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MOMENTO DE TOMAR DECISIONES

El pasado lunes 29 de septiembre, el día en el que debería haber sido mi beta, acudí a la clínica citada por mi doctora para tratar el tema de las IA’s negativas. La consulta fue muy amena, es una doctora joven y sonriente que ha conseguido empatizar y encajar conmigo a las mil maravillas, y no dudé ni un segundo en trasladarle todas mis dudas y temores.

Ella comenzó disculpándose por mi negativo (evidentemente no es culpa suya, pero se disculpó de verdad y sus palabras parecían realmente sinceras), me dijo que lo sentía mucho y que le dolía ver que las cosas se complicaban para una pareja joven como nosotros. Le agradecí sus palabras y le pregunté qué es lo que se supone que tenemos que hacer ahora. Ella me habló de una tercera IA, me comentó que en la clínica suelen recomendar tres IA y que si éstas resultan ser negativas, entonces es cuando te derivan a una FIV. Por supuesto, me recordó que ella sólo me está aconsejando y que la decisión es totalmente personal y que depende de nosotros hacer una cosa u otra. Me habló también de realizar una tercera IA inyectándome más cantidad de hormonas para así inseminarme con varios folículos, todo lo contrario a las dos veces anteriores en las cuales conseguí un folículo dominante gordito y precioso. Y si esta tercera IA tampoco funcionaba, cambiarnos a FIV – ICSI.

Por un momento pareció convencerme porque la idea de una tercera IA con mayor medicación no me pareció tan descabellada. Sí, me apetecía intentarlo una vez más, realizar una tercera vez una técnica sencilla antes de meterme en palabras mayores. Una tercera IA rondaba por mi cabeza y estaba decidida a someterme a ella. Pero entonces me paré a pensar y otras ideas aplastaron mi entusiasmo.

– ¿Y si tampoco lo consigo con esta IA? Tendría que someterme igualmente a una FIV, ¿verdad? Vamos, que habré perdido el tiempo y también dinero-le dije.

– Sí, así es. No puedo prometerte ni asegurarte que una tercera IA sea la definitiva. Si no funciona, os derivaría a tu marido y a ti a una ICSI. La decisión es tuya, piénsatelo unos días y me dices, ¿de acuerdo?

He dudado muchísimo, lo he pensado otro tanto, pero al final creo que ya hemos tomado una decisión. Por mi parte, las IA’s me resultan muy duras y me desgastan bastante psicológicamente hablando. Ese porcentaje tan escaso de posibilidades de éxito no me parece suficiente para las grandes ilusiones que he depositado en ese tratamiento. No me apetece, sinceramente, volver a pasar por otra. Por la parte de Rubio… él no le ha dado muchas vueltas al tema. Un 50% de posibilidades de una ICSI frente a un 20% de una IA, los números hablan por sí solos. Después la naturaleza también tendrá algo que decir y nunca se sabe lo que puede llegar a pasar, pero al menos jugaríamos con un porcentaje de éxito considerablemente mayor.

¿Que por qué una ICSI? La doctora me ha dicho que es la técnica que se recomienda (además de otros casos) en casos de haber probado varias IA’s y no haberlo conseguido. Estoy muy contenta y con muchas ganas de empezar, pero a la vez no puedo evitar sentir miedo por lo que pueda pasar.

Antes de ponernos manos a la obra, la doctora me ha pedido un nuevo análisis de hormonas para medir otra vez mi FSH, LH, TSH y prolactina y ha incluido dos aspectos nuevos que nunca me habían mirado hasta ahora: el índice de insulina y glucemia. La verdad es que siento curiosidad por saber el resultado de estos últimos, en especial porque están relacionados con el SOP y aunque a mí me han diagnosticado el SOP hace varios años, nunca me han realizado ninguna prueba para comprobar la resistencia a la insulina y esas cosas. Así que toda prueba es buena para descartar futuros problemas y comprobar que todo funciona más o menos bien (todo lo bien que se puede teniendo ciclos irregulares y falta de ovulación, por supuesto).

Con la próxima regla me haré las analíticas y si todo está bien, quizás en noviembre podamos comenzar a recorrer este nuevo camino que nos acerque un poquito más a alcanzar nuestro sueño.

Mil gracias a todas por vuestros comentarios de ánimo, por vuestro interés permanente y por el cariño que me hacéis sentir a pesar de leeros a través de una pantalla de ordenador. Sois increíbles, todas y cada una de vosotras, no lo olvidéis nunca!

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DÍA 1 DE LA BETAESPERA

Entro un momentito para contaros que ya me han hecho la IA y ahora espero paciente y tranquila hasta el día de la beta. Todo ha ido bien, resultó ser un día estupendo por muchas razones que ya os contaré en el próximo post y aunque el proceso fue exactamente el mismo que en la primera IA, para mí ha sido muy diferente e incluso mejor en ciertos aspectos.

Ayer apenas paré un momento en casa y no tuve la oportunidad de poneros al día, así que he aprovechado un momento de relax en el sofá para adelantaros que todo ha ido muy bien y que en quince días sabré el resultado.

Me muero por que esta vez funcione, de verdad que lo deseo con toda mi alma, pero no pienso darle muchas vueltas. Ya está hecho, no se puede hacer nada más, y sólo queda esperar. Lo que tenga que ser, será. No hay nada más que pueda decir para convencerme.

Mañana prometo contároslo todo!!!

Besos gigantes para todas!!!

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¡HOLA OTRA VEZ, FOSTIPUR & OVITRELLE!

pide_un_deseo

De nuevo, aquí estoy, rodeada de jeringuillas, agujas y medicación en la nevera. Las incómodas banderillas han regresado a mi vida una vez más. Y, aunque el proceso es el mismo, algo ha cambiado. Yo he cambiado. Los nervios han desaparecido, así como los agobios o el desconocimiento de los pasos a seguir. La experiencia es un grado, dicen, y creo que es un afirmación de lo más acertada.

Esta segunda IA la estoy viviendo con más tranquilidad, más calma y menos nervios. He pasado del super positivismo de la primera en la que parecía que iba a comerme el mundo a un “Lo que tenga que ser, será” mucho más relajado y realista que me otorga una paz interior brutal. No estoy siendo pesimista ni me dejo asesorar por malos pensamientos, simplemente tengo los pies en la tierra y esta vez soy mucho más realista. Estoy haciendo todo cuanto está en mis manos por conseguir este bebé y eso es más que suficiente para mí, es todo lo que debe preocuparme e importarme. Si esto no funciona, encontraré otra opción, otro tratamiento, otro camino hacia la maternidad. Pero esta vez quiero tener los pies en la tierra. Quiero aceptar un negativo de un modo mejor que la primera vez. Quiero tener claro que este intento puede que tampoco sea el definitivo. Y, así, estúpidamente realista, vivo más feliz.

Anoche comencé a pincharme otra vez mi querido Fostipur. En mi primera IA no me dolió ninguno de los pinchazos, ni uno. El de anoche sí me dolió, tanto el pinchazo como el líquido al entrar en mi cuerpo. Debí de cogerme una vena porque cuando saqué la aguja brotaron un par de gotas diminutas de sangre, quizás por esa razón me dolió el pinchazo, no lo sé. Esta noche me toca el segundo y así sucesivamente hasta el lunes, que vuelvo a la clínica para ver la evolución de mi cuerpo y reajustar la medicación si fuera necesario. Esta vez la IA la llevo con otro doctor, así que en cierto modo también estoy expectante en cuanto a su modo de proceder conmigo y con la medicación pautada. La otra vez, en los últimos días antes de la inseminación, mis folículos se estancaron y apenas crecían, de modo que la ginecóloga me mandó inyectarme una ampolla entera en lugar de la media ampolla que solía ponerme, un día después me pinché Ovitrelle y a las 36 horas fue la inseminación.

Yo no soy una entendida en el tema ni mucho menos, pero a veces pienso que la doctora tendría que haberme mandado inyectarme una ampolla entera (y no media) durante varios días y no sólo en la antesala de la IA. Mis folículos hacía días que apenas crecían y creo que un empujoncito como ese quizás les hubiese ayudado un poquitín, no lo sé. Hablo totalmente desde el desconocimiento y la ignorancia, ojo! Confío mucho en los médicos y siempre me he dejado aconsejar por ellos en todo momento, pero a veces las dudas y los miedos me juegan una mala pasada. Sea como sea, mi segunda IA ya está en marcha, y eso es lo más importante.

Nos encontramos un pasito más cerca de cumplir nuestro sueño y eso es realmente fantástico y esperanzador!!

fly away

Esta vez todo es diferente: más sosegado, más tranquilo, más calmado, y creedme cuando os digo que este segundo tratamiento lo llevo mucho mejor que el primero. Supongo que el haber vivido ya una IA y saber en todo momento qué es lo que va a pasar después hace desaparecer cualquier tipo de ansiedad o agobio inoportuno. Además, esta vez vamos a tomarnos todo con mucha más tranquilidad y ocupar nuestro tiempo al máximo para mantener nuestra mente ocupada y libre de malos pensamientos o agobios tontos. Para empezar, el sábado nos lo pasaremos en grande en las fiestas de nuestra ciudad en las que se celebra una feria medieval. Es un evento anual chulísimo en el que toda la ciudad se viste de época y por la calle te encuentras con mesoneros, reinas, campesinos, princesas y príncipes, caballeros, herreros…, además de innumerables puestos de comida casera y tradicional, tiro al arco por la tarde, torneos de caballeros al anochecer, espectáculos de cetrería, bufones y magos impresionando a niños y mayores… Es un día que tanto Rubio como yo disfrutamos muchísimo cada año y nos lo pasamos en grande vestidos con nuestros trajes de época. Este año será mucho más especial porque lo compartiremos con nuestro ahijado, una ricura preciosa de casi dos añitos que nos tiene totalmente enamorados a Rubio y a mí, y que estoy segura de que estará monísimo con su trajecito de campesino. Será un gran día, estoy segura! Prometo mostraros alguna foto del evento 🙂

Durante los tratamientos, lo mejor que podemos hacer es entretenernos y pasar tiempo con los que más queremos. Todo es más sencillo cuando estás rodeada de gente que te quiere y te comprende. Es la base de nuestra felicidad, ¿verdad? Los pequeños detalles hacen nuestra vida mucho más valiosa.

Esta noche nuevo pinchazo de Fostipur! Hay que ver, lo poquito que lo echaba de menos pero la gran recompensa que tendrá si todo sale bien 🙂

Os seguiré contando! Besazos mis preciosas!!!

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ECO 1: 2º DIA DEL CICLO (SEGUNDA IA A LA VISTA)

Después de que el pasado 31 de agosto mi amiguísima la de rojo se dignase a hacer su aparición, esta mañana acudí a una nueva cita en la clínica. Me gustaría comentaros que hasta hace muy poco siempre tenía consulta con el mismo ginecólogo que, además, es el director del centro y un experto en medicina reproductiva pero por motivos laborales y mis caóticos horarios tuvieron que derivarme a otra doctora porque mi horario y el de mi antiguo ginecólogo eran incompatibles; cuando yo podía, él no y viceversa, y así resultaba imposible coordinarnos. Así que mi primera IA fue de la mano de esta nueva doctora, una chica joven y risueña que siempre intentaba explicarme las cosas lo mejor posible. Esta mañana, para mi sorpresa, la consulta no era con ella, sino con el doctor del principio. A pesar de ser un hombre más serio y no dar grandes explicaciones como la otra, igualmente me siento cómoda con él. Me pidió que me desvistiese y en cuanto comenzó a realizarme la ecografía, su serio rostro se puso más serio todavía.

– Tenemos un quistecillo en el ovario.

– En el derecho, ¿verdad?-dije yo, toda convencida.

– Exacto.

– Ya me lo imaginaba, se me está rebelando mucho últimamente.

Lo más preocupante no es que el dichoso quiste continúe en el mismo sitio, no, lo más molesto de todo es que no ha desaparecido ni empequeñecido a pesar de tomarme la píldora. Es más, continúa siendo exactamente igual de grande que la vez anterior. Al parecer, ya tendría que haber menguado aunque sólo fuera un poquitín. Y no ha sido así.

Y, entonces, el doctor soltó la bomba. Unas palabras que provocaron que todos mis sentidos se pusieran alerta.

– “No me gusta nada. Parece un principio de endometriosis”.

Y yo me quedé callada, sopesando la información, sorprendida y confundida a partes iguales. No sé mucho acerca de la endometriosis, pero uno de los síntomas principales es la infertilidad. He estado buscando información en Internet (lo sé, no debería hacerlo. Soy masoca, ¡qué le vamos a hacer!) y yo no tengo ningún síntoma que me hubiera hecho sospechar que pudiese padecer endometriosis. Nada de nada. Sólo un dolor extraño antes y durante la regla que antes no tenía, pero nada más. De todas formas, todavía no está confirmado del todo, tendrán que seguir echándome un ojo en la clínica y ver qué ocurre finalmente con todo esto.

¿En qué punto me encuentro ahora mismo?

Después de la consulta con mi doctor, una enfermera fue la encargada de realizarme una analítica para medir el estradiol y saber si es posible comenzar la segunda IA. Y en esas estamos, esperando su llamada con impaciencia para conocer el resultado. Prometo editar este post en cuanto reciba su llamada 🙂

Mi doctor estaba casi seguro de que podríamos comenzar así que, por si acaso, me ha dado las pautas para empezar con los pinchazos a partir de mañana si los resultados son los esperados. Y si así fuera, por fin podríamos echarle un pulso a este segundo asalto, que lo estamos deseando.

Sólo es un avance, pero ya es un pasito más cerca de ti, mi cielo. Algún día estaremos juntos, Canica.

P.D.: En cuanto tenga noticias, seréis las primeras a las que pondré al día!

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BETAESPERANDO

Ahora comprendo porqué una betaespera es tan dura. Todo el proceso de la IA avanzó rapidísimo entre controles ecográficos, dosis de medicación, pinchazos, etc, y apenas tenía tiempo para pensar qué pasaría después. Pero ahora es diferente. La betaespera es diferente. Son quince días de incertidumbre en los que no sabes qué va a pasar. Quince días en los que puedes convertirte en la mujer más afortunada del mundo o simplemente rozar tu sueño con las yemas de los dedos. Quince días que transcurren lentos, monótonos, lo suficiente como para que me dé tiempo a pensar en cosas no tan positivas. Y, aunque estoy muy tranquila, no puedo evitar ponerme nerviosa a ratos.

En la betaespera son muchas ideas las que pasan por tu cabeza. ¿Qué pasará? ¿Saldrá bien o no? ¿Tendré que seguir intentándolo? ¿Tendré que continuar siendo fuerte? ¿Llegaré a la beta o me bajará la regla antes? ¿Cómo asimilaré esta vez un negativo? Porque no nos engañemos, este negativo no tendría nada que ver con los anteriores. No, nada que ver. Los anteriores desaparecerán de un plumazo si mi beta resulta ser negativa. Esta vez estamos hablando de palabras mayores: estamos hablando de un tratamiento de reproducción asistida, no de varios encuentros amorosos en mi cama con mi marido. Aquí entra en juego una ilusión desmedida, una esperanza arrolladora, un miedo voraz y, además, un gasto económico a tener en cuenta. Este negativo sería diferente a los demás. Sería más doloroso, más amargo, más… devastador. Sería la culminación del desastre, una infértil entre las infértiles.

Detesto ser infértil, pero es lo que me ha tocado ser. Podría haber sido una violinista experimentada que deja con la boca abierta a quien la escucha interpretar, pero no ha sido así. Me ha tocado no poder ser madre. Me ha tocado luchar para poder tener un bebé. Me ha tocado vivir con la infertilidad.

Vivir con la infertilidad es no saber si algún día se cumplirá tu sueño. Es ver cómo todo el mundo a tu alrededor tiene hijos y tú continuas esperando, deseando que esta pesadilla se acabe de una vez. Vivir con la infertilidad es sentir como se te rompe el alma cada vez que coges en brazos a un bebé que, evidentemente, no es el tuyo. Sentir su cuerpecito diminuto contra el tuyo, oler su piel, abrazarlo con fuerza y preguntarte si algún día podrás tener uno propio.

Vivir con la infertilidad es convivir con el miedo y la esperanza a partes iguales. Yo nunca había sentido tanto miedo hasta que entré en este mundo de consultas y tratamientos hace un par de años y reconozco que, cuanto más tiempo pasa, más aterrada estoy. Vivir con la infertilidad es aceptar que hay un nuevo “yo” en ti. Una mujer diferente, una mujer luchadora, perseverante, dispuesta a todo por conseguir su sueño. Y una mujer menos alegre, en ocasiones. Una mujer cansada de luchar, de sentir que todos sus esfuerzos caen en saco roto. Sí, la infertilidad es así. Nos cambia. Cambia nuestra perspectiva de la vida, nuestra forma de ser, nuestra forma de sentir.

Vivir con la infertilidad es aceptar con una sonrisa fingida en el rostro las horribles preguntas acerca de tu no maternidad. ¿Y vosotros para cuándo? ¿A qué estás esperando? Vivir con la infertilidad es no romperte por dentro cada vez que una íntima amiga te dice que está embarazada. Porque tú también querrías vivir ese momento y no sabes si algún día lo conseguirás.

Es vivir con incertidumbre y con dudas continuamente. Es vivir con el miedo más aplastante de todos: ¿Seré mamá algún día? Vivir con la infertilidad es sentir un pinchacito en el corazón cada vez que compras ropita de bebé para el hijo de una amiga que acaba de dar a luz. Es contemplar con ojos emocionados esos pijamitas tan chiquititos y sentir miedo de no comprarlos nunca para tu propio bebé.

Vivir con la infertilidad es sentirte incomprendida en ciertas ocasiones. Para muchas, no somos más que envidiosas que no sabemos alegrarnos de los embarazos ajenos. Nos alegramos, claro que sí. Yo no lo llamaría envidia, sino un dolor angustioso a que nunca puedas vivir esa experiencia que dicen que es maravillosa.

Como veis, la betaespera da para mucho. Aunque he vuelto a incorporarme al mundo laboral, sigo dándole vueltas al tema a pesar de tener la mente ocupada en el trabajo. Cualquier esfuerzo más o menos significativo me hace sentir horriblemente mal, como si le estuviera fallando a mi Pequeña Canica, como si estuviera fastidiando mis posibilidades en la IA. Aunque en la clínica me dejaron muy claro que podría hacer vida normal sin ningún tipo de problema, me siento fatal cada vez que hago grandes esfuerzos. Llamadme tonta o paranoica, pero es lo que hay. Sí, la infertilidad también me ha dotado de cierta paranoia.

Me siento especialmente sensible y todavía no comprendo del todo porqué. Esta noche me desvelé a las seis de la mañana y no conseguí volver a dormirme hasta que Rubio se fue de la cama para ir a trabajar. No paraba de pensar en si no lo conseguíamos, en si recibíamos un negativo como resultado. ¿Cómo afrontarlo? Desconozco si estoy preparada para ello. Sé que las posibilidades son minimas, soy consciente, y también sé que esto no es llegar y cantar victoria (aunque ya nos gustaría a todas que fuese así de sencilo, ¿verdad?), pero a veces me apetece soñar y pensar que algo muy bueno está esperándome a la vuelta de la esquina. Lo que tenga que ser, será, y supongo que es esa incertidumbre la que me está volviendo loca a ratos intermitentes.

Hace unos días caminaba por el centro de mi ciudad cuando, por pura casualidad, pasé por delante de una tienda de accesorios de bebé. Y digo por pura casualidad porque, por norma general, suelo evitarlos y no mirar sus escaparates. Pero algo me hizo detenerme y contemplar aquellas cunas y cochecitos tan bonitos. Y me pregunté si algún día tendría el privilegio de entrar allí y comprar algo para mí, para mi Canica. Se me puso un nudo en la garganta y me marché más triste de lo que había llegado.

Cuántos sentimientos arremolinados en mi cabeza, ¿verdad?

DSC01524Grandullón Amoroso dándome todo su cariño

en estos días tan importantes para mí.

Su mirada es de lo más tierna y pura, ¿verdad? 

Ahora sólo queda esperar. Todavía faltan cinco días para salir de dudas, si la indeseable no hace su aparición antes. El próximo cuatro de agosto sabremos qué pasa! Mientras tanto, combato los malos pensamientos con música, series por internet y tiempoterapia con mi Rubio favorito.

Serás feliz, me dijo la vida, pero primero te enseñaré a ser fuerte.

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Y LLEGÓ EL GRAN DÍA

Y por fin llegó el gran día. El día que tanto habíamos esperado Rubio y yo. El día en el que daríamos un gran paso hacia nuestra Pequeña Canica. El día en el que nos permitiríamos soñar sin miedo, imaginándonos un final feliz para nuestra historia.

La noche anterior, los nervios me jugaron una mala pasada y consiguieron desvelarme hasta cerca de las dos de la madrugada. Por suerte para mí, algunas de las chicas de la #infertilpandy continuaban despiertas y consiguieron entretenerme y distraerme, además de echarme unas risas con ellas, pasando un buen rato. Finalmente, el cansancio ganó la batalla al nerviosismo y me quedé profundamente dormida.

Cuando me desperté a la mañana siguiente, descorrí las cortinas, subí la persiana y abrí la ventana para disfrutar del aire fresco. Estaba lloviendo, no demasiado para lo que estamos acostumbrados en nuestra tierra, pero sí lo suficiente como para obligarme a llevar puesta una chaqueta para resguardarme del frío y unas botas para mantener los pies calientes (lo reconozco: soy de esas personas que tienen el termómetro corporal incorporado a los pies. Si los tengo fríos, me muero de frío!).

Rubio acudió a la clínica dos horas antes que yo para dejar su muestra y, por desgracia, no pudo acompañarme más tarde para realizarme la IA porque una llamada de última hora de su trabajo modificó inoportunamente nuestros planes. He de reconocer que me hubiese encantado vivir ese momento juntos, pero en su lugar, Super Mamá realizó las labores de fiel acompañante a las mil maravillas.

Me duché y desayuné con calma y tranquilidad, y una vez que estuve lista, Super Mamá y yo nos marchamos cargadas de emociones y miedos que brotaban a flor de piel. Cuando llegamos a la clínica, la amable recepcionista se dirigió hacia mí y me dijo que mi chico había dejado algo para mí”. La miré confundida, sin saber a qué se refería. ¿Que Rubio había dejado algo para mí? ¿De qué podía tratarse?

La recepcionista me entregó un MP4 con una sonrisita tímida en el rostro. El MP4 de Rubio, podría reconocerlo en cualquier parte. “Tu chico me ha dado unas instrucciones para que escuches algo”, me dijo. De verdad, mi cara seguía siendo un poema. No entendía nada. Ella cogió el MP4, lo encendió y seleccionó una canción. “Es para ti”, dijo para finalizar. Me puse los auriculares, le di al play y escuché, cargada de curiosidad.

Y entonces se me encogió el corazón. Y las lágrimas comenzaron a brotar. Y mi alma se llenó de una ternura absoluta por ese hombre que siempre antepone mi felicidad a la suya, haciéndose el fuerte continuamente y tirando de mí cuando me quedo sin fuerzas. Podría reconocer esa canción en cualquier parte del mundo. Podría cantarla de principio a fin y no me equivocaría en ninguna palabra. Esas primeras notas de piano me erizaron la piel y provocaron la primera lágrima. Y mientras me dirigía a la sala de espera con los auriculares puestos, John Legend me susurraba su preciosa canción “All of me” en mis oídos, provocando unos lagrimones imposibles de detener. Para mí, esa canción tiene mucho significado. Tanto, que a veces me resulta imposible explicarlo con palabras. Es una emoción inmensa la que recorre mi cuerpo cuando escucho sus primeras notas. Se me encoge el corazón, revolotean mariposas en mi estómago, se me eriza la piel. Y si tiene tanto significado para mí es porque cada vez que voy a la clínica, la escucho en alguna parte del camino. No ha habido una sola ocasión en la que haya ido a la clínica y no me haya coincidido escucharla en alguna parte: ya sea en una cafetería mientras desayuno, o en un coche con las ventanillas bajadas que pasa por mi lado, esa canción siempre llega a mis oídos.

Cuando la enfermera pronunció mi nombre, me temblaron las rodillas. Me llevaron a una habitación, me desnudé de cintura para abajo y me subieron a una camilla. Todo fue muy rápido, más de lo que yo me imaginaba, pero antes de que introdujeran la cánula en mi interior, pude contemplar emocionada ese tubito de plástico que contenía todos mis sueños y esperanzas; mi deseo de ser madre retenido en una cánula que muy pronto desapareció bajo la sábana que cubría mis piernas. Y no pude evitar emocionarme. Porque mi bebé, mi Pequeña Canica, podría aparecer muy pronto en mi vida si todo saliese bien. Porque los pinchazos, las lágrimas o los malos momentos, podrían valer la pena si todo acabase como Rubio y yo deseamos. Pero si no fuera así, si en quince días recibo un negativo como respuesta, lo seguiré intentando, porque sé que Rubio y yo seremos padres. Ya sea en esta ocasión o en otra, lo conseguiremos, y muy pronto tendremos a nuestro bebé en brazos.

Porque todo este camino merecerá la pena cuando veamos su carita por primera vez, cuando conozcamos el amor más incondicional y puro de todos y nos enamoremos tan perdidamente de nuestra Canica que nos preguntaremos cómo hemos podido vivir sin esa personita tan especial durante todo este tiempo.

Las instrucciones tras la IA son las siguientes: un óvulo vía vaginal de progesterona (Utrogestan) cada noche hasta el día de la prueba de embarazo y un comprimido de FEMASVIT al día. La beta es el cuatro de agosto, así que hasta entonces seré un auténtico manojo de nervios, miedos y esperanzas. Cruzad los dedos por mí!!

Me quedo con un breve texto que una de las chicas retuiteó a la #infertilpandy:

Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada. -Elisabeth Kubler-Ross

there is always

“Nunca te rindas. Siempre hay esperanza”. 

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48 HORAS

Aquí, en el Reino de las Lluvias Perpetuas, finalmente ha llegado el verano. Lo digo en bajito y con cautela, no vaya a ser que las nubes se cabreen y regresen para amargarnos estos días tan estupendos que hemos disfrutado en mi ciudad.

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Y con el calor y el buen tiempo, todo parece verse desde otra perspectiva. Una perspectiva menos amarga, más alegre, más… positiva. Desde mi última entrada han pasado nueve días (más o menos), días en los que me he estado pinchando las famosas banderillas cada noche, superando mi pánico incorregible a las agujas, aceptando sin problemas las escasas molestias que me ha dado la medicación. Ayer fue mi último pinchazo de Fostipur y esta noche entrará en juego el famosillo Ovitrelle. Y en cuarenta y ocho horas, el sábado por la mañana, será mi IA. Sí, sí, habéis leído bien! En dos días seré un auténtico flan, un manojo de nervios que no podrá creerse que por fin haya sonado esa vocecita de “Ha llegado usted a su destino”.

Independientemente de lo que pase, independientemente del resultado, Rubio y yo ya hemos dado un gran paso para estar más cerca de nuestra Pequeña Canica. Y si esta vez no funciona, volveré a pincharme las veces que haga falta, volveré a contener el aliento antes de introducir la aguja en mi barriga y seguiré intentándolo, porque nunca se sabe qué intento puede ser el bueno. Porque todas las lágrimas, todos los malos momentos, todos los pinchazos, absolutamente todo, tendrá una recompensa que valdrá tanto la pena que todo lo anterior parecerá disiparse en mi memoria. Sustituir malos recuerdos por otros mejores, eso es lo que hay que hacer, ¿verdad? Pero sin olvidarme de lo que habré pasado para conseguir mi sueño. Siempre realista, siempre con los pies en la tierra.

Tengo una sensación extraña en mi interior. Me embarga la emoción, me siento ilusionada, con ganas de creer que todas merecemos un final feliz. Pero, sobre todo, tengo muchísimo miedo. Y no me refiero a la IA en sí, sino a lo que puede llegar a pasar en los quince días de betaespera. Porque ese día, el día en el que sabré el resultado, puede ser el mejor día de mi vida o una auténtica mierda, algo que querré olvidar y llorar hasta que no me queden lágrimas.

Las personas que no han pasado por esto, que desconocen el significado de la infertilidad o el procedimiento de los tratamientos de reproducción asistida, no pueden hacerse una idea de lo doloroso que es este camino. Algunos se creen que esto es facilísimo, cuatro visitas al ginecólogo, una inseminación (o transferencia) y… BOOM!! EMBARAZO! Y no, no es así. Un tratamiento de fertilidad es agotador, a veces es doloroso y pone a prueba tu fortaleza y, sobre todo, tu paciencia (en mi caso, al menos ha sido así). En un tratamiento de fertilidad ponemos muchísima ilusión, esperanza y emoción, pero también aparece el miedo, ese miedo a que no salga bien, el miedo a tener que seguir intentándolo, el miedo a no saber si algún día lo conseguirás. Ese miedo es devastador, te quema por dentro cada rincón de tu alma esperanzada.

No sé qué es lo que me deparará este tratamiento, pero si el resultado no es el esperado, no te preocupes mi bebé, porque mamá se hace más fuerte con cada contratiempo. Sólo espérame, yo te prometo que no dejaré de buscarte.

Te esperamos con los brazos abiertos, mi cielo.

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