Archivo mensual: septiembre 2015

EL EMBARAZO DE UNA INFÉRTIL

Hace tiempo que quería escribir esta entrada, pero por una cosa o por otra lo he estado aplazando hasta ahora. En estas 27 semanas de embarazo que estoy viviendo plenamente, he llegado a la conclusión de que el embarazo de una infértil no se parece ni por asomo al de una persona que no ha pasado por tratamientos o malas experiencias para conseguir ser mamá.

No digo que sea mejor ni peor, sino diferente.

El otro día, cotilleando aburrida en cierta red social, vi la foto de una chica que anunciaba su embarazo con un test de embarazo positivo y la verdad me llamó bastante la atención porque a mí me costó horrores decir que por fin estaba embarazada. Y pensé: ¿cómo consigue no sentir miedo por anunciarlo tan pronto?

Yo me morí de miedo cuando la gente empezó a enterarse de que en unos meses sería mamá. Sí, lo sé, no era más que un miedo irracional, pero estaba aterrada, muerta de miedo de que algo pudiese salir mal y tener que soportar sus preguntas acerca de lo ocurrido. Reconozco que el reposo absoluto, los manchados y los sangrados de las primeras 13 semanas consiguieron asustarme tanto que no lo disfruté como hubiese deseado y los miedos se instalaron en mi cabeza para quedarse durante mucho tiempo.

Para una infértil que ha pasado por una época de pruebas, búsqueda de respuestas, tratamientos fallidos, lágrimas, frustración, miedo, pinchazos, punciones y mucho dolor, su camino no termina con el ansiado positivo. No, claro que no. Después del positivo empiezan otros miedos (de otro tipo más manejable, eso sí) que también nos preocupan hasta desvelarnos: ¿le pasará algo malo al bebé? ¿irá todo bien?¿cuándo dejaré de tener miedo? ¿cómo estará el bebé? ¿saldrá todo bien, por fin seré mamá? Evidentemente, estas preocupaciones no tienen nada que ver con la época de tratamientos, donde las preocupaciones me dejaban sin aliento pensando que tal vez nunca escucharía a un pequeñajo en mi casa llamándome “mamá”.

Me costó horrores comprarles sus primeras cositas, lo reconozco. No me atrevía a hacerlo, me moría de miedo de solo pensar en sacar el billete de la cartera y pagar esas mantitas de invierno tan monas que había visto en la tienda. Sí, hice una montaña de un grano de arena por unas mantitas, qué le voy a hacer. Y mientras conducía de vuelta a casa, las miraba de reojo con una mezcla entre ilusión y miedo, guardándolas en el armario hasta que estuve preparada para volver a verlas. Las futuras mamás infértiles solemos pensar que algo puede ir mal (al menos, a mí me pasaba).

Y así me ocurrió en otras ocasiones. La ilusión y el miedo se entremezclaban y disfrutaba las cosas a medias, y os puedo asegurar que me sentía horriblemente mal por reaccionar de ese modo. Otras compañeras continuaban luchando, sacando fuerzas de donde no las hay para un nuevo intento y yo que por fin lo había conseguido me moría de miedo y no disfrutaba de la experiencia como debería.

Pero todo cambió con la eco 4D de las 18 semanas. Vi a mis pequeños, a los hombrecitos de mi vida moviéndose y pataleando con fuerza, rebosantes de vida y por fin dejé de sentir tanto miedo. Después de que me confirmasen que todo va estupendamente en la eco de las 20 semanas, el miedo ha ido desapareciendo tan rápido que apenas me he dado cuenta. Por fin me atrevo a comprarles ropita y demás cosas sin pensar en negativo. Siento a mis bebés moverse a todas horas y eso me transmite una tranquilidad increíble, desterrando los malos pensamientos bien lejos.

Ahora, por fin, he comenzado la decoración de su habitación. Es algo que me hacía una ilusión increíble, incluso más de lo que habría imaginado. Ha sido tanto tiempo imaginándome su cuarto, los detalles, los colores, el amor que se respirará en él que aún no me creo que esté seleccionando cunas en las que dormirán los hombrecitos más importantes de mi vida.

Y aquí estoy, cumpliendo 27 semanas, sintiendo las patadas de mis dos amores, que me enamoran cada día que pasa.

Tan pequeños y tan grandes a la vez ❤

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