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CARTA A CANICA

Hola, bebé:

Soy yo, mamá. O, al menos, espero serlo algún día. En días como éstos te siento muy lejos de mí, incluso demasiado como para intentar imaginarte. Todavía no comprendo porqué esto se está poniendo tan complicado ni porqué no puedo tenerte, pero espero poder volver la vista atrás algún día y pensar que estos malos momentos merecieron la pena.

Cada vez siento que me alejo más de ti y aunque intento correr con todas mis fuerzas hacia ti, tú desapareces poco a poco a medida que me voy acercando. Supongo que no poder tenerte me está matando. Supongo que el miedo a no tenerte nunca me deja bloqueada. Supongo que el terror a perderme a mí misma en esta búsqueda me deja sin respiración. Pero no son suposiciones, es una realidad innegable.

Me gustaría que supieras que no dejo de buscarte, de soñarte, de imaginarte, y aunque en días como hoy me fallen las fuerzas, prometo reponerme muy pronto y volver a la carga.

Me pregunto si algún día podremos conocernos al fin, contemplar tu carita preciosa, oler tu piel, sentir tu cuerpecito caliente junto al mío mientras lloras desconsolado recién llegado al mundo. Me pregunto si algún día podré vivir esa experiencia. Me pregunto… Me pregunto tantas cosas que me quedo sin respiración.

Siento que ésto se haya complicado tanto. Siento tener que luchar tanto para tenerte. Siento que no estés aquí, conmigo y con papá, haciéndonos sentir las personas más afortunadas del mundo. Siento que nos haya tocado vivir esto, que las cosas sean tan difíciles. Siento ser tan negativa a veces.

Seguiremos buscándote, mi chiquitín. Confía en nosotros, por favor. Cree en nosotros. El camino es largo, pero llegaremos. Prometemos darte lo mejor de nosotros, demostrarte cada día lo mucho que te deseábamos en nuestras vidas. Nunca te sentirás solo, mi bebé. Nosotros siempre estaremos aquí para ti. Porque  papá y mamá ya te quieren incluso antes de conocerte.

Te esperamos, mi cielo, no sabes con cuánto anhelo.

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SIGO REFLEXIONANDO

En mi última entrada, os hablaba de los sentimientos que he experimentado como infértil a lo largo de todo este camino que todavía no se ha acabado. Esta vez me gustaría hablaros de un sentimiento extraño, confuso, un sentimiento que me ha hecho sentir como una persona horrible en más de una ocasión.

El dolor que sientes por dentro cuando te enteras de un embarazo de una persona muy cercana. Algo se te desgarra por dentro, tienes ganas de llorar de rabia, pero sonríes y actúas lo mejor que puedes. Ese sentimiento me ha hecho sentir una mala persona, alguien despreciable, y me ha costado muchísimo aceptarlo y comprender qué estaba pasando en mi cabeza.

Hace unas semanas me enteré de que un amigo íntimo sería papá en diciembre. Y hace tan solo unos días, me envió las ecografías de su bebé. Y algo se me rompió por dentro. Un dolor profundo, una presión en el pecho imposible de ignorar, una angustia que no supe controlar. ¿Cómo explicar que me alegro por él pero una parte de mí se siente dolida con la noticia? ¿Cómo explicar que me encantaría estar en su lugar, ser yo la que enviara las ecografías de mi bebé, que lo daría todo por cambiarme por él? ¿Cómo explicar que yo lo intento con todas mis fuerzas y no puedo tenerlo? ¿Cómo explicar que mi mayor sueño es ser mamá y que apenas rozo ese deseo con los dedos? ¿Cómo explicar que no me alegro tanto como a él le gustaría? ¿Cómo explicar todos esos sentimientos locos y contradictorios que pululan por mi mente levantándome dolor de cabeza? ¿Cómo explicar el viaje que he emprendido sin saber cómo acabará? ¿Cómo explicar…? Y es entonces cuando pienso si algún día lo conseguiré. Si todo este dolor y esfuerzo valdrán la pena. Si esta historia tendrá un final feliz para mí.

Demasiadas preguntas. Demasiados sentimientos. Demasiado todo. Cuando vi aquellas dos ecografías por primera vez, un cosquilleo extraño recorrió mi estómago. Ese bebé, esa preciosa forma en la oscuridad de la pantalla, es todo cuanto yo deseo. Pero no puedo. No puedo y eso me destroza por dentro. Me quedé demasiado tiempo viendo aquellas fotos, dolida de que algo tan sencillo para los demás, a mí me esté costando tanto. Porque esa preciosa forma en la oscuridad de la pantalla sería mi felicidad más absoluta. Y aunque quiero, aunque lo deseo con toda mi alma, parece que eso no es suficiente.

Supongo que da igual todas las veces que repita que deseo ser mamá. Supongo que resulta indiferente saber que me muero por crear vida en mi interior. Todo eso da igual porque, por ahora, mi sueño no va a cumplirse. Pero es así. Es una realidad. Un deseo profundo en el interior de mi alma. Quiero ser mamá! Quiero ilusionarme con mi primera ecografía, quiero sentir a mi bebé dentro de mí mientras me patea las costillas, quiero preparar con amor y mimo sus cosas, quiero sentirme abrumada por los sentimientos tan fuertes que me hará sentir incluso antes de conocerlo. Quiero que me cambie la vida, que inunde mi casa de risas, que haga sentir plena mi alma.

Y me duele, me duele tantísimo que todo sea tan complicado. Bebé, mamá no dejará de buscarte nunca, aunque le fallen las fuerzas. A mamá le gustaría ser más fuerte, no dejarse llevar tanto por las emociones, pero no puede. Ha llorado mucho por no haberte podido conocer todavía, quizás demasiado. Pero, créeme, mamá sabe que todas sus lágrimas algún día serán recompensadas. Porque cuando te tenga entre sus brazos, bebé, el alma de mamá se llenará de luz. Una luz que sólo proyectarás tú.

Mamá te quiere con todo su corazón; algún día podrá demostrártelo con achuchones y abrazos a todas horas. Ese día, mi Pequeña Canica, sabrás lo que es el amor incondicional de mamá! Pero nunca olvides que ya te quiere como si ya estuvieses aquí. Le pareces absolutamente perfecto incluso antes de conocerte! Son cosas de mamis, algún día lo comprenderás.

La infertilidad te hace experimentar emociones que creías no tener. Sentir un extraño dolor cuando te enteras de un embarazo muy cercano es uno de los nuevos sentimientos que yo he experimentado, y de los que más me desagradan. No me malinterpretéis, me alegro muchísimo por mi amigo, pero me duele que las cosas no sean tan sencillas para mí. A veces, fingir que estás bien y sonreír cuando te desmoronas por dentro es demasiado difícil.

Esta entrada he querido completarla con una canción que hoy en día me provoca un nudo en la garganta cada vez que la escucho. A pesar de no pertenecer a mi estilo de música, me ha maravillado tanto que no podía darle de lado mientras os abría mi corazón contándoos todo lo que he experimentado desde hace unos días. Esta canción tiene un significado especial para mí porque cada vez que cojo el tren para ir a la clínica, la escucho en alguna parte del camino. Cada vez que tengo cita en La fábrica de sueños, suena esta canción. Ya sea en el coche de camino a la estación, o en la radio de algún coche que pasa cerca de mí por la calle o en la cafetería en la que paro a tomar el desayuno.

Y cada vez que la escucho, se me pone un nudo en la garganta imposible de tragar. La letra es preciosa, transmite mucho sentimiento con cada una de sus palabras. Cuando la escuché por primera vez, fue Rubio quien vino de repente a mi mente. Porque todo de mí ama todo lo de él. Porque sin él este viaje incierto no tendría sentido. Porque él siempre me da todo de él sin esperar nada a cambio, me impulsa a continuar porque sabe que la recompensa valdrá mucho la pena. Porque él es mi principio, pero sobre todo mi final.

Mi vida, si algún día lees esto, sólo quiero agradecerte todo lo que me das cada día. Serás un padre increíble!

Y a ti, mi bebé, no dejes de esperarme porque muy pronto te encontraré. Ten fe, mamá es muy cabezota cuando se lo propone!

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19 junio, 2014 · 19:07

DÍAS GRISES

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Fuera, las nubes grises cubren casi por completo los rayos apagados del astro rey. Llueve con fuerza, la lluvia impacta contra las ventanas rompiendo el silencio de mi habitación. Hace frío y viento. Las ramas de los árboles del jardín bailan al son caprichoso que impone la gélida brisa.

Estos últimos días no han sido días fáciles. Me siento cansada, harta de todo y de todos, enfadada con el mundo, dolida con mi cuerpo caprichoso que ha decidido jugar su propia partida sin tenerme en cuenta. Apenas me reconozco y eso me duele. Me duele profundamente. ¿Dónde está aquella chica sonriente que siempre hacía reír a los demás? ¿Dónde se esconde aquella chica llena de chispa y despreocupada, la que siempre estaba dispuesta a ayudar a los de su alrededor? ¿A dónde se ha ido esa chica cariñosa y divertida, la que nunca faltaba en una buena reunión de amigos y divertía a todo el mundo? Esa chica está cansada. Cansada de fingir que todo va bien mientras todo se desmorona por dentro. Cansada de luchar, de sacar fuerzas de donde no las hay. Cansada de los negativos. Cansada del dolor. A esa chica la infertilidad le ha cambiado la vida. Esa chica necesita, por primera vez, que la ayuden a ella. Que alguien comprenda su dolor y su desánimo, que alguien intente ponerse en su lugar. Necesita, más que nunca, sentirse comprendida y querida.

Me gustaría que todo esto no me afectara. Me gustaría ser más fuerte. Pero no puedo. Son demasiadas preocupaciones, demasiados problemas, demasiado… Todo. Agradecería que los demás se pusiesen en mi lugar más a menudo. Yo siempre lo he hecho, siempre he intentado ponerme en el lugar del otro para sentir lo que él siente. Eso me ha ahorrado muchas discusiones con Rubio. Esto no es una obsesión, no es un capricho, no es tan fácil como relajarse y dejar que la naturaleza intervenga. No, señores. Las cosas no son tan fáciles. Los primeros meses, fui la persona más despreocupada del mundo, ni siquiera me dolían los negativos. Y ni siquiera esa despreocupación consiguió que mi pequeña Canica fuese parte de mí.

Ay, Canica, ¿por qué nos lo pones tan difícil? Papá y mamá intentan ser fuertes por ti, te buscamos incansablemente… Y parece que eso no es suficiente.

Estoy harta de las lágrimas y del dolor que siento en el corazón cada vez que alguna vecina o amiga me pregunta “¿Y tú para cuándo?”. Me gustaría gritar tantas cosas que me quedo muda de la impresión.

Después de salir de nuestra consulta en Fertilidad, mi mente comenzó a dar muchas vueltas, a barajar diversas opciones, a pensar demasiado. Recuerdo perfectamente la frase de la ginecóloga que provocó que me preocupara tanto: “Uy, esta FSH está un pelín alta. No todos los tratamientos son válidos si la FSH no es correcta. Puede darte problemas”. 

Y comencé a buscar información. Internet es un gran aliado en esto, pero también un verdugo. No toda la información que aparece en San Google es buena ni correcta. Esa dichosa hormonita, la FSH, no es otra cosa que un indicativo de nuestra reserva ovárica y la calidad de nuestros óvulos y, al parecer, la mía está un pelín por encima del límite.

¿Qué hacer? La verdad es que me encuentro un poco perdida. La ginecóloga de la Seguridad Social me asustó bastante, para qué mentir. Me hizo ver que mi FSH es muy elevada (está por encima de 10 y parece ser que eso es demasiado) y que las opciones y las alternativas no son demasiadas. En cambio, en la clínica privada, no nos lo han pintado de un modo tan fatalista. Rubio y yo estamos muy perdidos. No sabemos qué hacer, a quién creer, de quién fiarnos, en quién confiar. En unos días me haré un segundo análisis hormonal para volver a echarle un ojo a la FSH, la LH, el Estradiol y la Progesterona. Y una vez tengamos los resultados, decidiremos qué hacer.

Rubio quiere luchar. Quiere tirar hacia adelante. No quiere detenerse, no ahora que estamos en mitad del camino. Pero a mí me asaltan muchas dudas. Si mi reserva ovárica es mala, ¿qué opciones me quedan? Una IA queda totalmente descartada y probablemente una FIV también. He leído que muchas de las mujeres a las que se le ha diagnosticado una FSH elevada han tenido que recurrir a la ovodonación. No quiero adelantarme a los hechos, no quiero ponerme en lo peor, pero a veces es lo mejor para que la caída sea menos dolorosa. De todas formas, si la ovodonación fuese nuestra única opción, nos iríamos de cabeza a ella.

No necesito un clon de mí, sólo quiero ser mamá, quiero sentir a Canica dentro de mí. No me importa que genéticamente no se parezca a mí, eso es lo menos importante.

Rubio no quiere que yo piense en esas cosas. Él no es tan tremendista y fatalista como yo. Él quiere pensar que algo bueno nos está esperando a la vuelta de la esquina. Él quiere creer que el destino nos deparará un final feliz. Si no podemos ir a IA, la FIV será nuestro próximo destino.

Ay, Rubio, cuánto me duele no poder cumplir tu sueño. Cuánto me duele no poder hacerte padre. Veo la tristeza en tus ojos y tu dolor me desgarra por dentro y duele como mil demonios. Eres una persona increíble, la persona más increíble que he conocido jamás y serás un padrazo, estoy segura. Canica estará orgulloso del papá genial que tendrá, el que hará posible que nuestro sueño se cumpla, el que no se rinde jamás, el que tira de mí y de él con todas sus fuerzas.

Estos días son difíciles y lo seguirán siendo hasta que los resultados no lleguen a mis manos. Y cuando así sea, resolveremos todas nuestras dudas.

Después de este largo camino, después de las lágrimas y los malos momentos, cuando te tenga entre mis brazos, mi hermoso bebé, imagina cuánto te querré.    

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