente descartado. Aunque aquello no fue lo que me preocupó especialmente; lo que más me inquietaba era pensar que tal vez no todos los tratamientos de reproducción asistida funcionarían en mí por esa elevación en los resultados.

Mi FSH se encontraba en 12.6 mUl/ml, cuando el límite en la fase folicular (antes de la ovulación) es de 10 mUl/ml. Desde aquellos resultados, me hablaron de insuficiencia ovárica, fallo ovárico precoz e incluso una posible menopausia precoz. Vamos, todo facilidades para quedarme embarazada (nótese la ironía).

Hace unas semanas, volví a repetírmelos para asegurarnos de que los resultados eran los correctos. Yo quería estar segura completamente de que ese era mi diagnóstico. Hoy fui a recogerlos y abrí el sobre con miedo. Extendí el papel y me preparé para lo peor, algo que suelo hacer muy a menudo para prepararme en caso de que el resultado no sea el esperado. Estaba mentalizada para encontrarme un resultado horroroso, incluso más elevado que la vez anterior.

Actualmente mi FSH se encuentra en 8.6. No me lo puedo creer. Ha bajado muchísimo en comparación con la vez anterior. Lo único que he hecho de diferente ha sido cuidarme más haciendo ejercicio diario y controlando mi alimentación. ¿Puede ser eso el causante de que los niveles hayan disminuído? Si es así, que sean bienvenidos a mi vida el deporte y la comida sana!!

Cuando Rubio entró por la puerta, le conté lo de los análisis y sonrió de oreja a oreja con esa sonrisa suya tan bonita y pura. Avanzó rápidamente hacia mí y me plantó un beso en los labios que casi me da vueltas el sentido, jajaja “Te lo dije, las cosas van a salir bien”, me dijo con convicción.

No sé qué es lo que nos deparará el futuro en el mundo de la Infertilidad pero hoy sólo me apetece sonreír.

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