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MOMENTO DE TOMAR DECISIONES

El pasado lunes 29 de septiembre, el día en el que debería haber sido mi beta, acudí a la clínica citada por mi doctora para tratar el tema de las IA’s negativas. La consulta fue muy amena, es una doctora joven y sonriente que ha conseguido empatizar y encajar conmigo a las mil maravillas, y no dudé ni un segundo en trasladarle todas mis dudas y temores.

Ella comenzó disculpándose por mi negativo (evidentemente no es culpa suya, pero se disculpó de verdad y sus palabras parecían realmente sinceras), me dijo que lo sentía mucho y que le dolía ver que las cosas se complicaban para una pareja joven como nosotros. Le agradecí sus palabras y le pregunté qué es lo que se supone que tenemos que hacer ahora. Ella me habló de una tercera IA, me comentó que en la clínica suelen recomendar tres IA y que si éstas resultan ser negativas, entonces es cuando te derivan a una FIV. Por supuesto, me recordó que ella sólo me está aconsejando y que la decisión es totalmente personal y que depende de nosotros hacer una cosa u otra. Me habló también de realizar una tercera IA inyectándome más cantidad de hormonas para así inseminarme con varios folículos, todo lo contrario a las dos veces anteriores en las cuales conseguí un folículo dominante gordito y precioso. Y si esta tercera IA tampoco funcionaba, cambiarnos a FIV – ICSI.

Por un momento pareció convencerme porque la idea de una tercera IA con mayor medicación no me pareció tan descabellada. Sí, me apetecía intentarlo una vez más, realizar una tercera vez una técnica sencilla antes de meterme en palabras mayores. Una tercera IA rondaba por mi cabeza y estaba decidida a someterme a ella. Pero entonces me paré a pensar y otras ideas aplastaron mi entusiasmo.

– ¿Y si tampoco lo consigo con esta IA? Tendría que someterme igualmente a una FIV, ¿verdad? Vamos, que habré perdido el tiempo y también dinero-le dije.

– Sí, así es. No puedo prometerte ni asegurarte que una tercera IA sea la definitiva. Si no funciona, os derivaría a tu marido y a ti a una ICSI. La decisión es tuya, piénsatelo unos días y me dices, ¿de acuerdo?

He dudado muchísimo, lo he pensado otro tanto, pero al final creo que ya hemos tomado una decisión. Por mi parte, las IA’s me resultan muy duras y me desgastan bastante psicológicamente hablando. Ese porcentaje tan escaso de posibilidades de éxito no me parece suficiente para las grandes ilusiones que he depositado en ese tratamiento. No me apetece, sinceramente, volver a pasar por otra. Por la parte de Rubio… él no le ha dado muchas vueltas al tema. Un 50% de posibilidades de una ICSI frente a un 20% de una IA, los números hablan por sí solos. Después la naturaleza también tendrá algo que decir y nunca se sabe lo que puede llegar a pasar, pero al menos jugaríamos con un porcentaje de éxito considerablemente mayor.

¿Que por qué una ICSI? La doctora me ha dicho que es la técnica que se recomienda (además de otros casos) en casos de haber probado varias IA’s y no haberlo conseguido. Estoy muy contenta y con muchas ganas de empezar, pero a la vez no puedo evitar sentir miedo por lo que pueda pasar.

Antes de ponernos manos a la obra, la doctora me ha pedido un nuevo análisis de hormonas para medir otra vez mi FSH, LH, TSH y prolactina y ha incluido dos aspectos nuevos que nunca me habían mirado hasta ahora: el índice de insulina y glucemia. La verdad es que siento curiosidad por saber el resultado de estos últimos, en especial porque están relacionados con el SOP y aunque a mí me han diagnosticado el SOP hace varios años, nunca me han realizado ninguna prueba para comprobar la resistencia a la insulina y esas cosas. Así que toda prueba es buena para descartar futuros problemas y comprobar que todo funciona más o menos bien (todo lo bien que se puede teniendo ciclos irregulares y falta de ovulación, por supuesto).

Con la próxima regla me haré las analíticas y si todo está bien, quizás en noviembre podamos comenzar a recorrer este nuevo camino que nos acerque un poquito más a alcanzar nuestro sueño.

Mil gracias a todas por vuestros comentarios de ánimo, por vuestro interés permanente y por el cariño que me hacéis sentir a pesar de leeros a través de una pantalla de ordenador. Sois increíbles, todas y cada una de vosotras, no lo olvidéis nunca!

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LA ESPERA DESESPERA

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Cuando entras de lleno en el mundo de la infertilidad, tienes la horrible sensación de que te pasas la mitad del tiempo esperando. Esperas que llegue la dichosa consulta. Esperas para que te den cita para hacerte pruebas. Esperas el resultado de las pruebas. Esperas para empezar el tratamiento. Esperas… esperas que tu sueño se pueda hacer realidad.

La infertilidad es un proceso lento. Muy lento. Si tienes el defecto de la impaciencia como yo, el camino se hace eterno. No pido que todo se resuelva en apenas un par de meses, pero agradecería que la rapidez a la hora de hacer las pruebas fuese mucho más eficiente. Desde nuestra última consulta en la Seguridad Social, ha pasado casi un mes. El 27 de marzo estábamos Rubio y yo en la consulta de Esterilidad, esperando avanzar un poco más en este proceso.

¿La respuesta? “Pues vais a tener que tener un poco de paciencia, ¿eh? Porque esta prueba es un poco lenta. Os llamaremos dentro de un mes, más o menos”.  

¿La prueba? Un seminograma. Sí, sí, un mísero seminograma. Y eso que ya llevábamos uno hecho recientemente, pero de un laboratorio privado y así no les vale. Todavía no nos han llamado y dudo mucho que lo hagan entre hoy y mañana. Si tenemos suerte, recibiremos noticias de ellos la próxima semana, aunque ya empiezo a ponerlo en duda. Y todavía nos falta la histerosalpingografía, una prueba que pensé que me pedirían cuando me entregaron los papeles para las analíticas hormonales. Habríamos matado dos pájaros de un tiro: analíticas e histerosalpingografía en el mismo ciclo.

Así que Rubio y yo llegamos a una conclusión: intentaríamos hacer las pruebas que nos faltasen por nuestra cuenta y entregarlas en la clínica privada para poder empezar lo antes posible. De ahí que la histerosalpingografía a la que me sometí hace unos días fuese en una clínica de radiología privada y no en el hospital público.

A principios de año, en enero, en una de nuestras consultas en el hospital, Rubio y yo pensamos (pobres ingenuos) que nos mandarían las pruebas necesarias para salir de dudas y así no perder el tiempo. No fue así. A mí me entregaron los papeles para hacer unas analíticas y poco más. A él no le pidieron nada. Nos dieron cita para dos meses y medio después, a finales de marzo, y más de lo mismo. Y yo me pregunto: ¿por qué no aprovechan un mismo ciclo de mi regla para hacerme varias pruebas y así acabar de una vez? Mis ciclos, debido al SOP, son un verdadero caos. Nunca sé cuando me va a visitar la rojita. Yo echo mis cuentas, pero rara vez acierto. Los dos últimos, tuve que provocarlos con Utrogestan. ¿Qué quiero decir con todo eso? Que en mi caso, el proceso aún es más lento. Si necesito la regla para llevar a cabo varias pruebas, nunca sé cuándo va a aparecer y las pruebas se demoran un montón. De ahí que pensé que tanto las analíticas hormonales como la histerosalpingografía me las mandarían hacer en un mismo ciclo. Porque de no ser así, tengo que esperar un mínimo de cuarenta y cinco días para mi siguiente regla.

Y el tiempo pasa y ves que no consigues nada. Desde aquella consulta en enero, ya han pasado cuatro meses. En enero, hacía frío, llovía como si se acabara el mundo y yo iba enfundada en mi bufanda, mi gorro y mis botas para combatir el frío. Ahora, el sol brilla con más intensidad, los días son más largos, las ramas de los árboles se cubren de preciosas flores y mis queridas botas han sido sustituidas por calzado de entretiempo.

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El tiempo pasa más rápido de lo que creemos. Para bien o para mal, el tiempo no se detiene, la vida sigue su curso, nada cambia aunque tú estés deseando que lo haga. No mucho tiempo atrás, Rubio y yo festejábamos la noche de fin de año, poniendo nuestras esperanzas en el nuevo año que empezaba, deseábamos que todo cambiara a mejor.

En estos momentos, me siento un tanto estancada. Sigo esperando el resultado de mis analíticas hormonales para poder iniciar el tratamiento. Y son unos resultados que me tienen muy preocupada y asustada. Me da verdadero pánico que mi nivel de FSH haya subido. Si fuera así, ¿qué sería de nosotros? Una IA quedaría totalmente descartada porque por mucho que intentasen estimular mis ovarios, no lo conseguirían. Con suerte, podríamos optar a una FIV. Y cuanto más tiempo pasa, cuantos más días se van sucediendo, pienso más y más en los dichosos resultados.

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Desde siempre, he tenido un mecanismo de defensa que consiste en ponerme en lo peor. No suelo pensar que las cosas me van a salir bien, que todo va a salir tal y como me gustaría. Y, por ahora, me ha ido muy bien así. Cuando Rubio y yo cumplimos el año de búsqueda de nuestra Canica, yo ya tenía asumido que tendríamos que recurrir a tratamientos de reproducción asistida. Así que cuando nos lo dijeron en nuestra primera consulta, no me llevé ninguna sorpresa, a diferencia de Rubio. Cuando empecé con el Omifin, me puse en lo peor y pensé que probablemente en mí no funcionaría. Que sí, que había funcionado en otras muchas mujeres, pero no sería mi caso. Y acerté. Y no me sentí mal ni tuve ninguna llorera, porque ya lo sospechaba. El pobre Rubio se llevó un chasco de narices cuando vio que en nuestro último intento tampoco lo habíamos conseguido. Este mecanismo de defensa siempre me ha funcionado y me ha ahorrado más bajones y malos ratos de los que ya he tenido.

En estos momentos, Rubio es mucho más optimista que yo. Él cree que todo saldrá bien en la clínica privada. Confía en ellos, quiere confiar en ellos. Él piensa que allí lo conseguiremos, que es nuestro destino conseguirlo de este modo.

Y yo quiero creerlo también. Quiero creer que esta búsqueda que se ha alargado demasiado tendrá un final feliz. Pero me da miedo ilusionarme y tener esperanzas, porque si no resulta, la caída será muy dolorosa. Todos los negativos que he visto hasta ahora serán insignificantes al lado de un negativo procedente de un tratamiento de reproducción asistida. Ese sí que será doloroso y sé que tendré que reponerme enseguida para continuar. Porque si me caigo cien veces, ciento una tengo que levantarme.

Estos últimos días, me he enterado de dos embarazos más en mi círculo de conocidos y familiares. Dos embarazos que no me esperaba porque no lo estaban buscando ni entraba en sus planes. Al parecer, fue un “despiste”. Caray, hay que ver la facilidad con la que se embarazan las demás!!! Nunca me ha molestado que todas a mi alrededor se quedasen embarazadas. Nunca me he sentido incómoda con bebés y embarazos a mi alrededor, nunca he sentido que no quiero cerca a mamás, potitos, chupetes y berrinches. Que yo no lo consiga, no significa que no me alegre por los demás. Aunque sí que me gustaría que para mí fuese más fácil. Me gustaría poder vivir la experiencia que viven todas las mamás de mi alrededor. Pero, al parecer, tendré que seguir esperando.

¿Lo veis? Seguir esperando. Esperar. Más de lo mismo.

Cuando me pongo a pensar y me imagino cómo sería mi vida siendo mamá, no me hago una idea de cómo sería yo embarazada. No me lo imagino. No soy capaz de crear una imagen en mi mente de mi cuerpo con una incipiente barriga. Me duele, pero es así. Creo que es algo que le ocurre a todo el mundo menos a mí. Si algún día lo conseguimos, cambiaré de opinión, estoy segura!!

Mi gran problema es que soy insegura. Insegura respecto a mí y a mi capacidad para quedarme embarazada. Insegura respecto al tratamiento y a su resultado. Rubio siempre me dice que con mis inseguridades no resolveré ningún problema. Que estando triste, decaída o enfadada con el mundo no solucionaré nada, sólo me perjudico a mí misma. Y tiene razón.

Rubio siempre tiene una sonrisa en la cara. Una sonrisa enorme y preciosa que siempre me ha cautivado. Él tiene otra manera de ver la vida. Él se siente afortunado de por sí. Disfruta de la lluvia, disfruta del sol, disfruta del mal tiempo y del calor abrasante. Nunca se queja, siempre mira el otro lado de las cosas. Y su filosofía de vida me ha ayudado muchísimo en todo este proceso. Si no fuera tan enérgico y positivo, a saber dónde estaría yo en mis momentos de bajón.

Lo miro y no me puedo creer que alguien tan genial sea parte de mi vida. Él lo hace todo más llevadero, más fácil. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hace por mí, por nosotros y por nuestra futura Canica.

En unos días espero recibir los resultados de mis análisis hormonales y entonces podré decir que… IA/FIV A LA VISTA!!!

Qué ganas de empezar!!! Deseadnos suerte!!

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