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LAS VECINAS ENTROMETIDAS

Esta tarde he vuelto a casa de mi paseo diario con mis peludetes realmente enfadada. He tenido que comerme las lágrimas todo el camino hasta llegar a casa y desahogarme a fondo para sentirme mucho mejor. Hay días que parece que los astros se confabulan contra mí y querer tener ciertos momentos de paz me sale muy caro.

Cuando salgo a pasear con mis chiquitines busco distracción, evasión y, sobre todo, tranquilidad. A veces, los problemas desaparecen mientras camino o, sencillamente, se hacen un poquitín más pequeños. Pasear me relaja, me distrae, me transporta a un lugar agradable y diferente mientras me dejo engullir por la naturaleza verde y hermosa. Son mis momentos de paz, mis momentos en los que no me dejo caer a pesar de los problemas.

Por eso me duele tanto que me los arruinen.

Hoy salí a pasear con mis peludetes como hago cada tarde. Nos lo pasamos en grande, nos encanta disfrutar del tiempo tan extrañamente bueno que estamos teniendo en pleno diciembre. Grandullón Amoroso corre hasta quedarse sin fuerzas, Muñequita Linda persigue un pequeño insecto como si le fuera la vida en ello y Saltarín Inquieto corretea sobre la hierba húmeda, ladrando con diversión. Me gustan estos momentos porque me permiten ser realmente feliz y me olvido por un momento de todo lo demás. Supongo que es demasiado pedir disponer de cierta paz y tranquilidad a lo largo del día, porque una sola persona consiguió arruinarme el día por completo.

De camino a casa, me encontré con una de mis vecinas, que decidió acompañarme hasta su casa, próxima a la mía. La idea, evidentemente, no me entusiasmó para nada, pero no me gusta ser maleducada y decidí que ni siquiera ella me fastidiaría el paseo. Me equivoqué. Mi vecina es una persona realmente pesada, insoportable y, sobre todo, muy chismosa. Siempre me está dando la brasa preguntándome cuándo voy a tener un bebé o a qué espero para ser madre, así que supongo que comprenderéis porqué no me gusta pasar tiempo con ella. Intenté quedarme atrás a propósito varias veces con la excusa de que los perros estaban muy perezosos hoy, pero ni por esas decidió hacerse el camino hacia su casa ella sola. En un momento de la conversación (monólogo más bien), no se le ocurrió una cosa mejor que preguntarme si estaba embarazada, porque había echado un poco de “tripilla”. Sus palabras exactas fueron:

“- Oye, te ha salido un poco de barriguita… no estarás embarazada, ¿no? Porque tienes la forma y todo…”. 

Bien, Elora, tranquila, serénate, piensa en cosas no homicidas, piensa en cosas no homicidas… Por supuesto, le dije que no estaba embarazada, que simplemente tengo unos kilitos de más (gracias SOP y banderillas, sois lo más!). Mi querida vecina no se quedó tranquila con mi respuesta, así que continuó con su monólogo:

“- Bueno, si no quieres decirlo todavía, no lo digas. ¡Si total me voy a enterar igual!”.

Todo esto en un tono jocoso partiéndose el culo la tía. A estas alturas de la conversación decidí no poner lo otra mejilla y dejar de sonreír como hago siempre y me quedé en silencio, ignorándola totalmente. No quería hablar más con ella, sólo quería que se fuera y que me dejara en paz. Me estaba haciendo sentir realmente incómoda; yo sólo quería coger a mis chiquitines y apurar el paso lo máximo posible para dejarla atrás. Antes de irse y dejarme echa mierda, me dijo unas palabras que me hicieron mucho daño, tanto que todavía no comprendo cómo conseguí guardarme las lágrimas sólo para mí.

“- Hay que ver, ese bebé no quiere venir, ¿eh? Vas a tener que cambiar de marido, que se ve que no funciona. Busca otro, ya verás qué rápido te preñas”.

Ole sus cojones. Ole!

De regreso a casa, me topé con una vecina que está embarazada (WTF!?! ¿El universo se está riendo de mí o qué demonios pasa?) y con tono despreocupado me dijo desde el balcón que me tenía que animar a tener un bebé, que ya me va tocando. No recuerdo exactamente qué le contesté porque yo sólo quería irme para mi casa. Aguanté todo el camino como pude pero en cuanto cerré la puerta y me encontré resguardada por la protección de mi hogar, dejé salir todo lo que llevaba dentro. Y lloré. Lloré tanto que Grandullón Amoroso vino a sentarse a mi lado y apoyó su cabeza en mi regazo, mirándome con preocupación. Y no tardó en acompañarme también Muñequita Linda, que meneaba el rabo de un lado a otro mientras me golpeaba con el hocico para que la acariciase; se quedó sentadita a mi lado, dejándose achuchar.

Me he quedado echa mierda porque me estoy esforzando en practicar ejercicio cada día para intentar perder unos cuantos kilillos y empezar la FIV en las mejores condiciones, pero debido a mi SOP no me resulta tan sencillo adelgazar. Adelgazo, sí, pero a un ritmo mucho más lento y tengo que ser muy constante con el ejercicio y no descuidar mi alimentación. Y va la desconsiderada y me dice que he engordado, que he echado barriga y todo! Sé que ella no sabe nada de lo mío, pero hoy me apetece quejarme. Además, estoy harta de que me pregunte si ya me he quedado embarazada o no, o de que dé por hecho que mi marido no “funciona” porque no me ha “preñado”. ¿Qué coño sabrá ella de nuestros problemas o de lo que estamos viviendo? Es una auténtica bocazas que tiene la sensibilidad en el culo, así de claro os lo digo. Me molesta que hable con esa libertad de mi marido, haciendo tanto daño con sus palabras.

Estoy cansada de la gente entrometida y chismosa que se cree con el derecho de meterse en mi vida como si fuera la suya propia. Vivir en un pueblo pequeño es lo que tiene, todo el mundo se conoce y se creen que por eso ya pueden entrometerse en cualquier cosa.

En fin, enseguida se me pasará, pero vaya mal rato que me ha hecho pasar, madre mía…

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