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COSAS DE SOPERAS (II)

El SOP tiene innumerables y molestos síntomas, todos ellos tan odiosos e irritantes que lo único que te apetece es dejar de depilarte y abrazar al Sijismo (una religión en la que está prohibida cortarse el pelo del cuerpo) y mandar todo al mismísimo cuerno!! Jajaja

En mi ránking de síntomas fastidiosos y engorrosos, hay tres que destacan sobre todos los demás:

1. Infertilidad.

2. Hirsutismo.

3. Sobrepeso.

Antes de dejar la píldora, yo era una chica delgadita que entraba sin esfuerzo alguno en una talla 34/36 del gigante textil de Amancio Ortega, la archiconocida Inditex. Muy bien, hasta ahí todo bonito, fácil y el camino cubierto de pétalos de rosa. El verdadero problema surgió cuando consideré que mi cuerpo se había expuesto a ese tipo de hormonación durante demasiado tiempo, así que tomé la decisión de dejar la píldora definitivamente y permitirle a mi hormonado cuerpo un descanso más que merecido después de tantos años. Y, entonces, oh, ¡sorpresa! empecé a engordar de un modo bestial. Apenas me reconocía cada vez que me miraba al espejo. Ponerme unos vaqueros suponía una lucha encarnizada y agotadora hasta que conseguía finalmente subirme la cremallera y abrocharme el dichoso botón de las narices.

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Y descubrí ese maldito calificativo antes desconocido para mí. GORDA.

Ser gorda es una lucha casi continua por demostrar lo que vales, que eres algo más, que eres tan bonita como las chicas delgadas y de cuerpo exuberante que pululan por el mundo orgullosas de su talla minúscula. Y aquí estoy. Gorda pero feliz. Sin embargo, parece ser que las personas de mi alrededor, la sociedad en conjunto, no está de acuerdo con esa afirmación. No puedes ser feliz si eres gorda. No señor. Felices son las chicas monas de talla 34 y cuerpo que quita el hipo. Tú, gorda ignorante, no puedes ser feliz con tu gordura. Es impensable. ¿Cómo poder serlo con todos esos kilos de más que te sobran? Vamos, apártate y escóndete, y deja que las delgadas de cintura fina vivan su felicidad en paz.

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Cuando dejé la píldora, empecé a engordar gradualmente. Mes tras mes, la báscula aumentaba sus cifras para mi desesperación. No comprendía qué es lo que me estaba ocurriendo, ¡ignorante de mí! Al principio, no eran más que unos kilos de más, hasta que me fui transformando en una chica evidentemente gordita, pero la gente todavía no se había fijado tanto en mí como para permitirse opinar sobre mi cuerpo. Pero cuando engordé considerablemente y resultaba más que evidente que me había puesto enorme, pasé a ser una gorda oficial para todo el mundo. “Está anchota” “Está fuerte” “Está rellenita”. Y es entonces cuando empiezan a auto compadecerse de ti, porque llamarte gorda a la espalda o a la cara no está bien visto y buscan arreglarlo de otra forma. “Pero es simpática”. “Pero de cara es guapa”. “Pero es divertida”. “Pero a ella le da igual”. PERO. PERO. PERO. PERO.

Controlar mi peso, hacer ejercicio, intentar entrar en unos pantalones de Stradivarius sin reventarlos, encontrar una camiseta que no me marcase la barriga o un vestido que no me hiciese parecer una mesa camilla eran cosas de mi día a día. Pero a mí no me importaba. No me importaba haber pasado a una talla 38/40 o descubrir que las camisetas de tirantes ya no eran para mí. No me importaba saber que la ropa ceñida me sentaba como una patada en el culo o que ya no podría disfrutar de la comodidad que me otorgaban una mallas elásticas. No, todo eso ya no era para mí. Pero no me importaba. Y cuanto menos me importaba a mí, más parecía importarle a los demás. Parecía que todo el mundo quería recordarme que yo antes era una chica delgada y no una gordita sin complejos. “Qué guapa estabas antes”. “Bufff, cuánto has engordado, ¿no?”. “Deberías adelgazar”. “¿Comes mucha bollería o qué?”.

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Y por si aquello no fuera suficiente para alimentar los cotilleos de mi alrededor, la chica gordita se enamoró de un chico alto, delgado y, qué demonios, terriblemente guapo de sonrisa increíble y traviesa. Y el chico se enamoró de la gorda, algo totalmente impensable para los demás. Y yo ya me estaba imaginando los comentarios de la gente al respecto: “Pero si él no está gordo, ¿cómo puede gustarle ella?”. “¿Qué le habrá visto a esa chica?”. “No me pegan juntos, hacen mala pareja”. “Ella no encaja con él”.

Pero ella, la chica gorda, se pasaba aquellos comentarios por el auténtico forro. Porque si antes ya no le preocupaba su comentado peso, después de conocerle a él, después de que Rubio llegase a mi vida, ser gorda pasó a un segundo plano. Rubio veía más allá de un cuerpo con unos kilos de más. Él miraba dentro de mí, completaba mi alma, formaba parte de mi ser.

El SOP ha traído muchas cosas indeseadas a mi vida, pero el sobrepeso no ha cambiado mi forma de ser en absoluto. Tengo la misma seguridad, la misma gracia y la misma independencia que antes. Sí, me sobran unos cuantos kilos y estoy gordita, pero soy feliz. Feliz conmigo misma, feliz con cada pequeño momento que se convierte en especial en mi vida, feliz… Ante todo, soy feliz.

Antes, me preocupaba aumentar de peso o que la ropa no me sentase bien. Hoy en día, me siento libre. He descubierto que tengo curvas y un pecho generoso en el que lucir escotes en verano, algo totalmente desconocido para mí cuando no era más que un espagueti con patas. Soy feliz con lo que soy, acepto mi nueva yo. Existe otra ropa que me sienta fenomenal sin la necesidad de ir embutida en unos pantalones vaqueros que apenas me dejaban respirar.

Desde que me encuentro en este recién conocido mundo de la Infertilidad, he aprendido a apreciar el valor de las pequeñas cosas y a ser feliz con lo que tengo y con lo que soy. No voy a amargarme por no encajar con el canon de belleza establecido ni voy a auto compadecerme porque me sobren unos cuantos kilos.

Amarte a ti misma es el principio de una existencia feliz, independiente y plena, sin depender de la autorización ni halagos de los demás. Vuestros cánones de belleza me los meriendo yo acompañados de una buena tostada bañada en Nocilla.

Firmado: Una SOPera gordita y orgullosa.

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COSAS DE [SOP]ERAS

“Pelos por aquí, pelos por allá, 

crecen cada día y ¡en mucha cantidad! 

Soy un oso panda a medio depilar,

¡me desespero cuando mis pelitos vuelven a brotar!”

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Jajaja, pensaréis que me he vuelto loca, ¿verdad? Bueno, después de este breve momento poético, voy a confesaros algo que creo que todavía no había dicho en ninguna de mis entradas: tengo SOP (Síndrome del Ovario Poliquístico) y, por lo tanto, el tema de los pelitos y las depilaciones están al orden del día en mi vida.

El SOP es un trastorno que afecta a un 5 ó 10% de las mujeres, causando síntomas tales como: períodos menstruales irregulares, hirsutismo (crecimiento excesivo de vello en la cara, el abdomen, el pecho, etc), sobrepeso, infertilidad (no en todos los casos), acné, dificultad para ovular con normalidad… Bien, esto dicho en palabras técnicas y profesionales. En palabras de una SOPera: es una mierda como una casa de grande, una gran jodienda que te obliga a estar equipada con bandas depilatorias en cantidades industriales. En mi caso, sólo me falta un cinturón de herramientas que colgarme a la cintura y sería como el Inspector Gadget pero con pinzas de depilar, bandas de cera fría, crema decolorante y crema hidratante. Tengo todo un arsenal desplegado en el baño, dejándole apenas sitio a Rubio para sus cosas. 
No hace mucho que descubrí que yo también sufría los efectos del SOP. La verdad es que notaba que algo pasaba con mi cuerpo, algo estaba cambiando para peor y no dejaba de engordar. Cuando fui a la Seguridad Social, no le dieron importancia. Ni a la desconocida causa de mi sobrepeso ni a la ausencia de mi regla, que llevaba cinco meses sin aparecer. Deambulé de consulta en consulta, pero ninguno de los doctores y ginecólogos que me trataron me dieron ninguna solución. Yo incluso les decía que me estaba saliendo vello en donde antes no tenía (como en el mentón, por ejemplo) y que estaba engordando demasiado sin causa aparente, cuando siempre había sido una chica delgadita. 
Recuerdo que una de las ginecólogas me aseguró que todos mis problemas estaban causados por haber dejado la píldora (la tomaba desde los diecisiete años), y que todo ese desbarajuste muy pronto se solucionaría por sí solo. No sucedió, obviamente. Finalmente, encontré consuelo y ayuda en el mejor ginecólogo que he conocido a lo largo de toda mi vida. Un hombre preocupado y súper atento que sólo busca encontrar la solución de los problemas de sus pacientes. Su consulta es privada, y aunque tengo que dejarme algunos billetes cada vez que voy a verlo, salgo de allí tan tranquila y con mis dudas tan aclaradas que el desembolso económico vale la pena. Fue él quien me habló del SOP, de los síntomas y de las consecuencias; me explicó que el vello tan molesto que me estaba creciendo así como mi sobrepeso y mis ciclos tan irregulares estaban íntimamente relacionados y que, a pesar de que el SOP no tiene cura, sí hay tratamientos para combatirlo que son muy efectivos. Me habló de dietas, de ejercicios y, sobre todo, de paciencia y perseverancia. 
Para combatir el sobrepeso, practico deporte cuatro o cinco días a la semana. Nada del otro mundo, simplemente caminar o correr. Al principio, me agotaba en seguida y tenía que parar porque mi cuerpo no estaba acostumbrado, pero después de un tiempo, me he amoldado rápidamente a mi cinta de correr. Intento caminar cada día cinco kilómetros, que aunque no es mucho, la verdad es que me está ayudando bastante a perder volumen y algunos kilos. Por ahora, sólo he conseguido adelgazar cinco kilos (no llevo mucho tiempo con esta pauta de ejercicio diario) y aunque el volumen que he perdido se nota bastante, todavía me queda mucho por hacer. A veces me resulta desesperante ver cómo la báscula no se mueve a pesar del esfuerzo que hago caminado y controlando mi comida.
A veces me apetece abandonar. Comer lo que me dé la gana. Tirarme en el sofá y no hacer nada. A veces me siento fea y gorda y mi autoestima cae por los suelos cada vez que los dichosos pelitos asoman. Pero, ¿sabéis que hago para animarme? He encontrado un método más que interesante para levantar el ánimo. 
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Escribo ideas positivas en Post It que pego en la pared junto a mi cinta de correr. Cuando estoy caminado y me apetece mandarlo todo a la mierda, me paro a leer esos mensajes y continúo caminado. 
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Parece una tontería, pero la verdad es que ayudan bastante! Los leo y entonces recuerdo por qué estoy haciendo esto, por qué me estoy esforzando tanto y comienzo a caminar más y más deprisa. También cuento con el apoyo de Rubio y eso es algo que nunca me cansaré de agradecerle. Los domingos, cuando hace bueno, nos vamos a montar en bici, disfrutando de la naturaleza y el aire libre y, entonces, los malos pensamientos desaparecen por completo. A veces dejamos las bicis aparcadas y damos largos paseos con nuestros peludos, que son unos excelentes acompañantes y entrenadores! Nunca se agotan, siempre quieren jugar, correr, que les lances la pelota, que corras tras ellos… He de confesar que Grandullón Amoroso, Saltarín Inquieto y Muñequita Linda participan activamente en mi idea de bajar peso y me ayudan muchísimo. Y qué decir de Rubio… Él siempre está ahí. Dispuesto a ayudar. Dispuesto a animar. Dispuesto a cualquier cosa que sea buena para mí, para los dos. Si él no fuera tan perseverante, yo habría abandonado hacía mucho tiempo.
He acabado por tomármelo como parte de mi día a día, así que me enfundo en mi chándal, cojo mi botellín de agua, me pongo los cascos, enciendo la cinta y… a MOVERSE! Esto es lo que veo cada día que lucho por mi sueño, cada día que deseo que aparezcas. Lo hago por ti, Canica. Te espero impaciente, Mi Cielo.
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Siento la mala calidad de la foto!! La saqué con prisas y no me di cuenta de que había salido un pelín borrosa. Pero bueno, más o menos se entiende, ¿no? 
Estos mensajes me animan a continuar. Algunos de los que más me gustan son los siguientes: 
“Si dejas salir todos tus miedos, tendrás más espacio para vivir todos tus sueños”.
“Un solo pensamientos positivo por la mañana puede cambiar todo tu día”.
“La vida es como un espejo: te sonríe si la miras sonriendo”.
“Borrón y sonrisa nueva. De eso se trata, ¿verdad?”. 
 A Rubio le ha parecido una fantástica idea. Le encanta nuestro Muro de los Pensamientos Bonitos. Así lo ha bautizado él! Y a mí me encanta que le encante, jajaja 
Con todo esto sólo quiero deciros que, por muy mal que vayan las cosas, por muy mal que penséis que os está saliendo todo, no dejéis de luchar y seguir adelante. Días malos los tenemos todas, hay días que parece que caes en un agujero profundo y oscuro, pero creedme, siempre habrá alguien que os tenderá la mano para salir de ahí. Porque estoy segura de que todo llega para el que sabe esperar. Y porque nos lo merecemos, qué leches!
Yo he aprendido a ser más paciente, a afrontar los contratiempos con buena cara, a continuar el camino a pesar de que el final todavía está lejano… Desde este mundo virtual, este proyecto frustrado de mamá soñadora y esperanzada, os envía toneladas y toneladas de fuerzas y esperanzas para todas.   

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