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NEGATIVO

No hay mucho más que decir. Esta mañana acudí a la clínica para realizarme la analítica y, unas horas después, me llamaron para darme el resultado. “No tenemos buenas noticias”. En el fondo de mi ser, lo sabía. Lo sabía en el fondo de mi estómago y en el nudo de mi garganta. Lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en el dolor de mi pecho vacío.

Ha sido un mazazo de los gordos y, aunque conseguí que no se me notase mientras conversaba con la doctora, en cuanto colgué el teléfono no pude evitar ponerme a llorar. Cuando me llamó Rubio para saber el resultado, tardé un buen rato en contestar la llamada porque ni tan siquiera era capaz de hablar. Me esperaba un negativo, pero escucharlo de la boca de la doctora consiguió desmoralizarme por completo.

¿Cuántas veces se puede destrozar un corazón y esperar de él que se recomponga de inmediato?

Este negativo ha sido diferente. Me ha dolido en el alma, me ha hecho mucho daño. El día de la beta puede ser el mejor día de tu vida o, por el contrario, el día en el que te lleves un mazazo de los grandes. En mi caso, ha sido la segunda opción. No voy a mentir, me siento como una auténtica mierda y hoy no puedo sacar nada bueno de esto. Mañana será otro día.

Porque el tiempo pasa incluso aunque parezca imposible y en unos cuantos días me encontraré mejor. El tiempo pasa incluso a pesar de que cada momento del día te recuerde que tu sueño todavía está muy lejano, que apenas has llegado a rozarlo con los dedos. Pero pasar, pasa.

Ahora sólo tengo que suspender la medicación, dejar de ponerme Utrogestan y esperar a que la regla haga su aparición para ir a consulta. Empezaremos nuestra segunda IA este mismo ciclo si no aparece ningún problema.

Desde aquí me gustaría agradecer a mi querida #infertilpandy su cariño y preocupación por mí en este día tan horroroso. Sois grandes, chicas, sois muy grandes!! Mil gracias por todo!

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DÍAS GRISES

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Fuera, las nubes grises cubren casi por completo los rayos apagados del astro rey. Llueve con fuerza, la lluvia impacta contra las ventanas rompiendo el silencio de mi habitación. Hace frío y viento. Las ramas de los árboles del jardín bailan al son caprichoso que impone la gélida brisa.

Estos últimos días no han sido días fáciles. Me siento cansada, harta de todo y de todos, enfadada con el mundo, dolida con mi cuerpo caprichoso que ha decidido jugar su propia partida sin tenerme en cuenta. Apenas me reconozco y eso me duele. Me duele profundamente. ¿Dónde está aquella chica sonriente que siempre hacía reír a los demás? ¿Dónde se esconde aquella chica llena de chispa y despreocupada, la que siempre estaba dispuesta a ayudar a los de su alrededor? ¿A dónde se ha ido esa chica cariñosa y divertida, la que nunca faltaba en una buena reunión de amigos y divertía a todo el mundo? Esa chica está cansada. Cansada de fingir que todo va bien mientras todo se desmorona por dentro. Cansada de luchar, de sacar fuerzas de donde no las hay. Cansada de los negativos. Cansada del dolor. A esa chica la infertilidad le ha cambiado la vida. Esa chica necesita, por primera vez, que la ayuden a ella. Que alguien comprenda su dolor y su desánimo, que alguien intente ponerse en su lugar. Necesita, más que nunca, sentirse comprendida y querida.

Me gustaría que todo esto no me afectara. Me gustaría ser más fuerte. Pero no puedo. Son demasiadas preocupaciones, demasiados problemas, demasiado… Todo. Agradecería que los demás se pusiesen en mi lugar más a menudo. Yo siempre lo he hecho, siempre he intentado ponerme en el lugar del otro para sentir lo que él siente. Eso me ha ahorrado muchas discusiones con Rubio. Esto no es una obsesión, no es un capricho, no es tan fácil como relajarse y dejar que la naturaleza intervenga. No, señores. Las cosas no son tan fáciles. Los primeros meses, fui la persona más despreocupada del mundo, ni siquiera me dolían los negativos. Y ni siquiera esa despreocupación consiguió que mi pequeña Canica fuese parte de mí.

Ay, Canica, ¿por qué nos lo pones tan difícil? Papá y mamá intentan ser fuertes por ti, te buscamos incansablemente… Y parece que eso no es suficiente.

Estoy harta de las lágrimas y del dolor que siento en el corazón cada vez que alguna vecina o amiga me pregunta “¿Y tú para cuándo?”. Me gustaría gritar tantas cosas que me quedo muda de la impresión.

Después de salir de nuestra consulta en Fertilidad, mi mente comenzó a dar muchas vueltas, a barajar diversas opciones, a pensar demasiado. Recuerdo perfectamente la frase de la ginecóloga que provocó que me preocupara tanto: “Uy, esta FSH está un pelín alta. No todos los tratamientos son válidos si la FSH no es correcta. Puede darte problemas”. 

Y comencé a buscar información. Internet es un gran aliado en esto, pero también un verdugo. No toda la información que aparece en San Google es buena ni correcta. Esa dichosa hormonita, la FSH, no es otra cosa que un indicativo de nuestra reserva ovárica y la calidad de nuestros óvulos y, al parecer, la mía está un pelín por encima del límite.

¿Qué hacer? La verdad es que me encuentro un poco perdida. La ginecóloga de la Seguridad Social me asustó bastante, para qué mentir. Me hizo ver que mi FSH es muy elevada (está por encima de 10 y parece ser que eso es demasiado) y que las opciones y las alternativas no son demasiadas. En cambio, en la clínica privada, no nos lo han pintado de un modo tan fatalista. Rubio y yo estamos muy perdidos. No sabemos qué hacer, a quién creer, de quién fiarnos, en quién confiar. En unos días me haré un segundo análisis hormonal para volver a echarle un ojo a la FSH, la LH, el Estradiol y la Progesterona. Y una vez tengamos los resultados, decidiremos qué hacer.

Rubio quiere luchar. Quiere tirar hacia adelante. No quiere detenerse, no ahora que estamos en mitad del camino. Pero a mí me asaltan muchas dudas. Si mi reserva ovárica es mala, ¿qué opciones me quedan? Una IA queda totalmente descartada y probablemente una FIV también. He leído que muchas de las mujeres a las que se le ha diagnosticado una FSH elevada han tenido que recurrir a la ovodonación. No quiero adelantarme a los hechos, no quiero ponerme en lo peor, pero a veces es lo mejor para que la caída sea menos dolorosa. De todas formas, si la ovodonación fuese nuestra única opción, nos iríamos de cabeza a ella.

No necesito un clon de mí, sólo quiero ser mamá, quiero sentir a Canica dentro de mí. No me importa que genéticamente no se parezca a mí, eso es lo menos importante.

Rubio no quiere que yo piense en esas cosas. Él no es tan tremendista y fatalista como yo. Él quiere pensar que algo bueno nos está esperando a la vuelta de la esquina. Él quiere creer que el destino nos deparará un final feliz. Si no podemos ir a IA, la FIV será nuestro próximo destino.

Ay, Rubio, cuánto me duele no poder cumplir tu sueño. Cuánto me duele no poder hacerte padre. Veo la tristeza en tus ojos y tu dolor me desgarra por dentro y duele como mil demonios. Eres una persona increíble, la persona más increíble que he conocido jamás y serás un padrazo, estoy segura. Canica estará orgulloso del papá genial que tendrá, el que hará posible que nuestro sueño se cumpla, el que no se rinde jamás, el que tira de mí y de él con todas sus fuerzas.

Estos días son difíciles y lo seguirán siendo hasta que los resultados no lleguen a mis manos. Y cuando así sea, resolveremos todas nuestras dudas.

Después de este largo camino, después de las lágrimas y los malos momentos, cuando te tenga entre mis brazos, mi hermoso bebé, imagina cuánto te querré.    

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DICHOSAS HORMONITAS…

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En mi última consulta en Esterilidad las dichosas hormonas locas hicieron su aparición. Mis análisis hormonales anuncian que tengo la FSH un pelín alta (no demasiado, pero siempre es bueno hacer caso de estas cosas), así que en breve debo repetírmelos para asegurarnos de que es lo que no está bien. Me han pedido FSH, LH y Estradiol entre los días 3 y 5 del ciclo y Progesterona entre el 23 y el 25, así que próximamente volveré a encontrarme cara a cara con las dichosas agujas (¡las odio!).

Lo primero que hemos sacado en claro Rubio y yo después de nuestra consulta ha sido la lentitud de la SS en cuanto a la hora de hacernos pruebas para descartar posibles problemas. Para una de las más básicas, tardarán en llamarnos un mes. A mí, personalmente, me parece demasiado. Con esto no busco criticar nuestro sistema sanitario ni mucho menos, siempre he estado contenta con el trato recibido y los buenos profesionales que nos han tocado, pero la rapidez con los diagnósticos y las pruebas pertinentes en nuestro caso brillan por su ausencia.

Lo segundo que hemos sacado en claro es que somos sólo un número. No personalizan demasiado con tu caso, todo es bastante estándar, desde las pruebas hasta los diagnósticos. Unas cuantas preguntas, una breve explicación y los papeles necesarios para pedir una próxima cita o una nueva prueba. Nada más. Sin personalizar. Sin empatizar.

Y lo tercero, y no por ello menos importante, ha sido que nos hemos decidido completamente a intentarlo en una clínica de reproducción asistida próxima a nuestra ciudad. En nuestra primera consulta con ellos, Rubio y yo nos sentimos como en casa, arropados en todo momento, sintiéndonos comprendidos y valorados. Y eso, amigas mías, no tiene precio. ¿Quién no quiere sentirse seguro a la hora de realizar un desembolso económico más que importante? En ningún momento sentimos que aquello sólo era un asunto comercial y que su único afán era quitarnos el dinero. No, señores. Ellos nos han permitido soñar, nos lo han explicado todo con total claridad, nos han hecho todo tipo de pruebas y ahora sólo esperan que nos decidamos a dar el paso.

Estamos más decididos y seguros que nunca.

Canica, prepárate, porque papá y mamá harán lo imposible por encontrarte.

¿En qué punto me encuentro ahora? Pues tomándome Utrogestan en cantidades industriales para que mi amiga la rojita haga su aparición y así poder hacerme las pruebas solicitadas, para las cuales necesito a la maldita indeseable.

¿Qué ironía, verdad? Para saber si puedo quedarme embarazada, necesito que la roja aparezca y que ella me diga todo lo que necesito saber. Crucemos los dedos para que todo salga bien!

Este fin de semana vino al mundo el bebé de unos amigos. Una niña preciosa, dormilona y regordeta que es la felicidad completa de unos papis que acaban de descubrir el sentimiento más hermoso de todos: el amor incondicional hacia tu hijo. Y que yo espero poder vivir muy pronto.

Cuando la cogí en brazos, tan frágil ella, tan pequeñita, tan indefensa, tan bonita y tierna… me sentí como en casa. Una sensación extraña y placentera recorrió mi cuerpo mientras achuchaba a esa niña contra mi pecho. Una sensación agradable, una sensación maternal, una sensación casi indescriptible. Porque yo quiero ser mamá. Lo quiero con todas mis fuerzas! No es un capricho ni una decisión alocada tomada en el último momento. Es mi destino, lo que me hará sentir completa, lo que me otorgará la felicidad absoluta. 

Quiero sentir una vida creciendo dentro de mí, quiero ver cómo cambia mi cuerpo, cómo mis pies empiezan a desaparecer bajo mi barriga, experimentar la sensación indescriptible de sentir las pataditas de Canica anunciándome que todo va bien…

Lo único que deseo es que este camino, que ahora parece tan largo e interminable, merezca la pena. Que algún día pueda contarle a mi pequeña Canica todo lo que su papá y yo hicimos por encontrarle.

Todo llega para el que sabe esperar, dicen. Deseo que sea verdad!

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MONTAÑA RUSA

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El mundo de la infertilidad es como una montaña rusa, alocada y traicionera. Unas veces estás arriba, otras abajo, otras das vueltas sin saber hacia dónde ir. Unas veces crees que te comes el mundo, que todo va a salir bien, porque a las personas buenas les pasan cosas buenas, ¿verdad? Otras, en cambio, lo ves todo negro. Todo parece tan lejano, ese sueño de ser mamá se está resistiendo más de lo que habrías imaginado y no sabes cuánto tiempo más vas a aguantar poniendo una sonrisa en la cara cuando te estás derrumbando por dentro.

Rubio, en cambio, es una persona vital, optimista, positiva, que te arrolla con su alegría, por muy grande que sea mi llorera. Somos dos polos opuestos, totalmente contrarios, sin apenas gustos en común. A mí me gusta blanco, a él negro. Pero hay un matiz en el que ambos coincidimos: en que nos queremos, y aunque nunca nos pongamos de acuerdo para ir a ver una película al cine, el amor que nos tenemos y el deseo de ser papás hace que todo lo demás sea meramente secundario.

Cuando me casé con Rubio, sabía desde el primer momento que lo conocí que él era el hombre de mi vida, y con el paso de los años, me morí de ganas por hacerlo papá. Ambos pensamos que todo sería mucho más fácil, tan fácil como había ocurrido con nuestro círculo de amigos. Un par de meses aplicándonos en los días fértiles, una falta cuando debería aparecer la indeseable, un test de embarazo positivo, un anuncio a la familia, todo el mundo feliz y contento y empezar a comprar cositas para el nuevo miembro de la familia.

No fue así.

Los meses comenzaron a pasar y nuestro bebé no venía. El mazazo fue peor cuando unos conocidos, que se casaron una semana después que nosotros, nos anunciaron su embarazo. El primer mes que lo intentaron, lo consiguieron. Así de fácil. Sin complicaciones. Sin lloreras. Sin pajas mentales. “¿Y yo por qué no?”, me preguntaba a mí misma continuamente.

Los embarazos en nuestro círculo de amigos/conocidos/vecinos eran continuos. Claro que nos alegrábamos por ellos, pero no dejábamos de sentir una pena inmensa cada mes que no lo conseguíamos. Veía la tristeza de Rubio en sus ojos y eso me destrozaba por dentro. Rubio no quería verme triste, le dolía profundamente cada lágrima que surcaba mis mejillas como si fueran suyas. Rubio quería aparentar ser fuerte, pero no lo era.

Llega un momento en todo camino de la infertilidad en el que tus amigos/conocidos/vecinos comienzan a hacerte preguntas. Preguntas indiscretas, preguntas para las que tienes que estar entrenada. Poner buena cara, sonreír, fingir que no le das importancia y cambiar de tema. Así lo hacía yo. Y lo hago. “¿Vosotros para cuándo?”. “¿No pensáis hacer abuelos a vuestros padres?”. “Ya os habéis casado, ¿cuándo pensáis tener niños?”. “Fulanito y Fulanita acaban de tener un bebé, ¿y vosotros qué?”. Oiga señora, a mí lo que hagan Fulanito y Fulanita me la trae floja, qué quiere que le diga! No sabía que al casarme estaba obligada a tener niños ya!

También he conocido a gente que tiene el tacto en el mismísimo culo. Gente que tiene la empatía de un cactus. “Estás obsesionada, por eso no te quedas”. “Relájate, ya verás que cuando te relajes te quedas embarazada”. “¿De verdad es tan importante ser madre?”. “Los tratamientos de fertilidad no siempre funcionan”. “No quiero que me pase lo que a ti”. A mí tampoco me gusta lo que me pasa, no te jode! Pero aquí estoy, poniéndote buena cara cuando en realidad me apetece mandarte a un sitio que yo me sé.

De mi círculo de amigas más íntimas, muy pocas saben que estamos en esta búsqueda, y no todas tienen la sensibilidad y el tacto que yo me esperaba de ellas. El mundo de la infertilidad no deja de darme sorpresas! (nótese la ironía)

Mañana, Rubio y yo tenemos nuestra siguiente consulta en Fertilidad. Nos han recomendado una IA, y la verdad es que estamos deseando empezar. Aunque nuestra intención es llevarlo todo por la SS, hemos visitado una clínica privada con la que hemos quedado encantados. Mañana decidiremos que camino tomar…

Tic tac tic tac… Es momento de tomar decisiones!

Deseadnos suerte!

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¡¡HOLA, SOY ELORA!!

¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a mis desvaríos virtuales! Mi nombre en este mundillo de la blogosfera es Elora Dannan (sí, “Willow” me marcó de por vida), y sólo soy una más, una soñadora más que busca ser mamá a pesar de que la infertilidad se lo pone realmente complicado cada día.

Soy una chica de veintitantos, felizmente casada, dueña de tres preciosos perros y una gata adorable, amante de la lectura y el Heavy Metal y deseosa de formar una familia con el hombre de mi vida.

¿Por dónde empezar? Si me lo permitís, os resumiré muy brevemente mi historia, que no es nada fuera del otro mundo, ya lo veréis!

He tenido la suerte de conocer al amor de mi vida cuando apenas era una cría ingenua y soñadora que pensaba que todas las historias se merecían por derecho un final feliz. Rubio es para mí mi bote salvavidas, el que me permite soñar, el que se cae y se levanta conmigo, el que siempre tiene en su cara una sonrisa de “Todo saldrá bien”. Rubio no necesita llenar el silencio con tontas palabras o frases de ánimo que no aportarían nada en un momento de llorera. Rubio me abraza y se queda callado junto a mí, reconfortándome con un abrazo de esos que parece que me vuelve a juntar las partes destrozadas de mi corazón.

Siempre quisimos tener niños y, además, los dos estábamos de acuerdo en tenerlos pronto, de jovencitos, para poder disfrutar de nuestros peques mucho más tiempo. Empezamos la búsqueda de nuestro bebé como otras tantas parejas, llenos de ilusión, de esperanzas y de muchas ganas de ser papás. El primer negativo no fue doloroso. Como tampoco lo fue el segundo, el tercero o el cuarto. Pero el décimo segundo fue todo un mazazo. Doce meses de búsqueda. Doce meses de esperanzas perdidas. Doce meses de dolor en los cuales se anunciaban a nuestro alrededor continuos e inesperados embarazos.

Después de aquello, mi doctor quiso probar suerte con Omifin, un inductor de la ovulación que se utiliza en algunos casos para resolver la infertilidad por insuficiencia ovárica. Lo intentamos durante cinco ciclos. Cinco meses de esperanzas que no se cumplieron. Cinco meses de negativos e ilusiones frustradas. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Negativo. Cada vez dolían más. Y comenzaron las pruebas, los diagnósticos, para saber qué estaba ocurriendo.

Y resultó que yo soy un cúmulo de desajustes hormonales que forman un verdadero huracán en mi cuerpo: sobrepeso, ovarios poliquísticos, FSH un pelín elevada, ciclos irregulares y anovulatorios, amenorrea, etc.

Mis ciclos cada vez eran peores. Tenía suerte si veía la regla cada dos o tres meses. Mi única solución era provocarla con Utrogestan cuando mi cuerpo pedía a gritos quitarse de encima la hinchazón y el malestar acumulado. Así era imposible. Por mucho que lo intentábamos, cada mes veíamos un negativo.

Dolía. Dolía muchísimo. Porque las personas nos merecemos lo que soñamos, ¿verdad? Al menos, eso pensaba yo.

Cuando comenzamos la búsqueda de nuestro bebé, tonta de mí creí que lo conseguiríamos relativamente rápido. Qué engañada estaba. Qué estúpidamente ingenua fui.

Después de todo este tiempo, he aprendido que la infertilidad no es cosa de la edad. La infertilidad no distingue esas cosas. Es más, le importa una auténtica mierda. Te toca y punto, es una lotería, un juego de azar. Pero también he aprendido debido a ella que soy más fuerte de lo que pensaba. Voy a cumplir mi sueño y el de Rubio sea como sea, no vamos a parar. A veces hay que pasar por lo peor para conseguir lo mejor, ¿verdad?

¿Dónde nos encontramos ahora? A las puertas de nuestro primer tratamiento de reproducción asistida. Estamos un poco nerviosillos, pero también ilusionados y volvemos a recuperar la esperanza. En algún momento las cosas tienen que salir bien, ¿no?

Sé que no tengo muchos motivos para quejarme, apenas llevamos tiempo metidos en este mundillo y no nos hemos llevado continuos batacazos con los tratamientos, pero con este blog sólo busco desahogarme y sentirme mejor soltando todo lo que llevo dentro.

Rubio, ten fe, tarde o temprano venceremos. Gracias por cada día que me das a tu lado.

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