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CUARTO CONTROL FIV

Esta mañana, como ya es costumbre, volví a la clínica. Ay, Señor, con tanto viajecito la gasolina se va en un plis!! Hacía un día horrible, llovía a mares y un viento intenso y frío empeoraba todavía más la situación. Me empapé de arriba a abajo: botas, pantalón, se me rompió el paraguas… En fin, una odisea! Mirad que soy gallega y estoy más que acostumbrada a la lluvia, pero oye, la combinación de lluvia y viento la llevo fatal, qué queréis que os diga…

En el control de esta mañana los folis iban desde 14 mm los más pequeñitos hasta 21mm el más grandote. No todos han madurado al mismo tiempo y hay una mezcla de medidas que me han hecho casi imposible memorizarlos a todos, pero me he quedado con los más importantes: 21, 19, 18’5, 17… y los demás, chiquititos, todavía demasiado tímidos como para llegar a la punción. Nos hemos dado cuenta que a mi ovario izquierdo le cuesta muchísimo arrancar. Desconozco el porqué. Quizás debería haberme inyectado más medicación o es que, sencillamente, mi cuerpo va a su auténtica bola. En el ovario derecho están los huevitos de oro más gordotes, los más “importantes” por decirlo de algún modo (21 mm, 19, 18’5…), mientras que en el izquierdo todavía están muy peques (16, 15, 14…). Eso me preocupa un poco, tengo miedo de que solo puedan sacar folis buenos de un ovario y no sean suficientes, pero he decidido no darle muchas vueltas al tema. Tal vez en el derecho encuentren los folis suficientes para que todo esto funcione 🙂

El gine ha vuelto a repetirme que sacaremos poquitos. Ya lo tengo asumido, así que lo único que deseo es que los pocos que quiten, sean buenos y nos conduzcan a nuestro bebé. Las estadísticas mandan, pero no lo son todo.

Finalmente, la punción ha quedado programada para el sábado a las 9 de la mañana. Nos han dicho que lleguemos a la clínica quince minutos antes de la hora marcada para prepararlo todo y me han asegurado que todo será muy rápido, apenas quince o veinte minutos y habré despertado de ese sueñecito provocado. Será por sedación, de modo que despertaré enseguida y sin apenas molestias (al menos eso es lo que han comentado).

¿Es una locura que ya me sienta un poco más cerca de mi Canica?

Estoy muy ilusionada con todo esto, tengo tantas ganas de que todo salga bien por fin… 🙂

Ya me he pinchado el Ovitrelle (encargado de finalizar la maduración de los folis y provocar la ovulación) y ahora solo queda esperar la llegada del sábado. ¡Esto marcha! ¡La cuenta atrás ha empezado!

Cruzad los dedos, chicas! Hay muchas esperanzas en juego 🙂

¡Besazos a repartir!

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ECO 3: 10º DÍA DEL CICLO

Ahora sí que sí: esto está llegando a su final, chicas 🙂 Esta mañana he vuelto a la clínica y me han hecho una nueva eco para comprobar cómo de gordote se está poniendo mi foliculín.

“Un día más y todo estará listo”, me dijo el doctor.

Esta noche me pincharé la última ampolla de Fostipur y mañana haré lo mismo con Ovitrelle y en 36 horas… ¡será nuestra segunda IA! Estoy muy feliz y contenta, ya estamos un pasito más cerca de conseguir nuestro sueño. Este sábado, 13 de septiembre, volverá la ilusión, el creer que se puede, las ganas de soñar e imaginar un final feliz. Nunca he sido supersticiosa, así que el hecho de que mi IA caiga en un día 13 es algo que me resulta totalmente indiferente. Malos pensamientos fuera, ¡¡fus fus!! 

Sólo unos cuantos días más y volveré a vivir de nuevo una betaespera. Mi segunda betaespera. Tengo tantos sentimientos pululando por mi cabeza que me resulta casi imposible describirlos todos: miedo, esperanza, ilusión, alegría, desconfianza… Supongo que son normales a tan pocos días de la IA, ¿verdad? Hay mucha ilusión puesta en los tratamientos de reproducción asistida, pero también se pasa mucho miedo y muchos nervios, a pesar de que intentes, como yo, estar lo más tranquila posible. Es cierto que esta segunda vez ha sido totalmente diferente, mucho más relajada y calmada, apenas he pensado en el tema más de lo necesario, y ahora que sólo me separan tres días de volver a pasar por un nuevo tratamiento, sigo sintiéndome de lo más tranquila. Ni rastro de nervios incómodos o pensamientos negativos. Nada. Esta vez me siento mucho mejor y mi cabeza apenas le ha dado vueltas al tema del “¿Y si no funciona?”.

Fácil. Si no funciona, se intenta otra vez. A problemas, soluciones. Siempre lo dice Super Mamá.

A pesar de mi recién adquirida tranquilidad, hay un tema que me pone un pelín nerviosa. Esta vez nuestra segunda IA ha cuadrado horriblemente mal con el trabajo de Rubio. No sé si os lo había comentado alguna vez, pero por motivos laborales Rubio suele pasar tiempo fuera de casa, moviéndose por todo el país e incluso fuera de él. Y, por supuesto, hemos tenido la increíble puntería de que en los días previos a la IA, le ha tocado marcharse lejos de casa. ¿Qué quiere decir eso? Que tendrá que cogerse un vuelo en el último momento para regresar el sábado a primera hora de la mañana, todo muy pillado de tiempo y apurado, como veis. Lo último que quiero es que tenga problemas en su trabajo, que le digan algo o le recriminen que se haya tenido que volver antes. Yo, por mala suerte, no siempre encuentro trabajo, así que debemos conservar el suyo como oro en paño.

De todas formas, no dejaré que este feo contratiempo enturbie mi calma, de modo que dejaré pasar los días y sólo pensaré que en apenas unos días volveré a ver a mi maridito (no podéis imaginaros lo vacía que parece la casa sin él!) y ya de paso nos someteremos a nuestra segunda IA 🙂 Será un gran sábado, ¿no creéis?  

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Besos gordos a repartir entre todas las que me leéis 🙂 

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ECO 2: 8º DÍA DEL CICLO

Ayer por la mañana volví a la clínica para mi eco de control rutinaria y así comprobar cómo de gordotes se están poniendo mis folículos. Ya desnuda de cintura para abajo y siempre atenta a la pantallita de mi derecha, escuché como el doctor le iba dictando las medidas a la enfermera, que apuntaba con atención en una hoja de papel. 

Al parecer, hay muchos pequeños pero carentes de importancia porque todavía les queda mucho por crecer. Sin embargo, ya hay un folículo gordote que apunta maneras y es en el que el doctor ha decidido centrar toda su atención. Sólo mide 15 mm, pero al parecer, es más que suficiente. Me quedé un poco chafada porque pensé que encontrarían uno de mayor tamaño y al contemplar la decepción en mi rostro, mi gine tuvo que recordarme que sólo me estoy pinchando media ampolla para evitar sobreestimulaciones causadas por mi SOP, y aunque el proceso es un pelín más lento, también lo es más seguro. “Sin prisa, pero sin pausa”, me dijo.  

Me ha comentado que él prefiere hacer las cosas así debido a mis ovarios poliquísiticos, y con “así” me refiero a administrarme la dosis más baja para evitar contratiempos e ir ajustando cuando sea necesario. “Las prisas no son buenas, no llegan a ninguna parte”, dijo, convencido.

Y yo me quedé más tranquila, qué queréis que os diga!  

En la próxima eco veremos qué tal avanza la cosa y me dirá cuándo podría ser la IA, aunque yo me imagino que ya no falta mucho. Esta mañana he ido a recoger el Ovitrelle y más Fostipur a la farmacia (estaba aprovechando los pocos viales que me habían sobrado de la primera IA), por lo que deduzco que la IA será cuestión de días. ¿A qué se debe este poder tan aplastante de deducción?, os preguntaréis. Mi doctor no entrega la receta para pedir el Ovitrelle hasta que está casi todo listo para el día D y ayer, por fin, me dijo que lo pidiese. Así que, si no me equivoco demasiado, esto está llegando a su fin. Otra vez.

Estoy muy tranquila y calmada, no pienso demasiado en el tema y sólo hay una idea fija en mi cabeza: Lo que tenga que ser, será. Estoy haciendo todo lo posible por traer a este bebé a mi vida y si esto tampoco funciona, buscaré un nuevo modo de encontrarle.

Esta segunda IA la estoy viviendo de otra manera y reconozco que todo es mucho mejor. Mañana vuelvo a la clínica y espero tener buenas noticias que contaros 🙂 Esto avanza y ya queda menos, ¡qué nervios!

No dejes que el miedo y las dudas bloqueen tu camino. Algún intento tiene que ser el bueno y lo saborearás como la victoria personal más satisfactoria de tu vida.   

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¡HOLA OTRA VEZ, FOSTIPUR & OVITRELLE!

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De nuevo, aquí estoy, rodeada de jeringuillas, agujas y medicación en la nevera. Las incómodas banderillas han regresado a mi vida una vez más. Y, aunque el proceso es el mismo, algo ha cambiado. Yo he cambiado. Los nervios han desaparecido, así como los agobios o el desconocimiento de los pasos a seguir. La experiencia es un grado, dicen, y creo que es un afirmación de lo más acertada.

Esta segunda IA la estoy viviendo con más tranquilidad, más calma y menos nervios. He pasado del super positivismo de la primera en la que parecía que iba a comerme el mundo a un “Lo que tenga que ser, será” mucho más relajado y realista que me otorga una paz interior brutal. No estoy siendo pesimista ni me dejo asesorar por malos pensamientos, simplemente tengo los pies en la tierra y esta vez soy mucho más realista. Estoy haciendo todo cuanto está en mis manos por conseguir este bebé y eso es más que suficiente para mí, es todo lo que debe preocuparme e importarme. Si esto no funciona, encontraré otra opción, otro tratamiento, otro camino hacia la maternidad. Pero esta vez quiero tener los pies en la tierra. Quiero aceptar un negativo de un modo mejor que la primera vez. Quiero tener claro que este intento puede que tampoco sea el definitivo. Y, así, estúpidamente realista, vivo más feliz.

Anoche comencé a pincharme otra vez mi querido Fostipur. En mi primera IA no me dolió ninguno de los pinchazos, ni uno. El de anoche sí me dolió, tanto el pinchazo como el líquido al entrar en mi cuerpo. Debí de cogerme una vena porque cuando saqué la aguja brotaron un par de gotas diminutas de sangre, quizás por esa razón me dolió el pinchazo, no lo sé. Esta noche me toca el segundo y así sucesivamente hasta el lunes, que vuelvo a la clínica para ver la evolución de mi cuerpo y reajustar la medicación si fuera necesario. Esta vez la IA la llevo con otro doctor, así que en cierto modo también estoy expectante en cuanto a su modo de proceder conmigo y con la medicación pautada. La otra vez, en los últimos días antes de la inseminación, mis folículos se estancaron y apenas crecían, de modo que la ginecóloga me mandó inyectarme una ampolla entera en lugar de la media ampolla que solía ponerme, un día después me pinché Ovitrelle y a las 36 horas fue la inseminación.

Yo no soy una entendida en el tema ni mucho menos, pero a veces pienso que la doctora tendría que haberme mandado inyectarme una ampolla entera (y no media) durante varios días y no sólo en la antesala de la IA. Mis folículos hacía días que apenas crecían y creo que un empujoncito como ese quizás les hubiese ayudado un poquitín, no lo sé. Hablo totalmente desde el desconocimiento y la ignorancia, ojo! Confío mucho en los médicos y siempre me he dejado aconsejar por ellos en todo momento, pero a veces las dudas y los miedos me juegan una mala pasada. Sea como sea, mi segunda IA ya está en marcha, y eso es lo más importante.

Nos encontramos un pasito más cerca de cumplir nuestro sueño y eso es realmente fantástico y esperanzador!!

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Esta vez todo es diferente: más sosegado, más tranquilo, más calmado, y creedme cuando os digo que este segundo tratamiento lo llevo mucho mejor que el primero. Supongo que el haber vivido ya una IA y saber en todo momento qué es lo que va a pasar después hace desaparecer cualquier tipo de ansiedad o agobio inoportuno. Además, esta vez vamos a tomarnos todo con mucha más tranquilidad y ocupar nuestro tiempo al máximo para mantener nuestra mente ocupada y libre de malos pensamientos o agobios tontos. Para empezar, el sábado nos lo pasaremos en grande en las fiestas de nuestra ciudad en las que se celebra una feria medieval. Es un evento anual chulísimo en el que toda la ciudad se viste de época y por la calle te encuentras con mesoneros, reinas, campesinos, princesas y príncipes, caballeros, herreros…, además de innumerables puestos de comida casera y tradicional, tiro al arco por la tarde, torneos de caballeros al anochecer, espectáculos de cetrería, bufones y magos impresionando a niños y mayores… Es un día que tanto Rubio como yo disfrutamos muchísimo cada año y nos lo pasamos en grande vestidos con nuestros trajes de época. Este año será mucho más especial porque lo compartiremos con nuestro ahijado, una ricura preciosa de casi dos añitos que nos tiene totalmente enamorados a Rubio y a mí, y que estoy segura de que estará monísimo con su trajecito de campesino. Será un gran día, estoy segura! Prometo mostraros alguna foto del evento 🙂

Durante los tratamientos, lo mejor que podemos hacer es entretenernos y pasar tiempo con los que más queremos. Todo es más sencillo cuando estás rodeada de gente que te quiere y te comprende. Es la base de nuestra felicidad, ¿verdad? Los pequeños detalles hacen nuestra vida mucho más valiosa.

Esta noche nuevo pinchazo de Fostipur! Hay que ver, lo poquito que lo echaba de menos pero la gran recompensa que tendrá si todo sale bien 🙂

Os seguiré contando! Besazos mis preciosas!!!

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48 HORAS

Aquí, en el Reino de las Lluvias Perpetuas, finalmente ha llegado el verano. Lo digo en bajito y con cautela, no vaya a ser que las nubes se cabreen y regresen para amargarnos estos días tan estupendos que hemos disfrutado en mi ciudad.

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Y con el calor y el buen tiempo, todo parece verse desde otra perspectiva. Una perspectiva menos amarga, más alegre, más… positiva. Desde mi última entrada han pasado nueve días (más o menos), días en los que me he estado pinchando las famosas banderillas cada noche, superando mi pánico incorregible a las agujas, aceptando sin problemas las escasas molestias que me ha dado la medicación. Ayer fue mi último pinchazo de Fostipur y esta noche entrará en juego el famosillo Ovitrelle. Y en cuarenta y ocho horas, el sábado por la mañana, será mi IA. Sí, sí, habéis leído bien! En dos días seré un auténtico flan, un manojo de nervios que no podrá creerse que por fin haya sonado esa vocecita de “Ha llegado usted a su destino”.

Independientemente de lo que pase, independientemente del resultado, Rubio y yo ya hemos dado un gran paso para estar más cerca de nuestra Pequeña Canica. Y si esta vez no funciona, volveré a pincharme las veces que haga falta, volveré a contener el aliento antes de introducir la aguja en mi barriga y seguiré intentándolo, porque nunca se sabe qué intento puede ser el bueno. Porque todas las lágrimas, todos los malos momentos, todos los pinchazos, absolutamente todo, tendrá una recompensa que valdrá tanto la pena que todo lo anterior parecerá disiparse en mi memoria. Sustituir malos recuerdos por otros mejores, eso es lo que hay que hacer, ¿verdad? Pero sin olvidarme de lo que habré pasado para conseguir mi sueño. Siempre realista, siempre con los pies en la tierra.

Tengo una sensación extraña en mi interior. Me embarga la emoción, me siento ilusionada, con ganas de creer que todas merecemos un final feliz. Pero, sobre todo, tengo muchísimo miedo. Y no me refiero a la IA en sí, sino a lo que puede llegar a pasar en los quince días de betaespera. Porque ese día, el día en el que sabré el resultado, puede ser el mejor día de mi vida o una auténtica mierda, algo que querré olvidar y llorar hasta que no me queden lágrimas.

Las personas que no han pasado por esto, que desconocen el significado de la infertilidad o el procedimiento de los tratamientos de reproducción asistida, no pueden hacerse una idea de lo doloroso que es este camino. Algunos se creen que esto es facilísimo, cuatro visitas al ginecólogo, una inseminación (o transferencia) y… BOOM!! EMBARAZO! Y no, no es así. Un tratamiento de fertilidad es agotador, a veces es doloroso y pone a prueba tu fortaleza y, sobre todo, tu paciencia (en mi caso, al menos ha sido así). En un tratamiento de fertilidad ponemos muchísima ilusión, esperanza y emoción, pero también aparece el miedo, ese miedo a que no salga bien, el miedo a tener que seguir intentándolo, el miedo a no saber si algún día lo conseguirás. Ese miedo es devastador, te quema por dentro cada rincón de tu alma esperanzada.

No sé qué es lo que me deparará este tratamiento, pero si el resultado no es el esperado, no te preocupes mi bebé, porque mamá se hace más fuerte con cada contratiempo. Sólo espérame, yo te prometo que no dejaré de buscarte.

Te esperamos con los brazos abiertos, mi cielo.

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PROGESTERONA Y OTRAS INCOMODIDADES

Querida progesterona de mi corazón, 

¡deja que te diga que eres un tostón! 

Bostezo y bostezo sin parar, 

¡hay que ver cuánto sueño me das! 

Los pechos duros como rocas,

son una incomodidad más que me provocas. 

Guarreas y guarreas todo el día,

eres desagradable como tú sola, ¡jodía!

Esto es, de un modo muy abreviado, todo lo que siento hacia el archiconocido Utrogestan. En la Fábrica de sueños me la recetaron para provocar la regla y poder empezar con la IA. Así que aquí estoy, siete días después de haber comenzado a ponerla, sufriendo sus incómodos y desagradables síntomas. Y digo ponerla porque esta vez me han dicho que me la ponga vía vaginal. Hay que joderse. Al parecer, muchos ginecólogos aseguran que de esta forma los efectos secundarios apenas se notan. Hay que joderse. En otras ocasiones, he tomado Utrogestan, pero vía oral; un traguito de agua y listo. El único síntoma molesto era la gran somnolencia que me provocaba al poco rato de ingerir la pastillita, pero como me la tomaba por la noche, cuando me iba a dormir, me resultaba mucho más llevadero. Eso sí, podía dormir incansablemente incluso si se estuviese cayendo la casa abajo; yo dormía y dormía sin ser consciente de las horas que habían pasado. Despertar a Rubio para que no se quedase dormido y fuese a trabajar era una tarea realmente complicada cuando el Utrogestan hacía de las suyas.

Bien, hasta ahí todo bien. Un poco de sueño que fácilmente era solucionado con una cama cerca y unas sábanas calentitas. Pero esta vez es horrible. “Póntela vaginal, verás que pocos efectos secundarios notas”, decían. ¡Y una porra! El sueño y el cansancio apenas han aparecido, pero para compensar, el dolor de pechos, las molestias típicas de los días próximos a la regla y un malestar general arruinan mi día a día. Estoy tan incómoda que sólo me apetece quejarme. Ni siquiera este malestar desaparece cuando, por las noches, me quito el sujetador (¡libres ellas!), me pongo el pijamita y me enrollo en la manta cual rollito. Nada me calma el malestar y la incomodidad. De verdad, nunca había deseando tanto que la indeseable hiciera su aparición!

Hace unos días hice mi encargo en la farmacia pidiendo la medicación que me habían recetado en la Fábrica de sueños y no tardaron en llamarme para que fuera a recogerlo todo. El Fostipur me ha costado alrededor de 240€ y el Ovitrelle 50’63€. Además, he tenido que comprar también Progeffik 200 y Soniase, que me lo han recomendado por padecer SOP.

Cuando la indeseable haga su aparición por fin, tengo que llamar a la clínica, en donde me harán una ecografía y me dirán el día en el que debo empezar a pincharme. Rubio y yo estamos deseando empezar, así que contamos los días para que todo esto se ponga en marcha!!!

Qué lentos pasan los días cuando esperas algo, ¿verdad?

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