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17 SEMANAS: VIDA, CAMBIOS, SENTIMIENTOS.

Dicen que el tiempo vuela cuando eres feliz. Deben de estar en lo cierto, porque las últimas semanas han sido un visto y no visto. Veo mi barriga crecer y me parece increíble que dentro de mí revoloteen dos vidas. Dos vidas, dos personitas, dos chiquitines que se han convertido en las ilusiones de esta loca soñadora.

La barriga hace semanas que empezó a salir. Al principio se trataba de un tímido bulto bajo mi ropa. Yo sabía que estaba ahí, apreciaba los cambios que comenzaban a invadir mi cuerpo, pero para ojos ajenos no había nada que ver bajo mi camiseta. Ahora es casi imposible de disimular. Estos dos bichejos vienen pisando fuerte, haciéndose notar. Y a mí me encanta.

Es todo un orgullo lucir una barriguita infértil. Después de más de dos años y pico de lucha, después de Omifin, de pruebas, de incertidumbre, de dos IA negativas y una FIV con dos transferencias, por fin vivo un momento que no estaba segura de poder experimentar. Es una satisfacción, es la prueba más evidente de que la lucha ha merecido la pena.

A pesar de todo, los miedos siguen estando ahí, aunque ahora los espanto con tanta facilidad que apenas se atreven a aparecer. Me he sorprendido a mí misma curioseando en las secciones de bebé, hojeando carritos y, lo más increíble, atreviéndome a comprarles algo a mis pequeños luceritos. No ha sido gran cosa: dos mantitas bien gorditas para el invierno y unos conjuntos super graciosos de H&M, pero me ha hecho tanta ilusión comprarlos que cada día voy a echarles un vistazo al armario donde los he guardado y sigo sin creerme que esas cosas tan monas sean para mí.

Durante este tiempo de pruebas, muchas dudas, tratamientos y negativos, ha habido embarazos y bebés a mi alrededor a los que comprar un detallito cuando tocaba. Para mí fue duro elegir ropita de bebé que no sabía si algún día sería para mí. Hubo momentos difíciles y, aunque no quiero olvidarlos, sí es cierto que prefiero quedarme con lo bonito que es ahora mi mundo. Veo al Rubiales emocionado, a mis Super Papás cayéndoles la baba con cada avance del embarazo, a nuestros familiares felices por nosotros y a nuestros amigos demostrándome que estos luceritos no solo son especiales para nosotros, sino para ellos también.

Y a mí esos detalles me llenan de vida, una vida que me proporcionan estos dos bichejos en mi barriga.

El sexo de los bebés sigue siendo una incógnita. Se cruzan de piernas durante las ecografías, así que por ahora se mantiene el secreto. Si es que me han salido gamberretes, ya son de armas tomar… jejeje

Lo cierto es que nos da exactamente igual si son dos niñas, dos niños o niño y niña. Es un detalle que nos resulta totalmente indiferente, solo queremos que estén bien y sanitos, y con eso nos basta. Ahora, eso sí, nos os voy a negar que nos morimos de la curiosidad de saber lo que son, en especial por llamarles por su nombre (que lo estoy deseando).

Las horribles molestias que he estado sufriendo hasta hace unas pocas semanas han desaparecido casi por completo y por fin puedo disfrutar de la comida (o de casi toda, hay ciertas cosas que siguen oliéndome fatal), ya no tengo arcadas ni tampoco vómitos y apenas sufro las náuseas que tanto me han acompañado desde el principio del embarazo. En definitiva, vuelvo a tener apetito, aunque yo prefiero llamarlo gula porque hay días que podría tirarme las 24 horas del día comiendo.

Veo la inmensa felicidad en los ojos de mi abuela, que no deja de cuidarme y acariciarme la panza mientras les habla, y siento que toda la lucha ha merecido la pena. Ella ha vivido conmigo cada tratamiento, cada caída, interesándose por cada avance e intentando comprender (hay términos que se le escapan, como es normal) cada paso de los tratamientos y ahora la veo feliz, pletórica, desviviéndose por estos dos luceritos que cada día ocupan más espacio en mi barriga. La he visto entristecerse en cada uno de mis negativos, me ha dado fuerzas y siempre me ha animado a continuar y ahora, por fin, le brillan los ojos de alegría cada vez que me ve y corre a llevarse las manos a mi barriga, que acaricia con dulzura y cariño.

Así que, poco a poco, mi alma empieza a sanarse y vuelvo a ser yo, disfrutando de los pequeños detalles, ilusionándome con los cambios de mi cuerpo, imaginándome un futuro próximo cargado de cambios y rutinas.

Y creo que ni siquiera cien vidas me alcanzarían para haceros comprender lo fácil que ha sido quereros incluso antes de conoceros… 

A vosotras, mis luchadoras, no os rindáis. Como dice Mario Benedetti:

“No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños…”

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ENCONTRANDO LA PAZ

Mañana cumplo 15 semanas. Quince semanas de miedos, de inseguridades, de esperanza, de ilusión, de amor desmedido y, sobre todo, de un instinto de protección hacia mis luceritos que no había experimentado jamás.

Me he dado cuenta de que, poco a poco, he ido recuperando la personalidad que me habían arrebatado los tratamientos y la infertilidad. No me malinterpretéis, siempre seré infértil y jamás olvidaré el camino que he recorrido para llegar hasta aquí, pero desde que estos dos chiquitines están dentro de mí me ha embargado una paz que hacía mucho tiempo que no sentía.

Los embarazos ajenos ya no tienen ese efecto tan devastador en mí, ni tampoco ver barriguitas y bebés preciosos por todas partes. Vuelvo a sonreír, vuelvo a recuperar mi antiguo yo, vuelvo a bromear y estoy deseando hacer planes a todas horas con mis amigas ahora que el reposo absoluto ha desaparecido de mi vida. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Me había acostumbrado tanto a estar triste que ya no recordaba lo bien que se siente una consigo misma cuando está en paz con todo lo que la rodea.

Y, con mucha cautela, me estoy permitiendo disfrutar.

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Regalitos super cucos de amigas increíbles y mi Rubio encantador

Después de los sangrados y la recomendación del reposo absoluto, no pude salir de casa durante poco más de 5 semanas. Mis mejores amigas nunca me dejaron sola, me visitaban todas las semanas y me hacían reír con sus anécdotas de trabajo y cosas así, hacían cualquier cosa por verme sonreír. Cuando cumplí 10 semanas, me regalaron este álbum de recuerdos tan mono (bendito Mr Wonderful!). Me pareció realmente bonito, hojeé las páginas pero no me atreví a escribir nada en él. No podía, me daba auténtico pavor ilusionarme con algo así y, aunque se lo agradecí mucho, lo guardé en un cajón hasta que fuese capaz de decorarlo con ecografías y demás recuerdos.

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Es un álbum realmente precioso repleto de frases molonas

Ahora, por fin, creo que ha llegado el momento de animarme a completarlo muy poco a poco. Los miedos e inseguridades siguen ahí, pero os prometo que lo hacen en proporciones realmente pequeñas.

Rubio, que es una persona mucho más positiva que yo, siempre ve el vaso medio lleno y una mañana me obsequió con esta monada:

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Mi Solete y mi Lunita, ¿verdad que son preciosos?

Toca hacerse a la idea de que en unos meses dos pequeñajos llenarán nuestro mundo de alegría y amor incondicional y se animó a comprar dos chupetitos, los que más le llamaron la atención 🙂 A mí me encantan y los guardo como si fueran un auténtico tesoro!

Así que por fin puedo gritar a los cuatro vientos que esta menda está disfrutando a tope de esta etapa tan increíble, ilusionándome pensando en ellos y perdiendo el miedo a pasos agigantados.

Como dice Super Mamá: “Lo malo quedó atrás, ya es hora de vivir ilusionada y sin miedos por lo que va a venir”.

Tiene toda la razón, ¿no es cierto? 🙂

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13 SEMANAS: VOLVIENDO POCO A POCO A LA NORMALIDAD

El tiempo pasa muy despacio durante los peores momentos: las esperas entre pruebas, tratamientos fallidos, la incertidumbre de lo que vendrá a continuación… He vivido todo eso, cada etapa, cada sensación, cada sentimiento que se atraganta en la garganta.

Ahora el tiempo vuela, quizás más rápido de lo que me quiero dar cuenta. He cumplido 13 semanitas de embarazo, todavía me cuesta creer que soy yo la que escribe estas líneas.

El reposo absoluto es cosa del pasado. En la eco de las 12 semanas (donde vi a mis bebés moverse y abrir las manitos a modo de saludo) no había rastro del hematoma, lo que nos hace pensar que finalmente se ha reabsorbido gracias a no despegar el trasero del sofá durante más de cinco semanas. En ese aspecto me he sentido realmente aliviada, necesitaba saber que ese obstáculo había desaparecido, que el reposo absoluto estaba sirviendo de algo. Me han recomendado una vida normal pero muy tranquila, sin esfuerzos ni nada por el estilo, pero al menos puedo moverme y dar pequeños paseos, que ya es algo 🙂 Y os aseguro que sabe a verdadera gloria!

Los peques están muy bien, creciendo mucho para tranquilidad mía; no dejan de asombrarme en cada ecografía, donde los veo cada vez más formaditos, abriendo y cerrando sus manitos, estirando las piernecitas y pegando botes sin parar. Me he declarado fan incondicional de las ecografías de mis bebés, me quedo embobada mirándoles, sonriendo feliz al verles tan llenos de vida.

A veces me parece increíble estar viviendo estos momentos… Hace un año no estaba segura de poder vivir esta experiencia tan increíble. “Todo llega”, suele decir Super Mamá, y ahora sé que es verdad.

Así que si tú que me estás leyendo estás pasando por un mal momento tras un negativo, si te sientes perdida y no sabes qué camino tomar, si desconoces si la fuerza te acompañará en todo este proceso… deja que te diga que eres más fuerte de lo que crees, que yo estaba como tú, perdida y sin saber hacia dónde ir, pero créeme que tarde o temprano encontramos el camino acertado. Lucha, lucha hasta que pienses que no puedes más, porque estoy segura de que lo que vendrá después será el mayor logro de nuestras vidas.

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ARRANCAMOS: COMIENZO DE MI FIV

¡Feliz día de Reyes, guapuras!

Hoy vengo a contaros con una enorme sonrisa en mi rostro los primeros sentimientos ante el instantáneo comienzo de mi FIV. La semana pasada, en pleno sábado por la noche, mi amiguita la de rojo hizo su aparición y ayer por la tarde Rubio y yo acudimos a la clínica para ver a nuestra gine y saber si podríamos empezar por fin. Os reconozco que yo iba con la mosca detrás de la oreja, tenía miedo de que apareciese un contratiempo de última hora que nos obligase a retrasar nuestros planes un mes más.

No iba muy desencaminada.

Durante la ecografía, la gine comprobó que en mi ovario derecho existía un pequeño quiste residual de anteriores ovulaciones y me comentó la posibilidad de comenzar con las anticonceptivas durante quince días y así intentar que el pequeño #quistecabrón desapareciese para mi próxima consulta. Casi me da un vuelco el corazón. No. No. No. Me lo temía. Lo sabía, sabía que algo detendría nuestros planes. Justo ahora que nuestras energías estaban a tope!

Le dije a la gine que haríamos exactamente lo que ella nos aconsejase, que aunque nos decepcionaba un poco esperar de nuevo, haríamos lo que ella creyese conveniente para comenzar la FIV de la mejor forma posible. Me vestí y regresé a la consulta junto a Rubio y la enfermera. La doctora se sentó al otro lado de la mesa y empezó a buscar algún tipo de información en el ordenador. El corazón iba a salírseme del pecho.

“- Sí… ¡Aquí está! Efectivamente, antes de tu segunda IA, ese quiste seguía en el mismo lugar. En aquella ocasión, hicimos analítica y comprobamos Estradiol. Todo estaba en orden, por eso pudiste empezar. ¿Qué te parece si volvemos a comprobarlo? Si el quiste no produce hormonación, te daré mi aprobación para empezar la FIV”.

Suspiro de alivio. Solté el aire poco a poco, como desinflándome lentamente.

Cambiamos de consulta, nos condujeron a una pequeña habitación que me resultaba de lo más familiar (ahí es donde siempre tienen lugar las extracciones), me realizaron la analítica y nos explicaron a Rubio y a mí cómo se preparaba e inyectaba la medicación si finalmente los resultados de las hormonas salían normales. La enfermera nos informó que nos llamarían antes de las nueve de la noche para informarnos del resultado, y dependiendo de éste, prepararíamos las siguientes consultas. Nos fuimos de la clínica contentos, positivos, pensando que muy pronto nos llamarían para decirnos que todo estaba en orden.

Buscamos una farmacia, compramos la medicación y nos fuimos de compras. Me encontraba yo en pleno probador cuando me sonó el teléfono. Nerviosa y con dedos temblorosos, descolgué y puse la mejor de mis voces:

“-¿Sí?”

“¿Elora? Te llamamos de la clínica. Todo está en orden, mañana puedes empezar a pincharte. Cualquier duda o consulta, no dudes en llamarnos, ¿de acuerdo?”

Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Volvimos a casa con una sonrisa imborrable en nuestros rostros. Por fin. Un nuevo camino comienza y solo deseamos que sea el definitivo, el que nos conduzca a nuestra pequeña Canica. Me siento super emocionada y positiva como nunca antes lo había estado. Después de mi segunda (y última) IA que resultó ser horriblemente desastrosa (me vino la regla a cuatro días de la beta), necesité para y olvidarme de tratamientos. No quería seguir, no podía. No quería saber nada de inyecciones, controles, consultas, miedos, incertidumbres y demás. Necesitaba descansar a nivel emocional y mental. Y Rubio también. Y así lo hicimos. Nuestra última IA fue en septiembre del 2014 y, ahora, en los comienzos de enero de 2015, nuestras pilas están tan cargadas que siento que voy a comerme el mundo. Me siento tan ilusionada que no dejaré que nada me afecte.

Este es el mejor regalo de Reyes que me podrían haber dado. La ilusión de un nuevo comienzo.

Así que esta noche empezaré con Gonal y Menopur, y el próximo sábado tendré mi primer control de la FIV. En la próxima entrada prometo contaros al detalle cómo funcionan estas adorables inyecciones.

¡Hasta la próxima!

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¡HE VUELTO!

¡Hola, hola! ¡Sigo viva!

Mi última entrada es del 2 de diciembre y, desde entonces, he tenido el blog un pelín paradillo. No ha sido por nada en especial, pero no sabía muy bien qué contar ya que no me ha pasado nada nuevo ni interesante. Rubio y yo seguimos en stand by, esperando el momento en que llegue mi amiguísima la de rojo para comenzar por fin nuestra FIV. Por un momento, valoramos la opción de iniciar el tratamiento en noviembre, pero no nos acabó de convencer la idea porque los resultados del cariotipo no llegarían a tiempo. Así que decidimos esperar un mes más y aplazarlo hasta diciembre.

Y en esas estamos. En los próximos días iré a recoger los resultados del cariotipo (no, no nos han llegado todavía. Por lo visto, hemos escogido el laboratorio más lentorro de todos!) y en cuanto tengamos luz verde, empezaremos con las banderillas. La verdad es que lo estoy deseando. Estos tres últimos meses sin tratamientos me han sentado genial, he descansado de cuerpo y mente. O puede que de mente no tanto. He tenido mucho tiempo para pensar, quizás demasiado. Y yo siempre tiendo a ponerme en lo peor, es como un mecanismo de defensa para no sufrir más dolor del estrictamente necesario.

En los últimos días he pensado mucho en la FIV, en lo que podría pasar y en lo que no, en el dineral que nos supone y en las esperanzas tan gigantescas que Rubio y yo hemos depositado en ella. Me da miedo poner todas mis esperanzas en un tratamiento, me aterra ilusionarme demasiado o creerme de verdad que esta vez tiene que ser la buena, porque el batacazo será el peor de todos. Ahora pienso en las IAs y las recuerdo con demasiada inocencia e ingenuidad, pensando que algo tan sencillo como eso sería la solución a todos nuestros problemas. Me equivoqué, lo pasé realmente mal y entonces comprendí que esto de la infertilidad es una carrera de fondo, que las cosas no son tan sencillas como creemos. Y quizás por ello me asusta tanto la FIV, porque no quiero volver a sentir que me rompo por dentro porque las cosas no salen como esperábamos.

No me asustan las banderillas, no me malinterpretéis, ese miedo lo he superado hace tiempo. Me da miedo el proceso en sí y también el resultado. No sé si responderé bien o no a la medicación, no sé si conseguiré buenos ovulines y embrioncitos preciosos (a mí todos me parecerán increíblemente bellos, de eso estoy segura) y no sé si esta vez será por fin la definitiva. Es todo cuanto deseo, que este camino tan agotador se termine de una vez, pero en la infertilidad no puedes dar nada por seguro.

A pesar de mis miedos, también me siento muy positiva y esperanzada. Quiero comenzar ya, quiero comerme a esa FIV y ganar esta batalla de una vez por todas. Quiero ser mamá, quiero que Rubio sea papá y no vamos a parar hasta conseguirlo. Me siento más fuerte que nunca, dispuesta a todo por mi pequeñín. Me caeré y me levantaré y estoy segura de que todo esto se verá compensado muy pronto.

Voy a dar carpetazo al 2014 y creer que el próximo año será el año de los sueños cumplidos.

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HAY UNA EXTRAÑA EN MÍ

A veces creo que no me reconozco. A veces sospecho que hay una extraña conviviendo en mi interior que desbarajusta mis pensamientos y mis ideas más profundas. Porque a veces, en la gran mayoría de las ocasiones, me siento cambiada, distorsionada, modificada en contra de mi voluntad. Siento que ya no soy la misma y, echando la vista hacia atrás, he llegado a reconocer que me costará mucho esfuerzo ser la persona que era antes: despreocupada, ingenua, soñadora… incluso más feliz, menos triste.

Estos últimos días (o semanas) no han sido fáciles para mí. En el fondo de mi ser, sabía que me pasaría factura el no haber derramado ni una sola lágrima después de mi segundo negativo. Soy una persona muy emocional, me cuesta horrores controlarme y cuando tristemente comprendí que no llegaría a la beta, fui incapaz de llorar. Ni una sola puñetera lágrima. Ese día me transformé en una persona fría como el hielo, distante, cubriéndome de una capa de indiferencia que consiguió hacerme sentir que el dolor no era mío, que la situación no iba conmigo, que todo el asunto de la infertilidad me resbalaba completamente. ¿Otro negativo? Bah, qué más da. ¿Todas mis ilusiones al cubo de la basura? ¡Pues que se vayan! ¿Y qué vas a hacer ahora, bonita, vas a llorar hasta quedarte sin lágrimas? Que le jodan, ni siquiera me apetece venirme abajo.

Al menos, eso pensaba yo. Los días posteriores al negativo los viví como si no hubiera pasado nada. No me apetecía pensar en el tema, lo último que me apetecía era trazar un nuevo plan de ataque. Qué más da. Y conforme han pasado los días, una sensación muy incómoda se ha ido instalando dentro de mí. Una sensación de miedo brutal, de desazón, de dolor inmenso por lo que pueda pasar. Tengo que reconocer que la ilusión con la que comencé la búsqueda de mi bebé ha desaparecido en cierta medida. Yo empecé esta dulce búsqueda pensando que las cosas serían mucho más fáciles, que sería cuestión de tiempo que nuestro pequeño llegase a nosotros; sin embargo, dos años después, la sensación que describe esta situación es totalmente amarga.

Aunque me duela, tengo que reconocer que el segundo negativo me ha hecho mucho más daño que el primero. En mi primera IA negativa lloré hasta quedarme sin fuerzas, descargué toda mi impotencia y mi dolor en cada lágrima derramada y pasados unos días, el dolor se fue mitigando hasta convertirse en una espinita clavada en mi corazón malherido. Pero esta vez ha sido diferente, el cuerpo no me pedía desahogarme, me exigía quedarme como estaba sin mostrar reacciones. Ese muro que he levantado torpemente para protegerme me ha pasado factura porque desde entonces arrastro una losa incómoda y pesada que me acompaña en mi día a día sin poder evitarlo. Y cuando menos me lo esperaba, cuando creía que ya no pasaría, me he encontrado llorando en la soledad de mi cuarto, mirando a través de la ventana caer la lluvia mientras la niebla bajaba lentamente desde la parte más alta de las montañas. Y así, en silencio, admirando la belleza de mi alrededor, yo me descomponía en lágrimas llenas de dolor, frustración e impotencia. La peor de las lágrimas.

He explotado. Demasiado tiempo reteniendo en mi interior sentimientos que se me atragantaban en la garganta. Demasiado tiempo soportando un dolor incomprensible en mi pecho. Demasiado tiempo fingiendo ser alguien que no soy, engañándome a mí misma de que el segundo negativo tampoco dolía tanto.

Y del mismo modo que sé que no me encuentro en el mejor de mis momentos, sé que resurgiré de mis cenizas para afrontar un nuevo proceso con la mejor de mis sonrisas. A pesar de las circunstancias hay que ser positivos y enfrentar los miedos. No es fácil, pero voy a intentarlo. Quiero intentarlo.

Tengo muchas esperanzas depositadas en nuestra inminente FIV, puede que sea la solución idónea para nosotros y por fin podamos sentir que esta pesadilla ha llegado a su fin. De todas formas, prefiero ser precavida y dar pequeños pasos; decidida pero con los pies en la tierra.

Y, algún día, puede que todo esto sólo sea un recuerdo de la lucha más intensa de toda mi vida.

Seguiremos intentándolo volcando nuestra ilusión en cada intento porque creo firmemente que ese bebé cada vez está más cerca de nosotros. Te esperamos, mi cielo, no puedes imaginarte con cuánto anhelo.

Duerme, duerme, aquí estaré,

las nubes serán tu colchón.

Que ni el viento ni la brisa te dejen

de acariciar, pues tú eres mi DON.

Duerme, duerme…

Te quiero, tesoro. De un modo que hasta duele.

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DÍAS GRISES

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Fuera, las nubes grises cubren casi por completo los rayos apagados del astro rey. Llueve con fuerza, la lluvia impacta contra las ventanas rompiendo el silencio de mi habitación. Hace frío y viento. Las ramas de los árboles del jardín bailan al son caprichoso que impone la gélida brisa.

Estos últimos días no han sido días fáciles. Me siento cansada, harta de todo y de todos, enfadada con el mundo, dolida con mi cuerpo caprichoso que ha decidido jugar su propia partida sin tenerme en cuenta. Apenas me reconozco y eso me duele. Me duele profundamente. ¿Dónde está aquella chica sonriente que siempre hacía reír a los demás? ¿Dónde se esconde aquella chica llena de chispa y despreocupada, la que siempre estaba dispuesta a ayudar a los de su alrededor? ¿A dónde se ha ido esa chica cariñosa y divertida, la que nunca faltaba en una buena reunión de amigos y divertía a todo el mundo? Esa chica está cansada. Cansada de fingir que todo va bien mientras todo se desmorona por dentro. Cansada de luchar, de sacar fuerzas de donde no las hay. Cansada de los negativos. Cansada del dolor. A esa chica la infertilidad le ha cambiado la vida. Esa chica necesita, por primera vez, que la ayuden a ella. Que alguien comprenda su dolor y su desánimo, que alguien intente ponerse en su lugar. Necesita, más que nunca, sentirse comprendida y querida.

Me gustaría que todo esto no me afectara. Me gustaría ser más fuerte. Pero no puedo. Son demasiadas preocupaciones, demasiados problemas, demasiado… Todo. Agradecería que los demás se pusiesen en mi lugar más a menudo. Yo siempre lo he hecho, siempre he intentado ponerme en el lugar del otro para sentir lo que él siente. Eso me ha ahorrado muchas discusiones con Rubio. Esto no es una obsesión, no es un capricho, no es tan fácil como relajarse y dejar que la naturaleza intervenga. No, señores. Las cosas no son tan fáciles. Los primeros meses, fui la persona más despreocupada del mundo, ni siquiera me dolían los negativos. Y ni siquiera esa despreocupación consiguió que mi pequeña Canica fuese parte de mí.

Ay, Canica, ¿por qué nos lo pones tan difícil? Papá y mamá intentan ser fuertes por ti, te buscamos incansablemente… Y parece que eso no es suficiente.

Estoy harta de las lágrimas y del dolor que siento en el corazón cada vez que alguna vecina o amiga me pregunta “¿Y tú para cuándo?”. Me gustaría gritar tantas cosas que me quedo muda de la impresión.

Después de salir de nuestra consulta en Fertilidad, mi mente comenzó a dar muchas vueltas, a barajar diversas opciones, a pensar demasiado. Recuerdo perfectamente la frase de la ginecóloga que provocó que me preocupara tanto: “Uy, esta FSH está un pelín alta. No todos los tratamientos son válidos si la FSH no es correcta. Puede darte problemas”. 

Y comencé a buscar información. Internet es un gran aliado en esto, pero también un verdugo. No toda la información que aparece en San Google es buena ni correcta. Esa dichosa hormonita, la FSH, no es otra cosa que un indicativo de nuestra reserva ovárica y la calidad de nuestros óvulos y, al parecer, la mía está un pelín por encima del límite.

¿Qué hacer? La verdad es que me encuentro un poco perdida. La ginecóloga de la Seguridad Social me asustó bastante, para qué mentir. Me hizo ver que mi FSH es muy elevada (está por encima de 10 y parece ser que eso es demasiado) y que las opciones y las alternativas no son demasiadas. En cambio, en la clínica privada, no nos lo han pintado de un modo tan fatalista. Rubio y yo estamos muy perdidos. No sabemos qué hacer, a quién creer, de quién fiarnos, en quién confiar. En unos días me haré un segundo análisis hormonal para volver a echarle un ojo a la FSH, la LH, el Estradiol y la Progesterona. Y una vez tengamos los resultados, decidiremos qué hacer.

Rubio quiere luchar. Quiere tirar hacia adelante. No quiere detenerse, no ahora que estamos en mitad del camino. Pero a mí me asaltan muchas dudas. Si mi reserva ovárica es mala, ¿qué opciones me quedan? Una IA queda totalmente descartada y probablemente una FIV también. He leído que muchas de las mujeres a las que se le ha diagnosticado una FSH elevada han tenido que recurrir a la ovodonación. No quiero adelantarme a los hechos, no quiero ponerme en lo peor, pero a veces es lo mejor para que la caída sea menos dolorosa. De todas formas, si la ovodonación fuese nuestra única opción, nos iríamos de cabeza a ella.

No necesito un clon de mí, sólo quiero ser mamá, quiero sentir a Canica dentro de mí. No me importa que genéticamente no se parezca a mí, eso es lo menos importante.

Rubio no quiere que yo piense en esas cosas. Él no es tan tremendista y fatalista como yo. Él quiere pensar que algo bueno nos está esperando a la vuelta de la esquina. Él quiere creer que el destino nos deparará un final feliz. Si no podemos ir a IA, la FIV será nuestro próximo destino.

Ay, Rubio, cuánto me duele no poder cumplir tu sueño. Cuánto me duele no poder hacerte padre. Veo la tristeza en tus ojos y tu dolor me desgarra por dentro y duele como mil demonios. Eres una persona increíble, la persona más increíble que he conocido jamás y serás un padrazo, estoy segura. Canica estará orgulloso del papá genial que tendrá, el que hará posible que nuestro sueño se cumpla, el que no se rinde jamás, el que tira de mí y de él con todas sus fuerzas.

Estos días son difíciles y lo seguirán siendo hasta que los resultados no lleguen a mis manos. Y cuando así sea, resolveremos todas nuestras dudas.

Después de este largo camino, después de las lágrimas y los malos momentos, cuando te tenga entre mis brazos, mi hermoso bebé, imagina cuánto te querré.    

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