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DÍAS 10, 11, 12, 13, 14 Y 15 DE LA BETAESPERA

Para mí, la espera se ha acabado. El resultado no es, evidentemente, el que yo deseaba. A pleno día 12 post IA comencé a manchar marroncito, lo que provocó que se me saltasen todas las alarmas. “Puede que sea sangrado de implantación”, pensé. Pero rechacé la idea casi al instante. “Vamos, Elora, deja de engañarte a ti misma. Estas cosas no te pasan a ti, lo tuyo siempre acaba mal”. 

Y así fue. Un día más tarde, en el día 13 post IA, me vino la regla. Y todo se acabó. La ilusión desapareció y los sueños fueron arrojados a la basura. Otra vez. Este segundo negativo me ha dolido muchísimo más que el primero. Tanto, que no he sido capaz de derramar ni una sola lágrima. Ni una. Se me ha quedado el dolor dentro, estancado, atrapado, quedándose conmigo hasta que decida marcharse. Soy una persona muy emotiva y sensiblona, me cuesta horrores contener mis sentimientos y sólo llorando consigo soltar todo lo que llevo dentro, toda la impotencia, el dolor y la frustración se van evaporando con cada lágrima derramada.

Pero esta vez no he sido capaz de hacerlo. No he llorado, el cuerpo no me lo pedía. Y eso es lo que verdaderamente me aterra, que ese dolor se haya quedado instalado dentro de mi cuerpo hasta que él decida que ha llegado el momento de marcharse. Y no sé cuánto tiempo tardará en desaparecer.

Ahora que había conseguido remendar los pedacitos rotos de mi corazón después del primer negativo, siento que tengo que volver a empezar y que esta vez no será tan fácil.

Mañana tengo consulta en la clínica y les plantearé muchas dudas que tengo ahora mismo en mi cabeza. Por supuesto, una tercera IA queda descartada. No quiero sufrir más a cambio de un porcentaje de éxito tan pequeño. Mis ilusiones son mucho más grandes como para malgastarlas y pisotearlas en más intentos como éste. Tanto Rubio como yo preferimos pasarnos a FIV, tal vez así alcancemos nuestro sueño.

Y esto es todo. Hoy no tengo fuerzas para más. Gracias a todas las que me habéis acompañado en esta betaespera, me habéis hecho sentir que no estoy sola y que nunca lo estaré. Gracias infinitas!

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DÍAS 7, 8 Y 9 DE LA BETAESPERA

Los días han pasado tan increíblemente rápido que apenas me he dado cuenta de que el lunes de la semana próxima será el momento de la beta. Siete días me separan del temido resultado. Aunque me estoy preparando para escuchar algo que no deseo, resulta igualmente doloroso que te confirmen que no te equivocabas en tus sospechas. De todas formas no quiero adelantar nada, así que dejaré que los días sigan su curso como he estado haciendo hasta ahora.

Este fin de semana nos lo hemos pasado en grande Rubio y yo. Todo se ha basado en desconectar, pasar un buen rato juntos, disfrutar de los pequeños detalles y atesorar los momentos que tan mágicos me parecen ahora. No hemos parado ni el sábado ni el domingo, cosa que he agradecido enormemente porque en mi cabeza no hay tiempo para pensar en malos resultados por segunda vez.

Para empezar, el sábado por la mañana me fui de compras con unas amigas. ¡Madre mía, cuánto le necesitaba! Hacía un montón que no me iba de compras, en parte debido a los tratamientos, que nos tienen a Rubio y a mí cuidando mucho los gastos y poniendo especial atención a no despilfarrar más de la cuenta. Así que lo disfruté muchísimo, ¡había tantas cosas bonitas que me gustaban! Aún así, sólo me compré dos cositas, el sentimiento de culpa se apoderaba de mí por momentos! jajaja

Por la noche, nos fuimos de cena con la familia y nos divertimos muchísimo. Llegamos a las tantas, estábamos cansadísimos y caímos fulminados en la cama hasta la mañana siguiente, que Rubio me llevó a desayunar a una cafetería acogedora y super mona donde nos pusimos hasta arriba con un desayuno de campeones. El tiempo nos había concedido una tregua, hacía calor y el sol brillaba, y apenas había nubes que oscurecieran el cielo claro y despejado. El domingo por la tarde pasamos el rato con nuestro ahijado, una preciosidad de casi dos añitos que nos tiene totalmente enamorados. Disfrutamos muchísimo cuando estamos con él, cada vez que me abraza o me coge de la mano mi corazón dolorido se recompone un poquito más. Me encanta ver a Rubio con él, la ilusión en sus ojos cada vez que nuestro pequeñín lo escoge a él para jugar a la pelota o subirse al tobogán. ¡Me llena el alma de felicidad!

Y para terminar, por la noche, nos fuimos a cenar a un italiano con unos amigos, uno de nuestros restaurantes favoritos en donde sirven una comida riquíiiiiiiiiisima! Como veis, un fin de semana completito, disfrutado al máximo. No podría pedir nada más!

Apenas he tenido molestias más allá de las archi conocidas provocadas por la progesterona: sueño, dolor en los pechos y poco más. No quiero pensar demasiado en síntomas y cosas así, de modo que apenas le doy importancia a las molestias o dolores que voy sintiendo con el paso de los días. Para mí, todo es fruto de la progesterona, igual que la primera vez.

Los días pasan y ya falta menos para conocer el resultado. Si éste no fuera el deseado, no quiero tomármelo tan mal como en mi primera IA. Pensaré que ya estoy un pasito más cerca de mi bebé, que es cuestión de tiempo formar la familia que tanto deseo.

No es un camino fácil, lo sé, pero quiero intentarlo. Y algún día, con un poquito de suerte, recordaré esta lucha como una de las mayores muestras de fuerza y perseverancia que he experimentado jamás.

Un beso gigantesco para todas las que leéis!!

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DÍAS 3, 4, 5 Y 6 DE LA BETAESPERA

Mañana se cumplirá una semana de mi segunda IA y, actualmente, me encuentro en mi sexto día de betaespera. Los días comienzan a moverse rápidos por el calendario, las mañanas se transforman en noches a una velocidad vertiginosa, el cielo despejado desaparece engullido por el oscuro firmamento cubierto de estrellas. Sí, los días avanzan veloces, incluso más rápidos de lo que había esperado. Cuando me he dado cuenta, ya había pasado una semana prácticamente de aquella mañana de sueños y esperanzas.

A diferencia de la otra vez, esta vez he decidido pasar del tema del Aquarius y los pies calentitos. Ya lo hice en mi primera IA y no funcionó. He decidido hacer caso omiso de los tópicos y dejarme llevar por mi instinto. Me hidrato mucho, bebo mucha agua y si tengo calor, llevo los pinreles al descubierto, que así se está más a gusto. De hecho, anoche fue la primera vez que dormí con calcetines desde que comenzó la betaespera. Si salgo a tomar algo con mis amigas, entonces sí me pido un Aquarius porque, sinceramente, el agua comienza a aborrecerme!

Además, a diferencia de mi primera betaespera, esta vez he recuperado el ejercicio. La otra vez no quise hacer demasiados esfuerzos ni correr ni nada por el estilo. Una auténtica estupidez pero mi mente en ocasiones se preocupa en exceso. Así que he vuelto a hacer ejercicio; nada del otro mundo, camino cada día una media de 30 ó 45 minutos a buen ritmo, hidratándome mucho y sin bajar la intensidad. No soy una persona enferma, no tengo porqué quedarme en casa sin hacer nada, aguardando el momento de la temida beta. Soy una persona que está poniendo todas sus ilusiones en esto, y no pienso tirarme quince días pensando lo que puedo o no puedo hacer por miedo a fastidiarlo todo.

Así que, resumiendo, no estoy haciendo nada especial, llevo una vida absolutamente normal, he vuelto a practicar algo de deporte y voy sin calcetines más que nunca. ¡Fuera miedos y malos pensamientos!

Respecto a síntomas o molestias… La verdad es que no hay mucho que decir respecto a esto. Por las noches siento de vez en cuando algún pinchacito molesto en los ovarios, pero poco más. El pecho me duele un poquitín, pero es fruto de la progesterona (sé que es debido a esto porque la progesterona y yo somos íntimas amigas y ése suele ser uno de los síntomas que siempre suelo sentir).

No hay síntomas, no hay dolor, no hay nada de nada. Igual que la otra vez. Lo hecho, hecho está, y ahora sólo queda esperar. Soy una persona optimista y espero que muy pronto pueda tener mi anhelado positivo, pero desconozco si esta IA será la encargada de dármelo.

En fin! Que me voy por las ramas y no quiero que penséis que los malos pensamientos han anidado en mí! Sencillamente estoy esperando, deseando con toda mi alma una buena noticia pero preparándome para asimilar algo que no quiero oír.

¡Ya falta menos!

hope blanco y negro

Un besazo muy gordote a todas las que estáis ahí preocupándoos por mí! 🙂 Gracias a vosotras este momento de mi vida no se me hace tan cuesta arriba, y nunca tendré las palabras suficientes para agradecéroslo.

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DÍA 2 DE LA BETAESPERA

El sábado nos levantamos temprano. Cuando me asomé pensativa por la ventana, unas nubes grises avanzaban lenta y pausadamente a través del cielo apagado y sin vida, anunciándonos una mañana que no tardaría en transformarse en lluviosa. Desayuné con calma y me duché a toda prisa mientras Rubio aprovechaba los últimos minutos metido en la cama. A las 10 en punto, estábamos en la clínica. Nos estaban esperando.

Yo tomé asiento en la sala de espera mientras Rubio desaparecía a través de los pasillos acompañado de una enfermera. Me dediqué a visitar mis redes sociales favoritas mientras tanto; es decir, les conté a mis chicas de la #infertilpandy que ya habíamos llegado y que la cosa era casi casi inminente y cotilleé un rato el Facebook hasta que Rubio vino a buscarme a la sala de espera.

Teníamos dos horas por delante hasta que llegase el momento de la IA, así que decidí decidimos pasar el rato en un centro comercial. Primero fuimos a desayunar porque con las prisas, Rubio no había comido nada antes de salir de casa. Yo sólo me tomé un zumo de naranja natural para acompañarle, pero no logré acabármelo porque los nervios (traicioneros ellos!) habían comenzado a cerrarme el estómago. Dimos un paseo hasta llegar al centro comercial, hablando de nuestras cosas y echándonos unas risas. Por un momento, la idea de que nos someteríamos a nuestro segundo tratamiento de reproducción asistida en apenas dos horas se esfumó y nos permitió disfrutar el uno del otro, sin pensar en nada más. El tiempo en pareja y no permitir que la infertilidad domine nuestra relación es muy importante para nosotros, así que pasamos un tiempo agradable dedicándonos únicamente a contemplar televisores nuevos, imaginarnos una nueva remodelación en nuestra casa, probarnos ropa, cotillear videojuegos, música…

Cuando nos quisimos dar cuenta, apenas faltaba media hora para la IA, así que nos marchamos y regresamos por el mismo camino sin darnos mucha prisa, disfrutando del trayecto y sin pensar demasiado en lo que estaba a punto de ocurrir. Por suerte para nosotros, el día había despejado considerablemente y las nubes oscuras habían desaparecido para dejar paso a un sol radiante lleno de vida. Era un día fantástico!

Ya en la clínica, tardaron más de media hora en llamarnos para llevar a cabo la IA. A Rubio le fastidia la impuntualidad en general y se revolvía en su asiento sin saber muy bien qué hacer. Y cuando nos llamaron por fin, cuando pronunciaron mi nombre, el corazón casi me da un vuelco.

Esta segunda IA ha sido muy especial para mí. No ha tenido nada que ver con la primera. ¿Que por qué? Os lo contaré con mucho gusto! La doctora que me inseminó (nunca la había visto antes, mi gine no estaba y fue ella la encargada de todo) tuvo la consideración de dejar pasar a Rubio conmigo. La otra vez él no pudo acompañarme por motivos laborales y yo entré sola en aquella habitación mientras Super Mamá esperaba nerviosa en la sala de espera. Y os puedo asegurar, que pase lo que pase, siempre será un momento precioso. Yo me tumbé en la camilla, con los pies en los estribos, y él se sentó justo a mi lado, a la espera del gran momento. Estaba un poco nervioso, aunque intentaba disimularlo, y no dejaba de acariciarme el pelo y la cara. Me sentí muy reconfortada de tenerlo allí conmigo, y en el fugaz momento en que se entrecruzaron nuestras miradas, comprendí que él haría más allá de todo lo posible por cumplir nuestro sueño.

Porque él es así. Noble, gentil, cariñoso, leal. No puede evitar hacer todo cuanto esté en su mano por hacerme feliz. Y en aquel breve segundo que nos miramos a los ojos, todo a nuestro alrededor se detuvo. Me sonrió con esa sonrisa traviesa suya y yo me sentí como en casa, segura y a salvo.

Mientras la doctora introducía la cánula en mi interior, no pude evitar emocionarme. No solté ni una sola lágrima, pero por dentro pensaba que ese podría ser el principio de algo maravilloso. Y yo me moría porque así fuera. La doctora nos dedicó unas palabras amables y cariñosas, nos deseó mucha suerte y nos proporcionó las instrucciones de ahora en adelante hasta la beta. Me pareció una mujer muy cercana y humana con sus pacientes.

Nos dejaron 15 o 20 minutos a solas en aquella habitación pequeña y blanca, momento que Rubio aprovechó para toquetear y juguetear con los pedales de la camilla en la que yo estaba tumbada. Sí, habéis leído bien! jajaja No puede estarse quieto! 🙂

Al salir de allí, miré el móvil y vi que tenía un mensaje. Era de Super Mamá.

¡Hoy es el día! Tengo buenas vibraciones, ¡suerte! Os quiero!

Sonreí y me sentí muy reconfortada de tener la madre que tengo. No podría estar más agradecida.

Más tarde, fuimos a comer un menú gigante del Burguer King, ¡nos moríamos de hambre! Y cuando nos quisimos dar cuenta, ya había llegado la hora de volver a casa. Para mí, había sido una mañana de lo más entretenida, nada que ver con los nervios y agobios de la primera vez.

Mientras volvíamos a casa en coche, yo lo miraba conducir por el rabillo del ojo y no podía dejar de pensar que será un gran padre. Sí, sé que lo será porque ya quiere a su bebé incluso antes de conocerlo. Porque está luchando mucho para conseguir que seamos padres. Porque está haciendo muchos sacrificios y trabajando muy duro para que nuestros ahorrillos no desaparezcan y podamos seguir intentándolo en la clínica. Porque sueña cada día que lo conseguiremos, que cada vez estamos más cerca. Porque ese bebé es tan importante para él que removerá cielo y tierra sólo por tenerlo entre sus brazos.

Y yo, sólo con eso, sé que será un gran padre 🙂

La beta ha quedado fijada para el 29 de septiembre y, tal y como hice en la IA anterior, aguantaré sin hacerme un test de embarazo para evitar agobios y malos momentos, así que hasta que me haga la analítica no sabré el resultado. Y lo prefiero así!

Que sea lo que tenga que ser, ya he hecho todo lo que podía y ahora sólo puedo esperar y desear que todo salga bien. Y si no fuera así, intentaré reponerme lo antes posible. He decidido desterrar de mi cabeza los pensamientos excesivamente optimistas y las ideas demasiado negativas porque no van a ayudarme de ninguna manera. La betaespera es así, no puedes fiarte de donde pisas, tienes que andarte con cuidado para no sufrir más de lo necesario. Así que aquí estoy, en un verdadero limbo sentimental, sin querer sentir demasiado y dejando pasar los días con tranquilidad y calma.

Un besazo gigantesco a todas las que me leéis! Gracias por acompañarme en este camino 🙂

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DÍA 1 DE LA BETAESPERA

Entro un momentito para contaros que ya me han hecho la IA y ahora espero paciente y tranquila hasta el día de la beta. Todo ha ido bien, resultó ser un día estupendo por muchas razones que ya os contaré en el próximo post y aunque el proceso fue exactamente el mismo que en la primera IA, para mí ha sido muy diferente e incluso mejor en ciertos aspectos.

Ayer apenas paré un momento en casa y no tuve la oportunidad de poneros al día, así que he aprovechado un momento de relax en el sofá para adelantaros que todo ha ido muy bien y que en quince días sabré el resultado.

Me muero por que esta vez funcione, de verdad que lo deseo con toda mi alma, pero no pienso darle muchas vueltas. Ya está hecho, no se puede hacer nada más, y sólo queda esperar. Lo que tenga que ser, será. No hay nada más que pueda decir para convencerme.

Mañana prometo contároslo todo!!!

Besos gigantes para todas!!!

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BETAESPERANDO

Ahora comprendo porqué una betaespera es tan dura. Todo el proceso de la IA avanzó rapidísimo entre controles ecográficos, dosis de medicación, pinchazos, etc, y apenas tenía tiempo para pensar qué pasaría después. Pero ahora es diferente. La betaespera es diferente. Son quince días de incertidumbre en los que no sabes qué va a pasar. Quince días en los que puedes convertirte en la mujer más afortunada del mundo o simplemente rozar tu sueño con las yemas de los dedos. Quince días que transcurren lentos, monótonos, lo suficiente como para que me dé tiempo a pensar en cosas no tan positivas. Y, aunque estoy muy tranquila, no puedo evitar ponerme nerviosa a ratos.

En la betaespera son muchas ideas las que pasan por tu cabeza. ¿Qué pasará? ¿Saldrá bien o no? ¿Tendré que seguir intentándolo? ¿Tendré que continuar siendo fuerte? ¿Llegaré a la beta o me bajará la regla antes? ¿Cómo asimilaré esta vez un negativo? Porque no nos engañemos, este negativo no tendría nada que ver con los anteriores. No, nada que ver. Los anteriores desaparecerán de un plumazo si mi beta resulta ser negativa. Esta vez estamos hablando de palabras mayores: estamos hablando de un tratamiento de reproducción asistida, no de varios encuentros amorosos en mi cama con mi marido. Aquí entra en juego una ilusión desmedida, una esperanza arrolladora, un miedo voraz y, además, un gasto económico a tener en cuenta. Este negativo sería diferente a los demás. Sería más doloroso, más amargo, más… devastador. Sería la culminación del desastre, una infértil entre las infértiles.

Detesto ser infértil, pero es lo que me ha tocado ser. Podría haber sido una violinista experimentada que deja con la boca abierta a quien la escucha interpretar, pero no ha sido así. Me ha tocado no poder ser madre. Me ha tocado luchar para poder tener un bebé. Me ha tocado vivir con la infertilidad.

Vivir con la infertilidad es no saber si algún día se cumplirá tu sueño. Es ver cómo todo el mundo a tu alrededor tiene hijos y tú continuas esperando, deseando que esta pesadilla se acabe de una vez. Vivir con la infertilidad es sentir como se te rompe el alma cada vez que coges en brazos a un bebé que, evidentemente, no es el tuyo. Sentir su cuerpecito diminuto contra el tuyo, oler su piel, abrazarlo con fuerza y preguntarte si algún día podrás tener uno propio.

Vivir con la infertilidad es convivir con el miedo y la esperanza a partes iguales. Yo nunca había sentido tanto miedo hasta que entré en este mundo de consultas y tratamientos hace un par de años y reconozco que, cuanto más tiempo pasa, más aterrada estoy. Vivir con la infertilidad es aceptar que hay un nuevo “yo” en ti. Una mujer diferente, una mujer luchadora, perseverante, dispuesta a todo por conseguir su sueño. Y una mujer menos alegre, en ocasiones. Una mujer cansada de luchar, de sentir que todos sus esfuerzos caen en saco roto. Sí, la infertilidad es así. Nos cambia. Cambia nuestra perspectiva de la vida, nuestra forma de ser, nuestra forma de sentir.

Vivir con la infertilidad es aceptar con una sonrisa fingida en el rostro las horribles preguntas acerca de tu no maternidad. ¿Y vosotros para cuándo? ¿A qué estás esperando? Vivir con la infertilidad es no romperte por dentro cada vez que una íntima amiga te dice que está embarazada. Porque tú también querrías vivir ese momento y no sabes si algún día lo conseguirás.

Es vivir con incertidumbre y con dudas continuamente. Es vivir con el miedo más aplastante de todos: ¿Seré mamá algún día? Vivir con la infertilidad es sentir un pinchacito en el corazón cada vez que compras ropita de bebé para el hijo de una amiga que acaba de dar a luz. Es contemplar con ojos emocionados esos pijamitas tan chiquititos y sentir miedo de no comprarlos nunca para tu propio bebé.

Vivir con la infertilidad es sentirte incomprendida en ciertas ocasiones. Para muchas, no somos más que envidiosas que no sabemos alegrarnos de los embarazos ajenos. Nos alegramos, claro que sí. Yo no lo llamaría envidia, sino un dolor angustioso a que nunca puedas vivir esa experiencia que dicen que es maravillosa.

Como veis, la betaespera da para mucho. Aunque he vuelto a incorporarme al mundo laboral, sigo dándole vueltas al tema a pesar de tener la mente ocupada en el trabajo. Cualquier esfuerzo más o menos significativo me hace sentir horriblemente mal, como si le estuviera fallando a mi Pequeña Canica, como si estuviera fastidiando mis posibilidades en la IA. Aunque en la clínica me dejaron muy claro que podría hacer vida normal sin ningún tipo de problema, me siento fatal cada vez que hago grandes esfuerzos. Llamadme tonta o paranoica, pero es lo que hay. Sí, la infertilidad también me ha dotado de cierta paranoia.

Me siento especialmente sensible y todavía no comprendo del todo porqué. Esta noche me desvelé a las seis de la mañana y no conseguí volver a dormirme hasta que Rubio se fue de la cama para ir a trabajar. No paraba de pensar en si no lo conseguíamos, en si recibíamos un negativo como resultado. ¿Cómo afrontarlo? Desconozco si estoy preparada para ello. Sé que las posibilidades son minimas, soy consciente, y también sé que esto no es llegar y cantar victoria (aunque ya nos gustaría a todas que fuese así de sencilo, ¿verdad?), pero a veces me apetece soñar y pensar que algo muy bueno está esperándome a la vuelta de la esquina. Lo que tenga que ser, será, y supongo que es esa incertidumbre la que me está volviendo loca a ratos intermitentes.

Hace unos días caminaba por el centro de mi ciudad cuando, por pura casualidad, pasé por delante de una tienda de accesorios de bebé. Y digo por pura casualidad porque, por norma general, suelo evitarlos y no mirar sus escaparates. Pero algo me hizo detenerme y contemplar aquellas cunas y cochecitos tan bonitos. Y me pregunté si algún día tendría el privilegio de entrar allí y comprar algo para mí, para mi Canica. Se me puso un nudo en la garganta y me marché más triste de lo que había llegado.

Cuántos sentimientos arremolinados en mi cabeza, ¿verdad?

DSC01524Grandullón Amoroso dándome todo su cariño

en estos días tan importantes para mí.

Su mirada es de lo más tierna y pura, ¿verdad? 

Ahora sólo queda esperar. Todavía faltan cinco días para salir de dudas, si la indeseable no hace su aparición antes. El próximo cuatro de agosto sabremos qué pasa! Mientras tanto, combato los malos pensamientos con música, series por internet y tiempoterapia con mi Rubio favorito.

Serás feliz, me dijo la vida, pero primero te enseñaré a ser fuerte.

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