Archivo mensual: febrero 2017

Mi caótica maternidad

A veces improviso. Sí. Y no ocurre nada malo. Cuando supe que por fin mi sueño se haría realidad y muy pronto sería madre, no tenía un esquema trazado acerca del tipo de maternidad que me representaría.

Sonrisas y Ojazos han comido triturado, potitos (sí, potitos, y de verdad que no pasa nada, no eres peor madre ni la más mala del mundo mundial por darles algún potito de vez en cuando; de hecho, por increíble que les parezca a muchas, se lo han comido casi sin pestañear pidiendo más), en trocitos y comidas sólidas. Hoy en día, Sonrisas come perfectamente lo que yo como, pero a Ojazos parece costarle un poquito más, así que de vez en cuando le echo un cable y le preparo algo más trituradito o incluso le doy un par de potitos. Y se los come. Le gustan, sacia su hambre y sonríe. Y yo sonrío con él.

No todos los bebés tienen los mismos tiempos. Cada uno tiene el suyo propio, y cuando tienes mellizos te das cuentas de lo grande y cierta que es esa afirmación. Ojazos y Sonrisas no van a la par en todo. Sonrisas aprendió a gatear y fue quien caminó primero. Ojazos apenas quiso gatear y, aunque le costó un pelín más aprender a andar, cuando lo hizo daba la sensación de que llevaba meses haciéndolo. Y así con todo, y no me preocupa. El otro día una madre de mellizos me decía que sus hijos aprenden las cosas a la vez y qué raro que los míos no lo hicieran cuando es lo habitual en múltiples.

Pues bien, no sé si es lo habitual en múltiples y no me importa, la verdad. Qué ganas de meterse en las vidas de los demás, generalizando y dando por hecho. Sonrisas y Ojazos aprenden las cosas siguiendo sus propios ritmos y ni yo ni Rubio les presionamos en nada; simplemente observamos lo increíble que resultan dos bebés criándose juntos.

Mis hijos se ensucian, adoran el aire fresco que se respira fuera de casa, les chifla jugar con nuestros perros y guarrear al máximo. Creo que es muy importante fomentar la curiosidad en nuestros pequeños, permitirles ensuciarse, estrujar la tierra, mancharse con ella, arrancar hierba y sentir su textura (sí, más de una vez se la llevan a la boca y si no llego a tiempo se la comen), buscar piedrecitas y ayudarles a ordenarlas por tamaños, tirarse al suelo y rodar, abrazar a los animales, explorar con ellos. La curiosidad y la aventura son innatas en los niños y debemos fomentarlas y mimarlas para que nunca desaparezcan. A mí me encanta salir al jardín con Ojazos y Sonrisas y ver cómo se dejan llevar por impulsos cargados de curiosidad.

Han comido (y comen de vez en cuando) galletas, las típicas del desayuno, y tampoco les ha ocurrido nada. Bueno, sí, que se las comen con una amplia sonrisa en la cara porque están riquísimas. Comparten muchísimo entre ellos y alguna que otra vez he hecho la prueba de darles sólo una galleta para ver su reacción, y siempre me sorprenden cuando uno de ellos la parte en dos para que ninguno se quede sin probarla. Me impresiona su generosidad con solo 16 meses.

Duermen en su cuarto, en sus cunas, aunque la gran mayoría de las noches (por no decir todas) acaban viniéndose para nuestra cama. Y dormimos los cuatro. No muy cómodos (al menos, ni Rubio ni yo dormimos precisamente cómodos), pero ellos son felices durmiendo en nuestra cama y además lo hacen profundamente. Moviéndose mucho, eso sí, pero profundamente. Y no pasa nada. Llegará el día que duerman solos en su cuarto, sin necesitarme tanto como me necesitan ahora, pero por el momento nos apañamos así, viajando durante la noche entre su cuarto y el nuestro, para acabar durmiendo los cuatro juntos y muy a gusto (por su parte).

Les encanta “leer”. Se entretienen un buen rato sin mí pasando hojas de los libros, señalando lo que ven e imitándolo con emoción. Cada noche, después del baño, leemos un ratito y así nos relajamos hasta el momento del biberón. Nuestro ritual es sencillo: señalan el libro que quieren que les lea, se sientan sobre la alfombra (o sobre mí) y leo para ellos poniendo voces, cantando o susurrando, depende de la historia escogida. Y me encanta ver cómo me escuchan, cómo se ríen cuando cambio la voz y cómo mueven las manitos con ritmo cuando toca cantar. Adoro contemplarles entre libros, lo admito.

Y también adoro verles jugando con los peludos de la casa. El amor y el respeto por los animales han sido básicos en mi educación y también lo será en la suya.

Los niños son como esponjas y lo aprenden todo de nosotros; de Rubio y de mí aprenderán el respeto y el cariño por cada animal que les rodea, y espero que en un futuro comprendan porqué mamá y papá nunca les llevarán al zoo, ya que va totalmente en contra de nuestros ideales el confinamiento y encierro animal para divertimento de algunas personas. Y no critico a quien vaya con sus hijos (muchas de mis amigas llevan a sus peques y a mí me parece fenomenal), sólo digo que yo no les llevaré.

Ojazos y Sonrisas son niños felices y es lo único que me importa. Tienen un gran corazón, son cariñosos y besucones, curiosos, aventureros e inagotables y me hacen tremendamente feliz.

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