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PIEDRAS EN EL CAMINO

Esta mañana regresé a la clínica para intentar resolver todas mis dudas después del negativo de la FIV. No quiero enrollarme demasiado con todo lo que allí hablamos, pero el doctor me reconoció que no era normal que una chica tan joven como yo no hubiese conseguido el embarazo con esta FIV, puesto que el embrión era bueno y todo apuntaba a que se quedaría conmigo. Repasamos todo el tratamiento con detalle: los óvulos obtenidos, la medicación pautada, cuántos días habían durado los pinchazos, la calidad del esperma, los embriones… Me reconoció que, debido a mi edad, habían esperado sacar muchos más óvulos y que finalmente no había podido ser así. Dijo también que mis ovarios habían reaccionado de una manera un tanto extraña (el izquierdo demasiado lento y con muy pocos folículos, y el derecho con muchos más folículos pero que finalmente muy pocos fueron maduros) y que, al parecer, algo fallaba en cómo reaccionaban a la medicación.

Resulta que, durante la punción, descubrieron un quiste endometriósico adherido al ovario derecho. Un “quiste de chocolate”, como le suelen llamar, de un centímetro de diámetro y del que ya sospechaba su presencia. Recuerdo que durante algún que otro control le escuché decir que se veía una manchita en el ovario derecho y que él pensaba que eso tenía que ser un principio de endometriosis. Al parecer, después de la punción, ha quedado aclarado.

¿Qué es la endometriosis? Es una enfermedad benigna que consiste en la aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero, sobre todo en la cavidad pélvica como en los ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos o en el intestino (entre otros). No existe cura, aunque existen diferentes tratamientos que incluyen analgésicos para el dolor, tratamiento hormonal y cirugía. La localización más frecuente de la endometriosis es el ovario. Se forman a menudo quistes, que se llenan de sangre y adquieren un color oscuro que se parece al chocolate, de tal forma que se denominan quistes de chocolate. Por lo que he estado leyendo, es una importante causa de infertilidad.

Le pregunté al gine acerca de la posibilidad de extirparlo o incluso realizarle una punción para extraer la sangre de su interior pero, por el momento, no me lo ha aconsejado porque el quiste es pequeño y durante la operación correríamos el riesgo de extirpar excesivo tejido sano del ovario y todo se iría al traste. Así que me ha recetado la píldora anticonceptiva y volver antes de que aparezca la regla para realizar una nueva ecografía. Si todo va bien, a principios de marzo será nuestra segunda transferencia y esta vez me han aconsejado poner juntos los dos embriones. Él desaconseja fervientemente el embarazo múltiple, es más, a nosotros nos recomendó poner solo un embrión para evitarlo, pero me ha dicho que, visto lo visto, es mejor arriesgarse y no perder más el tiempo.

Por lo que he podido leer en algunas webs sobre la endometriosis, es una enfermedad que puede avanzar demasiado rápido y la maternidad no debe aplazarse. Por suerte, ser padres es nuestra mayor ilusión y por ahora lo hemos cogido a tiempo. A partir de ahora controlarán que no aparezcan más quistes endometriósicos, pero tampoco me ha comentado qué haremos si eso ocurre.

En mi próxima consulta volveré a bombardearlo a preguntas porque necesito quedarme tranquila antes de empezar esta segunda transferencia. No me veo con fuerzas de soportar otro negativo y necesito saber que estoy haciendo todo cuánto esté en mis manos para preparar la casita de mis bebés. Le preguntaré si la endometriosis podría encontrarse en alguna zona más que no hayan visto, si de verdad no es necesario extirpar ese quiste, si la transferencia es viable a pesar de esa presencia asquerosa… Necesito saber que las cosas esta vez pueden salir bien, no puedo arriesgarme a una segunda transfer si algo falla dentro de mí.

Y eso ha sido todo por hoy. No he salido especialmente tranquila de la consulta después de saber lo que se trama en mis ovarios, pero es cierto que el doctor ha intentado tranquilizarme en todo momento, transmitiéndome mucha confianza y dándome muchos ánimos, animándome a continuar y no rendirme porque cada vez estamos más cerca. De corazón deseo que así sea porque este negativo me ha minado bastante.

Intento no darle muchas vueltas al tema de la culpa y de lo horrible que me siento conmigo misma por creerme rara y defectuosa y procuro solo pensar en mis dos soles brillantes, que muy pronto estarán conmigo y puede que, por fin, toda esta pesadilla llegue a su fin 🙂

llorar

Cargando… Misión Bizcochito&Cacahuete 

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ALGO INESPERADO (II)

Finalmente, las predicciones de mi gine se cumplieron y, tal y como me había afirmado, la de Rojo hizo su aparición esa misma noche. A la mañana siguiente, llamé a la clínica para contarles que el Utrogestan había hecho su función, ¡por fin! Me dieron cita unos días después para realizarme una ecografía y darme las pautas para comenzar a pincharme Fostipur.

Aquella mañana amenazaba lluviosa. El cielo, en un tono gris plomizo, parecía advertirme de los acontecimientos. Un grupo de nubes oscuras avanzaba lenta y pausadamente sobre mi cabeza mientras me dirigía a la estación para coger el tren. Ya de camino, comenzó a llover. Al principio no era más que una lluvia fina y molesta fácilmente ignorada con la ayuda de un paraguas, pero más tarde se transformó en algo tan intenso y descomunal que llegó a paralizar el movimiento de la ciudad. Todos corríamos espantados con nuestros paraguas a cobijarnos bajo algún edificio o parada de autobús, apiñados y prácticamente sin espacio para nadie más. Para cuando llegué a la clínica, estaba empapada. No puedo explicar porqué, pero tenía un nudo en la garganta casi imposible de tragar, tenía la horrible sensación de que nuestros planes se verían modificados una vez más. Ya os había dicho que soy medio bruja, ¿verdad? Porque no me equivoqué.

Mientras el doctor me realizaba la ecografía, encontró el folículo persistente del que me había hablado mi gine en su consulta hacía unos días. Puso mala cara y soltó un “Uy!” por lo bajo que me hizo temblar hasta los huesos. Escuché cómo le decía a la enfermera “quince” mientras hacía unas mediciones y, después de mirar y requetemirar la pantallita, me dijo que podía vestirme. Cuando regresé junto a él, comenzó a explicarme que con ese quiste tan inoportuno, no podía empezar a pincharme. “Todavía no es el momento, no podemos arriesgarnos” me dijo con franqueza. “Dejaremos pasar todo el fin de semana y veremos qué tal estás el lunes. Dependiendo del resultado, decidiremos qué hacer”.

He de reconocer que salí de la consulta muy desanimada. Otra piedra en el camino. Otra pausa más. Otro aplazamiento. Esto parece no acabar jamás, pensé. El tiempo es muy caprichoso durante los procesos de reproducción asistida y se transforma en un cruel dictador lento y pausado, otorgándole más horas a cada día, ralentizándolo todo a tu alrededor.

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Ha sido un fin de semana muy entretenido rodeada de amigos y familia y, pese a ello, el fantasma de la duda y el miedo no me ha abandonado en ningún momento. He intentado no pensar demasiado en el tema pero en mis momentos de soledad, en los minutos previos a quedarme dormida en la cama, inevitablemente ha venido a mi cabeza la idea de que no habrá ningún cambio, de que ese quiste molesto e inoportuno continuará riéndose de mí en la próxima ecografía de mañana. Supongo que si mis vaticinios se cumplen (y se cumplirán, en serio, creo que podría vivir de mi don de profetizar contratiempos), me recetarán la píldora anticonceptiva durante un mes para que el quiste desaparezca del todo y así poder empezar sin ningún tipo de lastre.

He de reconocer que no me preocupa demasiado que nuestros planes se detengan durante todo un mes. Una vez que te has acostumbrado a esperar y has desarrollado una inexplicable paciencia que antes no tenías, treinta días no son nada. ¿Qué son treinta días comparados con todo lo que ya has esperado? ¿Con todo lo que has pasado? Nada, absolutamente nada.

Tan sólo espero que mi paciencia recién descubierta no me la juegue y me permita esperar sin darle demasiadas vueltas al tema. Sé que en algún momento podremos empezar y será entonces cuando sienta que todo este camino va hacia alguna parte.

Mañana vuelvo a la clínica y espero tener buenas noticias!

Mi Canica, no puedes imaginarte las ganas que tengo de que aparezcas por fin!

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EN STAND BY

Últimamente, me siento como en esa canción tan conocida de Extremoduro, “siempre en estado de espera”. Tengo la sensación de que no hago otra cosa que esperar. Esperar. Esperar. Esperar. A veces, me resulta un tanto desesperante.

El lunes de esta misma semana (hace cuatro días), me puse mi último ovulito de Utrogestan. A estas alturas, debería de estar dando palmas, piruetas acrobáticas o saltitos de alegría con pompones de animadora porque mi primera IA sería una realidad por fin. Pero, por el contrario, continúo esperando a que mi amiga la indeseable se decida a aparecer. El Utrogestan no es nada nuevo para mí, estaba familiarizada con este modo de ponerme progesterona porque ya lo había hecho en otras ocasiones. Y en esas ocasiones, la regla no tardaba más de tres días en aparecer después de ponerme el último óvulo. Esta vez, por lo que parece, eso no va a ocurrir. De verdad, que a veces pienso que la Ley de Murphy me persigue. Ahora que Rubio y yo estamos a punto de comenzar, que sólo era cuestión de que la rojita apareciese en cuanto dejase el Utrogestan, parece que todo va más lento y que se ha detenido el tiempo. Dejaré pasar todo el fin de semana y si el lunes todavía no ha parecido, llamaré a la clínica para que me digan qué más puedo hacer.

Odio los contratiempos, en especial los que están relacionados con mi Pequeña Canica. Quienquiera que esté ahí arriba, el creador del universo o Perico el de los Palotes, que se deje de cebar con nosotros!!!

Por otro lado, hace unos días me llamaron del hospital de la S.S. para recoger los resultados del seminograma de Rubio y unas analíticas que me habían pedido a mí. No sé porqué, pero tenía la sensación de que algo no iba bien. Mientras esperaba en la sala de espera a que pronunciasen mi nombre, una incomodidad inexplicable se me atragantó en la garganta, aprisionándome el pecho. Sentía la horrible sensación de que me dirían algo que no sería de mi agrado. Siempre me he considerado medio bruja, porque, oye, no suelo fallar en estas cosas. Cuando entré a la consulta, la ginecóloga comenzó a apuntar en un papel los resultados de mis análisis: LH, FSH, Estradiol, Progesterona… Y mientras lo hacía, su cara era un poema.

Mierda, pensé.

“-Esto está bastante mal. Tu FSH y LH son un desastre, al igual que el estradiol y la progesterona no está mucho mejor. No ovulas, nada. Cero patatero. Así un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado. Te lo digo para que no te hagas ilusiones, en tu caso sería casi un milagro que lo consiguieras”. 

Querida, tu segundo nombre es Tacto, ¿verdad? Si ya lo decía yo, que soy medio bruja y algo había intuido… No me dolió en sí que me dijera que no podré quedarme embarazada de forma natural, sino el poco tacto que tuvo al decírmelo. La falta de empatía por su parte, como si se lo estuviese contando a una pared. No pido que me enmascaren la verdad ni que pinten arcoiris en el cielo, pero al menos, un poco de humanidad para transmitirme una noticia como esa. No me estás diciendo que se han acabado los huevos en el supermercado. Me estás afirmando que no podré ser madre de un modo tan sencillo como todas las demás mujeres que me rodean.

Pese a todo, la noticia no me cogió desprevenida y me lo tomé mejor de lo que había imaginado. De todas formas, estoy a punto de someterme a una IA, ¿qué más me da no poder conseguirlo de forma natural? Ya contaba con ello, no es nada nuevo para mí. No tenía esperanzas de conseguirlo de ese modo. Soy infértil, con todas las letras. 

“-Tienes que adelgazar, ¿estás haciendo algo para perder peso? De no hacerlo, se junta el hambre con las ganas de comer. Tu sobrepeso y tus ciclos irregulares no te permitirán llegar a buen puerto”. 

Hago lo que puedo, le respondí sin ganas. La ginecóloga me entregó los papeles para solicitar más pruebas, se despidió de mí y me marché. Cuando salí de la consulta, me sentía un tanto desanimada, como si una nube gris de malos pensamientos decidiera acampar sobre mi cabeza. No dejaba de pensar en aquellas palabras: “Sería casi un milagro que lo consiguieras”. “Un embarazo de forma natural es imposible, prácticamente descartado”.   

Que te digan así, tan a la ligera, que no podrás ser madre duele. Duele muchísimo. Algo con lo que siempre has soñado, algo que sabes que te hará sentir completa, se te niega de una manera injusta. Y como mujer, que me digan que no puedo crear vida, es lo más doloroso que me han dicho jamás. ¿Por qué algo que es innato en mí, algo para lo que he nacido, se me resiste de esta manera? Me duele pensar que no podré conseguirlo sin ayuda. A pesar de que agradezco (y no sabéis cuánto) cada día los grandes avances en la reproducción asistida y que gracias a ella podré ser madre, es una espinita que no puedo quitarme todavía.

Cuando Rubio llegó a casa, le conté lo que había ocurrido y lo que me habían dicho. “No te preocupes, tenemos muchas opciones. La IA está a la vuelta de la esquina, ten fe en ella”, me dijo. Él y su optimismo. Él y esa sonrisa increíble que hace desaparecer todos los problemas de mi alrededor. Él y sus abrazos que recomponen mi corazón dolorido. A veces me quedo mirándolo en silencio y sólo puedo agradecer que forme parte de mi vida, dándole sentido a todo con sus locuras y sus bromas. Y después de hablarlo un rato, todas mis preocupaciones y malos pensamientos desaparecieron.

Ahora mismo sólo estoy centrada en esa IA que nos está esperando. Porque puede que con ella se acabe todo y demos el paso definitivo para tener a nuestra Canica con nosotros. O puede que no. Puede que sólo sea un paso más para estar cerca de nuestro bebé. Un escalón menos que recorrer para que nuestro sueño se haga realidad. Nunca se sabe. Sólo sé que nunca había sido tan fuerte como ahora y nunca había tenido tantas ganas de tirar hacia adelante. Si la IA no funciona, no será el fin del camino. Sólo el comienzo hacia nuestra felicidad.

Y cada día soñamos con el momento de ver a nuestro bebé a través de una pantallita, escuchando su corazón latiendo con fuerza mientras mueve las manitos y los pies para asombro nuestro. Y, algún día, podremos conocerle por fin, abrazándolo muy fuerte para que el sueño no desaparezca.

Y, ese día, Canica, experimentaremos el verdadero amor a primera vista. 

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LA ESPERA DESESPERA

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Cuando entras de lleno en el mundo de la infertilidad, tienes la horrible sensación de que te pasas la mitad del tiempo esperando. Esperas que llegue la dichosa consulta. Esperas para que te den cita para hacerte pruebas. Esperas el resultado de las pruebas. Esperas para empezar el tratamiento. Esperas… esperas que tu sueño se pueda hacer realidad.

La infertilidad es un proceso lento. Muy lento. Si tienes el defecto de la impaciencia como yo, el camino se hace eterno. No pido que todo se resuelva en apenas un par de meses, pero agradecería que la rapidez a la hora de hacer las pruebas fuese mucho más eficiente. Desde nuestra última consulta en la Seguridad Social, ha pasado casi un mes. El 27 de marzo estábamos Rubio y yo en la consulta de Esterilidad, esperando avanzar un poco más en este proceso.

¿La respuesta? “Pues vais a tener que tener un poco de paciencia, ¿eh? Porque esta prueba es un poco lenta. Os llamaremos dentro de un mes, más o menos”.  

¿La prueba? Un seminograma. Sí, sí, un mísero seminograma. Y eso que ya llevábamos uno hecho recientemente, pero de un laboratorio privado y así no les vale. Todavía no nos han llamado y dudo mucho que lo hagan entre hoy y mañana. Si tenemos suerte, recibiremos noticias de ellos la próxima semana, aunque ya empiezo a ponerlo en duda. Y todavía nos falta la histerosalpingografía, una prueba que pensé que me pedirían cuando me entregaron los papeles para las analíticas hormonales. Habríamos matado dos pájaros de un tiro: analíticas e histerosalpingografía en el mismo ciclo.

Así que Rubio y yo llegamos a una conclusión: intentaríamos hacer las pruebas que nos faltasen por nuestra cuenta y entregarlas en la clínica privada para poder empezar lo antes posible. De ahí que la histerosalpingografía a la que me sometí hace unos días fuese en una clínica de radiología privada y no en el hospital público.

A principios de año, en enero, en una de nuestras consultas en el hospital, Rubio y yo pensamos (pobres ingenuos) que nos mandarían las pruebas necesarias para salir de dudas y así no perder el tiempo. No fue así. A mí me entregaron los papeles para hacer unas analíticas y poco más. A él no le pidieron nada. Nos dieron cita para dos meses y medio después, a finales de marzo, y más de lo mismo. Y yo me pregunto: ¿por qué no aprovechan un mismo ciclo de mi regla para hacerme varias pruebas y así acabar de una vez? Mis ciclos, debido al SOP, son un verdadero caos. Nunca sé cuando me va a visitar la rojita. Yo echo mis cuentas, pero rara vez acierto. Los dos últimos, tuve que provocarlos con Utrogestan. ¿Qué quiero decir con todo eso? Que en mi caso, el proceso aún es más lento. Si necesito la regla para llevar a cabo varias pruebas, nunca sé cuándo va a aparecer y las pruebas se demoran un montón. De ahí que pensé que tanto las analíticas hormonales como la histerosalpingografía me las mandarían hacer en un mismo ciclo. Porque de no ser así, tengo que esperar un mínimo de cuarenta y cinco días para mi siguiente regla.

Y el tiempo pasa y ves que no consigues nada. Desde aquella consulta en enero, ya han pasado cuatro meses. En enero, hacía frío, llovía como si se acabara el mundo y yo iba enfundada en mi bufanda, mi gorro y mis botas para combatir el frío. Ahora, el sol brilla con más intensidad, los días son más largos, las ramas de los árboles se cubren de preciosas flores y mis queridas botas han sido sustituidas por calzado de entretiempo.

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El tiempo pasa más rápido de lo que creemos. Para bien o para mal, el tiempo no se detiene, la vida sigue su curso, nada cambia aunque tú estés deseando que lo haga. No mucho tiempo atrás, Rubio y yo festejábamos la noche de fin de año, poniendo nuestras esperanzas en el nuevo año que empezaba, deseábamos que todo cambiara a mejor.

En estos momentos, me siento un tanto estancada. Sigo esperando el resultado de mis analíticas hormonales para poder iniciar el tratamiento. Y son unos resultados que me tienen muy preocupada y asustada. Me da verdadero pánico que mi nivel de FSH haya subido. Si fuera así, ¿qué sería de nosotros? Una IA quedaría totalmente descartada porque por mucho que intentasen estimular mis ovarios, no lo conseguirían. Con suerte, podríamos optar a una FIV. Y cuanto más tiempo pasa, cuantos más días se van sucediendo, pienso más y más en los dichosos resultados.

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Desde siempre, he tenido un mecanismo de defensa que consiste en ponerme en lo peor. No suelo pensar que las cosas me van a salir bien, que todo va a salir tal y como me gustaría. Y, por ahora, me ha ido muy bien así. Cuando Rubio y yo cumplimos el año de búsqueda de nuestra Canica, yo ya tenía asumido que tendríamos que recurrir a tratamientos de reproducción asistida. Así que cuando nos lo dijeron en nuestra primera consulta, no me llevé ninguna sorpresa, a diferencia de Rubio. Cuando empecé con el Omifin, me puse en lo peor y pensé que probablemente en mí no funcionaría. Que sí, que había funcionado en otras muchas mujeres, pero no sería mi caso. Y acerté. Y no me sentí mal ni tuve ninguna llorera, porque ya lo sospechaba. El pobre Rubio se llevó un chasco de narices cuando vio que en nuestro último intento tampoco lo habíamos conseguido. Este mecanismo de defensa siempre me ha funcionado y me ha ahorrado más bajones y malos ratos de los que ya he tenido.

En estos momentos, Rubio es mucho más optimista que yo. Él cree que todo saldrá bien en la clínica privada. Confía en ellos, quiere confiar en ellos. Él piensa que allí lo conseguiremos, que es nuestro destino conseguirlo de este modo.

Y yo quiero creerlo también. Quiero creer que esta búsqueda que se ha alargado demasiado tendrá un final feliz. Pero me da miedo ilusionarme y tener esperanzas, porque si no resulta, la caída será muy dolorosa. Todos los negativos que he visto hasta ahora serán insignificantes al lado de un negativo procedente de un tratamiento de reproducción asistida. Ese sí que será doloroso y sé que tendré que reponerme enseguida para continuar. Porque si me caigo cien veces, ciento una tengo que levantarme.

Estos últimos días, me he enterado de dos embarazos más en mi círculo de conocidos y familiares. Dos embarazos que no me esperaba porque no lo estaban buscando ni entraba en sus planes. Al parecer, fue un “despiste”. Caray, hay que ver la facilidad con la que se embarazan las demás!!! Nunca me ha molestado que todas a mi alrededor se quedasen embarazadas. Nunca me he sentido incómoda con bebés y embarazos a mi alrededor, nunca he sentido que no quiero cerca a mamás, potitos, chupetes y berrinches. Que yo no lo consiga, no significa que no me alegre por los demás. Aunque sí que me gustaría que para mí fuese más fácil. Me gustaría poder vivir la experiencia que viven todas las mamás de mi alrededor. Pero, al parecer, tendré que seguir esperando.

¿Lo veis? Seguir esperando. Esperar. Más de lo mismo.

Cuando me pongo a pensar y me imagino cómo sería mi vida siendo mamá, no me hago una idea de cómo sería yo embarazada. No me lo imagino. No soy capaz de crear una imagen en mi mente de mi cuerpo con una incipiente barriga. Me duele, pero es así. Creo que es algo que le ocurre a todo el mundo menos a mí. Si algún día lo conseguimos, cambiaré de opinión, estoy segura!!

Mi gran problema es que soy insegura. Insegura respecto a mí y a mi capacidad para quedarme embarazada. Insegura respecto al tratamiento y a su resultado. Rubio siempre me dice que con mis inseguridades no resolveré ningún problema. Que estando triste, decaída o enfadada con el mundo no solucionaré nada, sólo me perjudico a mí misma. Y tiene razón.

Rubio siempre tiene una sonrisa en la cara. Una sonrisa enorme y preciosa que siempre me ha cautivado. Él tiene otra manera de ver la vida. Él se siente afortunado de por sí. Disfruta de la lluvia, disfruta del sol, disfruta del mal tiempo y del calor abrasante. Nunca se queja, siempre mira el otro lado de las cosas. Y su filosofía de vida me ha ayudado muchísimo en todo este proceso. Si no fuera tan enérgico y positivo, a saber dónde estaría yo en mis momentos de bajón.

Lo miro y no me puedo creer que alguien tan genial sea parte de mi vida. Él lo hace todo más llevadero, más fácil. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hace por mí, por nosotros y por nuestra futura Canica.

En unos días espero recibir los resultados de mis análisis hormonales y entonces podré decir que… IA/FIV A LA VISTA!!!

Qué ganas de empezar!!! Deseadnos suerte!!

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DICHOSAS HORMONITAS…

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En mi última consulta en Esterilidad las dichosas hormonas locas hicieron su aparición. Mis análisis hormonales anuncian que tengo la FSH un pelín alta (no demasiado, pero siempre es bueno hacer caso de estas cosas), así que en breve debo repetírmelos para asegurarnos de que es lo que no está bien. Me han pedido FSH, LH y Estradiol entre los días 3 y 5 del ciclo y Progesterona entre el 23 y el 25, así que próximamente volveré a encontrarme cara a cara con las dichosas agujas (¡las odio!).

Lo primero que hemos sacado en claro Rubio y yo después de nuestra consulta ha sido la lentitud de la SS en cuanto a la hora de hacernos pruebas para descartar posibles problemas. Para una de las más básicas, tardarán en llamarnos un mes. A mí, personalmente, me parece demasiado. Con esto no busco criticar nuestro sistema sanitario ni mucho menos, siempre he estado contenta con el trato recibido y los buenos profesionales que nos han tocado, pero la rapidez con los diagnósticos y las pruebas pertinentes en nuestro caso brillan por su ausencia.

Lo segundo que hemos sacado en claro es que somos sólo un número. No personalizan demasiado con tu caso, todo es bastante estándar, desde las pruebas hasta los diagnósticos. Unas cuantas preguntas, una breve explicación y los papeles necesarios para pedir una próxima cita o una nueva prueba. Nada más. Sin personalizar. Sin empatizar.

Y lo tercero, y no por ello menos importante, ha sido que nos hemos decidido completamente a intentarlo en una clínica de reproducción asistida próxima a nuestra ciudad. En nuestra primera consulta con ellos, Rubio y yo nos sentimos como en casa, arropados en todo momento, sintiéndonos comprendidos y valorados. Y eso, amigas mías, no tiene precio. ¿Quién no quiere sentirse seguro a la hora de realizar un desembolso económico más que importante? En ningún momento sentimos que aquello sólo era un asunto comercial y que su único afán era quitarnos el dinero. No, señores. Ellos nos han permitido soñar, nos lo han explicado todo con total claridad, nos han hecho todo tipo de pruebas y ahora sólo esperan que nos decidamos a dar el paso.

Estamos más decididos y seguros que nunca.

Canica, prepárate, porque papá y mamá harán lo imposible por encontrarte.

¿En qué punto me encuentro ahora? Pues tomándome Utrogestan en cantidades industriales para que mi amiga la rojita haga su aparición y así poder hacerme las pruebas solicitadas, para las cuales necesito a la maldita indeseable.

¿Qué ironía, verdad? Para saber si puedo quedarme embarazada, necesito que la roja aparezca y que ella me diga todo lo que necesito saber. Crucemos los dedos para que todo salga bien!

Este fin de semana vino al mundo el bebé de unos amigos. Una niña preciosa, dormilona y regordeta que es la felicidad completa de unos papis que acaban de descubrir el sentimiento más hermoso de todos: el amor incondicional hacia tu hijo. Y que yo espero poder vivir muy pronto.

Cuando la cogí en brazos, tan frágil ella, tan pequeñita, tan indefensa, tan bonita y tierna… me sentí como en casa. Una sensación extraña y placentera recorrió mi cuerpo mientras achuchaba a esa niña contra mi pecho. Una sensación agradable, una sensación maternal, una sensación casi indescriptible. Porque yo quiero ser mamá. Lo quiero con todas mis fuerzas! No es un capricho ni una decisión alocada tomada en el último momento. Es mi destino, lo que me hará sentir completa, lo que me otorgará la felicidad absoluta. 

Quiero sentir una vida creciendo dentro de mí, quiero ver cómo cambia mi cuerpo, cómo mis pies empiezan a desaparecer bajo mi barriga, experimentar la sensación indescriptible de sentir las pataditas de Canica anunciándome que todo va bien…

Lo único que deseo es que este camino, que ahora parece tan largo e interminable, merezca la pena. Que algún día pueda contarle a mi pequeña Canica todo lo que su papá y yo hicimos por encontrarle.

Todo llega para el que sabe esperar, dicen. Deseo que sea verdad!

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