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NUEVA VISITA A LA CLÍNICA

Cuando me desperté, subí la persiana con pereza y abrí la ventana para disfrutar del magnífico día con el que nos había obsequiado el calor agradable y los rayos brillantes del sol. ¡Resultaba increíble levantarse con un tiempo tan fantástico! Aquí, en el Reino de las Lluvias Perpetuas, cualquier rayito de sol siempre es bienvenido y lo disfrutamos al máximo porque nunca sabemos cuándo lo volveremos a ver. Que en pleno mes de mayo podamos ponernos sandalias, pantalones cortos o camisetas de manga corta es todo un milagro para nosotros!

Saqué a pasear como cada mañana a Grandullón Amoroso, Saltarín Inquieto y Muñequita Linda, desayuné, me vestí y me dirigí a coger el tren que me llevaría a la clínica de reproducción asistida, que se encuentra a casi treinta kilómetros de mi ciudad. Esta vez Rubio no pudo acompañarme. Tal y como están las cosas, pedir horas o faltar al trabajo es lo último que deseamos. Así que me puse los cascos, seleccioné varias de mis canciones favoritas para amenizar el trayecto y el tren comenzó a moverse con pasmosa lentitud. Yo llevaba en mi poder el resultado de mis analíticas hormonales, las analíticas de Rubio y el sobre de la clínica de radiología con todo lo relacionado acerca de mi histerosalpingografía dentro. He de confesaros que el viaje de ida se me hizo eterno. Toda clase de pensamientos negativos pululaban por mi cabeza, atormentándome en camino.

Cuando llegué a la clínica, las recepcionistas me recibieron con una cálida sonrisa y me hicieron pasar a la sala de espera. Media hora después, pronunciaron mi nombre y me indicaron la consulta en la que se encontraba mi doctor. Le entregué el sobre que me habían dado en la clínica de radiología, lo abrió sin mucha prisa y observó las radiografías con atención.

¿Le dolió la prueba?-me preguntó.

No, nada-le aseguré yo.

Fantástico. Todo está bien, no tiene de qué preocuparse.

El informe que habían hecho en la clínica de radiología decía lo siguiente:

Se identifica una cavidad uterina de tamaño normal, y de bordes lisos, y sin evidencia de lesiones en cavidad. Se rellenan ambas trompas, que son de calibre normal, hasta su porción distal, con paso de contraste a peritoneo a través de las mismas demostrándose permeabilidad tubárica bilateral. Se evidencia una normal distribución del contraste en peritoneo, sin datos que sugieran patología adherencial. DIAGNÓSTICO: EXPLORACIÓN NORMAL. TROMPAS PERMEABLES.

Dios mío, nunca me había sentido tan alagada con unas palabras tan extrañas. Cavidad uterina de tamaño normal. Trompas permeables. Rubio podría susurrármelas al oído añadiendo un silbido de admiración mientras yo doy saltitos de alegría meneando unos pompones y todo sería tan normal. Mi gine echó un vistazo también a mis analíticas hormonales, y aunque habían mejorado un poco, me aseguró que aquello sólo volvía a recordarnos que mis hormonas están locas de remate y que el SOP haría acto de presencia en mi vida durante mucho tiempo. Aquello me desanimó un poco, pero me aseguró que no suponía ningún problema para empezar el tratamiento.

Me preguntó si queríamos empezar ya.

No me lo pensé dos veces y le dije que sí.

Me extendió la receta de la medicación y me dijo que llamase a la clínica en cuanto mi amiga la rojita hiciese su aparición. El doctor me explicó que debido a la calidad de mis ovarios y a mis quistes, el primer tratamiento sería como un método de tanteo para ver cómo responde mi cuerpo. Mis ovarios podrían hiperestimularse o, por el contrario, permanecer dormitos y cómodos ignorando la medicación, y en cualquier de los casos, el resultado no sería el esperado.

Cuando salí de la clínica, di un paseo por la ciudad, me fui de tiendas y más tarde me tomé un refresco con calma, pensando en todo lo que me había dicho el ginecólogo. Quiero pensar que todo saldrá bien en algún momento. Que algo muy bueno está esperándome a la vuelta de la esquina. Que me ha tocado luchar más para ser madre, pero probablemente por esa misma razón tendrá más valor para mí cuando lo consiga.

No sabes lo mucho que deseas algo hasta que no puedes tenerlo. 

Ya de vuelta en el tren, leí muy por encima la medicación que me había recetado. Fostipur 75. Ovitrelle. Progeffik. Tan sólo me sonaba el último porque ya lo había usado hacía años para provocar la regla cuando llevaba desaparecida varios meses. Y me entró el pánico. El miedo se apoderó de mí y me quedé totalmente bloqueada. Las cartas están echadas. Vamos allá, esto empieza, pensé. No tengo miedo del tratamiento en sí, mi pánico a las inyecciones queda en un segundo plano. Tengo miedo de lo que pueda pasar. O de lo que NO pueda pasar, más bien. Tengo miedo de que no funcione, de que la caída sea dolorosa y me cueste levantarme. Soy consciente de que estos tratamientos no son en absoluto llegar y besar el santo. Sé que el camino no es fácil y que siempre surgen obstáculos. Pero quiero que funcione. Ya sea a la primera, a la segunda o a la tercera, pero que funcione. Sólo pido eso. No quiero perder la esperanza, no quiero mandar todo a la mierda porque mi mente y mi cuerpo necesiten un respiro. Sólo quiero que esto salga bien. Que todo este camino haya valido la pena. Que mi Pequeña Canica sea fruto de la perseverancia, la lucha diaria y la esperanza más primitiva de todas.

Cuando llegué a casa, Rubio no tardó en llamarme. Le conté con pelos y señales todo lo que me habían dicho en la clínica de reproducción asistida (llamémosla La fábrica de sueños a partir de ahora) y sus palabras coincidieron con las mías: es el momento de empezar.

Así que aquí estamos, ilusionados y temerosos a partes iguales, deseando que nuestro sueño se haga realidad.

Canica, no puedes imaginarte cuánto nos has unido a papá y a mí. Siempre hemos tenido una relación increíble, pero gracias a ti y a tu búsqueda, somos invencibles. Estamos deseando conocerte, mi cielo.

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La primavera siempre ha sido mi estación favorita, es una época de explosión visual y alegría, ¿verdad?

He traído estas dos florecitas para dar color y buenas vibraciones a mi casa. 

¡Últimamente soy una ñoña sentimental!

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HISTEROSALPIN… QUÉ?

Histerosalpingografía. Ese nombre interminablemente largo y casi imposible de pronunciar. Incluso desconociendo de qué va la cosa, ya tiene un nombre horrible, suena a algo… doloroso, ¿no?

Bueno, eso mismo pensé yo cuando en la clínica me comentaron que tendría que hacérmela antes de comenzar cualquier tratamiento. Mi cara era todo un poema cuando el doctor pronunció ese nombre taaaaaaaan increíblemente largo, ¡parecía un trabalenguas! Me explicó brevemente en qué consistía la prueba y aquello no me sonó nada bien. Automáticamente, la asocié con dolor y pasar un mal rato. Pero había que hacerla si Rubio y yo queríamos comenzar nuestra primera IA. No era un asunto negociable.

Las analíticas hormonales las teníamos. El seminograma también. Tan sólo faltaba esa dichosa prueba. Y ayer fue el día. Como sabréis, la histerosalpingografía hay que hacerla entre el séptimo y décimo día del ciclo, y además, tienes que hacerte un test de embarazo para asegurarte de que no estás preñi. Con esta prueba, comprueban la cavidad uterina y las trompas del falopio para asegurarse que todo está bien y que éstas sean permeables. Para saberlo, te introducen una sonda con un contraste y van sacando diferentes radiografías en la sala de Rayos X en la que te encuentras. Es un tanto incómodo, porque estás tumbada en una camilla y no en un potro como los del ginecólogo, pero os puedo asegurar que no me dolió absolutamente nada. Nada de nada. Fui muy asustada por los comentarios que había leído en San Google, que si te mueres de dolor, que si fulanita se mareó, que si es un dolor insoportable… En estos casos, dejarte los ojos buscando en Internet es totalmente contraproducente. A mí no me dolió nada. Una ligera molestia similar a los dolores de la regla y nada más.

La doctora me mandó ponerme primero boca arriba, metió el contraste, sacó unas cuantas radiografías y después me tumbé hacia un lado y hacia el otro, tal y como ella me decía, para sacar unas cuantas radiografías más. Y ya está. No me morí de dolor y os puedo asegurar que soy una agonías! jajaja Cuando acabamos, bajé de la camilla, me vestí y me dieron una compresa porque podría aparecer un ligero sangrado después de la prueba. No fue mi caso.

Fuera, en la sala de espera, Super Mamá estaba impaciente. Yo la había asustado tanto con la dichosa prueba que la pobre estaba preocupada por si lo había pasado muy mal. Supongo que cuando vio mi cara relajada y sonriente pudo respirar tranquila.

“-¿Qué tal?”

“-Todo bien.”

-“¿Te dolió?”

Negué rotundamente con la cabeza. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que me entregaron los resultados y por fin nos marchamos. La clínica de radiología en la que me realicé la prueba no se encuentra en mi ciudad, sino a treinta kilómetros de mi casa, así que a Super Mamá y a mí nos tocó comer a toda prisa (la prueba fue a las 5 de la tarde), recoger la casa a toda velocidad y salir con el coche con el tiempo suficiente para encontrar un sitio donde aparcar. No lo encontramos, por supuesto, y tuvimos que aparcar en uno de los párkings de la ciudad.

“-¿¡5´40€ por dos horas!? Joder!, ¿rompimos algo y no me he dado cuenta?, vociferó Super Mamá.

Antes de coger el coche y regresar a casa, Super Mamá y yo paseamos por la ciudad, que siempre me ha encantado para llevar a cabo grandes sesiones de compras y consumismo, comimos unos helados, nos tomamos unos refrescos tranquilamente en una terracita y nos fuimos de tiendas, que aunque no logramos encontrar nada de nuestro gusto, probamos muchos modelitos y nos lo pasamos en grande.

De camino a casa, Rubio me llamó para saber qué tal había ido la prueba. Él estaba incluso más nervioso que yo y le preocupaba que yo pudiera sentir dolor. Lo tranquilicé diciendo que no había sido para tanto y que muy pronto estaría en casa. Super Papá también estaba preocupado y no tardó en llamar. Me sentí muy reconfortada y arropada por los míos. Tía Favorita también llamó, le conté brevemente en qué había consistido la prueba y le aseguré que me encontraba fenomenal. No puedo pedir más, tengo una familia estupenda que se ha volcado desde el primer momento con nosotros.  

De camino a casa, empecé a encontrarme mal y cuando por fin me fundí en mi sofá, tenía un dolor bastante molesto en la zona del abdomen. En la clínica ya me habían advertido de que después de la prueba podría encontrarme un poco mal, así que me tumbé y dejé que Rubio me mimara un poco, algo que me encanta! Preparó una pizza casera que estaba para chuparse los dedos y de postre: fresas con nata!!! La dieta a la porra, ea! jajaja

Me metí en la cama cuando el dolor se me hizo un poco insoportable y esta mañana cuando desperté, me encontraba fenomenal.

Ahora, tengo que llamar a la clínica para llevarle los resultados al doctor y espero que todo esté bien! En la clínica de radiología no me comentaron nada, sólo espero que eso no sea una mala señal.

Crucemos los dedos!

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