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1997

El valor de mi beta.

Lo desconocía completamente. Cuando me llamaron de la clínica para darme la noticia del positivo, la doctora me comentó que la beta era alta, pero yo estaba tan nerviosa e incrédula que ni siquiera pregunté el valor. Ni siquiera me interesaba. Era positivo y punto, fue lo único que me importó.

Varios días después llamé a la clínica para realizar una consulta y ya de paso pregunté el valor de la beta. Supongo que necesitaba escucharlo para serenarme y tranquilizarme. Me quedé bastante alucinada, me parece realmente alta.

Ahora estoy en ecoespera, deseando que llegue el día señalado y ver si todo va bien. Necesito escuchar ese latido, necesito saber que esto es real.

Los miedos me invaden y no me he permitido disfrutar apenas desde que me dieron la buena noticia hace seis días. Sé que suena egoísta por mi parte, pero no quiero ilusionarme hasta escuchar ese sonido increíble que todas queremos escuchar.

En esto de la infertilidad, los miedos nunca desaparecen, simplemente evolucionan.

Gracias a todas por vuestra alegría y felicitaciones 🙂 Solo os pido un favor más: ¿podéis seguir cruzando los dedos por mí un poquito más?

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LA TRANSFER: UN MOMENTO MÁGICO

Para mí, uno de los momentos más bonitos que he experimentado en mi vida y junto a Rubio, ha sido nuestra transferencia. No podría describiros con palabras ese momento. Ahí estábamos nosotros dos, una pareja de soñadores con todas sus ilusiones puestas en un diminuto embrioncito que podría convertirse en el motivo más grande de su felicidad.

Para la transferencia nos llevaron al mismo quirófano en el que se realizó mi punción y, al igual que en la anterior ocasión, mis nervios estaban a flor de piel. Vestida con una bata abierta por atrás y unas zapatillas que también me proporcionaron allí, me subí al potro con todas mis ilusiones revoloteándome en el estómago. Rubio se sentó a mi lado, pendiente en todo momento del monitor de nuestra derecha.

El gine nos indicó cuándo debíamos mirar al monitor y, entonces, lo vimos. Un destellito de luz blanca que entró en mí a toda prisa, provocándome un amor inmenso hacia esa estrellita tan linda. Rubio no dejaba de acariciarme la cara y el pelo, emocionado de ver a su chiquitín. Ha sido un momento en pareja precioso, realmente intenso. Por un breve momento desvié mi atención del monitor y le miré, y sentí que no podría haber escogido a una persona mejor con la que compartir mi vida. Serás un gran padre, mi vida, nuestro bebé se sentirá realmente afortunado.

Finalmente, hemos puesto un embrioncito y no dos, como habíamos pensado. Antes de la transferencia, el doctor vino a vernos a la habitación y nos informó que dos de los embriones eran buenos y otro no tanto, y que debido a mi edad y a lo bonito del embri, nos aconsejaba transferir solo uno. Nosotros íbamos con la idea de poner dos, sobre todo para aumentar las posibilidades de que al menos uno de ellos se quedase con nosotros, pero decidimos dejarnos aconsejar y, finalmente, nos pusimos a uno de los embris. Ahora Bonito y NoTanBonito (para los demás, para mí siempre será precioso) han sido congelados y serán nuestro Plan B (que espero no necesitar por ahora) 😉

Así que aquí estoy, con Canica dentro de mí, cuidándolo mucho y dándole mucho calor y amor para que decida quedarse. Con mi familia no tengo palabras, me están cuidado tanto que no puedo dejar de sentirme afortunada por la gente que me rodea. No le hemos dicho a ninguno de nuestros amigos nada de la FIV y tampoco a muchos miembros de nuestra familia, pero Super Papás, Tía Favorita y Abuela Dulce están al tanto de todo y me están cuidando muchísimo. Super Mamá hoy no ha ido a trabajar para quedarse conmigo y no dejarme hacer ninguna tarea en casa (es que me la como!), Super Papá se emocionó mucho al ver la fotito de nuestra Canica, Tía Favorita no ha dejado de achucharme a cada momento y Abuela Dulce ha venido a desearme lo mejor, cargada con su amor característico. A la pobre la han operado de la cadera hace unos meses y hoy ha venido a verme caminando con sus muletitas; se ha sentado a mi lado y me ha arropado con la manta, mirándome con esa mirada suya que transmite tanto.

Cuídate mucho, cariño. Y cuídalo mucho, tiene que quedarse con nosotros, me dijo. ¡Si es que no se puede ser tan dulce!

La beta será el 2 de febrero, dentro de 12 días, y esta vez me he propuesto vivirla de otra manera, más relajada y sin darle muchas vueltas al tema… Ojalá lo consiga!

Canica, cielo, ¡agárrate fuerte!

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