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LOS RESULTADOS DE LAS ANALÍTICAS

¡Hola guapuras!

Hoy vengo a contaros que hace unos días recogí, por fin, los resultados de mis analíticas. Llevaba varios días esperándolos y, aunque no son increíblemente importantes, la verdad es que sentía curiosidad por conocerlos. Os pondré al día: en la clínica mi doctora me pidió algunas cosillas antes de empezar la FIV para conocer cómo estaban funcionando mis hormonas alocadas, así que me preparó un informe solicitándome la valoración de la FSH, LH, TSH, prolactina, progesterona y estradiol. Además, decidió incluir el índice de Glucemia e Insulina (algo que nunca me habían pedido antes) para descartar problemas relacionados con mi SOP.

Ahora que ya tengo los resultados en mi poder, me he dedicado a cotillearlos un poco antes de entregárselos a mi doctora. Los niveles de Glucemia e Insulina no los entiendo demasiado (por no decir absolutamente nada), pero lo que me ha sorprendido ha sido el valor de mi FSH, que se ha reducido a 5.51 cuando a principios de año estaba en 8.6. Además, me ha subido un pelín la TSH (hormona estimulante de la tiroides): antes la tenía en 2.4 y ahora en 2.87; no es mucho, pero tampoco me agrada que haya superado los 2.5 que se recomienda para quedarte embarazada.

En cuanto a la Glucemia e Insulina, decidí preguntarles a un grupo experto en Síndrome del Ovario Poliquístico para que me ayudasen a resolver mis dudas. Son unas chicas majísimas que sufren mi misma enfermedad y que siempre están dispuestas a echar una mano y ayudar. Lo que me ha dicho una de ellas es que con mis resultados tengo un claro síntoma de resistencia a la insulina y todas las papeletas para sufrir diabetes. Y como, además, tengo un pequeño sobrepeso, tengo muchísimo miedo de que el porcentaje de éxito de la FIV disminuya debido a todos estos factores.

No quiero pensarlo mucho porque tengo el defecto de darle muchas vueltas a las cosas y eso es justo lo que quiero evitar. La próxima semana iré a consulta y le expondré a la doctora todas mis dudas. No quiero empezar la FIV hasta que sienta que he hecho todo lo posible por empezar en las mejores condiciones. Además, Rubio y yo hemos pensado en hacernos la prueba del cariotipo para evitarnos sorpresas innecesarias. Hemos pensado que, ya que nos vamos a gastar un pastizal en la FIV, por lo menos asegurarnos de que todo está bien antes de comenzar. La verdad es que yo me quedaría mucho más tranquila sabiendo que no tenemos problemas genéticos y que nuestro ADN no contiene ninguna anomalía.

En la clínica no nos la han pedido, nos la haremos por nuestra cuenta, pero creo que vale la pena. Total, un gasto más encima de todo esto creo que ya no se nota, ¿verdad? Vosotras qué pensáis, ¿creéis que es una prueba innecesaria?

Y esto es todo por hoy. Ahora mismo nos encontramos en “MOMENTO PRUEBAS A TOPE” antes de la FIV, intentando resolver nuestras dudas lo mejor posible. Prometo informaros de todo lo que me cuenten en mi próxima consulta.

Un beso gigantesco a todas las que me leéis y feliz viernes!!!

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¡EMPEZAMOS! ¡IA A LA VISTA!

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Estos últimos días han pasado lentos y un tanto monótonos, aunque no por ello aburridos. Desde que le dimos luz verde a la Fábrica de sueños para comenzar al fin nuestro primer tratamiento, nos encontramos en una nube grisácea de miedo y esperanza a la vez. Miedo a lo desconocido. Miedo a lo que pueda pasar. Miedo a que las cosas no salgan bien. Y esperanza, mucha esperanza de que nuestro sueño se cumpla. Caminamos con tanta desconfianza que continuamente tenemos la sensación de que caemos al vacío.

A pesar de padecer SOP y de que mi FSH no está para tirar cohetes, en la clínica nos han recomendado empezar por una IA. He de confesaros que, por mi parte, prefería ir directamente a una FIV porque me preocupa demasiado la calidad de mis óvulos. No soy tonta, ni mi FSH ni mi LH están en sus mejores valores. Ya os he hablado en otras ocasiones acerca de la FSH, pero esta es la primera vez que hago referencia a la dichosa LH, así que os explicaré brevemente de qué se trata. Esta hormonita (estrechamente ligada a la FSH) también es conocida como Hormona Luteinizante y controla la maduración de los folículos, la ovulación, la iniciación del cuerpo lúteo y la secreción de progesterona. En definitiva, estimula la ovulación, dicho en pocas palabras.

En mi último análisis hormonal, tanto la FSH como la LH salían un tanto elevadillas. No demasiado, pero lo suficiente como para que yo decidiera prestarles atención. Es un síntoma claro de SOP y podría detonar una insuficiencia ovárica o una menopausia precoz. Todo grandes noticias a mi alrededor, sí señor (nótese la ironía). Por esa razón, yo habría preferido meterme de lleno en una FIV. Pero mi gine me animó a realizar un par de intentos de inseminación artificial; según él, no existe un problema excesivamente serio como para ignorar este tratamiento.

¿En qué consiste?

La inseminación artificial consiste en la introducción del semen, previamente tratado en el laboratorio, en el interior del útero de la mujer, en las horas próximas a la ovulación.

¿Cuándo está indicada?

– Alteración de la ovulación.

– Disminución del número o de la movilidad de los espermatozoides presentes en el semen, y/o anomalías en los mismos.

– Dificultad de penetración de los espermatozoides en la cavidad uterina.

– Causa desconocida de infertilidad o esterilidad.

Leyendo el consentimiento para realizar la IA que me entregaron en la clínica, he llegado a la conclusión de que existen dos puntos que se me han atragantado y apenas puedo digerirlos. El punto número uno habla acerca de los resultados y el porcentaje de éxito. El punto número dos ofrece alternativas ante el fracaso de la técnica.

Me ha dejado bastante descolocada leer que, en general, la media de embarazo por ciclo en nuestra clínica se encuentra en el 20%. Sólo un veinte por ciento de posibilidades de éxito. Sólo. Hay un ochenta por ciento de posibilidades de que salga mal. Es una diferencia aplastante, cruel, despiadada. ¿Cómo podríamos conseguirlo teniendo una media de embarazo por ciclo de un 20%? Incluso para mí, que siempre me he considerado una mujer soñadora y luchadora, me parece muy poco. La realidad es que la IA, comparada con la FIV, tiene un porcentaje de éxito muchísimo menor. Y tener un ochenta por ciento de posibilidades de que no lo consigamos no es algo que me deje muy tranquila. Rubio dice que pienso demasiado, que le doy demasiadas vueltas a todo, que siempre me pongo en lo peor y así no contribuyo en nada a lo que nos ocurre. Sé que tiene razón en cada maldita palabra, pero yo no puedo evitar pensar que no las tengo todas conmigo. Siempre he tenido ese mecanismo de defensa, prefiero ponerme en lo peor para que la caída sea mucho más mullidita. Rubio no quiere oír hablar de porcentajes ni resultados, él sólo quiere sentir que está haciendo todo lo posible por cumplir nuestro sueño.

A medida que iba pasando las páginas y leía con atención cada punto existente, me deprimía más y más. Hasta que finalmente aparecieron ante mí unas palabras que nunca habría querido leer. Alternativas ante el fracaso de la técnica. Siete palabras que pueden hundirte y arrastrarte por el fango.

Si después de haber realizado de TRES a SEIS ciclos de inseminación artificial no se ha conseguido el embarazo, en ese momento se recomienda un tiempo de espera y reflexión antes de adoptar una de las siguientes decisiones:

– Profundizar en el estudio de la esterilidad femenina. Iniciar otras técnicas de reproducción asistida (FIV, inseminación con semen de donante u otras).

– Plantearse la situación personal y familiar como pareja sin hijos o iniciar los trámites para informarse y, en su caso, solicitar la adopción de una niña o un niño.

– Volver a iniciar el tratamiento.

Un tanto desmoralizante, ¿verdad? Entiendo que en las clínicas quieran lavarse las manos y que no te aseguren conseguir el embarazo, pero leer que puedas replantearte tu propia situación personal como pareja sin hijos me resulta bastante doloroso. No me gustaría tener que replantearme esa idea jamás. Quiero luchar y que mi sueño se haga realidad. Quiero conocer a Canica, descubrir el amor más incondicional de todos, quiero amar y enamorarme como nunca antes lo había hecho. Porque me muero de ganas de ser madre. Y nadie puede impedírmelo ni decirme que no lo intento con todas mis fuerzas.

He aceptado, no sin que resulte doloroso, que mi camino hacia mi Pequeña Canica será más largo y agotador de lo que yo habría querido o imaginado. Sí, lo he aceptado. No me autocompadezco ni busco despertar lástima en los demás, es una simple y cruel realidad. Por mucho que me duela reconocerlo, ser mamá es algo que se me resiste, que se me ha negado por puro capricho del destino. El universo se ha confabulado para no darme aquello que tanto deseo. Los astros, los planetas, las estrellas, llamémoslos como queráis, se han alineado para que yo, Elora Dannan, conozca cada día lo que es el sacrificio y la perseverancia para conseguir que este sueño, que apenas he llegado a rozar con los dedos, se haga realidad. Y, aunque he aceptado que mi camino será más difícil que el de otras mujeres que me rodean, no deja de resultarme tan doloroso que a veces me quedo sin respiración.

No me gusta despertar lástima en los demás, no quiero que nadie diga acerca de mí “la pobre chica que no puede tener hijos” sintiendo una fingida pena hacia mi persona mientras se ocupan de sus hijos. Quiero que, cuando todo esto haya acabado, lo único que pueda escuchar sea un “¡La cabrona lo consiguió!” y yo sonría feliz y completa de tener a Canica entre mis brazos.

Considero que aceptar que nuestro camino no será fácil supone una gran fortaleza por nuestra parte. No es fácil aceptar que nuestro deseo de ser madres se demorará más de lo que queremos y que acabaremos hasta las mismísimas narices de los médicos, las consultas, los tratamientos y la medicación, por no hablar del desgaste emocional y económico que supone. Pero renacemos como el ave Fénix después de cada caída, cogiendo impulso para continuar con más fuerzas de las que ya teníamos, sacando una sonrisa a pesar de las adversidades, sintiéndote orgullosa de ti misma por luchar por lo que quieres.

Cuanto cuesta volver a sonreír después de un negativo, ¿verdad? Cuanto cuesta reponerse de una caída dolorosa, ¿no es cierto? Cuanto cuesta sacar fuerzas de donde no las hay, levantar un muro a tu alrededor para que nadie pueda saber cuánto sufres en realidad, esbozar una sonrisa a pesar los problemas. Cuanto cuesta fingir que todo va bien, ¿verdad?

Y lo hacemos. Hacemos todas esas cosas cada maldito día como si ya fuera una costumbre para nosotras. Ser fuerte es una obligación, no una posibilidad. Soy una mujer que lucha por lo que quiere, y no lo digo con orgullo ni presumo de ello como si fuera un gran título que mostrar a los demás. Es un hecho, algo que se me ha sido impuesto y lo he aceptado no sin antes derramar demasiadas lágrimas. Es una realidad, algo innato en mí. No es una opción, es algo que tengo que hacer para encontrar al amor de mi vida, a mi Pequeña Canica, mi precioso bebé que tanto quiero incluso antes de conocerlo.

Este lunes está resultando un contraste de sentimientos para mí y todos ellos tienen un denominador común: el miedo. El miedo a lo desconocido y a lo que nos deparará este tratamiento.

Rubio, siento ser tan pesimista en ocasiones. Prometo corregir estos errores!

Gracias por cada sonrisa que consigues arrancarme cada día.

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UNA TREGUA EN EL CAMINO

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Sonríe. Sonríe porque ningún problema tiene derecho a robarte la sonrisa. Y, si sonríes, parece que todo es más bonito a tu alrededor.

Cuando Rubio y yo descubrimos en primera persona el significado de la palabra Infertilidad, yo dejé de sonreír. Nada a mi alrededor parecía merecerse que yo sonriera, nada era suficiente para que yo me molestase en fingir un esbozo de sonrisa. Con el tiempo aprendí que mi tristeza no me ayudaría, que ella no me sacaría del pozo en el que me encontraba. Yo me encontraba allí abajo, en el fondo de aquel agujero oscuro y no conseguía ver la luz que me indicase la salida. Y cuando caes tan abajo, sólo puedes subir. Y yo subí. Salí de aquel agujero triste y amargado y sonreí.

“Estoy viva, ¡qué coño!”, pensé. No es el fin del mundo. Tengo un marido increíble, una familia genial que me apoya en cada una de mis decisiones y amigos de los de verdad (pocos), de esos que entran en mi casa y abren la nevera para zamparse cualquier cosa que les gusta. De esos amigos que se transforman en familia, que están en las buenas y en las malas, que soportan incansablemente mis continuas pajas mentales.

He de reconocer que hasta que llegué a esa conclusión, mis días eran un tormento. Sólo veía carritos de bebé y embarazadas por todas partes. Mis vecinas se preñaban con pasmosa facilidad, cada vez que me encontraba con una conocida por la calle me anunciaba su embarazo y algunas amigas fueron mamás. Y a mí se me encogía el corazón al ver que todas lo conseguían menos yo. “¿Por qué tiene que ser tan difícil para mí?”, me preguntaba entre lágrimas. “¿Qué tengo yo de diferente a las demás?” le preguntaba a Rubio cuando la tristeza más absoluta se imponía sobre mí.

Rubio nunca sabía qué contestar. Él se quedaba quieto junto a mí, me abrazaba con fuerza y me susurraba al oído: “Tranquila. Todo va a salir bien”. Yo no le creía y me enfadaba con él porque parecía que sólo yo lo estaba pasando mal, que por el único motivo de expresar mis sentimientos sufría más que él. Y Rubio soportaba mis rabietas y mis berrinches, abrazándome en silencio y dándome un beso tierno en la frente (es lo que tiene ser bajita y él un metro ochenta de pura dulzura convertida en hombre).

Lo he pasado mal y sé que todavía queda mucho camino que recorrer, pero hoy quiero sonreír. Qué leches, me lo merezco!

Esta mañana he recogido mis analíticas hormonales, esas a las que le tenía tanto miedo. En la anterior, mi FSH estaba bastante elevada, tanto que la ginecóloga de la S.S. me comentó que aquello no tenía muy buena pinta y que la IA quedaría probablemente descartada por no poder estimular mis ovarios con éxito. Como ya os comenté en anteriores entradas, la FSH es una hormona que juega un papel fundamental en la maduración de los folículos (cada folículo contiene a su vez un óvulo, que será liberado durante la ovulación). Los niveles de FSH indican el estado y el funcionamiento de los ovarios y si estos niveles están elevados corresponden a una insuficiencia ovárica, que es lo que me habían diagnosticado a mí en la última analítica hormonal que me hice. Y aquello me sentó como una jarra de agua fría. Mis óvulos eran de mala calidad y sabía que un embarazo de forma natural quedaba prácticamente descartado. Aunque aquello no fue lo que me preocupó especialmente; lo que más me inquietaba era pensar que tal vez no todos los tratamientos de reproducción asistida funcionarían en mí por esa elevación en los resultados.

Mi FSH se encontraba en 12.6 mUl/ml, cuando el límite en la fase folicular (antes de la ovulación) es de 10 mUl/ml. Desde aquellos resultados, me hablaron de insuficiencia ovárica, fallo ovárico precoz e incluso una posible menopausia precoz. Vamos, todo facilidades para quedarme embarazada (nótese la ironía).

Hace unas semanas, volví a repetírmelos para asegurarnos de que los resultados eran los correctos. Yo quería estar segura completamente de que ese era mi diagnóstico. Hoy fui a recogerlos y abrí el sobre con miedo. Extendí el papel y me preparé para lo peor, algo que suelo hacer muy a menudo para prepararme en caso de que el resultado no sea el esperado. Estaba mentalizada para encontrarme un resultado horroroso, incluso más elevado que la vez anterior.

Actualmente mi FSH se encuentra en 8.6. No me lo puedo creer. Ha bajado muchísimo en comparación con la vez anterior. Lo único que he hecho de diferente ha sido cuidarme más haciendo ejercicio diario y controlando mi alimentación. ¿Puede ser eso el causante de que los niveles hayan disminuído? Si es así, que sean bienvenidos a mi vida el deporte y la comida sana!!

Cuando Rubio entró por la puerta, le conté lo de los análisis y sonrió de oreja a oreja con esa sonrisa suya tan bonita y pura. Avanzó rápidamente hacia mí y me plantó un beso en los labios que casi me da vueltas el sentido, jajaja “Te lo dije, las cosas van a salir bien”, me dijo con convicción.

No sé qué es lo que nos deparará el futuro en el mundo de la Infertilidad pero hoy sólo me apetece sonreír.

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