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EL EMBARAZO DE UNA INFÉRTIL

Hace tiempo que quería escribir esta entrada, pero por una cosa o por otra lo he estado aplazando hasta ahora. En estas 27 semanas de embarazo que estoy viviendo plenamente, he llegado a la conclusión de que el embarazo de una infértil no se parece ni por asomo al de una persona que no ha pasado por tratamientos o malas experiencias para conseguir ser mamá.

No digo que sea mejor ni peor, sino diferente.

El otro día, cotilleando aburrida en cierta red social, vi la foto de una chica que anunciaba su embarazo con un test de embarazo positivo y la verdad me llamó bastante la atención porque a mí me costó horrores decir que por fin estaba embarazada. Y pensé: ¿cómo consigue no sentir miedo por anunciarlo tan pronto?

Yo me morí de miedo cuando la gente empezó a enterarse de que en unos meses sería mamá. Sí, lo sé, no era más que un miedo irracional, pero estaba aterrada, muerta de miedo de que algo pudiese salir mal y tener que soportar sus preguntas acerca de lo ocurrido. Reconozco que el reposo absoluto, los manchados y los sangrados de las primeras 13 semanas consiguieron asustarme tanto que no lo disfruté como hubiese deseado y los miedos se instalaron en mi cabeza para quedarse durante mucho tiempo.

Para una infértil que ha pasado por una época de pruebas, búsqueda de respuestas, tratamientos fallidos, lágrimas, frustración, miedo, pinchazos, punciones y mucho dolor, su camino no termina con el ansiado positivo. No, claro que no. Después del positivo empiezan otros miedos (de otro tipo más manejable, eso sí) que también nos preocupan hasta desvelarnos: ¿le pasará algo malo al bebé? ¿irá todo bien?¿cuándo dejaré de tener miedo? ¿cómo estará el bebé? ¿saldrá todo bien, por fin seré mamá? Evidentemente, estas preocupaciones no tienen nada que ver con la época de tratamientos, donde las preocupaciones me dejaban sin aliento pensando que tal vez nunca escucharía a un pequeñajo en mi casa llamándome “mamá”.

Me costó horrores comprarles sus primeras cositas, lo reconozco. No me atrevía a hacerlo, me moría de miedo de solo pensar en sacar el billete de la cartera y pagar esas mantitas de invierno tan monas que había visto en la tienda. Sí, hice una montaña de un grano de arena por unas mantitas, qué le voy a hacer. Y mientras conducía de vuelta a casa, las miraba de reojo con una mezcla entre ilusión y miedo, guardándolas en el armario hasta que estuve preparada para volver a verlas. Las futuras mamás infértiles solemos pensar que algo puede ir mal (al menos, a mí me pasaba).

Y así me ocurrió en otras ocasiones. La ilusión y el miedo se entremezclaban y disfrutaba las cosas a medias, y os puedo asegurar que me sentía horriblemente mal por reaccionar de ese modo. Otras compañeras continuaban luchando, sacando fuerzas de donde no las hay para un nuevo intento y yo que por fin lo había conseguido me moría de miedo y no disfrutaba de la experiencia como debería.

Pero todo cambió con la eco 4D de las 18 semanas. Vi a mis pequeños, a los hombrecitos de mi vida moviéndose y pataleando con fuerza, rebosantes de vida y por fin dejé de sentir tanto miedo. Después de que me confirmasen que todo va estupendamente en la eco de las 20 semanas, el miedo ha ido desapareciendo tan rápido que apenas me he dado cuenta. Por fin me atrevo a comprarles ropita y demás cosas sin pensar en negativo. Siento a mis bebés moverse a todas horas y eso me transmite una tranquilidad increíble, desterrando los malos pensamientos bien lejos.

Ahora, por fin, he comenzado la decoración de su habitación. Es algo que me hacía una ilusión increíble, incluso más de lo que habría imaginado. Ha sido tanto tiempo imaginándome su cuarto, los detalles, los colores, el amor que se respirará en él que aún no me creo que esté seleccionando cunas en las que dormirán los hombrecitos más importantes de mi vida.

Y aquí estoy, cumpliendo 27 semanas, sintiendo las patadas de mis dos amores, que me enamoran cada día que pasa.

Tan pequeños y tan grandes a la vez ❤

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SENSACIONES

Sensaciones que dejan huella. Movimientos que llegan al alma.

Toquecitos tímidos al principio, golpeteo continuo después.

Dos pequeños individuos que me arrancan millones de sonrisas.

Y así estoy, disfrutando de esta etapa plenamente, maravillada de las sensaciones que estos dos pequerrechos despiertan en mí. Hace tres semanas que comencé a sentirles; primero no eran más que pequeños golpecitos tímidos apenas imperceptibles. Ahora se hacen notar, propinándome pataditas continuas y fuertes, haciendo que mi tripa se transforme en un ir y venir de bultos divertidos y mágicos.

Rubio y yo miramos embobados mi tripa mientras los peques se mueven a su antojo y los bultos hacia fuera aparecen sin parar; son unos trastos que se menean sin descanso! Es algo increíble, una sensación indescriptible que tenía miedo de no experimentar nunca.

Todo va bien y por fin los miedos empiezan a esfumarse. Cada día me atrevo un poquito más a comprarles nuevas cositas y muy pronto nos pondremos con su habitación, algo que me hace especial ilusión y será mi proyecto personal en el que haré y desharé a mi gusto para prepararles la habitación que tanto tiempo he imaginado.

Estoy viviendo un momento increíble y realmente mágico. Os deseo que muy pronto podáis experimentarlo, luchadoras, porque todas nos merecemos vivir algo como esto.

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17 SEMANAS: VIDA, CAMBIOS, SENTIMIENTOS.

Dicen que el tiempo vuela cuando eres feliz. Deben de estar en lo cierto, porque las últimas semanas han sido un visto y no visto. Veo mi barriga crecer y me parece increíble que dentro de mí revoloteen dos vidas. Dos vidas, dos personitas, dos chiquitines que se han convertido en las ilusiones de esta loca soñadora.

La barriga hace semanas que empezó a salir. Al principio se trataba de un tímido bulto bajo mi ropa. Yo sabía que estaba ahí, apreciaba los cambios que comenzaban a invadir mi cuerpo, pero para ojos ajenos no había nada que ver bajo mi camiseta. Ahora es casi imposible de disimular. Estos dos bichejos vienen pisando fuerte, haciéndose notar. Y a mí me encanta.

Es todo un orgullo lucir una barriguita infértil. Después de más de dos años y pico de lucha, después de Omifin, de pruebas, de incertidumbre, de dos IA negativas y una FIV con dos transferencias, por fin vivo un momento que no estaba segura de poder experimentar. Es una satisfacción, es la prueba más evidente de que la lucha ha merecido la pena.

A pesar de todo, los miedos siguen estando ahí, aunque ahora los espanto con tanta facilidad que apenas se atreven a aparecer. Me he sorprendido a mí misma curioseando en las secciones de bebé, hojeando carritos y, lo más increíble, atreviéndome a comprarles algo a mis pequeños luceritos. No ha sido gran cosa: dos mantitas bien gorditas para el invierno y unos conjuntos super graciosos de H&M, pero me ha hecho tanta ilusión comprarlos que cada día voy a echarles un vistazo al armario donde los he guardado y sigo sin creerme que esas cosas tan monas sean para mí.

Durante este tiempo de pruebas, muchas dudas, tratamientos y negativos, ha habido embarazos y bebés a mi alrededor a los que comprar un detallito cuando tocaba. Para mí fue duro elegir ropita de bebé que no sabía si algún día sería para mí. Hubo momentos difíciles y, aunque no quiero olvidarlos, sí es cierto que prefiero quedarme con lo bonito que es ahora mi mundo. Veo al Rubiales emocionado, a mis Super Papás cayéndoles la baba con cada avance del embarazo, a nuestros familiares felices por nosotros y a nuestros amigos demostrándome que estos luceritos no solo son especiales para nosotros, sino para ellos también.

Y a mí esos detalles me llenan de vida, una vida que me proporcionan estos dos bichejos en mi barriga.

El sexo de los bebés sigue siendo una incógnita. Se cruzan de piernas durante las ecografías, así que por ahora se mantiene el secreto. Si es que me han salido gamberretes, ya son de armas tomar… jejeje

Lo cierto es que nos da exactamente igual si son dos niñas, dos niños o niño y niña. Es un detalle que nos resulta totalmente indiferente, solo queremos que estén bien y sanitos, y con eso nos basta. Ahora, eso sí, nos os voy a negar que nos morimos de la curiosidad de saber lo que son, en especial por llamarles por su nombre (que lo estoy deseando).

Las horribles molestias que he estado sufriendo hasta hace unas pocas semanas han desaparecido casi por completo y por fin puedo disfrutar de la comida (o de casi toda, hay ciertas cosas que siguen oliéndome fatal), ya no tengo arcadas ni tampoco vómitos y apenas sufro las náuseas que tanto me han acompañado desde el principio del embarazo. En definitiva, vuelvo a tener apetito, aunque yo prefiero llamarlo gula porque hay días que podría tirarme las 24 horas del día comiendo.

Veo la inmensa felicidad en los ojos de mi abuela, que no deja de cuidarme y acariciarme la panza mientras les habla, y siento que toda la lucha ha merecido la pena. Ella ha vivido conmigo cada tratamiento, cada caída, interesándose por cada avance e intentando comprender (hay términos que se le escapan, como es normal) cada paso de los tratamientos y ahora la veo feliz, pletórica, desviviéndose por estos dos luceritos que cada día ocupan más espacio en mi barriga. La he visto entristecerse en cada uno de mis negativos, me ha dado fuerzas y siempre me ha animado a continuar y ahora, por fin, le brillan los ojos de alegría cada vez que me ve y corre a llevarse las manos a mi barriga, que acaricia con dulzura y cariño.

Así que, poco a poco, mi alma empieza a sanarse y vuelvo a ser yo, disfrutando de los pequeños detalles, ilusionándome con los cambios de mi cuerpo, imaginándome un futuro próximo cargado de cambios y rutinas.

Y creo que ni siquiera cien vidas me alcanzarían para haceros comprender lo fácil que ha sido quereros incluso antes de conoceros… 

A vosotras, mis luchadoras, no os rindáis. Como dice Mario Benedetti:

“No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños…”

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ENCONTRANDO LA PAZ

Mañana cumplo 15 semanas. Quince semanas de miedos, de inseguridades, de esperanza, de ilusión, de amor desmedido y, sobre todo, de un instinto de protección hacia mis luceritos que no había experimentado jamás.

Me he dado cuenta de que, poco a poco, he ido recuperando la personalidad que me habían arrebatado los tratamientos y la infertilidad. No me malinterpretéis, siempre seré infértil y jamás olvidaré el camino que he recorrido para llegar hasta aquí, pero desde que estos dos chiquitines están dentro de mí me ha embargado una paz que hacía mucho tiempo que no sentía.

Los embarazos ajenos ya no tienen ese efecto tan devastador en mí, ni tampoco ver barriguitas y bebés preciosos por todas partes. Vuelvo a sonreír, vuelvo a recuperar mi antiguo yo, vuelvo a bromear y estoy deseando hacer planes a todas horas con mis amigas ahora que el reposo absoluto ha desaparecido de mi vida. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Me había acostumbrado tanto a estar triste que ya no recordaba lo bien que se siente una consigo misma cuando está en paz con todo lo que la rodea.

Y, con mucha cautela, me estoy permitiendo disfrutar.

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Regalitos super cucos de amigas increíbles y mi Rubio encantador

Después de los sangrados y la recomendación del reposo absoluto, no pude salir de casa durante poco más de 5 semanas. Mis mejores amigas nunca me dejaron sola, me visitaban todas las semanas y me hacían reír con sus anécdotas de trabajo y cosas así, hacían cualquier cosa por verme sonreír. Cuando cumplí 10 semanas, me regalaron este álbum de recuerdos tan mono (bendito Mr Wonderful!). Me pareció realmente bonito, hojeé las páginas pero no me atreví a escribir nada en él. No podía, me daba auténtico pavor ilusionarme con algo así y, aunque se lo agradecí mucho, lo guardé en un cajón hasta que fuese capaz de decorarlo con ecografías y demás recuerdos.

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Es un álbum realmente precioso repleto de frases molonas

Ahora, por fin, creo que ha llegado el momento de animarme a completarlo muy poco a poco. Los miedos e inseguridades siguen ahí, pero os prometo que lo hacen en proporciones realmente pequeñas.

Rubio, que es una persona mucho más positiva que yo, siempre ve el vaso medio lleno y una mañana me obsequió con esta monada:

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Mi Solete y mi Lunita, ¿verdad que son preciosos?

Toca hacerse a la idea de que en unos meses dos pequeñajos llenarán nuestro mundo de alegría y amor incondicional y se animó a comprar dos chupetitos, los que más le llamaron la atención 🙂 A mí me encantan y los guardo como si fueran un auténtico tesoro!

Así que por fin puedo gritar a los cuatro vientos que esta menda está disfrutando a tope de esta etapa tan increíble, ilusionándome pensando en ellos y perdiendo el miedo a pasos agigantados.

Como dice Super Mamá: “Lo malo quedó atrás, ya es hora de vivir ilusionada y sin miedos por lo que va a venir”.

Tiene toda la razón, ¿no es cierto? 🙂

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13 SEMANAS: VOLVIENDO POCO A POCO A LA NORMALIDAD

El tiempo pasa muy despacio durante los peores momentos: las esperas entre pruebas, tratamientos fallidos, la incertidumbre de lo que vendrá a continuación… He vivido todo eso, cada etapa, cada sensación, cada sentimiento que se atraganta en la garganta.

Ahora el tiempo vuela, quizás más rápido de lo que me quiero dar cuenta. He cumplido 13 semanitas de embarazo, todavía me cuesta creer que soy yo la que escribe estas líneas.

El reposo absoluto es cosa del pasado. En la eco de las 12 semanas (donde vi a mis bebés moverse y abrir las manitos a modo de saludo) no había rastro del hematoma, lo que nos hace pensar que finalmente se ha reabsorbido gracias a no despegar el trasero del sofá durante más de cinco semanas. En ese aspecto me he sentido realmente aliviada, necesitaba saber que ese obstáculo había desaparecido, que el reposo absoluto estaba sirviendo de algo. Me han recomendado una vida normal pero muy tranquila, sin esfuerzos ni nada por el estilo, pero al menos puedo moverme y dar pequeños paseos, que ya es algo 🙂 Y os aseguro que sabe a verdadera gloria!

Los peques están muy bien, creciendo mucho para tranquilidad mía; no dejan de asombrarme en cada ecografía, donde los veo cada vez más formaditos, abriendo y cerrando sus manitos, estirando las piernecitas y pegando botes sin parar. Me he declarado fan incondicional de las ecografías de mis bebés, me quedo embobada mirándoles, sonriendo feliz al verles tan llenos de vida.

A veces me parece increíble estar viviendo estos momentos… Hace un año no estaba segura de poder vivir esta experiencia tan increíble. “Todo llega”, suele decir Super Mamá, y ahora sé que es verdad.

Así que si tú que me estás leyendo estás pasando por un mal momento tras un negativo, si te sientes perdida y no sabes qué camino tomar, si desconoces si la fuerza te acompañará en todo este proceso… deja que te diga que eres más fuerte de lo que crees, que yo estaba como tú, perdida y sin saber hacia dónde ir, pero créeme que tarde o temprano encontramos el camino acertado. Lucha, lucha hasta que pienses que no puedes más, porque estoy segura de que lo que vendrá después será el mayor logro de nuestras vidas.

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¡¡HOLA, SOY ELORA!!

¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a mis desvaríos virtuales! Mi nombre en este mundillo de la blogosfera es Elora Dannan (sí, “Willow” me marcó de por vida), y sólo soy una más, una soñadora más que busca ser mamá a pesar de que la infertilidad se lo pone realmente complicado cada día.

Soy una chica de veintitantos, felizmente casada, dueña de tres preciosos perros y una gata adorable, amante de la lectura y el Heavy Metal y deseosa de formar una familia con el hombre de mi vida.

¿Por dónde empezar? Si me lo permitís, os resumiré muy brevemente mi historia, que no es nada fuera del otro mundo, ya lo veréis!

He tenido la suerte de conocer al amor de mi vida cuando apenas era una cría ingenua y soñadora que pensaba que todas las historias se merecían por derecho un final feliz. Rubio es para mí mi bote salvavidas, el que me permite soñar, el que se cae y se levanta conmigo, el que siempre tiene en su cara una sonrisa de “Todo saldrá bien”. Rubio no necesita llenar el silencio con tontas palabras o frases de ánimo que no aportarían nada en un momento de llorera. Rubio me abraza y se queda callado junto a mí, reconfortándome con un abrazo de esos que parece que me vuelve a juntar las partes destrozadas de mi corazón.

Siempre quisimos tener niños y, además, los dos estábamos de acuerdo en tenerlos pronto, de jovencitos, para poder disfrutar de nuestros peques mucho más tiempo. Empezamos la búsqueda de nuestro bebé como otras tantas parejas, llenos de ilusión, de esperanzas y de muchas ganas de ser papás. El primer negativo no fue doloroso. Como tampoco lo fue el segundo, el tercero o el cuarto. Pero el décimo segundo fue todo un mazazo. Doce meses de búsqueda. Doce meses de esperanzas perdidas. Doce meses de dolor en los cuales se anunciaban a nuestro alrededor continuos e inesperados embarazos.

Después de aquello, mi doctor quiso probar suerte con Omifin, un inductor de la ovulación que se utiliza en algunos casos para resolver la infertilidad por insuficiencia ovárica. Lo intentamos durante cinco ciclos. Cinco meses de esperanzas que no se cumplieron. Cinco meses de negativos e ilusiones frustradas. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Cada vez dolían más. Y comenzaron las pruebas, los diagnósticos, para saber qué estaba ocurriendo.

Y resultó que yo soy un cúmulo de desajustes hormonales que forman un verdadero huracán en mi cuerpo: sobrepeso, ovarios poliquísticos, FSH un pelín elevada, ciclos irregulares y anovulatorios, amenorrea, etc.

Mis ciclos cada vez eran peores. Tenía suerte si veía la regla cada dos o tres meses. Mi única solución era provocarla con Utrogestan cuando mi cuerpo pedía a gritos quitarse de encima la hinchazón y el malestar acumulado. Así era imposible. Por mucho que lo intentábamos, cada mes veíamos un negativo.

Dolía. Dolía muchísimo. Porque las personas nos merecemos lo que soñamos, ¿verdad? Al menos, eso pensaba yo.

Cuando comenzamos la búsqueda de nuestro bebé, tonta de mí creí que lo conseguiríamos relativamente rápido. Qué engañada estaba. Qué estúpidamente ingenua fui.

Después de todo este tiempo, he aprendido que la infertilidad no es cosa de la edad. La infertilidad no distingue esas cosas. Es más, le importa una auténtica mierda. Te toca y punto, es una lotería, un juego de azar. Pero también he aprendido debido a ella que soy más fuerte de lo que pensaba. Voy a cumplir mi sueño y el de Rubio sea como sea, no vamos a parar. A veces hay que pasar por lo peor para conseguir lo mejor, ¿verdad?

¿Dónde nos encontramos ahora? A las puertas de nuestro primer tratamiento de reproducción asistida. Estamos un poco nerviosillos, pero también ilusionados y volvemos a recuperar la esperanza. En algún momento las cosas tienen que salir bien, ¿no?

Sé que no tengo muchos motivos para quejarme, apenas llevamos tiempo metidos en este mundillo y no nos hemos llevado continuos batacazos con los tratamientos, pero con este blog sólo busco desahogarme y sentirme mejor soltando todo lo que llevo dentro.

Rubio, ten fe, tarde o temprano venceremos. Gracias por cada día que me das a tu lado.

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