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EL PRINCIPIO DE (ESPERO) ALGO DIFERENTE

Hoy, el mundo es un poco más maravilloso. Siento mi ausencia, necesitaba desaparecer y recuperar la esperanza en mi próximo intento. Hoy, 26 de marzo, este blog cumple un año. Y hoy, 26 de marzo, vengo a deciros que esta mañana me han llamado para darme la noticia de que mi beta ha sido positiva.

Tantas lágrimas de dolor, tantos llantos de impotencia, tanta rabia por tantas piedras en el camino… y hoy he llorado de felicidad. Jamás había experimentado una sensación tan increíble como esa, llorar de pura felicidad.

Es un pasito más, un escalón más cerca de nuestro sueño.

Todavía es muy pronto, tenemos que ser cautos, pero nos apetece soñar.

Porque hoy me apetece ser feliz.

Y todo me parece más bonito.

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LOS (HORRIBLES) EFECTOS DE LA MERIESTRA

¡Hola de nuevo! Últimamente tiendo a estar un tanto desaparecida, intentando no pensar demasiado en la que se me viene encima en apenas un par de semanas. Mi segunda transferencia está muy cerca y aunque sigo sintiendo mucho miedo por lo que podría pasar, no puedo evitar ilusionarme otra vez. No tanto como con Canica (eso fue un auténtico flechazo, amor del bueno a primera vista), pero lo suficiente como para sorprenderme sonriendo al pensar en esos dos congeladitos que me están esperando.

Intento no pensar mucho en ellos ni amarlos lo suficiente, pero es imposible. ¿Cómo no quererlos, si son la luz en esta oscuridad? Mis soles brillantes, los luceros de mamá. Y, ahora, que ese momento mágico está próximo de volver a ocurrir, vuelvo a ilusionarme, pensando que muy pronto los conoceré gracias a un monitor y unas fotografías ampliadas.

Bizcochito, Cacahuete, muy pronto abandonaréis el reino del frío para reuniros conmigo. ¡Qué emoción!

Hace tres días, la famosa Meriestra entró a formar parte de mi vida. ¿Para qué se utiliza? Para engrosar el endometrio, ni más ni menos. Vamos, que será la encargada de poner la casita de mis bebés bien mullidita para que estén a gusto y decidan quedarse conmigo por fin 🙂

Cuando abrí la caja y extraje la tableta que contiene las 28 pastillas, me parecieron totalmente inofensivas e inocentes. Pequeñas, azules, poca cosa. ¡JA! ¡Y una porra! Para mí, son el verdadero diablo. Los dolores de cabeza que me producen son insufribles y el estómago no lo tengo mucho mejor. El dolor de cabeza es continuo, a lo largo de todo el día, un “run run” infernal que no me abandona en ningún momento. Anoche me metí en la cama encontrándome horriblemente mal, solo quería apagar las luces y no escuchar ningún tipo de ruido. Dormí fatal, desperté en varias ocasiones debido al dolor pero, finalmente, esta mañana me desperté sintiéndome mejor.

Tomo 6 mg diarios repartidos en dos tomas: 2 pastillitas por la mañana y una por la noche. He descubierto que si las tomo justo después de las comidas, no se me revuelve el estómago ni siento ganas de vomitar. El dolor de cabeza no tiene remedio, así que solo me queda aguantar y esperar que con los días los efectos vayan remitiendo.

El próximo lunes vuelvo a la clínica para ver cómo va reaccionando mi endometrio y continuaré con la Meriestra el tiempo que me indiquen. Vamos, que esto marcha, que los días se van descontando y la ilusión vuelve a nuestras vidas. A veces me sorprendo hablando con Rubio de Bizcochito y Cacahuete antes de dormir; nos los imaginamos rodeados de frío, envueltos en bufandas gruesas y preguntándose cuándo sus papás vendrán a buscarlos jajaja Pensamientos paternales llevados a la locura!

Para nosotros, hablar de ellos con tanta naturalidad es el mejor modo de sobrellevar todo esto. No son el centro de nuestras conversaciones, pero cuando hablamos de ellos lo hacemos llamándoles así: Bizcochito y Cacahuete, nuestros mellis adorados.

Así que es oficial: estamos metidos de lleno en esta nueva aventura y muy pronto conoceré a mis pequeñines 🙂

¡Deseadme suerte!

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CALENTANDO MOTORES

Siento entrar con un día de retraso para contároslo, pero ayer me resultó imposible entrar y contaros las novedades. Ayer volví a la clínica; me habían indicado que debía volver cuando estuviese a punto de acabar las anticonceptivas y así lo hice. Pensé que se trataría de una consulta rutinaria para ver cómo estaba todo por ahí dentro y acabé marchándome para casa con el Gonapeptyl puesto.

¿Qué es el Gonapeptyl? Yo no tenía ni idea y en la clínica no me lo explicaron (a mi gine hay que sacarle las palabras con sacacorchos), pero mis chicas de la #infertilpandy resolvieron mis dudas enseguida y me explicaron que el Gonapeptyl se utiliza para frenar la actividad de los ovarios para empezar un ciclo sustituido de embriones congelados. Cuando la innombrable haga acto de presencia, empezaré con Meriestra para engordar mi endometrio y ponerlo bien guapo para recibir a mis pequeñines.

He estado investigando un poco y en muchas páginas sobre reproducción asistida dice que el Gonapeptyl se emplea en los tratamientos de FIV con protocolo largo para crear una menopausia artificial en casos por ejemplo de endometriosis o pólipos, con lo que éstos se reducen en la mayoría de los casos.

En fin, que esto es un mundo y se utiliza para diferentes procedimientos, pero lo importante es que frenará la actividad de mis ovarios y en breve empezaré con Meriestra y progesterona.

El gine me aseguró durante la ecografía que todo estaba bien, que los ovarios estaban parados y que no había nada malo que fuera a modificar nuestros planes de la transferencia (hablábamos de quistes, me imagino, ya que mi cuerpo es un experto en fabricarlos en cantidades industriales).

Me vestí y regresé a la consulta, en donde se me explicó la pauta a seguir: pinchar Gonapeptyl ese mismo día, terminar las anticonceptivas, esperar a que me venga la regla y empezar con la Meriestra al segundo o al tercer día (me lo confirmarán cuando llame por teléfono para informar de que la innombrable ha hecho acto de presencia). Una semana después de estar tomando la Meriestra (dos pastillas por la mañana y una por la noche), vuelvo a la clínica para ver como le va a mi endometrio y ahí me indicarán cómo seguir.

Me pinché el Gonapeptyl en la clínica, fui a comprarlo a la farmacia y la enfermera de eterna sonrisa me pinchó en un abrir y cerrar de ojos y pude marcharme.

Así que esto marcha de nuevo, la segunda transferencia está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo me encuentro? Asustada, la verdad. La inocencia y la ilusión de la primera vez han desaparecido y ahora solo siento un miedo atroz a que se vuelva a repetir lo mismo de la otra vez. Sé que a medida que se aproxime la fecha de la transfer recuperaré la ilusión de nuevo, pero ya no será igual, no será tan emocionante ni esperanzadora. Pienso en mis peques, en mis dos soles brillantes que están esperándome y se me escapa una sonrisa, pero automáticamente me reprendo a mí misma por volver a ser tan ingenua.

No os voy a mentir, tengo miedo de otro negativo. Es imposible no tenerlo después de dos IA y una FIV negativas. Parece que estoy destinada a recibir negativos, que las buenas noticias no son para mí. Estoy deseando que las cosas cambien, que por fin recibamos una buena noticia, pero no puedo evitar esconderme en mi coraza para no sufrir más de lo necesario. Estoy cansada de que las cosas no nos salgan bien (en general, ya no hablo solo de los tratamientos), de que tengamos que luchar tanto para conseguir nuestras metas, de que esta maldita infertilidad no nos dé tregua en ningún momento.

A veces pienso que no puedo crear vida, que eso no va ni conmigo ni con mi cuerpo. No entiendo por qué hasta ahora nada ha funcionado. 5 ciclos de Omifin, relaciones programadas, 2 IA y una FIV negativas. Para mí, demasiado. Quiero creer que los sueños se cumplen, que todas nosotras tendremos a nuestros bebés como recompensa de este duro camino, pero a veces no puedo evitar verlo todo negro. En ocasiones pienso que no lo voy a conseguir, que eso solo le ocurre a unas cuantas afortunadas y que yo no pertenezco a ese grupo de ganadoras. Intento desterrar ese tipo de pensamientos porque no me hacen ningún bien, pero reconozco que el negativo de la FIV me ha dejado bastante tocada.

Intento estar bien por Rubio, porque él no se merece que lo bombardee con malos pensamientos o ideas pesimistas. Él es una persona optimista, una persona que siempre tira hacia adelante a pesar de las adversidades, pero sé que en el fondo también está cansado, cansado de que todo nos salga del revés. Sin embargo, siempre tiene una sonrisa en la cara para mí y el “Todo saldrá bien” que tanto me tranquiliza y me gusta escuchar. La tempestad y la calma, juntos en busca de su bebé.

Deseo con todas mis fuerzas que este 2015 me demuestre que no hay nada imposible y que los sueños pueden cumplirse. Bizcochito y Cacahuete están esperándome y reconozco que me muero de ganas de verles en la pantallita, de amarlos, de creer en ellos y de tenerlos dentro de mí. Puede que la ilusión no sea la misma que la otra vez, pero sigo teniéndola, sigo sintiendo mariposas en el estómago cada vez que pienso que muy pronto veré a mis pequeños y contemplaré con amor de madre las fotografías de su diminuto (pero tan grande a la vez) ser.

Como veis, estoy zambullida de lleno en una montaña rusa, incapaz de apearme y controlar mis sentimientos. En el fondo estoy acostumbrada, son más de dos años subida en ella, pero estoy deseando bajarme y abandonarla de la mano de mi hijo (o hijos).

Ahora sí que sí… Empieza la cuenta atrás para la Misión Bizcochito&Cacahuete 🙂 ¡Deseadme suerte!

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