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UNA TREGUA EN EL CAMINO

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Sonríe. Sonríe porque ningún problema tiene derecho a robarte la sonrisa. Y, si sonríes, parece que todo es más bonito a tu alrededor.

Cuando Rubio y yo descubrimos en primera persona el significado de la palabra Infertilidad, yo dejé de sonreír. Nada a mi alrededor parecía merecerse que yo sonriera, nada era suficiente para que yo me molestase en fingir un esbozo de sonrisa. Con el tiempo aprendí que mi tristeza no me ayudaría, que ella no me sacaría del pozo en el que me encontraba. Yo me encontraba allí abajo, en el fondo de aquel agujero oscuro y no conseguía ver la luz que me indicase la salida. Y cuando caes tan abajo, sólo puedes subir. Y yo subí. Salí de aquel agujero triste y amargado y sonreí.

“Estoy viva, ¡qué coño!”, pensé. No es el fin del mundo. Tengo un marido increíble, una familia genial que me apoya en cada una de mis decisiones y amigos de los de verdad (pocos), de esos que entran en mi casa y abren la nevera para zamparse cualquier cosa que les gusta. De esos amigos que se transforman en familia, que están en las buenas y en las malas, que soportan incansablemente mis continuas pajas mentales.

He de reconocer que hasta que llegué a esa conclusión, mis días eran un tormento. Sólo veía carritos de bebé y embarazadas por todas partes. Mis vecinas se preñaban con pasmosa facilidad, cada vez que me encontraba con una conocida por la calle me anunciaba su embarazo y algunas amigas fueron mamás. Y a mí se me encogía el corazón al ver que todas lo conseguían menos yo. “¿Por qué tiene que ser tan difícil para mí?”, me preguntaba entre lágrimas. “¿Qué tengo yo de diferente a las demás?” le preguntaba a Rubio cuando la tristeza más absoluta se imponía sobre mí.

Rubio nunca sabía qué contestar. Él se quedaba quieto junto a mí, me abrazaba con fuerza y me susurraba al oído: “Tranquila. Todo va a salir bien”. Yo no le creía y me enfadaba con él porque parecía que sólo yo lo estaba pasando mal, que por el único motivo de expresar mis sentimientos sufría más que él. Y Rubio soportaba mis rabietas y mis berrinches, abrazándome en silencio y dándome un beso tierno en la frente (es lo que tiene ser bajita y él un metro ochenta de pura dulzura convertida en hombre).

Lo he pasado mal y sé que todavía queda mucho camino que recorrer, pero hoy quiero sonreír. Qué leches, me lo merezco!

Esta mañana he recogido mis analíticas hormonales, esas a las que le tenía tanto miedo. En la anterior, mi FSH estaba bastante elevada, tanto que la ginecóloga de la S.S. me comentó que aquello no tenía muy buena pinta y que la IA quedaría probablemente descartada por no poder estimular mis ovarios con éxito. Como ya os comenté en anteriores entradas, la FSH es una hormona que juega un papel fundamental en la maduración de los folículos (cada folículo contiene a su vez un óvulo, que será liberado durante la ovulación). Los niveles de FSH indican el estado y el funcionamiento de los ovarios y si estos niveles están elevados corresponden a una insuficiencia ovárica, que es lo que me habían diagnosticado a mí en la última analítica hormonal que me hice. Y aquello me sentó como una jarra de agua fría. Mis óvulos eran de mala calidad y sabía que un embarazo de forma natural quedaba prácticamente descartado. Aunque aquello no fue lo que me preocupó especialmente; lo que más me inquietaba era pensar que tal vez no todos los tratamientos de reproducción asistida funcionarían en mí por esa elevación en los resultados.

Mi FSH se encontraba en 12.6 mUl/ml, cuando el límite en la fase folicular (antes de la ovulación) es de 10 mUl/ml. Desde aquellos resultados, me hablaron de insuficiencia ovárica, fallo ovárico precoz e incluso una posible menopausia precoz. Vamos, todo facilidades para quedarme embarazada (nótese la ironía).

Hace unas semanas, volví a repetírmelos para asegurarnos de que los resultados eran los correctos. Yo quería estar segura completamente de que ese era mi diagnóstico. Hoy fui a recogerlos y abrí el sobre con miedo. Extendí el papel y me preparé para lo peor, algo que suelo hacer muy a menudo para prepararme en caso de que el resultado no sea el esperado. Estaba mentalizada para encontrarme un resultado horroroso, incluso más elevado que la vez anterior.

Actualmente mi FSH se encuentra en 8.6. No me lo puedo creer. Ha bajado muchísimo en comparación con la vez anterior. Lo único que he hecho de diferente ha sido cuidarme más haciendo ejercicio diario y controlando mi alimentación. ¿Puede ser eso el causante de que los niveles hayan disminuído? Si es así, que sean bienvenidos a mi vida el deporte y la comida sana!!

Cuando Rubio entró por la puerta, le conté lo de los análisis y sonrió de oreja a oreja con esa sonrisa suya tan bonita y pura. Avanzó rápidamente hacia mí y me plantó un beso en los labios que casi me da vueltas el sentido, jajaja “Te lo dije, las cosas van a salir bien”, me dijo con convicción.

No sé qué es lo que nos deparará el futuro en el mundo de la Infertilidad pero hoy sólo me apetece sonreír.

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MENSAJITOS QUE TE HACEN SONREÍR

Hace apenas un momento, escuché el sonido de mi móvil al otro lado del salón. La pantalla parpadeaba iluminada y el icono del Whatsapp apareció en la esquina superior izquierda, anunciándome que me acababa de entrar un nuevo mensaje.

Cuando abrí el mensaje, una sonrisa emergió en mi cara. Esto es lo que me encontré 🙂 Es un detalle precioso, ¿verdad? Una de mis más íntimas amigas, de las pocas que saben que estoy metida en este mundillo de consultas, tratamientos y búsqueda de mi pequeña Canica, me envió esto para animarme un poco.

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“Estoy aquí para lo que necesites”, me dijo después. Sólo puedo agradecerle lo muchísimo que se preocupa por mí.

A mí personalmente me encanta!

Canica, estés donde estés buscándome, sonríe! Aquí hay mucha gente buena que está deseando que nos alegres con tu presencia.

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