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HAY UNA EXTRAÑA EN MÍ

A veces creo que no me reconozco. A veces sospecho que hay una extraña conviviendo en mi interior que desbarajusta mis pensamientos y mis ideas más profundas. Porque a veces, en la gran mayoría de las ocasiones, me siento cambiada, distorsionada, modificada en contra de mi voluntad. Siento que ya no soy la misma y, echando la vista hacia atrás, he llegado a reconocer que me costará mucho esfuerzo ser la persona que era antes: despreocupada, ingenua, soñadora… incluso más feliz, menos triste.

Estos últimos días (o semanas) no han sido fáciles para mí. En el fondo de mi ser, sabía que me pasaría factura el no haber derramado ni una sola lágrima después de mi segundo negativo. Soy una persona muy emocional, me cuesta horrores controlarme y cuando tristemente comprendí que no llegaría a la beta, fui incapaz de llorar. Ni una sola puñetera lágrima. Ese día me transformé en una persona fría como el hielo, distante, cubriéndome de una capa de indiferencia que consiguió hacerme sentir que el dolor no era mío, que la situación no iba conmigo, que todo el asunto de la infertilidad me resbalaba completamente. ¿Otro negativo? Bah, qué más da. ¿Todas mis ilusiones al cubo de la basura? ¡Pues que se vayan! ¿Y qué vas a hacer ahora, bonita, vas a llorar hasta quedarte sin lágrimas? Que le jodan, ni siquiera me apetece venirme abajo.

Al menos, eso pensaba yo. Los días posteriores al negativo los viví como si no hubiera pasado nada. No me apetecía pensar en el tema, lo último que me apetecía era trazar un nuevo plan de ataque. Qué más da. Y conforme han pasado los días, una sensación muy incómoda se ha ido instalando dentro de mí. Una sensación de miedo brutal, de desazón, de dolor inmenso por lo que pueda pasar. Tengo que reconocer que la ilusión con la que comencé la búsqueda de mi bebé ha desaparecido en cierta medida. Yo empecé esta dulce búsqueda pensando que las cosas serían mucho más fáciles, que sería cuestión de tiempo que nuestro pequeño llegase a nosotros; sin embargo, dos años después, la sensación que describe esta situación es totalmente amarga.

Aunque me duela, tengo que reconocer que el segundo negativo me ha hecho mucho más daño que el primero. En mi primera IA negativa lloré hasta quedarme sin fuerzas, descargué toda mi impotencia y mi dolor en cada lágrima derramada y pasados unos días, el dolor se fue mitigando hasta convertirse en una espinita clavada en mi corazón malherido. Pero esta vez ha sido diferente, el cuerpo no me pedía desahogarme, me exigía quedarme como estaba sin mostrar reacciones. Ese muro que he levantado torpemente para protegerme me ha pasado factura porque desde entonces arrastro una losa incómoda y pesada que me acompaña en mi día a día sin poder evitarlo. Y cuando menos me lo esperaba, cuando creía que ya no pasaría, me he encontrado llorando en la soledad de mi cuarto, mirando a través de la ventana caer la lluvia mientras la niebla bajaba lentamente desde la parte más alta de las montañas. Y así, en silencio, admirando la belleza de mi alrededor, yo me descomponía en lágrimas llenas de dolor, frustración e impotencia. La peor de las lágrimas.

He explotado. Demasiado tiempo reteniendo en mi interior sentimientos que se me atragantaban en la garganta. Demasiado tiempo soportando un dolor incomprensible en mi pecho. Demasiado tiempo fingiendo ser alguien que no soy, engañándome a mí misma de que el segundo negativo tampoco dolía tanto.

Y del mismo modo que sé que no me encuentro en el mejor de mis momentos, sé que resurgiré de mis cenizas para afrontar un nuevo proceso con la mejor de mis sonrisas. A pesar de las circunstancias hay que ser positivos y enfrentar los miedos. No es fácil, pero voy a intentarlo. Quiero intentarlo.

Tengo muchas esperanzas depositadas en nuestra inminente FIV, puede que sea la solución idónea para nosotros y por fin podamos sentir que esta pesadilla ha llegado a su fin. De todas formas, prefiero ser precavida y dar pequeños pasos; decidida pero con los pies en la tierra.

Y, algún día, puede que todo esto sólo sea un recuerdo de la lucha más intensa de toda mi vida.

Seguiremos intentándolo volcando nuestra ilusión en cada intento porque creo firmemente que ese bebé cada vez está más cerca de nosotros. Te esperamos, mi cielo, no puedes imaginarte con cuánto anhelo.

Duerme, duerme, aquí estaré,

las nubes serán tu colchón.

Que ni el viento ni la brisa te dejen

de acariciar, pues tú eres mi DON.

Duerme, duerme…

Te quiero, tesoro. De un modo que hasta duele.

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Archivado bajo Caóticos pensamientos, Cosas de la infertilidad

SIGO REFLEXIONANDO

En mi última entrada, os hablaba de los sentimientos que he experimentado como infértil a lo largo de todo este camino que todavía no se ha acabado. Esta vez me gustaría hablaros de un sentimiento extraño, confuso, un sentimiento que me ha hecho sentir como una persona horrible en más de una ocasión.

El dolor que sientes por dentro cuando te enteras de un embarazo de una persona muy cercana. Algo se te desgarra por dentro, tienes ganas de llorar de rabia, pero sonríes y actúas lo mejor que puedes. Ese sentimiento me ha hecho sentir una mala persona, alguien despreciable, y me ha costado muchísimo aceptarlo y comprender qué estaba pasando en mi cabeza.

Hace unas semanas me enteré de que un amigo íntimo sería papá en diciembre. Y hace tan solo unos días, me envió las ecografías de su bebé. Y algo se me rompió por dentro. Un dolor profundo, una presión en el pecho imposible de ignorar, una angustia que no supe controlar. ¿Cómo explicar que me alegro por él pero una parte de mí se siente dolida con la noticia? ¿Cómo explicar que me encantaría estar en su lugar, ser yo la que enviara las ecografías de mi bebé, que lo daría todo por cambiarme por él? ¿Cómo explicar que yo lo intento con todas mis fuerzas y no puedo tenerlo? ¿Cómo explicar que mi mayor sueño es ser mamá y que apenas rozo ese deseo con los dedos? ¿Cómo explicar que no me alegro tanto como a él le gustaría? ¿Cómo explicar todos esos sentimientos locos y contradictorios que pululan por mi mente levantándome dolor de cabeza? ¿Cómo explicar el viaje que he emprendido sin saber cómo acabará? ¿Cómo explicar…? Y es entonces cuando pienso si algún día lo conseguiré. Si todo este dolor y esfuerzo valdrán la pena. Si esta historia tendrá un final feliz para mí.

Demasiadas preguntas. Demasiados sentimientos. Demasiado todo. Cuando vi aquellas dos ecografías por primera vez, un cosquilleo extraño recorrió mi estómago. Ese bebé, esa preciosa forma en la oscuridad de la pantalla, es todo cuanto yo deseo. Pero no puedo. No puedo y eso me destroza por dentro. Me quedé demasiado tiempo viendo aquellas fotos, dolida de que algo tan sencillo para los demás, a mí me esté costando tanto. Porque esa preciosa forma en la oscuridad de la pantalla sería mi felicidad más absoluta. Y aunque quiero, aunque lo deseo con toda mi alma, parece que eso no es suficiente.

Supongo que da igual todas las veces que repita que deseo ser mamá. Supongo que resulta indiferente saber que me muero por crear vida en mi interior. Todo eso da igual porque, por ahora, mi sueño no va a cumplirse. Pero es así. Es una realidad. Un deseo profundo en el interior de mi alma. Quiero ser mamá! Quiero ilusionarme con mi primera ecografía, quiero sentir a mi bebé dentro de mí mientras me patea las costillas, quiero preparar con amor y mimo sus cosas, quiero sentirme abrumada por los sentimientos tan fuertes que me hará sentir incluso antes de conocerlo. Quiero que me cambie la vida, que inunde mi casa de risas, que haga sentir plena mi alma.

Y me duele, me duele tantísimo que todo sea tan complicado. Bebé, mamá no dejará de buscarte nunca, aunque le fallen las fuerzas. A mamá le gustaría ser más fuerte, no dejarse llevar tanto por las emociones, pero no puede. Ha llorado mucho por no haberte podido conocer todavía, quizás demasiado. Pero, créeme, mamá sabe que todas sus lágrimas algún día serán recompensadas. Porque cuando te tenga entre sus brazos, bebé, el alma de mamá se llenará de luz. Una luz que sólo proyectarás tú.

Mamá te quiere con todo su corazón; algún día podrá demostrártelo con achuchones y abrazos a todas horas. Ese día, mi Pequeña Canica, sabrás lo que es el amor incondicional de mamá! Pero nunca olvides que ya te quiere como si ya estuvieses aquí. Le pareces absolutamente perfecto incluso antes de conocerte! Son cosas de mamis, algún día lo comprenderás.

La infertilidad te hace experimentar emociones que creías no tener. Sentir un extraño dolor cuando te enteras de un embarazo muy cercano es uno de los nuevos sentimientos que yo he experimentado, y de los que más me desagradan. No me malinterpretéis, me alegro muchísimo por mi amigo, pero me duele que las cosas no sean tan sencillas para mí. A veces, fingir que estás bien y sonreír cuando te desmoronas por dentro es demasiado difícil.

Esta entrada he querido completarla con una canción que hoy en día me provoca un nudo en la garganta cada vez que la escucho. A pesar de no pertenecer a mi estilo de música, me ha maravillado tanto que no podía darle de lado mientras os abría mi corazón contándoos todo lo que he experimentado desde hace unos días. Esta canción tiene un significado especial para mí porque cada vez que cojo el tren para ir a la clínica, la escucho en alguna parte del camino. Cada vez que tengo cita en La fábrica de sueños, suena esta canción. Ya sea en el coche de camino a la estación, o en la radio de algún coche que pasa cerca de mí por la calle o en la cafetería en la que paro a tomar el desayuno.

Y cada vez que la escucho, se me pone un nudo en la garganta imposible de tragar. La letra es preciosa, transmite mucho sentimiento con cada una de sus palabras. Cuando la escuché por primera vez, fue Rubio quien vino de repente a mi mente. Porque todo de mí ama todo lo de él. Porque sin él este viaje incierto no tendría sentido. Porque él siempre me da todo de él sin esperar nada a cambio, me impulsa a continuar porque sabe que la recompensa valdrá mucho la pena. Porque él es mi principio, pero sobre todo mi final.

Mi vida, si algún día lees esto, sólo quiero agradecerte todo lo que me das cada día. Serás un padre increíble!

Y a ti, mi bebé, no dejes de esperarme porque muy pronto te encontraré. Ten fe, mamá es muy cabezota cuando se lo propone!

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19 junio, 2014 · 19:07