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BIZCOCHITO,CACAHUETE Y YO

Hace casi seis meses que soy mamá. Hace casi seis meses que he cumplido mi sueño por el que tanto luché. Bizcochito y Cacahuete crecen a pasos agigantados, regalándome cada día nuevos avances y aprendizajes. Cada mes aprueban con sobresaliente sus revisiones en el área de Neonatología del hospital y no sabéis lo orgullosa y tranquila que me hace sentir eso. Son dos niños sanos, fuertes, listos, sonrientes y tremendamente observadores. Comen de maravilla, duermen la noche del tirón y sonríen continuamente. No son perfectos, ni mucho menos! Se gastan una mala leche increíble cuando les llega la hora de su biberón  y todavía no está listo, o cuando los visto después de bañarlos. ¡Adoran estar bolas!

Ya no les doy pecho, sólo biberón de leche de fórmula. Eso es algo que crea cierta controversia hoy en día. “¿Por qué no les das pecho? ¿Acaso no sabes que es lo más sano y lo mejor para ellos?”. He escuchado ese tipo de preguntas/acusaciones tantas veces que ni me inmuto. Y no sólo de familiares, sino también de conocidas y vecinas, además de algún que otro médico. Yo misma decidí dejar de darles el pecho y no creáis que me resultó sencillo ni mucho menos. Sentí que lo que estaba a punto de hacer me convertiría en mala madre, que sólo dar la teta era el único y verdadero camino. Así es como te hacen sentir algunas personas hoy en día cuando decides dar biberón a tus hijos.

Pero necesitaba disfrutar de mi maternidad al cuadrado. Y con la teta no lo estaba haciendo. Así que tomé una dura decisión y… no podría ser más feliz. Sí, a veces echo de menos momentos a solas con mis bebés dándoles el pecho, solos en una fusión perfecta, pero lo compensan y sustituyen momentos increíbles de Rubio dándoles el biberón mientras les habla embobado, y ellos responden con carcajadas y sonrisas que atesoro para siempre en mi recuerdo.

Bizcochito y Cacahuete nacieron siendo grandes prematuros, dos meses y medio antes de lo que debían. Dos pequeños hombrecitos curiosos que quisieron conocer mundo antes de tiempo. Con cinco meses y medio, tienen una edad corregida de tres meses y medio y un desarrollo neuronal que corresponde a bebés de prácticamente cinco meses. Es decir, pequeños pero matones. ¡Y me siento tan orgullosa de ellos!

Poco a poco he conseguido crear una cierta rutina en nuestras vidas y los peques parece que llevan mejor el día a día cuando saben lo que va a ocurrir en todo momento. Salimos a pasear cada día, leemos cuentos por las noches y aprovechamos cada preciado rayito de sol siempre que podemos.

A veces los observo dormiditos abrazados a mí y me parece increíble que sean mis hijos, que mi sueño se haya cumplido por fin. Verlos crecer cada día es la mejor recompensa por todo el camino que he atravesado para llegar a ellos.

El 13 de marzo de 2015 me ponían a mis dos últimas estrellitas, a las que nombraría más tarde como Bizcochito y Cacahuete. Mis últimos embriones, después de que la transferencia de Canica resultase negativa. Y ahora aquí estoy, con mis pequeños a mi lado, haciéndome sentir las sensaciones más bellas y puras que existen.

Jamás olvidaré lo que he pasado para poder ser madre, eso es algo que siempre llevaré conmigo, pero todas las lágrimas han merecido la pena. Con creces.

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