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8 SEMANAS

Siento el abandono del blog y os agradezco infinitamente vuestra alegría por mí y mis peques; hay toneladas de buena gente en la blogosfera y me siento orgullosa de que parte de esa bondad siempre tenga un huequecito para mí con comentarios bonitos.

Este abandono está totalmente justificado (al menos, a mí me lo parece) y no me parece justo para vosotras que desaparezca sin más sin contaros lo que está ocurriendo.

Mis luceritos están bien, creciendo mucho y latiendo con una fuerza arrolladora. Ya miden 17’5 mm y 16’8 mm; en la última eco parecían dos ositos de gominola de lo más bonitos 🙂 Y aunque ellos estén bien, yo sigo con mis sustos habituales porque he tenido que volver a urgencias por un nuevo sangrado.

Allí vieron un pequeño hematoma que probablemente sea el causante de todo esto, y aunque en la clínica me aseguraron que el hematoma es pequeñito, debo guardar reposo para evitar más sustos y problemas. El objetivo es llegar en las mejores condiciones a las 12 semanas, esperando que con el crecimiento de los mellis el hematoma se reduzca y desaparezca.

Así que aquí estoy, de la cama al sofá y del sofá a la cama sin apenas hacer nada más que leer, ver pelis y transmitirles mucha calma y amor a mis bebés. Me tranquiliza ver lo mucho que han crecido, pero me encantaría vivir esta etapa sin tanto miedo como siento.

Y esa es la razón de que apenas publique nada últimamente. No me apetece coger el portátil y ponerme a escribir de cómo va todo esto cuando no me encuentro en una situación super ideal en la que disfrute al 100% de mi embarazo. Espero que me perdonéis.

Me quedo por aquí y prometo informaros de cada pequeño avance, aunque no escriba tanto como me gustaría. Yo me encuentro bien (exceptuando el malestar, las náuseas y los continuos vómitos) y mis peques crecen a una velocidad maravillosa. He descubierto el significado del amor puro e incondicional, el amor verdadero y la conexión instantánea entre una madre y sus bebés. Cada vez que les veo en el monitor, latiendo con fuerza y cómodos en mi interior, me enamoro un poquito más. Se me llena el cuerpo de vida, respiro hondo y me siento afortunada de poder vivir este momento. A pesar de los contratiempos, no puedo dejar de sentirme realmente afortunada por albergar en mi interior dos pequeñas vidas que han decidido agarrarse bien fuerte para poner mi mundo patas arriba.

Seguid así, luceritos, ya me habéis demostrado lo fuertes que sois y lo decididos que estáis de quedaros conmigo y con papá. Prometo cuidaros, siempre, con todas mis fuerzas. Os amo, tanto tanto que incluso asusta.

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EL SONIDO DE LA VIDA

Ha sido una ecoespera de lo más accidentada. Me imaginaba que estaría nerviosa, preguntándome continuamente si todo iría bien ahí dentro, pero jamás me imaginé que me llevaría el susto de mi vida debido a una serie de manchados que acabaron en un sangrado preocupante un jueves de madrugada. Lo di por perdido, pensé que este sueño se me escapaba entre las manos.

En urgencias, en la salita de espera, mientras escuchaba niños llorando y las madres acurrucaban a sus bebés, pensé un millón de cosas malas. Pensé que la felicidad me había durado muy poco, que todo nos sale horriblemente mal. Cuando me llamaron a consulta, me hicieron las típicas preguntas de rigor y procedieron a realizarme una ecografía. El corazón iba a salírseme por la boca, nunca había estado tan nerviosa. ¿Estará todo bien? ¿Estará/n bien?

El ginecólogo no encontró justificación para mi sangrado, me aseguró un millón de veces que todo estaba bien y que ellos se encontraban estupendamente. ELLOS. “¿Entonces son dos?”, me atreví a preguntar. Giró la pantalla del monitor hacia mí y vimos dos saquitos preciosos, redondos y perfectos, con sus vesículas vitelinas correspondientes. Pero no se visualizaban los embriones y aquello me preocupó muchísimo. El ginecólogo me aseguró que era muy pronto para ver nada, que yo estaba de muy poquito y no conseguiríamos ver nada. Me comentó que los manchados y el sangrado probablemente serían debido a la implantación y me recomendó reposo relativo y una vida tranquila. Y así lo hice.

Pasaron cuatro días de horrible incertidumbre hasta que acudimos a la clínica para la ecografía que nos convertiría en las personas más felices del planeta o, por el contrario, en las más desdichadas.

Mi doctor movió el ecógrafo y susurró: “Oh, aquí está uno”. No quise mirar la pantalla, me moría de miedo. “Y aquí está el otro coleguita”, dijo a continuación.

“¿Pero están bien?”, pregunté con un hilo de voz.

“Están perfectamente. Míralo por ti misma”.

Y ahí estaban. Dos bolitas, dos cacahuetes minúsculos llenándome de vida. Mis dos vidas, mis milagritos hechos realidad. Vimos sus corazoncitos latir a través de la pantallita y, pulsando un botón, pudimos escucharlos. Rubio y yo nos quedamos boquiabiertos, sin poder articular palabra. Nos cogimos de la mano, nos miramos cómplices y sonreímos como dos tontos. Nuestras dos estrellitas, dos destellos de luz que han venido a iluminar por fin nuestros días. Nos enamoramos al instante de esos luceros diminutos y me prometí a mí misma que me cuidaría todo cuanto estuviera en mis manos para que no les ocurriese nada malo.

Sé que todavía es muy pronto para ilusionarse, pero verlos tan llenos de vida, latiendo con una fuerza arrolladora, me ha cargado las pilas. Necesitaba saber que estaban bien, en especial después del susto del jueves de madrugada. En dos semanas volveremos a la clínica y repetiremos eco para ver cómo van evolucionando, ¡lo estoy deseando!

No puedo olvidarme de vosotras, mis valientes, mis compañeras de lucha, perseguidoras de sueños y expertas en levantaros a pesar de las adversidades. Sé lo que se siente cuando las cosas se ponen difíciles, cuando solo recibes negativos, cuando necesitas una bocanada de aire fresco para poder continuar. Quiero deciros que sois unas personas excepcionales y admirables, y deseo de todo corazón que todas logréis vuestro sueño. Porque todas nos merecemos ser madres. Todas nos merecemos vivir esto.

No diré #SíSePuede porque todavía me queda un camino larguísimo por delante; solo podré decirlo el día que tenga a mis hijos en brazos. Pero no dejéis de luchar, por favor, es lo único que podemos hacer para llegar a nuestros pequeños. El camino es largo y doloroso, repleto de miedos e incertidumbres, pero nosotras somos unas expertas en apartar los malos pensamientos de un plumazo, limpiarnos las lágrimas y tirar para adelante.

Siempre seré infértil y siempre seré una de vosotras, no podría ser de otro modo.

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1997

El valor de mi beta.

Lo desconocía completamente. Cuando me llamaron de la clínica para darme la noticia del positivo, la doctora me comentó que la beta era alta, pero yo estaba tan nerviosa e incrédula que ni siquiera pregunté el valor. Ni siquiera me interesaba. Era positivo y punto, fue lo único que me importó.

Varios días después llamé a la clínica para realizar una consulta y ya de paso pregunté el valor de la beta. Supongo que necesitaba escucharlo para serenarme y tranquilizarme. Me quedé bastante alucinada, me parece realmente alta.

Ahora estoy en ecoespera, deseando que llegue el día señalado y ver si todo va bien. Necesito escuchar ese latido, necesito saber que esto es real.

Los miedos me invaden y no me he permitido disfrutar apenas desde que me dieron la buena noticia hace seis días. Sé que suena egoísta por mi parte, pero no quiero ilusionarme hasta escuchar ese sonido increíble que todas queremos escuchar.

En esto de la infertilidad, los miedos nunca desaparecen, simplemente evolucionan.

Gracias a todas por vuestra alegría y felicitaciones 🙂 Solo os pido un favor más: ¿podéis seguir cruzando los dedos por mí un poquito más?

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EL PRINCIPIO DE (ESPERO) ALGO DIFERENTE

Hoy, el mundo es un poco más maravilloso. Siento mi ausencia, necesitaba desaparecer y recuperar la esperanza en mi próximo intento. Hoy, 26 de marzo, este blog cumple un año. Y hoy, 26 de marzo, vengo a deciros que esta mañana me han llamado para darme la noticia de que mi beta ha sido positiva.

Tantas lágrimas de dolor, tantos llantos de impotencia, tanta rabia por tantas piedras en el camino… y hoy he llorado de felicidad. Jamás había experimentado una sensación tan increíble como esa, llorar de pura felicidad.

Es un pasito más, un escalón más cerca de nuestro sueño.

Todavía es muy pronto, tenemos que ser cautos, pero nos apetece soñar.

Porque hoy me apetece ser feliz.

Y todo me parece más bonito.

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LOS (HORRIBLES) EFECTOS DE LA MERIESTRA

¡Hola de nuevo! Últimamente tiendo a estar un tanto desaparecida, intentando no pensar demasiado en la que se me viene encima en apenas un par de semanas. Mi segunda transferencia está muy cerca y aunque sigo sintiendo mucho miedo por lo que podría pasar, no puedo evitar ilusionarme otra vez. No tanto como con Canica (eso fue un auténtico flechazo, amor del bueno a primera vista), pero lo suficiente como para sorprenderme sonriendo al pensar en esos dos congeladitos que me están esperando.

Intento no pensar mucho en ellos ni amarlos lo suficiente, pero es imposible. ¿Cómo no quererlos, si son la luz en esta oscuridad? Mis soles brillantes, los luceros de mamá. Y, ahora, que ese momento mágico está próximo de volver a ocurrir, vuelvo a ilusionarme, pensando que muy pronto los conoceré gracias a un monitor y unas fotografías ampliadas.

Bizcochito, Cacahuete, muy pronto abandonaréis el reino del frío para reuniros conmigo. ¡Qué emoción!

Hace tres días, la famosa Meriestra entró a formar parte de mi vida. ¿Para qué se utiliza? Para engrosar el endometrio, ni más ni menos. Vamos, que será la encargada de poner la casita de mis bebés bien mullidita para que estén a gusto y decidan quedarse conmigo por fin 🙂

Cuando abrí la caja y extraje la tableta que contiene las 28 pastillas, me parecieron totalmente inofensivas e inocentes. Pequeñas, azules, poca cosa. ¡JA! ¡Y una porra! Para mí, son el verdadero diablo. Los dolores de cabeza que me producen son insufribles y el estómago no lo tengo mucho mejor. El dolor de cabeza es continuo, a lo largo de todo el día, un “run run” infernal que no me abandona en ningún momento. Anoche me metí en la cama encontrándome horriblemente mal, solo quería apagar las luces y no escuchar ningún tipo de ruido. Dormí fatal, desperté en varias ocasiones debido al dolor pero, finalmente, esta mañana me desperté sintiéndome mejor.

Tomo 6 mg diarios repartidos en dos tomas: 2 pastillitas por la mañana y una por la noche. He descubierto que si las tomo justo después de las comidas, no se me revuelve el estómago ni siento ganas de vomitar. El dolor de cabeza no tiene remedio, así que solo me queda aguantar y esperar que con los días los efectos vayan remitiendo.

El próximo lunes vuelvo a la clínica para ver cómo va reaccionando mi endometrio y continuaré con la Meriestra el tiempo que me indiquen. Vamos, que esto marcha, que los días se van descontando y la ilusión vuelve a nuestras vidas. A veces me sorprendo hablando con Rubio de Bizcochito y Cacahuete antes de dormir; nos los imaginamos rodeados de frío, envueltos en bufandas gruesas y preguntándose cuándo sus papás vendrán a buscarlos jajaja Pensamientos paternales llevados a la locura!

Para nosotros, hablar de ellos con tanta naturalidad es el mejor modo de sobrellevar todo esto. No son el centro de nuestras conversaciones, pero cuando hablamos de ellos lo hacemos llamándoles así: Bizcochito y Cacahuete, nuestros mellis adorados.

Así que es oficial: estamos metidos de lleno en esta nueva aventura y muy pronto conoceré a mis pequeñines 🙂

¡Deseadme suerte!

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CALENTANDO MOTORES

Siento entrar con un día de retraso para contároslo, pero ayer me resultó imposible entrar y contaros las novedades. Ayer volví a la clínica; me habían indicado que debía volver cuando estuviese a punto de acabar las anticonceptivas y así lo hice. Pensé que se trataría de una consulta rutinaria para ver cómo estaba todo por ahí dentro y acabé marchándome para casa con el Gonapeptyl puesto.

¿Qué es el Gonapeptyl? Yo no tenía ni idea y en la clínica no me lo explicaron (a mi gine hay que sacarle las palabras con sacacorchos), pero mis chicas de la #infertilpandy resolvieron mis dudas enseguida y me explicaron que el Gonapeptyl se utiliza para frenar la actividad de los ovarios para empezar un ciclo sustituido de embriones congelados. Cuando la innombrable haga acto de presencia, empezaré con Meriestra para engordar mi endometrio y ponerlo bien guapo para recibir a mis pequeñines.

He estado investigando un poco y en muchas páginas sobre reproducción asistida dice que el Gonapeptyl se emplea en los tratamientos de FIV con protocolo largo para crear una menopausia artificial en casos por ejemplo de endometriosis o pólipos, con lo que éstos se reducen en la mayoría de los casos.

En fin, que esto es un mundo y se utiliza para diferentes procedimientos, pero lo importante es que frenará la actividad de mis ovarios y en breve empezaré con Meriestra y progesterona.

El gine me aseguró durante la ecografía que todo estaba bien, que los ovarios estaban parados y que no había nada malo que fuera a modificar nuestros planes de la transferencia (hablábamos de quistes, me imagino, ya que mi cuerpo es un experto en fabricarlos en cantidades industriales).

Me vestí y regresé a la consulta, en donde se me explicó la pauta a seguir: pinchar Gonapeptyl ese mismo día, terminar las anticonceptivas, esperar a que me venga la regla y empezar con la Meriestra al segundo o al tercer día (me lo confirmarán cuando llame por teléfono para informar de que la innombrable ha hecho acto de presencia). Una semana después de estar tomando la Meriestra (dos pastillas por la mañana y una por la noche), vuelvo a la clínica para ver como le va a mi endometrio y ahí me indicarán cómo seguir.

Me pinché el Gonapeptyl en la clínica, fui a comprarlo a la farmacia y la enfermera de eterna sonrisa me pinchó en un abrir y cerrar de ojos y pude marcharme.

Así que esto marcha de nuevo, la segunda transferencia está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo me encuentro? Asustada, la verdad. La inocencia y la ilusión de la primera vez han desaparecido y ahora solo siento un miedo atroz a que se vuelva a repetir lo mismo de la otra vez. Sé que a medida que se aproxime la fecha de la transfer recuperaré la ilusión de nuevo, pero ya no será igual, no será tan emocionante ni esperanzadora. Pienso en mis peques, en mis dos soles brillantes que están esperándome y se me escapa una sonrisa, pero automáticamente me reprendo a mí misma por volver a ser tan ingenua.

No os voy a mentir, tengo miedo de otro negativo. Es imposible no tenerlo después de dos IA y una FIV negativas. Parece que estoy destinada a recibir negativos, que las buenas noticias no son para mí. Estoy deseando que las cosas cambien, que por fin recibamos una buena noticia, pero no puedo evitar esconderme en mi coraza para no sufrir más de lo necesario. Estoy cansada de que las cosas no nos salgan bien (en general, ya no hablo solo de los tratamientos), de que tengamos que luchar tanto para conseguir nuestras metas, de que esta maldita infertilidad no nos dé tregua en ningún momento.

A veces pienso que no puedo crear vida, que eso no va ni conmigo ni con mi cuerpo. No entiendo por qué hasta ahora nada ha funcionado. 5 ciclos de Omifin, relaciones programadas, 2 IA y una FIV negativas. Para mí, demasiado. Quiero creer que los sueños se cumplen, que todas nosotras tendremos a nuestros bebés como recompensa de este duro camino, pero a veces no puedo evitar verlo todo negro. En ocasiones pienso que no lo voy a conseguir, que eso solo le ocurre a unas cuantas afortunadas y que yo no pertenezco a ese grupo de ganadoras. Intento desterrar ese tipo de pensamientos porque no me hacen ningún bien, pero reconozco que el negativo de la FIV me ha dejado bastante tocada.

Intento estar bien por Rubio, porque él no se merece que lo bombardee con malos pensamientos o ideas pesimistas. Él es una persona optimista, una persona que siempre tira hacia adelante a pesar de las adversidades, pero sé que en el fondo también está cansado, cansado de que todo nos salga del revés. Sin embargo, siempre tiene una sonrisa en la cara para mí y el “Todo saldrá bien” que tanto me tranquiliza y me gusta escuchar. La tempestad y la calma, juntos en busca de su bebé.

Deseo con todas mis fuerzas que este 2015 me demuestre que no hay nada imposible y que los sueños pueden cumplirse. Bizcochito y Cacahuete están esperándome y reconozco que me muero de ganas de verles en la pantallita, de amarlos, de creer en ellos y de tenerlos dentro de mí. Puede que la ilusión no sea la misma que la otra vez, pero sigo teniéndola, sigo sintiendo mariposas en el estómago cada vez que pienso que muy pronto veré a mis pequeños y contemplaré con amor de madre las fotografías de su diminuto (pero tan grande a la vez) ser.

Como veis, estoy zambullida de lleno en una montaña rusa, incapaz de apearme y controlar mis sentimientos. En el fondo estoy acostumbrada, son más de dos años subida en ella, pero estoy deseando bajarme y abandonarla de la mano de mi hijo (o hijos).

Ahora sí que sí… Empieza la cuenta atrás para la Misión Bizcochito&Cacahuete 🙂 ¡Deseadme suerte!

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SOBREVIVIENDO AL NEGATIVO

Llevo varios días ausente (tanto en el blog como en el Twitter, y también en general en mi día a día) y en parte es debido a que se me ha atragantado este negativo y no consigo hacer desaparecer de mi mente los malos pensamientos o el miedo atroz a que todo se vuelva a repetir.

Cuando viví las dos IA negativas lo pasé mal pero conseguí recuperarme en seguida. Me decía: “Venga Elora, arriba, que con la FIV hay muchas más posibilidades”. Y supongo que me lo creí tanto que cuando me llamaron de la clínica para decirme que no tenían buenas noticias me derrumbé tanto y me caí tan abajo que todavía no he conseguido salir a flote del todo. El negativo de una FIV duele mucho. Muchísimo. Quien haya pasado por uno sabe de lo que hablo. Yo me pasaba el día dándole calorcito a mi embrioncito, hablándole y acariciándome la tripa para que supiera que estoy aquí, que su mami estaría cuidándolo para que se sintiese a gusto y se quedase conmigo. Por las noches, Rubio me besaba la barriga y se dormía hablándome de lo bonito que sería cuando estuviese con nosotros.

El día de la transferencia (que para mí seguirá siendo un momento precioso de mi vida), cuando me llevaron de vuelta a la habitación, Rubio se inclinó sobre mi barriga, la besó con mucha dulzura y susurró: “Por favor, quédate con nosotros”. Por mala suerte, no ha sido así y aunque sé que él hace todo lo posible por animarme, yo no consigo verle el lado bueno a las cosas (al menos, por el momento). He guardado la foto que nos dieron en la clínica de Canica en el cajón de mi mesita de noche y me duele horrores mirarla porque pienso en lo que podría haber sido y no fue. Puede parecer una tontería (y probablemente lo es), pero siento que he perdido una parte que podría haber sido mía, que le he fallado, que no he conseguido que se quedara conmigo…

Y así paso los días, sintiéndome rara y sin reconocerme a mí misma. Yo no soy así. Detesto la tristeza y no suelo caracterizarme por ser una persona horriblemente negativa. Pero esta vez no consigo ver el vaso medio lleno, no veo salir el arcoiris. Ni siquiera comprendo qué es lo que me pasa, pero este negativo me ha calado tan hondo que no logro volver a ser yo. Me está costando un poquitín volver a encontrarme.

A veces tengo ganas de llorar sin motivo aparente y otras veces me encuentro sin ganas de nada, solo me apetece quedarme en casa y leer un libro, y nada más. Y por si no fuera suficiente, el miedo me está matando. Bizcochito y Cacahuete están esperándome y yo me muero de miedo de que se vuelva a repetir lo mismo. Y empiezo a pensar… ¿y si no soy tan afortunada como para conseguirlo esta vez? ¿Y si no se quedan conmigo? ¿Y si tenemos que volver a empezar desde el principio otra vez? ¿Y si…?

Al momento rechazo estas ideas, porque no quiero envenenarme de negatividad cuando mi propia naturaleza es de tirar hacia adelante e intentar solucionar todos los problemas que vayan apareciendo.

Solo quería que supiérais que estoy bien, pero que me está costando un poquitín salir a flote. Saldré, estoy segura de ello, pero puede que esta vez me cueste un poco más de lo habitual. Quiero estar a tope para la segunda transferencia porque mis dos soles brillantes no se merecen que mi estado de ánimo no sea el adecuado para recibirlos. Estoy segura de que a medida que vayan pasando los días y el momento mágico se acerque, volveré a recuperar la ilusión que tuve con Canica y todo volverá a ser como antes.

Sigo con la píldora, todavía quedan muchos días para que aparezca la Señora de Rojo de nuevo (finales de febrero – principios de marzo) y supongo que será entonces cuando tendré que comenzar con la famosa Meriestra. Sigo dándole vueltas al tema de la endometriosis, me tiene bastante asustada, la verdad, así que en mi próxima consulta les expondré todas mis dudas y espero que consigan despejarlas para no darle más vueltas al tema.

Abrazotes gigantescos para todas por preocuparos por mí y siempre estar ahí para cargarme de ánimos 🙂

¡Besotes!

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