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MONTAÑA RUSA

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El mundo de la infertilidad es como una montaña rusa, alocada y traicionera. Unas veces estás arriba, otras abajo, otras das vueltas sin saber hacia dónde ir. Unas veces crees que te comes el mundo, que todo va a salir bien, porque a las personas buenas les pasan cosas buenas, ¿verdad? Otras, en cambio, lo ves todo negro. Todo parece tan lejano, ese sueño de ser mamá se está resistiendo más de lo que habrías imaginado y no sabes cuánto tiempo más vas a aguantar poniendo una sonrisa en la cara cuando te estás derrumbando por dentro.

Rubio, en cambio, es una persona vital, optimista, positiva, que te arrolla con su alegría, por muy grande que sea mi llorera. Somos dos polos opuestos, totalmente contrarios, sin apenas gustos en común. A mí me gusta blanco, a él negro. Pero hay un matiz en el que ambos coincidimos: en que nos queremos, y aunque nunca nos pongamos de acuerdo para ir a ver una película al cine, el amor que nos tenemos y el deseo de ser papás hace que todo lo demás sea meramente secundario.

Cuando me casé con Rubio, sabía desde el primer momento que lo conocí que él era el hombre de mi vida, y con el paso de los años, me morí de ganas por hacerlo papá. Ambos pensamos que todo sería mucho más fácil, tan fácil como había ocurrido con nuestro círculo de amigos. Un par de meses aplicándonos en los días fértiles, una falta cuando debería aparecer la indeseable, un test de embarazo positivo, un anuncio a la familia, todo el mundo feliz y contento y empezar a comprar cositas para el nuevo miembro de la familia.

No fue así.

Los meses comenzaron a pasar y nuestro bebé no venía. El mazazo fue peor cuando unos conocidos, que se casaron una semana después que nosotros, nos anunciaron su embarazo. El primer mes que lo intentaron, lo consiguieron. Así de fácil. Sin complicaciones. Sin lloreras. Sin pajas mentales. “¿Y yo por qué no?”, me preguntaba a mí misma continuamente.

Los embarazos en nuestro círculo de amigos/conocidos/vecinos eran continuos. Claro que nos alegrábamos por ellos, pero no dejábamos de sentir una pena inmensa cada mes que no lo conseguíamos. Veía la tristeza de Rubio en sus ojos y eso me destrozaba por dentro. Rubio no quería verme triste, le dolía profundamente cada lágrima que surcaba mis mejillas como si fueran suyas. Rubio quería aparentar ser fuerte, pero no lo era.

Llega un momento en todo camino de la infertilidad en el que tus amigos/conocidos/vecinos comienzan a hacerte preguntas. Preguntas indiscretas, preguntas para las que tienes que estar entrenada. Poner buena cara, sonreír, fingir que no le das importancia y cambiar de tema. Así lo hacía yo. Y lo hago. “¿Vosotros para cuándo?”. “¿No pensáis hacer abuelos a vuestros padres?”. “Ya os habéis casado, ¿cuándo pensáis tener niños?”. “Fulanito y Fulanita acaban de tener un bebé, ¿y vosotros qué?”. Oiga señora, a mí lo que hagan Fulanito y Fulanita me la trae floja, qué quiere que le diga! No sabía que al casarme estaba obligada a tener niños ya!

También he conocido a gente que tiene el tacto en el mismísimo culo. Gente que tiene la empatía de un cactus. “Estás obsesionada, por eso no te quedas”. “Relájate, ya verás que cuando te relajes te quedas embarazada”. “¿De verdad es tan importante ser madre?”. “Los tratamientos de fertilidad no siempre funcionan”. “No quiero que me pase lo que a ti”. A mí tampoco me gusta lo que me pasa, no te jode! Pero aquí estoy, poniéndote buena cara cuando en realidad me apetece mandarte a un sitio que yo me sé.

De mi círculo de amigas más íntimas, muy pocas saben que estamos en esta búsqueda, y no todas tienen la sensibilidad y el tacto que yo me esperaba de ellas. El mundo de la infertilidad no deja de darme sorpresas! (nótese la ironía)

Mañana, Rubio y yo tenemos nuestra siguiente consulta en Fertilidad. Nos han recomendado una IA, y la verdad es que estamos deseando empezar. Aunque nuestra intención es llevarlo todo por la SS, hemos visitado una clínica privada con la que hemos quedado encantados. Mañana decidiremos que camino tomar…

Tic tac tic tac… Es momento de tomar decisiones!

Deseadnos suerte!

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¡¡HOLA, SOY ELORA!!

¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a mis desvaríos virtuales! Mi nombre en este mundillo de la blogosfera es Elora Dannan (sí, “Willow” me marcó de por vida), y sólo soy una más, una soñadora más que busca ser mamá a pesar de que la infertilidad se lo pone realmente complicado cada día.

Soy una chica de veintitantos, felizmente casada, dueña de tres preciosos perros y una gata adorable, amante de la lectura y el Heavy Metal y deseosa de formar una familia con el hombre de mi vida.

¿Por dónde empezar? Si me lo permitís, os resumiré muy brevemente mi historia, que no es nada fuera del otro mundo, ya lo veréis!

He tenido la suerte de conocer al amor de mi vida cuando apenas era una cría ingenua y soñadora que pensaba que todas las historias se merecían por derecho un final feliz. Rubio es para mí mi bote salvavidas, el que me permite soñar, el que se cae y se levanta conmigo, el que siempre tiene en su cara una sonrisa de “Todo saldrá bien”. Rubio no necesita llenar el silencio con tontas palabras o frases de ánimo que no aportarían nada en un momento de llorera. Rubio me abraza y se queda callado junto a mí, reconfortándome con un abrazo de esos que parece que me vuelve a juntar las partes destrozadas de mi corazón.

Siempre quisimos tener niños y, además, los dos estábamos de acuerdo en tenerlos pronto, de jovencitos, para poder disfrutar de nuestros peques mucho más tiempo. Empezamos la búsqueda de nuestro bebé como otras tantas parejas, llenos de ilusión, de esperanzas y de muchas ganas de ser papás. El primer negativo no fue doloroso. Como tampoco lo fue el segundo, el tercero o el cuarto. Pero el décimo segundo fue todo un mazazo. Doce meses de búsqueda. Doce meses de esperanzas perdidas. Doce meses de dolor en los cuales se anunciaban a nuestro alrededor continuos e inesperados embarazos.

Después de aquello, mi doctor quiso probar suerte con Omifin, un inductor de la ovulación que se utiliza en algunos casos para resolver la infertilidad por insuficiencia ovárica. Lo intentamos durante cinco ciclos. Cinco meses de esperanzas que no se cumplieron. Cinco meses de negativos e ilusiones frustradas. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Cada vez dolían más. Y comenzaron las pruebas, los diagnósticos, para saber qué estaba ocurriendo.

Y resultó que yo soy un cúmulo de desajustes hormonales que forman un verdadero huracán en mi cuerpo: sobrepeso, ovarios poliquísticos, FSH un pelín elevada, ciclos irregulares y anovulatorios, amenorrea, etc.

Mis ciclos cada vez eran peores. Tenía suerte si veía la regla cada dos o tres meses. Mi única solución era provocarla con Utrogestan cuando mi cuerpo pedía a gritos quitarse de encima la hinchazón y el malestar acumulado. Así era imposible. Por mucho que lo intentábamos, cada mes veíamos un negativo.

Dolía. Dolía muchísimo. Porque las personas nos merecemos lo que soñamos, ¿verdad? Al menos, eso pensaba yo.

Cuando comenzamos la búsqueda de nuestro bebé, tonta de mí creí que lo conseguiríamos relativamente rápido. Qué engañada estaba. Qué estúpidamente ingenua fui.

Después de todo este tiempo, he aprendido que la infertilidad no es cosa de la edad. La infertilidad no distingue esas cosas. Es más, le importa una auténtica mierda. Te toca y punto, es una lotería, un juego de azar. Pero también he aprendido debido a ella que soy más fuerte de lo que pensaba. Voy a cumplir mi sueño y el de Rubio sea como sea, no vamos a parar. A veces hay que pasar por lo peor para conseguir lo mejor, ¿verdad?

¿Dónde nos encontramos ahora? A las puertas de nuestro primer tratamiento de reproducción asistida. Estamos un poco nerviosillos, pero también ilusionados y volvemos a recuperar la esperanza. En algún momento las cosas tienen que salir bien, ¿no?

Sé que no tengo muchos motivos para quejarme, apenas llevamos tiempo metidos en este mundillo y no nos hemos llevado continuos batacazos con los tratamientos, pero con este blog sólo busco desahogarme y sentirme mejor soltando todo lo que llevo dentro.

Rubio, ten fe, tarde o temprano venceremos. Gracias por cada día que me das a tu lado.

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